Espantoso crimen pasional (Tercera parte)

EL MINERO publicaba una magistral fotografía de enorme calidad espantoso crimen pasional 3periodística testimonial en la que se veía claramente los cuerpos de las víctimas tal como habían sido encontrados en el lugar de la ejecución. Hacía conocer también las manifestaciones de indignación de diversos elementos de la sociedad. EL SIGLO, exigía que la policía actuara con prontitud ya que: “Dada la lucha que debió tener lugar entre las víctimas y los criminales, no es aventurado suponer que los delincuentes -que debieron ser varios- saldrían por lo menos con contusiones, rasguños o huellas de la violación de una mujer casi niña y virgen” (…) “Exigimos a la policía para que efectúe una enérgica redada en los bajos fondos, pero también en el ambiente de la “Alta Sociedad”. Estamos seguros que los asesinos habrán quedado con las marcas de la lucha librada con la señora Carolina Gamboa. Ésta tenía impregnada entre las uñas, restos de sangre, piel y cabellos, que sin duda pertenecen a sus atacantes. Estos elementos, bien utilizados, pueden conducirnos a desenmascarar a los asesinos”.

EL INDUSTRIAL, sólo publicaba los comunicados que emitían los policías o los miembros del Poder Judicial. Casi nada. En la única nota editorial que se ocupó del asunto, decía: La perniciosa xenofobia ha lanzado la irresponsable tesis que los asesinos de las tres víctimas serían extranjeros. ¿Quiénes? Aquí viven judíos, griegos, alemanes, franceses, italianos, españoles, jamaiquinos, ingleses, polacos, vieneses, húngaros, austriacos, chinos, japoneses, croatas, montenegrinos, dálmatas. ¿Quiénes? Si bien es cierto que hay una treintena de extranjeros indeseables, hay por lo demás, sólida cantidad de honrados y laboriosos hombres de allende los mares que merecen nuestra consideración y respeto. No nos dejemos llevar de perjuicios mal intencionados que reciente indudablemente a quienes viven en paz con nosotros. Exigimos para eso que esto no siga sucediendo y la policía se esmere en entregarnos a los desalmados criminales”.

En aquellos momentos, los periódicos reciben un telegrama enviado desde el Callao originando gran revuelo. Se había detenido a las mujeres Cristina Arroyo y Elisa Bacigalupi cuando trataban de huir  en un barco con destino a Italia. La policía chalaca aseguraba, después de someterlas a “científicos interrogatorios”, que ambas habían intervenido en el asesinato de las Gamboa. Como prueba presentaban un chal de vicuña con listas de seda que –aseguraban- había pertenecido a la señora Carolina Gamboa. El prefecto, presionado por la prensa y el clamor de la comunidad, hizo un viaje al Callao para ahondar las investigaciones. En la ciudad se suscitó una controversia entre EL MINERO y el subprefecto Ricardo Zamora. Éste trató de detener al Director por sus opiniones respecto a cómo debía conducirse las investigaciones originando un sinnúmero de comentarios antojadizos e inverosímiles tejidos por el vecindario. En el pueblo –como siempre- llegó a formarse dos bandos. Unos, respaldaban a los periodistas y, otro, al subprefecto. El asesinato había formado carne de conciencia en el pueblo. En el Callao, se estableció que la prueba presentada era de una simple similitud a la de la víctima. Las mujeres no sólo no habían participado en el asesinato, sino que nunca habían estado en el Cerro de Pasco. Las coartadas presentadas por sus abogados fueron suficientes para concederles la libertad. 

