Recuerdos de mi barrio “La hija del sol”

(Con especial afecto amical a José Luis Valdivia Ibarra por su perenne compañía en este blog)

la hija del solPara entrar en el barrio de Buenos Aires necesariamente teníamos que pasar por un estrecho callejón formado  por dos enormes casonas contiguas. A la izquierda, la entrada a una casa con techo de paja. Allí vivía una familia tutelada por un rudo brequero de la “Railway Company” que, además de su mal carácter, tenía una aversión por la amistad. Era enemigo  declarado de todo el mundo. “Chicha Fuerte” era su remoquete. Cuando estaba borracho se tornaba agresivo y desconsiderado. Lo curioso es que este sujeto de malas pulgas tenía una hija muy hermosa dedicada a ayudar a su madre en los quehaceres domésticos. Una chica diligente y muy querida y, claro, el sueño de todos los jóvenes del: URANO, equipo de fútbol del barrio.

Conocedores del carácter hosco de su progenitor tenían que contemplarla a hurtadillas y desde lugares distantes. Nadie tenía el coraje de enfrentar al brequero que no sólo era un matón, sino un mal pensado que tenía a su hija bajo siete llaves.

Lo que alborotó a todo el mundo es lo que le ocurrió a la chica bonita. El día que  cumplía dieciséis años, sintió que su cuerpo sufría una serie de cambios espectaculares, para ella inexplicables. Su vientre comenzó a hincharse y la piel de su cara a llenarse de pecas: Su “regla” no le venía como de costumbre y  le había nacido una aversión por el café y otros alimentos; que sentía una tristeza agobiante que de pronto se trastocaba en una alegría desbordante; que sentía ganas de orinar muy seguidamente y que sus senos crecían notablemente. Lo que más le mortificaba era las náuseas que no la dejaban.

Cuando la hicieron examinar por una “curiosa”, ésta firmó que esas manifestaciones eran claros signos de preñez. Todos pegaron el grito al cielo comenzando por ella que juraba por todos los santos que no “conocía” a varón alguno.

Cuando “Chicha Fuerte” se enteró del acontecimiento, con su vozarrón incontrolable le gritó: “¡Habla, carajo, ¿Quién te ha montado para sacarle la mierda!?” La joven callaba poniendo una cara dramáticamente inocente. No se doblegó ante los rebencazos que le prodigó el iracundo carrilano convertido en fiera salvaje. Tuvieron que intervenir los vecinos, si no, la mata. La chica no obstante la paliza, no soltó prenda. Aseguraba que nunca había “conocido hombre”, que se encontraba virgen. ¡Estoy “pura”! aseguraba una y otra vez. Cuando la conminaron a que narrara toda la verdad, dijo que un día que había ido a lavar ropa a “Garga” -un manantial cercano- vencida por el cansancio se había quedado dormida a la intemperie y que cuando despertó, un sol quemante le abrazaba el cuerpo. Eso era todo. El viejo no se tragó la píldora, pero así las cosas, tuvo que esperar los nueve meses.

Cumplido el tiempo, atendida por la misma curiosa, la joven dio a luz. Un acontecimiento no sólo barrial sino también cerreño. Todo el mundo lo comentó. El Misti, Cabracancha, Champamarca, El Way, Ayapoto, Excelsior, La Esperanza, la Docena, Noruega, Curupuquio, en fin, todos los “Barrios Bajos”.

La curiosa quedó muda de asombro cuando vio nacer a la niña. Después de sacarle la grasita del cuerpo la bañó meticulosamente y quedó mirándola de hito en hito. Su piel era blanca, completamente blanca; admirablemente blanca con sus ojitos muy claros, resguardados por pestañas y cejas blancas. Su pelambre recién en formación también era de ese color. No lo podía creer. Sin salir de su asombro  -esto le ocurría por primera vez- sancionó: ¡Esta es la hija del sol! Todos se persignaron. El gruñón y deslenguado de su padre comentó: ¡No, carajo! ¡Qué hija del sol ni ocho cuartos, a mi hija se la ha tirado algún gringo de mierda!!! El caso es que a partir de ese momento quedó bautizada como, “La hija del sol” y la noticia corrió por todos los recovecos de la cimera ciudad.

