LA MUJER CERREÑA EN LA HISTORIA (Primera parte)

mujer cerreñaUna de las más saltantes características de nuestra historia es que en su contexto se ha excluido a la mujer no obstante el importantísimo rol que ha desempeñado. Como los hombres mantenían vigentes los relatos de los acontecimientos importantes, se dedicaban a privilegiar batallas, resoluciones de estado, ordenanzas en los que ellos jugaban papel importante; en contadísimas ocasiones se refirieron al ámbito doméstico de la vida cotidiana, femenino por excelencia. Creo que todavía esa actitud discriminatoria está vigente. Sin embargo, a medida que transcurre el tiempo habrá de equilibrarse la historia -estamos seguros- haciendo justicia al papel protagónico que ellas jugaron en la forja de nuestra grandeza.

En nuestra tierra, numerosos documentos demuestran que las mujeres, a la par que los hombres, participaron en la valiente contienda contra los opresores. María Valdizán, la más paradigmática de todas; degollada cobardemente por orden de sanguinario Carratalá en momentos en que la lucha por nuestra  independencia era más sangrienta y decisiva. Esta inmortal cerreña puso sus inagotables caudales al servicio de la patria en sus momentos decisivos. Aportó generosamente para la manutención de nuestros heroicos montoneros y, lo más importante, sirvió de informante y nexo entre los patriotas que se encontraban diseminados en territorio pasqueño.

En la revolución de los plateros cerreños de 1812, sobresale nítidamente, Ramona López, viuda del minero José Vigil. En su chingana se reunían los revolucionarios mineros porque era foco difusor de las inquietudes independentistas. Lo importante: además de chingana era  copioso depósito de armas. Muerto su marido –viejo y laborioso minero- se unió al revolucionario Manuel Queipo con el que perseguida y despojada de sus pertenencias, huye a Huánuco donde trabaja decididamente por el éxito de la revolución de Huánuco y Panataguas liderada por Crespo y Castillo y Duran Martel. (Lea su historia en este mismo blog).

Pero fue en la Guerra con Chile (1879) donde corporativamente demostró su enorme valía. Conformó numerosa agrupación que trabajó para reunir fondos pecuniarios en favor de nuestro contingente de sangre. Viajó a las minas más apartadas para visitar a todos los mineros, sin olvidar a nadie; se entrevistó con los comerciantes de la localidad y lugares aledaños; entrevistó a las más connotadas como a las más humildes familias. De todos recibió el generoso aporte de su contribución que permitió vestir, armar, alimentar y preparar a los voluntarios cerreños de la Columna Pasco.

Ellas fueron: Carolina Pellegrini de Trujillo, Margarita H. de Lequerica; Carlina y Úrsulamujer cerreña 2 Parra; María Ballón; Clara M. de Languasco, Celia Proaño de Mier; Eusebia L. de Lagravere; Josefa Navarro; Beatriz F. de Salazar; Agustina P. Vda. De Alcántara; María del Pilar Q. de Proaño; Antonia G. de Gallo;  Carmen C. de Álvarez; Julia L. de Schuermann; Rosa l, de Salcedo, Dolores T. de Languasco, Isabel y Clotilde Minaya; Luisa Pérez; Gavina N. de Morales; Manuela N. de Jinez; Gabriela M. de Alcántara, Rosalía V de Gallo; Rosario Torres; Asunción H. de Ortiz; Josefina B. de Faget; Juana C. de Cabanillas; Vicenta Soberón; Sofía N. del Campo; Josefa A. de Sierra; Francisca B. de Garreta; Casimira B. de Arrieta; Matea P. de Giurcovich; Manuela C. de Malpartida; Casimira N. de Mier; Dolores J. de Arias; Vicenta E. de Alania; Melchora B. de Cossío;  Luisa B. de Myers; Paulina Tamariz; Manuela M. de Noria; Benita O. de Ravazzo; Josefa R. de Carles; Francisca Woolcott; Guillerma N. de Úngaro, Ángela A. Vda. De Puntriano; Gregoria R. de Oneglio; Narcisa Murgado; Clara Petris; Patrocinia Balbín; Beatriz Lugo; María C. de Mudago; Josefa Román; Angelina Casanova; Luisa P. de Albertini; Magdalena Uribe y Silveria Galarza.

Desde los primeros instantes en que se inicia la beligerancia, se suman los nombres de Manuela de la V. de la Torre, Isidora M. de Iglesias, Francisca I. de Aldecoa, Antonieta L. de Maggela, Atalia J. de Cecchi, Jesús C. de Martinench, Andrea G. de Franco, Catalina P. de Fromont, Emilia R. de Távori, Biviana N. de Alvarado, Beatriz J. de Callirgos, Encarnación V. De Loayza, Carmen L. de Gordillo, Jacinta G. del Valle, Candelaria G. De Mazzini,  María Luis A. de Flores, Luisa Romero, María R. de Dellepiani, Guadalupe V. de Clotet. Al lado de ellas cerraron filas las humildes mujeres del pueblo aportando con lo que pudieron. Se cortaron sus  cabellos para venderlos a los franceses que confeccionaban pelucas, peluquines y adornos muy utilizados en aquellos tiempos. El dinero de la venta contribuyó a la reunión de fondos para tan noble fin. Todas estas inolvidables mujeres sufrieron en carne propia la desgracia de perder a sus seres queridos en las fronteras del sur. Ninguno de los soldados volvió.