Efectuada la necropsia de ley, los cuerpos fueron amortajados cumpliéndose con las costumbres vigentes. A la señora Carolina se le vistió el hábito de la virgen del Carmen con su correspondiente escapulario; a Carmen Rosa, la del Perpetuo Socorro, con diadema dorada y, a la niña Victoria, toda de blanco como un ángel, rodeada de flores blancas. Depositadas un sus urnas correspondientes, fueron trasladados a la iglesia de Chaupimarca, cuya nave central había sido previamente adecuada para el acto de vigilia. El párroco rezó un responso y luego se inició el velatorio con numerosa asistencia. Cumpliendo con la tradición, se las velaron dos noches durante las cuales se rezó el rosario. Las congregaciones se turnaron para atender a los asistentes.

El día del sepelio, las puertas de la totalidad de establecimientos comerciales no se abrieron. Todo el pueblo, vestido de luto, asistió a la misa de cuerpo presente. Tras las palabras de despedida de la representante de las hermandades, el pueblo las condujo a su última morada. El duelo estaba presidido por los integrantes de la Sociedad Caritativa del Perpetuo Socorro de la que Blanca Rosa era socia activa. Inmediatamente después, los tres ataúdes llevados en hombros de sus correligionarias, escoltados por las bandas de la Slava y la Cosmopolita. Las autoridades, congregaciones religiosas, instituciones culturales, consulados, agremiaciones laborales y vecinales, llevando sus lábaros y distintivos, marchaban silenciosamente detrás de los féretros. Los aparatos florales conformaban un séquito impresionante de colores. Tras los discursos de numerosos oradores inflamados -hombres y mujeres- las  urnas fueron depositadas en el cementerio contiguo a la iglesia del Rosario de Yanacancha.

Después la justicia siguió empeñada en la búsqueda de los asesinos. Los nombres de notables personalidades se barajaron como los posibles culpables. Las suposiciones, la maledicencia y la fantasiosa imaginación de las gentes tuvieron por largos años tema para conversaciones malévolas. 

Epílogo

Tuvo que transcurrir 23 años para que se revelara el misterio que había envuelto la repentina liberación de los acusados. Los primeros días de enero de 1931, cuando el tirano Sánchez Cerro ordenó el cambio de capital del Departamento de Junín, los miembros de la Corte Superior de Justicia, acatando lo dispuesto, empacaron los escritos de los procesos habidos hasta entonces. Quiso la casualidad que un periodista que trabajaba en la Corte, al ordenar el legajo correspondiente al Caso Gamboa, encontrara un sobre voluminoso, lacrado y misterioso, en el que halló un documento valiosísimo que arrojaba luces sobre el misterioso acontecimiento. Era una verdadera revelación. Se trataba de una carta con la confesión del verdadero autor del crimen redactado “In Artículo Mortis”, con el correspondiente aval de las autoridades eclesiásticas de entonces. Este patético documento  fue publicado en “La Alforja” el 16 de enero de 1931, causando un revuelo extraordinario. Como aquel día se publicaba también el decreto mediante el cual se humillaba al Cerro de Pasco, las gentes más conmovidas por este insulto inusitado, no dio mayor importancia que a la revelación del crimen.  Este significativo documento probatorio, avalado por las instancias superiores de la iglesia católica que, en tránsito de muerte, dirige Antonio Bignon, ciudadano francés a la Corte Superior de Justicia, confesando ser autor del homicidio, conjuntamente con cuatro cómplices; invoca el perdón para sus culpas y pide la libertad para los inocentes que estaban purgando injusta carcelería. La dramática carta, tras las generales de ley y los correspondientes trámites que sufrieron, dice en su parte principal:

“Ya en las garras de la muerte, agobiado por horribles dolores ante los que ni el láudano es efectivo, a piadosa sugerencia del Fray Domingo Cabanes del Sagrado Corazón –mi confesor- escribo esta revelación que espero libere a mi cuerpo y alma de los terribles tormentos que estoy soportando.. Por esta confesión que realizo en pleno ejercicio de mis facultades mentales y sin que nadie haya ejercido presión en mí –salvo mi conciencia atormentada- suplico en nombre de Dios, a los honorables caballeros que imparten justicia, pongan en libertad a los acusados que por culpa mía y de mis cómplices, están sufriendo. Ellos son enteramente inocentes de los hechos que se les imputa y espero que este relato pueda servir para que los jueces enmienden su decisión”.

