Tercer caso CIENTO CINCUENTA Y CINCO AÑOS DE UNA GRANDIOSA ODISEA

Imagen que retrata el momento de la despedida de tiroleses y renanos para enrumbar a la tierra prometida de Pasco
Imagen que retrata el momento de la despedida de tiroleses y renanos para enrumbar a la tierra prometida de Pasco

Al promediarse el siglo XIX, se había llegado al convencimiento de que sólo con la inmigración se podía hacer producir los inmensos campos todavía vírgenes de nuestra patria. Ya existían antecedentes. Mediante  Decreto Supremo de 17 de octubre de 1821 y su ampliatoria de 19 de abril de 1822, el gobierno concedía  entrada  libre a los extranjeros, ofreciéndoles amplia libertad para el ejercicio de la industria y la misma protección que a los ciudadanos nacionales.  Pero es a partir de 1835, cuando se da el primer paso para establecer la inmigración definitivamente.

La posterior ley de inmigración de 17 de noviembre de 1849, favorecía «con 30 pesos por persona a todo introductor de colonos, de diez a cuarenta años, cuando éstos pasaran de un número de cincuenta». Nuestro gobierno informaba entonces que desde el 26 de febrero de 1850, hasta el 5 de julio de 1853, se habían introducido en el Perú, 3,932 colonos, de los cuales 2,516 eran chinos, 320 irlandeses, y 1,096 alemanes, cuyas primas a 30 pesos por persona, ascendía a 11, 796 pesos.

Contribuyó al éxito de la inmigración europea el hecho de que, a partir de 1850, Europa  afrontaba una serie de dificultades como los crudos inviernos prolongados, los pésimos veranos que arruinaban las cosechas y, sobre todo, los rezagsos de las guerras napoleónicas. La furia recaía sobre las poblaciones rurales, especialmente sobre las numerosas familias de las montañas que no encontraba suficiente tierra para cultivar.

Así las cosas, el noble alemán, Kuno Damián Barón Freiherr Schütz Holzhausen y Ramón Castilla, Presidente del Perú, firmaron un acuerdo de colonización alemana. Schutz, consideraba que la colonización debía empezar por la parte más civilizada y no por el litoral de Amazonas. En el Decreto Supremo de 6 de diciembre de 1855 que lo oficializaba, se disponía que en el término de seis años, diez mil colonos deberían establecerse en el Pozuzo. El gobierno pagaría los gastos de alimentación y transporte desde Amberes en Europa, hasta el Callao. Construiría un camino que partiendo del Cerro de Pasco llegara al Pozuzo; que estuviera listo a la llegada de los colonos; suministraría víveres, semillas y útiles durante el primer semestre; cada individuo mayor de quince años recibiría una gratificación de treinta pesos sin cargo a devolución; se asignarían tierras cultivables equivalentes a 25.5 hectáreas por cada hombre casado y 15.5 hectáreas por cada hombre soltero, mayor de quince años como propiedad libre después de dos años de explotación. Los colonos deberían ser católicos, trabajadores y de conducta intachable. Al barón se le nombraba responsable de la colonización y tenía que organizar el viaje de un primer grupo de 500 colonos para llegar a fines de 1857 al Perú. Si no cumplía con lo estipulado en el lapso de dos años, perdería su anualidad, derechos y demás beneficios. Finalmente se otorgaba 140 leguas cuadradas de tierras mostrencas en los sitios de la colonia para sí y los colonos.

La mañana del 16 de marzo de 1857, centenares de personas emocionadas repletaban la plaza tirolesa de Silz, aldea de la Baja Austria en los Alpes. Los que partían –inmigrantes de Silz y Haiming- y los que los despedían se hallaban contritos en la iglesia del lugar donde se celebró misa. El cura en su homilía recitó estos versos nacidos al calor del momento:

Ya no se puede vivir en nuestra patria Tirol

y por eso nos llaman los peruanos.

Allá cada uno recibe sesenta yugadas y dinero,

por eso tomad vuestro bastón de viaje e idos al Perú.

Si uno tiene quince hijos y está más pobre que una rata,

tiene que hacer las maletas diciendo adiós a la miseria.

que se vaya a América donde hay pan en abundancia,

por eso tomad vuestro bastón de viaje e idos al Perú.

(Canción anónima)

Después de los abrazos, besos, lágrimas y promesas, abordaron el ferrocarril que los llevó al puerto de Amberes. En su periplo pasaron por  Ausburg,  Stuttgart, Mannheim, Koblenz, y por vía fluvial hasta Colonia, donde se unieron a los renanos que estaban guiados por el padre Joseph Überlinger, párroco de Brixen. A éstos se sumaron 32 renanos que habían superado dificultades en Colonia.  Total, eran 200 tiroleses y 104 prusianos comandados por los sacerdotes católicos Joseph Egg y Joseph Überlinger. Viajaron también, un médico, un maestro de escuela y un sacerdote más. Eran 304 aventureros que partían con destino al Perú. El capitán, autoridad máxima de la nave y, sacerdote, guía espiritual en ejercicio de mando tradicional celebraron el sacramento del matrimonio de 23 parejas jóvenes que partían.

El 26 de marzo salieron de Amberes en el viejo barco inglés NORTHON -transportador de guano- que no estaba preparado para el transporte de personas. Ya en alta mar, los inmigrantes sufrieron los embates de la travesía. Expresivas cartas de algunos pasajeros relatan aquellos siniestros pormenores. Los niños fueron los que más sufrieron.

