Marcos Bache Un inolvidable maestro músico (Primera parte)

(Esta apretada semblanza del inolvidable maestro Marcos Bache, en homenaje a nuestro ilustre paisano, Aurelio Tello Malpartida, triunfador en el hermano país de México con un abrazo fraternal de admiración y gratitud)

Cuando se habla de la música culta, nos estamos refiriendo a aquella que, constreñida aMarcos Bacie los rigurosos mandatos de las partituras, es ejecutada por artistas que han tenido una adecuada preparación académica. En nuestra patria, todavía el 15 de agosto de 1907, es fundada la  Sociedad Filarmónica de Lima, notable institución privada instituida en el domicilio del caballero alemán, Carlos Einfeldt, en la Quinta Hereen. Su primer concierto público  lo realizó el 26 de octubre de 1907. Debido al éxito alcanzado, el gobierno peruano crea la Academia Nacional de Música, en 1908; el encargado de dirigirla -siempre unida a la Sociedad Filarmónica- fue el maestro Federico Gerdes. Su primer concierto lo ofreció en enero de 1909. Desde entonces, debido a la pertinacia de sus directivos y la generosidad de sus auspiciadores, estos organismos fueron llevando una vida franciscana pero muy digna.

Tuvo que transcurrir treinta años para que en 1938, el inspector de espectáculos de la Municipalidad de Lima, don Ernesto Araujo Álvarez Reyna, presentara un bien documentado proyecto al Alcalde don Eduardo Dibos Dammert, para la creación de un conjunto sinfónico permanente y oficial. El general Oscar R. Benavides, entonces Presidente de la República del Perú, brindó su pleno apoyo al proyecto y, mediante la  Ley Nº 8743 del 11 de agosto de 1938, creó la Orquesta Sinfónica Nacional. Ocho años más tarde el Conservatorio Nacional de Música del Perú.

Ha sido necesario mencionar todos estos datos, para poder valorar la trascendencia de un  grupo musical sinfónico –el primero del Perú- que se fundara en el Cerro de Pasco en 1897. Tenía por nombre: CENTRO MUSICAL SLAVO DEL CERRO DE PASCO, que en idioma croata se denominaba SLAVJANSKO GLAZBENO DRUSTOVO CERRO DE PASCO. Venía funcionando diez años antes con los primeros escarceos de su actividad. Su historia, es la historia de la destacada personalidad de su conductor, Marcos Bache que, en tanto vivió,  tuvo una actuación extraordinaria en nuestra ciudad minera. Esta es la semblanza de aquel inolvidable artista.

Cuando el 16 de octubre de 1881, mineros y comerciantes austriacos que trabajaban en el Cerro de Pasco desde 1850, deciden fundar la SOCIEDAD AUSTRO-HÚNGARA DE BENEFICENCIA, no se imaginaban que andando los tiempos su actividad sería muy beneficiosa para el pueblo que los había acogido con fraternal cariño. En este imperio se reunían trece estados europeos que son: Ausaratria, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia, Bosnia Herzegovina y las regiones de Voivodina en Serbia, Bocas de Kotor en Montenegro, Trentino – Alto y Trieste en Italia, Transilvania y parte del Bánato en Rumanía, Galicia en Polonia y Rutenia (región Subcarpática en Ucrania).

A un  costado de la casona erigida por el croata Pehovas en la entonces Plaza del Comercio (1890) (Más tarde “Plaza Centenario”). Puede verse el consulado austro húngaro con su mástil en la claraboya y su correspondiente escudo en el balaustre del balcón)
A un costado de la casona erigida por el croata Pehovas en la entonces Plaza del Comercio (1890) (Más tarde “Plaza Centenario”). Puede verse el consulado austro húngaro con su mástil en la claraboya y su correspondiente escudo en el balaustre del balcón)

A un  costado de la casona erigida por el croata Pehovas en la entonces Plaza del Comercio (1890) (Más tarde “Plaza Centenario”). Puede verse el consulado austro húngaro con su mástil en la claraboya y su correspondiente escudo en el balaustre del balcón)

Aquellos días el Imperio Austro – Húngaro, contaba con Viena -su capital- que a la sazón era la capital musical del mundo. El motivo principal de esta asociación, era conservar usos y costumbres de su lugar de origen; socorrerse mutuamente ante cualquier eventualidad y, en todo momento, mantener estrecha ligazón con organismos y personas notables de la ciudad minera. Por eso mantuvo activa relación con todos los consulados extranjeros acreditados en la ciudad y con la Sociedad de los 16 amigos; Club de la Unión; el Concejo Provincial (Brindó generosos aportes económicos a la Municipalidad); con el Centro Social Cerro de Pasco; Club de la Esperanza; con la Prefectura y Sub-Prefectura; con la Sociedad Slava de Beneficencia de Lima; con la Sociedad de Beneficencia Española; Dirección El Minero; Club Cerreño de Tiro al Blanco; con el Director del Diario Los Andes; con la Sociedad de Beneficencia Pública; con la Compañía de Bomberos; con el Párroco y Vicario de la Iglesia; con la Sociedad ALFONSO UGARTE de Auxilios Mutuos Confederada; con la Corte Superior de Justicia, el Agente Fiscal y el Juez de la provincia; con la Cámara de Comercio; La Sociedad del Perpetuo Socorro, la Sociedad Obrera Billinghurst Confederada; con la Liga Provincial de Deportes; Cía. Recaudadora de Impuestos; con el Sub-Prefecto e Intendente de Policía y otras.