No solo la juventud fue a luchar en defensa de nuestra nación, un segundo contingente formado por niños y ancianos murió en defensa de Lima en las batallas de San Juan y Miraflores. Dos años más tarde -1881- tuvo que sufrir los embates de la ocupación chilena cuando ya no quedaba hombres en el Cerro de Pasco. Las mujeres fueron pasto del abuso encarnizado de la soldadesca chilena.

Pasados muchos años después, la mañana del 22 de agosto de 1930, a las afueras de Arequipa, el comandante Luis Miguel Sánchez Cerro se levantaba en armas para derrocar el gobierno de Augusto Bernardino Leguía. Este  despreciable tirano, traslada la capital del Departamento de Junín del Cerro de Pasco a Huancayo, mediante el malhadado Decreto Ley Nº 7001. Alegaba para ello, el frío y altitud.  Indignadísimo el pueblo toma conocimiento de esta afrenta y los miembros del Concejo Provincial de Pasco convocan a una Asamblea Popular.

A la hora señalada todo el pueblo estuvo presente. El combativo diario LOS ANDES informaba: «A la hora anteriormente señalada se clausuraron todos los establecimien­tos comerciales y la plaza del mercado. Industriales y vecinos de ambos sexos concurrieron al local del Concejo. Antes de verificarse la Asamblea, el Concejo presidido por el Alcal­de, Dr. Ángel Madrid Dianderas, celebró sesión extraordinaria en la que se contempló la disposición gubernativa. En el curso de la sesión abundaron múltiples consideraciones que al Cerro de Pasco le abonan. Las preeminencias gubernativas conferidas tiempo atrás,  debían ser respetadas.

mujer cerreña 3En ese trance sale a luz la valiente decisión de la mujer cerreña. Carmen Giles, imbuida de un coraje admirable, convoca a un Cabildo Abierto a todas las mujeres cerreñas. Aquella mañana del 25 de enero de 1931, más de tres mil mujeres entre señoras y señoritas -sin que ningún hombre participe- redactan un valiente memorial refrendado por tres mil quinientas firmas. Decía a las claras de esa fe inextinguible que en más de una oportunidad había puesto de manifiesto la mujer cerreña. Igual que en 1879, cuando a la guerra con Chile y otras grandes jornadas épicas, hicieron conocer su voz en el documento redactado en los siguientes términos.

SEÑOR PRESIDENTE DE LA JUNTA DE GOBIERNO.

Herida la mujer cerreña en sus más caros sentimientos de amor al suelo que la viera nacer, ante la decisión de esa Junta de trasladar la capital del departamento de Junín a la ciudad de Huancayo, arrebatando inmotivadamente al Cerro de Pasco las prerrogativas de que ha gozado desde los albores de la independencia nacional, no puede permanecer indiferente ante tan insólita medida y por eso que levanta su voz de protesta y demanda con todo el fervor de sus sentimientos, la reconsideración del Decreto Ley de fecha 15 de los corrientes.

Sería largo enumerar en esta petición, las diferentes razones de orden histórico, geográfico, económico y moral que abonan esta solicitud, toda vez que se ha demostrado ya en forma irrefutable, en los diversos memoriales elevados a esa Junta de Gobierno por los hijos y vecinos de esta provincia y los de Huánuco, los perjuicios de todo orden que la indicada resolución irroga a estas dos circunscripciones, por lo que se limita a invocar el alto espíritu de justicia que anima a su gobierno, la restitución de un privilegio que por derecho constitucional le corresponde al Cerro de Pasco.

Por otra parte, la medida que comentamos, importa en sí, no tan sólo un despojo de las prerrogativas del Cerro de Pasco, sino más que todo, una ofensa a nuestra dignidad de mujeres  peruanas y cerreñas y una verdadera degradación a un pueblo que, como el Cerro de Pasco, es  en la paz un ejemplo de laboriosidad y orden aportando ingentes riquezas al estado; y en la guerra nacional, ha sabido derramar pródiga la sangre de sus hijos en defensa de nuestra bandera; y por lo tanto, no merece el agravio de arrebatarle su categoría de capital de departamento.

Por tales fundamentos: A usted, señor Presidente, pedimos se sirva acceder a nuestra solicitud, dejándola como constancia de nuestra actitud ante el concepto de la mujer peruana y subsecuentemente ante la historia.

Es justicia, lo que esperamos alcanzar

Cerro de Pasco 25 de enero de 1931.

A partir de entonces, el pueblo minero, herido en sus más profundos sentimientos, advirtió que se encontraba frente a un despreciables déspota bajo cuyo gobierno se había baleado a los mineros en la subida de Santa Rosa, en el puente de Malpaso y se terminado con la existencia del más grande líder sindical que tuviera el Perú, Gamaniel Blanco Murillo y, del ilustre militar cerreño, Gustavo Jiménez “El zorro”; ofendió gravemente a nuestras mujeres de tal manera que el ciudadano cerreño Abelardo Mendoza Leiva, terminó con la vida de este miserable histórico.

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