LOS “FAITES” DE MI TIERRA (Primera parte)

A Vidal Collazos Rodrigo, paisano y amigo cerreño, que siempre lee mis crónicas. Ojalá que pronto pueda encontrarme con él para publicar las fotos que tiene. Sería una linda manera de compartir recuerdos con los paisanos, especialmente con los que están a miles de kilómetros de distancia. Ellos siempre –estoy seguro- se emocionarán viendo un pedazo de vida pasada en nuestro blog. Espero tu visita Vidal.

los faites de mi tierra 1En la dilatada vida de nuestro pueblo –cuatro siglos y medio- una enorme diversidad de personajes de variopinto pelaje han sentado sus reales en sus predios. Entre éstos, pendencieros, enamorados, galantes y jaranistas, destacaban los “Faites”. (Faite viene de la palabra inglesa “fight”: pelea). A comienzos del siglo pasado la palabreja tomó carta de ciudadanía en nuestro emporio minero junto con otras de origen inglés, como “Wachimán”, (guardián); “chuzos” (zapatos); “Brequero” (guardafrenos). Se metió como tantos otros vocablos en nuestro pueblo que, a su manera, lo puso en circulación dentro de su diccionario popular. No era sino una aclimatación del “guapo” argentino; del “malevo”, del “taura”, del orillero que pronto fue imitado en la tierra minera por tanto fanático cultor del tango. En sus inicios se refería exclusivamente a los pleitistas, “fosforitos” que no obstante su talante remilgado y hasta bien visto, apenas se iniciaba una controversia, ya se estaban encendiendo como antorchas dispuestos a imponer su parecer; la policía los tenía “marcados” y eran muy conocidos en la ciudad. Sin embargo es bueno aclarar en su descargo que eran hombres de honor, con una valentía a prueba de balas, sueño de mujeres guapas e ídolos de niños y jóvenes. Iniciada una discusión los contendientes se citaban en lugar apartado de la ciudad para dirimir superioridades a puño limpio. Los curiosos que asistían a aquellos duelos entre caballeros eran solamente mirones. No estaban facultados para  intervenir, salvo claro está, si uno de los rivales cometía alguna maniobra ilegal, que casi nunca ocurría. Después de una buena dosis de golpes, cansados de la gresca y salvado su prestigio, se estrechaban en un abrazo fraternal para terminar “chupando” como buenos amigos. Aquellas lides fueron numerosas.

Por ejemplo – contaba Lucho O´Connor, gran amigo y compañero de aventuras y juegoslos faites de mi tierra 2 infantiles- que había visto completamente perplejo y emocionado, una pelea entre Lucho Llanos de la Matta y el “Cholo Simón”, Marcelo Gamarra. Éste, ya cansado del mote que le habían endilgado, reaccionaba de malas maneras cuando se lo recordaban. Luis Abanto Morales, había puesto de moda un vals en el que se hablaba de un cholo presuntuoso,  arribista y ostentoso, que coincidía mucho con la personalidad de Gamarra. Bastaba que el disco sonara y el damnificado se volvía loco. Enterado de esto, Nicolás Herrera, dueño de Radio Corporación, con el único fin de mortificarlo, dispuso que la canción de marras la irradiara en todo momento. Un día, Lucho Llanos, no recuerda por qué razón, llamó por su chapa a Gamarra que convertido en un energúmeno, perdió los papeles hasta el extremo de retarlo a las trompadas. Estaban en la calle Lima donde acababan de abrir un enorme forado para colocar los tanques de gasolina del grifo del “Trompito” Llanos. Se había iniciado una feroz granizada cuando comenzó la “mechadera” con los espectadores guareciéndose en las veredas aledañas. Desde el comienzo procedieron a darse de alma, con golpes tan duros y sordos que retumbaban como los truenos que el cielo encapuchado producía. En ese trajín conflictivo, después de gran tiempo de pelea, sin dar ni pedir cuartel, dieron con sus humanidades en las profundidades del hueco en cuyo interior seguían golpeándose de alma hasta que, ostensiblemente agotados de tan feroz brega, fueron sacados por los curiosos allí presentes, hechos una calamidad de cansados, sangrantes y con las ropas a la miseria. Una vez fuera, en varonil gesto, el “cholo Simón” estrechó en un fuerte abrazo a su contrincante. Ambos, tal como estaban, se fueron al “Farolito” donde procedieron a tomarse unos “calientes” para evitar una pulmonía. A la puerta, Lucho O´Connor, “Jisho” Ramos, “Foncho” Quesada, Julián Taranco, Eduardo Rey Baez, “Cacacho” Loyola y “Vaya, Vaya” Quesada, aplaudían el gesto.