Por aquellos años, la vida cultural del Cerro de Pasco era activa y brillante. El estudioso Carlos Contreras refiere lo publicado por el periódico  cerreño EL PORVENIR DE JUNÍN, de 16 de abril de 1881: “La élite (cerreña) organizó una cultura de un cariz bastante europeo en la ciudad. La indumentaria, las maneras, la música, las comidas y la bebidas que frecuentaban expresaban este hecho”(…) En el pueblo -se decía- los extranjeros dan la norma de todas las virtudes sociales. El vals vienés, las polkas y bailes europeos marcaban el ritmo en las elegantes fiestas de la élite. Las cuadrillas, francesa, Imperial y de lanceros fueron bailados con irreprochable corrección, así como los valses y polcas; sobresaliendo la hermosa y delicada señorita Elisa Dianderas, hija de la dueña de casa y la bella como espiritual señorita Amelia Ordóñez”.

Por lo demás, en todos los periódicos de aquellos días, las notas sociales destacaban las tertulias, convites y saraos en las que, caballeros y damas de nuestra sociedad, hacían hábiles demostraciones de sus aptitudes musicales en piano, violín, canto y, tríos y cuartetos de música de cámara. Es en este ambiente, donde brillaban los austriacos, cuando deciden conformar una orquesta de altos vuelos artísticos como se estilaba en Europa. La primera medida que toman, es la de adquirir en las casas más renombradas de Europa, los instrumentos necesarios para el cumplimiento de tal fin. Se traen pianos, tamboriles, trompas, trombones, trompetas, oboes, fagotes, clarinetes, zampoñas, chirimías, acordeones, contrabajos, bandurrias, flautas, violas, violines, violoncelos, arpa sinfónica, flautas traveseras, flautines, corno inglés, tubas, timbales, panderetas, platillos, triángulos, bombos; también guitarras, laúdes, mandolinas, bandurrias y demás aditamentos para una orquesta moderna.

A partir de aquella fecha, las familias acomodadas y las de clase media, comenzaron a traer también instrumentos musicales, especialmente pianos. Era la moda. Ningún hogar que se preciara de culto podía dejar de tener, por lo menos, un piano. Éste se convirtió en un instrumento indispensable en todo hogar bien cimentado. Llegaron a la ciudad cimera dos casas especializadas en la venta de pianos y pianolas en donde todos los clubes sociales adquirieron los suyos. Esto contribuyó a la difusión de la música selecta y también la ligera, para lo cual, casas especializadas, se dedicaban a vender las correspondientes partituras, además de contar con maestros de piano y afinadores especiales.

En sus momentos aurorales, el grupo musical austriaco fue dirigido por Teófilo Bache, nacido en Dubrovnik, Croacia. Al comprobar que la afición por la música iba creciendo día a día, informa a sus paisanos que su hermano menor, Markos, era en aquellos momentos, destacadísimo músico de una orquesta oficial en Viena. Invitado para ejercer el cargo de Director -como pago previo se había denunciado una mina de plata en su nombre- llega pletórico de entusiasmo invitado por la DUBROVACKA RIJEKA para hacerse cargo de la conducción de la orquesta.

De inmediato se pone a trabajar con un poder de convocatoria que, en poco tiempo, suman decenas de alumnos; no sólo europeos sino también nacionales. No era para menos. Su didáctica y entusiasmo contagioso catequizó a los alumnos que rindieron buenos frutos en poco tiempo. La tendencia musical que traía consigo -reinante en la Europa de aquellos momentos- era el Romanticismo; es decir, el rompimiento con las rígidas formas del pasado, buscando democratizarla. Las veladas musicales salen de los salones burgueses y se brindan al pueblo que hasta entonces estaba marginado. Crea y auspicia melodías y formas musicales de raíz popular. A sus conciertos llega gente del pueblo y se solaza con las creaciones de los maestros que en Europa estaban imperando: Beethoven, Schubert, Schumann, Mendelssohn, Bruckner y Johannes Brams; pero el más aclamado por el pueblo es, Richard Strauss, primero; luego Johan, autor de los valses vieneses que en el mundo causaban furor, bailados con gran despliegue de vistosidad y alegría. Hay que leer los periódicos de aquellos días. Es para no creerlo. El pueblo tenía acceso a las creaciones europeas del momento gracias a ese gigante, injustamente olvidado.

Hombre sencillo y amable, de carisma avasallador, democrático y popular que recibe amoroso a los hijos del pueblo cerreño, y les enseña.

(Continúa….)

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