LA LLEGADA DE LOS ESPAÑOLES AL CERRO DE PASCO (Quinta parte)

la llegada de los españoles 5Con enternecedor comedimiento y  maneras muy señoriales, el apucuraca les invitó a pasar a la sala principal, enorme y bien dispuesta, para tomar sus alimentos. Se sentaron a horcajadas sobre abrigadas mantas de lana, colocadas sobre crespos vellones que enmarcaban la mesa gigantesca, uno al lado de otro –españoles y nativos señoriales- en amical compañía. Antes de servir las raciones personales, dispusieron sobre el mantel central,  variada y abundante cantidad de papas harinosas de diversos tamaños y colores, al lado, pucos repletos de ajíes en su más grande variedad: verde con chincho esmeralda; rojo con achiote como ígneo líquido mantecoso; espeso combinado con challwas secas y molidas aderezado con cochayuyos;  otros pucos especiales con rodajas de rocotos traídos por los panatahuas en sus matices diversos. Sin el ají, no hay comida en estas alturas; con él la sangre se calienta y circula en una fogosa continuidad. El primer plato que trajeron en mates personales, fue un verdadero manjar para visitantes y anfitriones: rodajas de cuello asado de llama acompañadas de papas amarillas; luego otra golosina serrana, ajiaco de seso de paco, una notable delicia, preferida por los más notables, servidos con morayes blancos y esponjosos. Lo que más agradó a  los famélicos extranjeros fue el picante de cuyes con bermejos achiotes; picantes charquicanes; abundante caldo de mondongo con mote reventado de maíces tarmeños; enormes mates de cancha, humitas, ocas, mashuas… todo salpimentado con refrescante chicha de jora serrana. Para finalizar la comilona sirvieron deliciosos dulces de maca, cahui y ocas. Al final, hirvientes mates de infusión de gamatay que, como por encanto, quita la flatulencia de los vientres ahítos de comida.

Terminado que fue el ágape, el apucuraca dispuso que las mujeres más viejas extendieran abundantes verdes hojas de coca sobre el tapete central a fin de que todos masticaran en señal de buena voluntad. Cumplido el ceremonial,  dijo

— Por largo tiempo hemos vivido pacíficamente con nuestros vecinos y amigos con quienes comerciamos e intercambiamos relaciones fraternales; ellos nos traen sus productos y nosotros les damos los nuestros; nunca tuvimos problemas con nadie. Nunca. Sólo cuando nos atacaron, primero nos defendimos y luego los exterminamos. Así ocurrió cuando los cusqueños quisieron avasallarnos. Jamás lo permitimos. Sólo cuando vinieron en son de paz y amistad los recibimos con regocijo. Eso es lo que hizo el inca. Nos envió muchos presentes con sus guerreros; sólo entonces pudimos entrar en acuerdo con ellos y servir al inca; por eso es que ahora con la mejor buena voluntad les ofrecemos nuestra amistad y nuestra obediencia para que ustedes puedan tomar posesión de las tierras que quisieran coger.

— Es también nuestro deseo –dijo el jefe expedicionario- que nuestras relaciones sean siempre amistosas y de mutua cooperación. Bien saben ustedes que todas estas tierras han pasado a ser propiedad del rey de España, representado por don Joan Tello de Sotomayor, a cuyo nombre tomamos este pueblo, porque mediante disposiciones especiales, en reconocimiento de nuestros servicios, nos han mercedado estas tierras de las mismas que ustedes pasarán a ser servidores.

—  Esa es nuestra disposición. La obediencia.

— Bien, lo que nos interesa, apucuraca, es la plata que ustedes poseen en abundancia y por lo que hemos visto, las trabajan admirablemente.

— La utilizamos para agradecer a nuestros dioses por el regalo que nos hacen de la abundancia de ganado. Cada uno de estos animales los fundimos en oro y plata, además los utilizamos para algunos adornos de nuestras mujeres y dignatarios, esculturas de los dioses incas que fueron llevados en abundancia al Cusco y vestiduras de los nobles señores gobernantes. Nuestros dioses jamás lo necesitaron; ni Huallallo Carhuancho, ni Libiac Cancharco, ni Yanamarán…

— ¿De dónde sacan esa plata de extraordinaria calidad?

— Del cerro que está enfrente, se llama Golgue Jirca, “Cerro de Plata”.

— ¡Queremos trabajar esos yacimientos…!

— Si así lo determinan, les proveeré de hombres necesarios para hacerlo; de acuerdo a la tradición, ustedes buscarán el lugar para erigir sus casas para cuya edificación nosotros también les ayudaremos.

Ese día comenzó todo. La generosa disposición de los naturales determinó que, sin ninguna restricción, les brindaran a los intrusos lo que tanto les obsedía: los metales preciosos. En estas latitudes los hombres ya eran expertos dominadores de estos metales: oro, plata,  cobre y sus aleaciones con estaño y arsénico para obtener bronces. Ese día comenzó todo. Los dueños y señores de estas tierras convertidos en vasallos de los aventureros; la desinteresada largueza en oprobioso sometimiento que todavía continúa. Ese día comenzó todo. La cicatera caballada asesina partió a cabalgar por los yermos cerreños, cubriéndolos de sangre y apoderándose de nuestros tesoros. Ese día comenzó todo. Ya estaban en posesión de Puntac Marca y Colquijirca y continuarían con su avance.

(Continúa…)

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