Naturalmente, los muchachos del barrio que aspiraban a su cariño quedaron desencantados: “Liclish” Suárez, “Casho” Espinoza, “Mulish” Colqui, “Metralla “Muñoz, “Huaca Siqui” Meza, Patricio Atencio, los hermanos Tufino, “Mambos” Briceño y todos los demás. Enmarañados en serias dudas, buscaron infructuosamente al padre de “la hija del sol”. No la encontraron. En poco tiempo, la olvidaron. Ella quedó como madre soltera sufriendo el castigo del desprecio general. Tan dolida quedó que un día que conoció a un viajero, se marchó con él. Dejó abandonada a la hija del sol. La abuelita la tomó a su cuidado contradiciendo las maldiciones de “Chicha Fuerte”.

Así transcurrieron los años hasta que la niña se hizo jovencita. Poquísimas personas la habían visto. Las que la conocieron aseguraban que era una hermosa criaturita pero extremadamente blanca; pelo, cejas, pestañas, todo. Nunca se conoció al padre.

Con el transcurrir del tiempo, aunque bella como su madre, era una mujer con cabello blanco como canas seniles. Su piel era extremadamente blanca. Lo que más llamó la atención es que sus ojos parecían no cumplir con su misión de ver. La niña hacía esfuerzos sobrehumanos para distinguir las cosas; prácticamente era una ciega.

La sacaban en los atardeceres que no había sol, cubierta con ropas abrigadoras y un sombrero alón de color negro debajo del cual resaltaba la blancura de su piel y de su pelo. En ese estado la conoció el hermano terciario franciscano, Patrocinio Llihua (Los miembros del barrio lo conocían por “el joven Patu”) y en cumplimiento de su misión, se dedicó a enseñarle el catecismo y los principales preceptos de la iglesia. Fue el único extraño que la visitaba y, delante de su abuela, le enseñó a leer y interpretar canciones cristianas. Le bastaron los números de “La florecillas de San Antonio” con las que aprendió a leer de corrido. Un verdadero milagro. Un día, llevado por el “Joven Patu”, llegó a su casa don David Patiño Benavides, el gran maestre de toda esa pléyade de cruzados que enseñaba a los niños del barrio. Al conocerla quedó impresionado por su inteligencia y, comprendiendo sus limitaciones, llevó al cura Patiño –su pariente- para que la bautizara. Ese fue su día más feliz para la “Hija del sol”. En poco tiempo, dotada de un talento notable, se convirtió en una ferviente cristiana. Siempre tuvo a su alcance el santo rosario que no dejaba a sol ni a sombra.

El barrio –entre tanto- siguió repitiendo la historia que su abuela irradió por toda la zona. Había salido a lavar y cumplida su tarea, abrigada por un sol  canicular que en nuestra zona cae a plomo sobre hombres y animales tostándoles la piel, se echó sobre la pampa y con un sueño inexplicable quedó profundamente dormida. Eso es todo lo que recordaba. Y ¡Claro! Con solo verla, cualquiera estaba de acuerdo en que era la hija del sol.

Un día que se encontraba rezando vio la llegada de una mujer baldada por el reumatismo. Era una amiga de su abuela que, víctima del terrible mal, tenía muchas dificultades para desplazarse. Sus manos sarmentosas llena de nudos como palo “asta de venado” no le ayudaban en nada. Toda su vida había sido lavandera. Intuyendo el dolor que estaría sufriendo le pidió que se acercara a su cama y cuando la tuvo junto a ella le tomó las manos y procedió a sobarlas como si le frotara con  algo invisible. La lavandera sintió un calor vivificante como poderosa descarga misteriosa. Cuando sintió que el dolor se atenuaba, alzó la  vista para mirarla y quedó muda. La hija del sol, como bañada de luz, tenía el cuerpo resplandeciente y  estaba increíblemente hermosa como hecha de vidrio. Esa fue la primera vez que experimentaron una tremenda emoción al verla. Bastaron unas visitas diarias por espacio de una semana para que el agobiante dolor se convirtiera en cosa del pasado. La lavandera quedó curada y no sólo agradecida sino también intrigada. ¿Qué poder tenía aquella niña para curar tanto dolor?

Una mañana luminosa como pocas, cuando la abuela se aprestaba a salir, “La hija del sol” le dijo

-Mamacha, no salgas.

-Es sólo un momentito, hijita. Voy a encargarle a la vecina Trinidad para que lleve esta corona a la tumba de mi mamita. Hoy es el día de todos los santos. Yo no voy a ir.

_No lo hagas, por favor…

-¿Por qué, hijita…?

-Porque va a ocurrir una desgracia.

La abuela quedó intrigada, no sólo por el anuncio sino también por la seriedad con que lo dijo, como mandato de una sentencia, los ojos fijos en un punto lejano, llena de misterio. Muda de asombro vio que, como un ídolo de vidrio, dejaba traslucir una misteriosa luz que emanaba de su cuerpo transparente.

