EL ARPISTA PAUCARINO

Había nacido en el pueblecito de Páucar, a orillas del riachuelo que discurre entreel arpista paucarino Yanahuanca y Ambo,  extremo norte del territorio pasqueño. Su padre, andariego concertista de estas alturas, lo llevaba de un pueblo a otro, de una feria a otra, allá donde su música fuera requerida. A su madre no la había conocido. El trashumante tocachín, animador de fiestas pueblerinas de la zona, en una mano llevaba al niño y en la otra a su compañera de aventuras, su arpa, tan simple como sonora. Gran parte de su vida había transcurrido así, en inacabable peregrinaje que no tenía cuándo acabar. Las pocas veces que quedaban anclados en algún lugar, vivía de la caridad cristiana en tanto su padre roncaba la borrachera. Con los días el joven se dio maña para desentrañar los secretos de aquella caja sonora. Su dedicación fue tal que, casi sin darse cuenta, alcanzó una notable maestría.

Una noche de aquellas tantas que les había tocado vivir, yendo de un pago a otro, fueron sorprendidos por una inacabable tromba de lluvia que los empapó de pies a cabeza. Tras mucho caminar llegaron a una cueva y cuando entraron a descansar, su padre hervía de fiebre y agitación. La penuria del arpista duró muy poco. Cuando estaba a punto de morir -una pulmonía galopante se lo llevaba- sacó de una de sus bolsas: un anillo;  un anillo que a la vez era el templador de las cuerdas del arpa. Haciendo un esfuerzo supremo, concentrando su amor en sus palabras,  se lo dio a su hijo con su último mensaje.

—-Toma, hijo; este templador es para ti. Como yo ya me voy, él te acompañará por mí. Úsalo con discreción porque tiene poderes mágicos.- Diciendo esto quedó en silencio, frío y lejano, ante el llanto desconsolado de su hijo.

El tiempo siguió pasando. Traumado por la amarga experiencia vivida, el joven paucarino no quiso seguir los pasos de su padre. No iría de pueblo en pueblo alegrando a otros  mientras él sufría. No. Guardó muy bien, en un lugar seguro, la heredad que le había otorgado su padre y comenzó a vivir de la humildad de una pequeña chacrita que había sido de su madre. Sólo muy de tarde en tarde, cuando la noche lunada destacaba en la profundidad del azul toda la maravillosa pedrería de los cielos, Páucar podía escuchar hermosísimas melodías arrancadas por las manos de joven huérfano. ¡Qué maravillosos momentos vivían aquellas gentes humildes! Nunca habían escuchado semejante destreza en todas aquellas quebradas.

El tiempo pasaba inexorable como si estuviera corriendo por aquellos campos, y él, como todos los hombres de su pueblo, vivía de su chacra; pero era tan insuficiente lo que ésta podía darle que, poco a poco, su pobreza fue vistiéndole de harapos. Con el talante maltratado, taciturno y apesadumbrado, sobrellevaba su estrechez con dignidad. Hasta que llegó lo inevitable en estos casos. Se enamoró. Se prendó de una hermosa jovencita –flor de sus ojos- que lo flechó hasta convertirlo en un autómata. Los otros mozos del pueblo, trabajadores y fachosos, porque tenían mejores ingresos económicos que él, comenzaron a enamorarla y proponerle un matrimonio ventajoso. Él, claramente lo dedujo, no podía competir con éstos en riqueza. Esta marginadora limitación pobló de angustias y pesares su pobre vida. Sólo un milagro podría sacarlo de aquella enmarañada situación.

el arpista paucarino 2Un día que se hallaba trabajando a la vera de su chacra un alegre forastero -luz en los ojos, alegría en los labios- le hizo conocer una buena nueva que lo podía sacar de su angustiada situación. Los españoles residentes en el Cerro de Pasco, queriendo celebrar en grande la fiesta de su matrona, la Santísima Virgen del Carmen, convocaban para mediados de julio a un gran concurso de música a fin de contar con los mejores maestros de la zona. El festival era libre para que todos los que quisieran celebrarle a la morena Virgen del Monte Carmelo. La noticia se irradió por todos los confines de estas tierras altas e importantes del Perú. Considerando la calidad y cantidad de premios que se ponían en juego, las inscripciones fueron numerosas.

El día del concurso la expectativa era grandiosa. En todo el ámbito de la plaza principal, donde se efectuaban la corrida de toros, no cabía un alma más. Sus confines estaban repletos. Aquel día, nadie trabajó. La ciudad minera estaba paralizada. Todos estaban allí presentes, en el torneo musical. De la ciudad y de los pueblos vecinos fueron llegando los músicos más famosos. Solistas, dúos, tríos, conjuntos, rondallas, orquestas. El certamen sería el más sonado en muchos años. La Virgen se lo merecía.

A medida que transcurría la competición, los ánimos se iban llenando de una alegría muy especial.  Así, entre aplausos y aclamaciones se escucharon a los mejores guitarristas, a los más espectaculares violinistas; las mejores orquestas y solistas, las más sobresalientes rondallas y tunas. El pueblo minero se había convertido en un manicomio. En eso se anunció al último músico que, debido a que había venido de muy lejos, muy cansado y con enormes deseos  de competir, no se le podía vetar. Lo que siguió al anuncio fue espectacular. Cuando entró en el escenario, las gentes vieron a  un hombre con un andrajoso calzón de jerga que originó una rechifla tan espectacular que amenazaba con traer por los suelos el improvisado escenario. Pero, en tanto los chiflidos de desaprobación se hacían más sonoros, el joven músico afinaba su arpa con el anillo templador dejado por su padre. Al ver la serenidad del calzonazo le otorgaron una tregua y, cesadas las rechiflas, comenzó a ejecutar los huaynos más hermosos del Cerro de Pasco, con tal maestría, con tanto calor que, al poco rato ya todos jaleaban entusiasmados. Tal era la habilidad del tañedor, tal su digitación magistral, tal su tocata de tesituras asombrosas que ya el pueblo se le rindió. Al finalizar su última cachua, todos se pusieron de pie para aplaudirlo como nunca, avergonzados de haber pensado tan sólo en su apariencia. Demás está decir que el primer premio fue para él. Tan copiosa fue la recompensa que, en pocos días, casó con la hermosura de su pueblo con la que vivió muy feliz el resto de sus días.

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One thought on “EL ARPISTA PAUCARINO

  1. BELLA,HERMOSA,ESPECTACULAR LAS LEYENDAS DE CERRO DE PASCO ESCRITAS REDACTADAS POR GRANDES ESCRITORES PASQUEÑOS, ME HIZO EMOCIONAR HASTA LAS LÁGRIMAS ESTAS BELLAS HISTORIAS LITERARIAS DESCONOCIDAS PARA MI PERSONA Y AGRADESCO A TODOS LOS CULTIVADORES DE CULTURA PERUANA ES MI DESEO PERMANENTE RECONOCER LA PERICIA,Y DESTREZA PROFESIONAL DEL ESCRITOR NACIONAL POR UTILIZAR SIMULTANEAMENTE PALABRAS PERUANAS COMO ( TOCACHIN,CHACRITA,FACHOSOS,CACHUA,JERGA, ETC, ETC, )Y POR SU ALTO GRADO UNIVERSITARIO DE DOMINIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA DIOS, LES BENDIGA SIEMPRE.MUCHAS GRACIAS POR ENVIARME CULTURA NACIONAL.SALUDOS DESDE MADRID ESPAÑA.COMPATRIOTAS.

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