Al llegaron al Callao el 26 de julio de 1857. Días más tarde, Joseph Egg, escribiría: “Fueron 113 días de viaje, desde el 30 de marzo hasta el 21 de julio, en los que, fatalmente murieron dos adultos y cinco niños; pero en ese mismo lapso nacieron tres niños. Debido a una cuarentena forzosa fuimos enviados a la isla San Lorenzo y, el 26 de julio, navegamos hasta Huacho sin tocar nuevamente el Callao”. En la carta también refiere que solamente él, de todos los colonos, en compañía del barón Scultz, visitó la ciudad de Lima en donde fue nombrado Párroco y Padre Espiritual de la nueva colonia.

En Huacho, el padre Joseph Uberlinger, realizó tres matrimonios con permiso arzobispal de Lima. Con el entusiasmo al tope los colonos se prepararon para el largo cruce de los Andes. Lo necesario fue  adecuado en 400 mulas. Las mujeres y niños irían sobre acémilas, los hombres, a pie, haciendo recorridos diarios de 3 a 4 leguas.

El viaje no fue placentero. La tensión anímica estaba enervada por las privaciones sin fin, la rigurosidad del clima, las limitaciones alimenticias y otros múltiples factores. Muchos achacaron el naciente fracaso de la expedición a la pésima organización de Damián Schultz; otros, afirmaron que no. Se produjo entonces una ostensible división que hizo peligrar la marcha. Los descontentos estaban comandados por el joven clérigo, Joseph Uberlinger, mientras que los incondicionales por el maduro, Joseph Egg. En el trayecto los enfrentamientos entre ambos grupos fueron muy agresivos y peligrosos. Para nada logró calmarlos la muerte de un inmigrante de 65 años que cansado y maltrecho había sido fulminado por el mal de altura, ni la de un bebé recién nacido por pulmonía fulminante. Las desgracias aumentaron el distanciamiento entre los colonos.

Partiendo de Huacho, avanzaron 55 kilómetros hasta Sayán, a 650 metros sobre el nivel del mar. De Sayán salieron a través de del valle de río Huaura hasta Chiuchín, a ochenta kilómetros. Después de un ligero descanso avanzaron hasta la hacienda Quisque donde se les brindó alojamiento y ayuda. Desde la hacienda Quisque, largaron el último tramo de la ruta de 85 kilómetros hasta arribar al Cerro de Pasco. Aquí la altura, el frío y otras inclemencias, no obstante el auxilio del pueblo, atacó a los inmigrantes que sufrieron mucho. Inclusive el dinero destinado a la construcción del camino al Pozuzo, se había esfumado. No había camino, ni semillas, ni animales, ni alimentos, ni nada. Esta fue la más dura noticia que conmocionó al reverendo Joseph Egg y a los heroicos braceros alemanes. La amarga nueva se difundió entre los colonos originando el desánimo inmediato.

Finalmente, calmados los ánimos, partieron a ser dueños de las tierras que se les había prometido. Cargaron cuanto pudieron conseguir de los austriacos residentes y sus paisanos que quedaban en el Cerro. Después de un viaje de siete días llegaron a Chontabamba, donde el camino deja de ser transitable para acémilas. Todos los víveres debían transportarse hasta una distancia de 20 leguas, produciéndose como consecuencia muchas irregularidades y retrasos por lo que permanecieron hasta tres semanas sin carne para sus alimentos.

Lo que siguió fue una sucesión de tragedias con el aniquilamiento de muchas vidas. “En el tiempo transcurrido desde la salida de Amberes (marzo de 1857) hasta el arribo a Pozuzo (julio de 1859) fallecieron 35 de los 304 emigrante, unos 120 abandonaron el grupo y nacieron unos quince bebés. De los 304 tiroleses y prusianos que habían partido, sólo 150 llegaron a destino después de dos años y cuatro meses de martirio. Muchos de los niños que enternecían la escena, eran ya peruanos, con invencible sangre teutona en las venas.

¡¡Abrazos y alegría!!… ¡Recuerdos y emociones!! Aquel mediodía, como no había ocurrido antes, vieron los ojos azules de Joseph Egg anegados de cristalina emoción. ¡Lloraba! ¡Lloraba como un niño, y con palabras entrecortadas de rodillas sobre la tierra que supo conquistar rezaba dando gracias a Dios que les hubiera hecho llegar con bien.

¡¡Habían llegado a su destino…!!

Era el mediodía del 28 de julio de 1859.

Grupo de orgullosos descendientes de aquellos aventureros extraordinarios que ahora pisan firmemente la tierra que supieron conquistar sus valientes antepasados. La efigie siempre eterna del padre Joseph Egg, preside la conmovedora escena.
Grupo de orgullosos descendientes de aquellos aventureros extraordinarios que ahora pisan firmemente la tierra que supieron conquistar sus valientes antepasados. La efigie siempre eterna del padre Joseph Egg, preside la conmovedora escena.
Anuncios

One thought on “Tercer caso CIENTO CINCUENTA Y CINCO AÑOS DE UNA GRANDIOSA ODISEA

  1. GRACIAS A LOS QUE SUBIERON AL INTERNET INTERNACIONAL LA HISTORIA DEL PERU, EN SU EDAD DE PIEDRA Y POR EL EXCELENTE RECOPILACION Y DIVULGACION DE LA HISTORIA DE LOS INMIGRANTES EUROPEOS CON DESTINO A PERU SUD AMERICA PIENSO QUE ESTOS ESCRITOS E HISTORIAS SON MUY VALIOSAS POR QUE ES PARTE Y FORMA LA HISTORIA DE AQUELLOS BRAVOS HOMBRES Y MUJERES QUE HAN SABIDO DESARROLLARSE EN EL EXTRANJERO DEJANDO TODO POR BUSCAR LA FELICIDAD Y VIDA DE SUS PERSONAS Y DE SU FAMILIA Y MUY ACERTADO Y HERMOSO EL POEMA DEL INMIGRANTE.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s