“Como el tiempo es apremiante, obviando detalles superfluos, paso a relatar la comisión de aquel horrendo asesinato de la que fueron víctimas tres inocentes mujeres. Para mejor comprensión, lo ordeno cronológicamente desde el principio”

“Todo empezó como un juego de juveniles pretensiones el 15 de agosto de 1906. La Beneficencia Austrohúngara realizaba la misa y procesión de la Virgen del Tránsito, su matrona. Aquel día, los cinco amigos que llevados por extrañas circunstancias llegaríamos al condenable asesinato, trabamos amistad con la señorita Blanca Rosa Dianderas González, gonfalonera de la hermandad del Perpetuo Socorro”.

“Desde el primer momento nos impresionó su hermosura y gentileza. En la kermesse que realizó la hermandad fuimos muy bien atendidos por ella. Como el acontecimiento era animado por la orquesta slava, bailamos alegremente, olvidándonos del resto de gentes. Aquel día nos sentimos completamente felices. Ese fue el comienzo. Los cinco quedamos prendados de ella. No era para menos. Su sonrisa y delicada amabilidad nos encandiló, pero mucho más su cuerpo. Era la perfección de la belleza y el porte. Ninguna muchacha de la ciudad podía parangonársela. Nuestro enamoramiento no nos hacía ver que la amabilidad de la que hacía gala, era con todos. Cada uno abrigaba la esperanza de ser el elegido por tan bella muchacha. A partir de entonces, desplegamos toda  nuestra galantería y la llenamos de atenciones y homenajes que con mucho comedimiento recibía. Esto alimentaba nuestra obsesión y nos impedía ver la realidad. Pronto aquel amor platónico se trastocó en un deseo pasional que perseguía como meta, poseerla carnalmente. ¡Cuántas veces nos pasamos horas enteras conversando acerca de las maravillas que depararía aquel cuerpo fabuloso! Con ello crecía nuestra obsesión. Lo que descubrimos con el correr de los días, fue una terrible contradicción en su personalidad. Por un lado, su belleza agresiva e insinuante, su conversación fluida y su perenne sonrisa a flor de labios, nos hizo pensar en una mujer calculadora, consciente de sus encantos que estaba poniendo en juego para seducirnos. Por otro, su inexperiencia manifiesta que llegaba a límites de pasmosa inocencia, nos intrigaba y nos ponía de vuelta y media. Tarde, muy tarde, llegaríamos a descubrir que era una niña inocente de alma limpia y candorosa, que para nada estaba involucrada en trajines amatorios ni en aventuras farragosas de las lides del amor”.

 

(Continúa…)

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One thought on “Espantoso crimen pasional (Tercera parte)

  1. EL AUTOR DE LA OBRA LITERARIA PERUANA ” ESPANTOSO CRIMEN PASIONAL ” NOS RELATA EN SUS ESCRITOS CON GRAN DESTREZA Y MAESTRÍA CONOCEDOR DE EL IDIOMA CASTELLANO Y UNA GRAMÁTICA SOBERVIA QUE REFLEJA EN TODA LA OBRA SIMULTANEAMENTE INTRODUCE HABLAS Y DICHOS PERUANISMOS QUE ENGALANAN SU ESCRITURA Y HACE UNA LECTURA AMENA ,AGRADABLE Y EDUCATIVA POR UTILIZAR CONCORDANCIA,CONSTRUCCIÓN,MÉTRICA VAYA MIS RECONOCIMIENTOS A TAN ILUSTRE AUTOR Y AL GRAN LEGADO NACIONAL SOBRE HISTORIAS Y COSTUMBRES PERUANOS DIOS,LE TENGA EN SU GLORIA AL AUTOR REVOLUCIONARIO.

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