Unos instantes más tarde, a las 10 y 05 de la mañana la tierra comenzó a  sacudirse con espasmódicos estertores, como dentro de una alocada zaranda. Se estaba produciendo un terremoto. El pánico de adueñó de la ciudad. Las gentes huían por las calles evitando el impacto de paredes que caían ruidosamente en medio del polvo asfixiante. En el cementerio, veían espantados el estruendoso chocar de las cruces; el crujir de los viejos mausoleos; el desmoronamiento de los túmulos terrosos. Muchos, de rodillas, imploraban gimientes la intercesión de los muertos para alcanzar el perdón de Dios. En el centro las gentes veían horrorizadas la torre del Hospital Carrión bamboleándose de un lado para otro, amenazando con venirse abajo. En un escalofriante desorden las campanas de su reloj marcaban el vaivén del estremecimiento terráqueo.

Cuando la abuela aterrorizada entró para proteger a su nieta, la encontró sudorosa, gimiente y  llorando inconsolablemente. Se abrazó a ella y comprobó que estaba como ausente, como una muñeca, ajena lo que la rodeaba. A medida que las réplicas calmaban fue volviendo poco a poco a la realidad. Era el primer día del mes de noviembre de 1947.

La abuela quedó sumamente impactada. ¿Cómo pudo saber lo que iba a ocurrir?

Ese fue el comienzo.

la hija del sol 2Otro día, acompañando a “Chicha Fuerte”, llegó a la casa un compañero de trabajo trayéndolo porque estaba muy briago. Después de dejarlo a buen recaudo se despidió muy comedidamente. El ácido comentario de la abuela respecto del compañero de su padre  incomodó a la hija del sol que, compungida, le dijo: “No sea mala con él, mamacha, no va a llegar a la noche”. La vieja incrédula y sorprendida le preguntó. “¿Por qué dices eso…?. La chica, poniendo punto final al diálogo dijo terminantemente. “Porque mañana, al mediodía, va a morir”. Terminado el diálogo, la abuela quedó intrigada.

Al día siguiente, cerrada la noche, oyeron toques desesperados a la puerta. Cuando “Chicha Fuerte” abrió, se oyó claramente la voz de un hombre que emocionado informaba. “Maestro, ha habido un accidente a la entrada del polvorín de Garga. El brequero Urbiola resbaló y fue arrollado por la máquina de patio número cincuenta. Ha muerto destrozado”. Aterrorizada la vieja que había oído todo fue a ver a su nieta que estaba despierta y, cuando iba a preguntar, su índice derecho llevó a sus labios y ordenó silencio. La vieja obedeció.

La noche que recibieron el año nuevo, la hija del sol dijo que ese año sería fatal para todos. “Matarán al demonio –dijo- y lo pagarán muy caro”. No dijo más. Su abuela respetó el silencio que vino a continuación. Por esos días el pueblo estaba en vilo. No había pan ni azúcar, ni harina, ni manteca; se presentó una carestía fatal que a todos remeció. El pueblo se moría de hambre y, como si fuera poco, el invierno más crudo invadió la ciudad. Nunca había ocurrido algo parecido. Los ánimos se caldearon y peleas y discusiones menudearon en las calles. La intranquilidad era total, hasta que el lunes 16 de febrero de 1948, estalló la ira de la gente. Mataron al prefecto, el hombre que lejos de buscar el bienestar del pueblo, la había agravado. Al día siguiente del suceso, la  cárcel central comenzó a colmarse de presos. La persecución se hizo generalizada. Muchos huyeron, entre ellos, “Chicha fuerte” y su familia. Nunca más se supo de la “Hija del sol”.

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One thought on “Recuerdos de mi barrio “La hija del sol”

  1. GRACIAS POR ENVIAR HERMOSAS ESCRITURAS DE LA LITERATURA NACIONAL DESCRITAS EJEMPLARMENTE CON ALTO GRADO Y NIVEL LITERARIO UTILIZANDO LA LENGUA CASTELLANA SIMULTANEAMENTE PALABRAS DEL PERUANISMO AUTÓCTONO HABLADOS EN LA ÉPOCA QUE FÁCILMENTE ES COMPRENSIBLE MUY AGRADECIDO A LOS CULTIVADORES DE LA CULTURA NACIONAL DEL PERU DIOS, LES BENDIGA SIEMPRE SALUDOS DESDE MADRID ESPAÑA.COMPATRIOTAS.

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