El monumento a la Columna Pasco

monumento a la Columna Pasco“En los fastos de la Historia,           

mi alma de poeta os admira

y es reverente mi lira

que ensalza vuestra memoria

 

Que vuestra fúlgida gloria

 al tiempo futuro asombre

de vuestra acción los empeños,

 que sois huestes: cerreños

de un heroísmo sin nombre”. 

Ambrosio Casquero D.

La heroica odisea de aquellos inolvidables 220 cerreños inmolados en defensa de nuestras fronteras, había calado muy hondo en el sentimiento del pueblo. El Cerro de Pasco, reverente, conserva el recuerdo de la gesta inmortal de la Columna Pasco en la guerra de 1879; por eso cuando el patricio, Gerardo Patiño López, desde las páginas del diario El Minero lanzó la idea de perennizar en bronce y granito el martirologio de la campaña, todos aplaudieron la iniciativa aprestándose a colaborar para materializarla en realidad. Instituciones y personas representativas  cierran filas en torno del justo anhelo ciudadano. El Presidente de la República, don Augusto Bernardino Leguía, se suma a la cruzada y nombra como su representante personal, al doctor Enrique Martinelli, Ministro de Fomento. Las autoridades locales de entonces conforman un Comité integrado por el prefecto Manuel Pablo Villanueva; el subprefecto, Manuel Ortega Leguía; el presidente de la corte superior de justicia, doctor David Izaguirre; El director de la beneficencia pública, señor Manuel Palacios Gálvez; y el alcalde de la ciudad, don Edgardo Benjamín Madueño.

La búsqueda del lugar adecuado para la erección del monumento fue la primera gestión que el Comité debió cumplir. Después de barajar varias posibilidades eligen la Plaza del Comercio a la que, el 12 de setiembre de 1925, le cambian el nombre por el de Plaza Centenario, en conmemoración al centésimo aniversario de la creación del departamento de Junín, del que el Cerro de Pasco era entonces, su capital.

Cuando don Ricardo Alania asume la alcaldía del Cerro de Pasco, toma decidido interés en que la obra se continúe, colaborando activamente con el Comité Ad-hoc, tal como lo había hecho su antecesor don Benjamín Madueño.

Para estructurar los cimientos del monumento se traen gigantescas piedras de todos los rincones del departamento y luego de una selección especial, el arquitecto técnico, Don Florencio Casquero Castro, elige las piedras de las canteras de Racco y Quilcaymachay, para erigir la sólida pilastra central.

El trabajo inicial es realizado con meticuloso cuidado, don Florencio Casquero Castro, colocando piedra sobre piedra con arte y precisión especiales erige la pilastra central. Terminada ésta, el mecánico Oswaldo Rodríguez, al mando de sus hombres, con poleas, escaleras, palancas y andamios especiales, coloca en lugar predeterminado, el soldado, el águila, el escudo, la placa conmemorativa y las placas laterales.

El 28 de julio del año de 1929, cuando se cumplía cincuenta años de la infausta guerra con Chile, con un recogimiento especial del pueblo se inaugura el monumento a la Columna Pasco. (No al soldado desconocido, como muchos mencionan).

La estatua del egregio guerrero de la Columna Pasco fue esculpida y fundida en bronce por el artista nacional, David Lozano. Es regalo personal del Presidente de la República, don Augusto Bernardino Leguía. Este soldado de pronunciados rasgos aborígenes viste el uniforme utilizado por nuestro ejército en aquella epopeya. Mide 2:20 centímetros de estatura. Pesa 730 kilos. Esta en actitud de lucha y lleva un fusil Remington con bayoneta calada.

El águila majestuosa con alas desplegadas llevando un ramo de olivo en el pico corona la cúspide del monumento. También fue esculpida y fundida en bronce por el escultor David Lozano. Pesa 1100 kilos y es obsequio del minero cerreño, don Lizandro Proaño.

El escudo nacional, estilizado y fundido en bronce, ubicado en la parte frontal y central de la pilastra, es también regalo personal del Presidente de la República.

En los flancos laterales de la columna central, hay dos placas de bronce talladas en alto relieve. En una se representa la memorable partida de la Columna Pasco la brumosa mañana  del 7 de mayo de 1879; en la otra, una épica escena de la batalla de Tarapacá, donde nuestra Columna Pasco, conformando parte fundamental de nuestro ejército, obtuvo una gloriosa victoria. Ambas placas fueron obsequio del minero don Eulogio Fernandini de la Quintana

La placa conmemorativa de la base central de la pilastra fue obsequiada por el representante parlamentario, don Domingo Sotil. Lleva la siguiente inscripción: “Homenaje a la Columna Pasco que supo morir con gloria en defensa de la Patria -Cerro de Pasco- 1929”.

El día de la inauguración, don Benjamín Malpartida, Presidente del Comité Pro construcción del monumento lo entregó a la ciudad y, el Honorable Concejo Provincial de Pasco, por unanimidad de sus miembros, recogiendo el sentir ciudadano, otorga una hermosa medalla de oro al hombre que dio la iniciativa y  cuyo trabajo abnegado se coronaba ese día: don Gerardo Patiño López.

                                                                          

A la Columna Pasco

 Juan Pedro Garreta

 

De un pueblo sobre roca construido

Que entraña mil tesoros fabulosos,

Salieron los combatientes fogosos,

Henchidos de valor, de amor sublime.

 

Egregios hombres de valor cumplido

Tañeron sus cometas y tambores

Preludiando la lucha, la victoria,

Si no rendir la vida por la patria.

 

Las calles retumban delirantes

Con adioses con flores y confetti;

Y en los balcones mineros, muy hermosas,

Mujeres agitando sus pañuelos.

 

Y marcharon al sur, a las fronteras,

Cruzaron bosques, abismos y arenales,

Y en esa heroica marcha de titanes

Otearon los linderos de la patria.

 

Allí los aguardaba el enemigo

Encasillado en su soberbio orgullo,

Pensando que el calor, la sed y el hambre

A los bizarros hombres rendiría.

 

Tratando de acallar a los cañones

Que fuego, sangre y muerte, vomitaban

Bizarros atacaron con denuedo,

Llevando en alto la bandera santa.

 

Bandera que en sus pliegues refulgía

Las lágrimas de madres bendecidas,

De esposas, de novias, de hermanas

Como perlas del alma germinadas.

 

Y a la sombra de aquella enseña, sacra

Que las damas cerreñas consagraron,

Cayeron todos con ínclito denuedo,

Cumpliendo la palabra empeñada.

 

Y volaron al templo de la gloria

Con gran aureola del deber cumplido,

Dejando escrito en el bronce de la Historia:

Sus nombres, su gesta y su grandeza.

En EL DIARIO de 28-julio-1929

 

A Nuestro Soldado

Roto, descalzo, dócil a su muerte,

Avanza el valiente Columnista.

A la espalda del morral camina y lleva

El certero fusil  su mano fuerte.

 

Sin pan, sin techo, en su mirar se advierte

Vívida luz que el camino serena,

La limpia claridad de un alma buena

Y el augusto reflejo de la muerte.

 

No hay a su duro pie risco maligno;

Sueño no ha menester; quejas no quiere;

Donde lo llevan jamás va hastiado.

 

Ni el bien le asombra, ni el desdén lo hiere;

Sumiso, valeroso, resignado,

Obedece, pelea, triunfa y muere…!

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