En el “Tico –Tico”, inolvidable “Huarique” del BANFIELD en la calle del marqués, casi todos los circunstantes eran de armas tomar. Tanto es así que en el campeonato interbarrios el corajudo Agatón –extraordinario y aguerrido delantero- arrugaba cuando le tocaba enfrentar a nuestro equipo. Inventaba mil y un pretextos para no chocar con su patas del Banfield que era muy bravos. El que se llevaba la flor era el “Pecas”. Un fosforito pronto a mecharse por “quítame esta pajas”. Era hombre de choque del partido aprista. Su periplo de “faite” barrial lo paseó con éxito en los barrios más mentados de la ciudad minera. Desde Paragsha hasta  Uliachín, donde tenía su cantera de jugadores el equipo “Vamos Boys”, que el “Pecas” alentaba a grito pelado con “Vamos Bueyes”. Nunca nadie le recriminó. Nadie tuvo ánimo de hacerlo. Su prestigio creció cuando regresó tras servir a la patria donde llegó a ser, Sargento: “El sargento Pata Maldita”. Como su nombre lo indica: Un mala entraña. Díscolo y bravo como pocos. Tenía como sparring oficial al menor de los “Patos” Pagán: Roque, el popular “Gacho”. Otro desgraciado y terco peleador que, a la menor insinuación, ya estaba con los puños en alto, listo para la “mechadera”. Sus trompeaduras fueron tan numerosas y reiterativas que cuando salían a la calle a mecharse, ya nadie les hacía caso. Pasado un  buen rato volvían ensangrentados, rendidos de cansancio, pero con el valor al tope y como si nada hubiera ocurrido, seguían chupando. Otro “faite” del Banfield era, Eusebio Pajuelo, el “loco”. Dueño de una técnica especial. Se desnudaba de medio cuerpo para iniciar la gresca. Cuando le pregunté el por qué esa disposición previa en una escabrosa noche de hielo, mirándome extrañado, me contesto: “No seas “huevas” pues Shisha. Hay tipos que tienen un agarre tremendo y, si éstos se prenden de tus ropas o tus pelos, te pueden sacar el alma porque, pase lo que pase, no te sueltan y con la otra mano te masacran. No hay que ser cojudos, pues”

Los escenarios más a propósito para aquellas demostraciones de coraje eran los campos de fútbol. Allí se han dirimido superioridades a punta de puñetes. Al final, como lo dijimos, la rivalidad quedaba superada y los que “se tenían hambre” quedaban ahítos y contentos. Esto me recuerda a un pugilato espectacular habido en el campo de la Esperanza. El Banfield se enfrentaría al “Alianza Cerro” donde brillaba un muchacho que había sido estrella en nuestro equipo: Jesús Azcurra, espectacular arquero de aquellos tiempos. En el nuestro, el “Pecas” era el abanderado. Ese día cuando estábamos en el “vestuario” (un rincón seco y guarecido donde podríamos guardar nuestra ropas), nos enteramos que el partido lo dirigiría Pedro Arce. Éste era un hombre dedicado a tostar y moles café por lo que le clavaron el mote de, ”Cafetero”, un árbitro que le tenía una abierta ojeriza al Pecas que, en reciprocidad, le correspondía con un despiadado odio mortal.

los faites de mi tierra 3Efectivamente, desde el pito inicial  vimos que “El cafetero”  lo seguía al “Pecas” con el fin de sorprenderlo en falta y sancionarlo drásticamente. Éste, intuitivo y zahorí sabía las intenciones de su rival; pero no obstante sus cuidados ocurrió algo especial en el área contraria. Una pelota que estaba a punto de trasponer la línea fue “salvada” con la mano por el Pecas. El pito no se hizo esperar y sonó estentóreamente como una diana y Arce señalaba el punto de la falta en una actitud triunfal y cachacienta.

–¿¿¿¿Queee, carajo….?- estalló el Pecas.

— ¡¡¡Hand, carajo ¡!!- grito Arce

  • Cuál Hand, Concha tu….. (bueno ustedes me disculpan pero fácilmente pueden interpretar el lenguaje que en ese momento primó)
  • Hand pues….. 546564xxx00666 ¿No es cierto Shishita? – se respaldó en mí, el árbitro.
  • ¡No he visto….árbitro-….! En ese momento, tanto el árbitro como el infractor ya estaban muy juntos, siempre mentándose a la madre de una manera escandalosa. Los insultos rebalsaron todo cauce y los “litigantes” se fueron a las manos. Parecían dos fieras sedientas de sangre, enfrentadas sin pedir ni dar cuartel al rival.
  • En un marco de curiosa expectación formada por los jugadores, se trenzaron despiadadamente sin que nadie pudiera hacer nada por separarlos. Todos juzgaron que esa “mecha” los dejaría tranquilos. El caso es que en más de quince minutos estuvieron dándose de alma, sin descanso; al final, ya sin fuerzas, calmaron sus ímpetus. Completamente ensangrentados y con dramáticas huellas, dejaron de pelear. Quedáronse mirando de hito en hito. Todos pensábamos en lo inevitable. El Pecas se había ganado a pulso una inmediata y lógica expulsión. ¡Había atacado al árbitro hasta hacerlo sangrar! Un silencio tenso y largo se adueñó del escenario. En eso, cuando pensábamos en la expulsión, Arce, tomó su silbato y tras sacudirlo fuertemente para despejarlo de mocos, babas y sangre, levantando el índice derecho, amenazante le dijo al Pecas: ¿La próxima vez que te me pongas liso, te expulso concha tu xv&%m……!!!!. Y ordenó que siga el partido.
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