Otra del “Congreso”: Los campeones de básquetbol

Extraordinario equipo campeón del centro del Perú, representado por el cuadro del Cerro de Pasco con el refuerzo de tres jugadores (7) Ayacucho, (4) Tarma y 12 Huancayo (Chuto Ibañez). Los locales son: (12) Nectalio Acosta Ricse (6) Efraín  “Tubo” Flores, (5) Julio Córdova Campos – La reina del Cerro de Pasco (13) Pablo Dávila Ramos, (8) Pancho Quispe, (9) Teófilo Quispe antes de uno de los partidos realizados en el coliseo deportivo de Ica.
Extraordinario equipo campeón del centro del Perú, representado por el cuadro del Cerro de Pasco con el refuerzo de tres jugadores (7) Ayacucho, (4) Tarma y 12 Huancayo (Chuto Ibañez). Los locales son: (12) Nectalio Acosta Ricse (6) Efraín “Tubo” Flores, (5) Julio Córdova Campos – La reina del Cerro de Pasco (13) Pablo Dávila Ramos, (8) Pancho Quispe, (9) Teófilo Quispe antes de uno de los partidos realizados en el coliseo deportivo de Ica.

En la fotografía están los integrantes del equipo que representó al centro del Perú teniendo como base al Campeón, Cerro de Pasco, uno de cuyos integrantes fue Pablito Dávila, miembro activo del “huarique” de “El Congreso de Comas”. Él es el más representativo de una pléyade de jóvenes basquetbolistas que emergieron para reemplazar a los subcampeones del 50. Fueron campeones centro peruanos en 1965. Lo acompañan Julio Córdova, Víctor Dávalos, Julio Atahuamán, Nectalio Acosta, Efraín Flores, Pancho Quispe y su hermano Teófilo. Esta fue una de las más grandes consecuciones de la directiva de aquel año, liderado por Enrique Suárez Rojas e integrado por Félix Llanos Alvarado, Carlos Reyes Ramos, entre otros.

A propósito de básquetbol. Un sábado de reunión alguien hizo un comentario acertado. Aquí estamos quienes hemos jugado básquetbol. ¿Por qué no lo seguimos haciendo? ¡Claro! La idea originó una serie de comentarios con unánime aceptación. Teníamos que seguir jugando. Tras nutridos comentarios formamos diversas comisiones: contrato de cancha, provisión de pelota,  uniformes y  refrescos (Trago) para después del partido y movilidad.

El sábado siguiente, estábamos puntuales en la cancha del Huayna Capac. El hijo de Cucho nos dijo que la cancha la tendríamos de once a doce, entretanto había que esperar turno. En ese momento estaban jugando unos jóvenes ágiles y enormemente altos. Después, por informe de ellos mismos, nos enteramos que eran de la selección de la UNI.

Cumplida la hora comenzamos a reclamar porque seguían jugando como si nada les importara. Cuando alzamos la voz, pararon el partido y nos “tazaron”. Como vieron que la mayoría éramos mayores y medio enanos, en forma cachacienta e irreverente, dijeron: “¡Se les juega a las “Viejas glorias”!!  y prorrumpieron en carcajadas procaces de “niñitos avispados” al comprobar nuestras fachas. Como su malcriadez continuaba, heridos en lo más íntimo del amor propio decidimos jugarles el partido. Dijeron en medio de risitas mariconadas. ¿Y qué jugaremos “Viejas glorias”?  ¡El pago de la cancha y dos cajas de cerveza!, dijo enérgicamente Miguelito Rosales. Los grandazos aceptaron en la seguridad de su triunfo. Pusimos nuestra cuota. El equipo de “Viejas glorias” se conformó con Miguelito Rosales, Cucho Caballero, Pablito Dávila, Abilio Cadema, “Chino” Baldoceda, y, de raro en rato, nos turnábamos el resto de jugadores. Nunca había visto tanto pundonor como aquel día. Jugamos como si fuera el último partido de nuestra vida. Cucho, Chino y Pablito estuvieron acertadísimos en las canastas. Cucho al comprobar que no podía entrar a la zona de ataque, “recordó” sus acertadas “bacinicas” con las que logró muchos puntos. Aquel día jugamos magistralmente. Los cambios que fueron oportunos abonando nuestra eficiencia “canastera”.  A medida que transcurría el encuentro, los grandazos se rindieron a la calidad de los viejitos retacos. Les dimos tal “catana” que, al finalizar el partido, no sólo pagaron con gusto su deuda sino que trajeron  otra caja pata tomar con nosotros. Aquel día posamos en muchas fotografías con los “longos”. Cuando se despidieron de nosotros lo hicieron de una manera respetuosa. Ya nos miraron con especial comedimiento. Fue una lección admirable que les dimos a la “Nuevas glorias”. Bueno, pero es necesario decirlo. Durante toda aquella semana quedamos con un terrible dolor en piernas y brazos, pero satisfechos de la hazaña. Ahora que lo recuerdo, de aquel equipo sólo quedamos Abicho, Pablito y yo, los otros ya se fueron. Que en paz descansen.

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