LA PATARCOCHADA (Primera parte)

Laderas de Amancaes colmadas de gente fiestera venida de toda Lima. En la parte delantera invitados especiales de reconocidas familias limeñas repantigados en confortables sillones. Era fiesta popular por excelencia.
Laderas de Amancaes colmadas de gente fiestera venida de toda Lima. En la parte delantera invitados especiales de reconocidas familias limeñas repantigados en confortables sillones. Era fiesta popular por excelencia.

La pampa de Amancaes, en el distrito del Rímac, es una llanura elevada rodeada de cerros desde donde antiguamente podía verse todo el valle de Lima y, en días despejados, divisar el mar. Recibe su nombre de una flor amarilla que florecía en este lugar durante los meses de junio a  agosto.

Amancaes fue un lugar de peregrinación desde la época colonial porque su fiesta se convirtió en tradición a la que los limeños de todos los sectores de la sociedad se dirigían a visitarla. La gente del pueblo llegaba en mulas, carretas o a pie; los aristócratas en calesas y balancines tirados por caballos, detrás iba un burro cargado con todo lo necesario para almorzar en la pampa.

En ese lugar se realizaban grandes jaranas con guitarra y cajón,  y un gran festival gastronómico donde abundaba la chicha, el aguardiente, “pisco” y gran variedad de comidas: La pachamanca, anticuchos, cau-cau, frejoles, butifarras, arroz con pato, papa a la huancaína, olluquitos con charqui, seviche y escabeche.

Palco de honor en la Pampa de Amancaes, ocupado por autoridades locales e invitados especiales. Debajo un entarimado de madera en el que se presentaban los artistas populares del momento. Rodeando el escenario, gran cantidad de romeros que habían asistido a participar del acontecimiento. Las laderas de los cerros colindantes servían de galerías para el pueblo. Puede verse a grupos de vivanderas, jinetes y policías que conformaban un abigarrado paisaje humano
Palco de honor en la Pampa de Amancaes, ocupado por autoridades locales e invitados especiales. Debajo un entarimado de madera en el que se presentaban los artistas populares del momento. Rodeando el escenario, gran cantidad de romeros que habían asistido a participar del acontecimiento. Las laderas de los cerros colindantes servían de galerías para el pueblo. Puede verse a grupos de vivanderas, jinetes y policías que conformaban un abigarrado paisaje humano

A fines del siglo XIX la fiesta fue decayendo. El siglo siguiente las autoridades impulsaron su recuperación. Durante el oncenio de Augusto B. Leguía (1919-1930) la fiesta fue impulsada por el gobierno para convertirla en representación de la cultura peruana. A mediados de la década de 1920, el presidente Leguía con el alcalde del Rímac deciden darle más vida a la fiesta extendiendo la participación del folklore del ande.

Es en el año de 1928 –precisamente- para dar más emoción al encuentro de todos los peruanos, invitan a sus mejores conjuntos musicales del Perú a presentarse en Amancaes. En ese momento el Cerro de Pasco –entonces capital del Departamento de Junín- envió a su primera delegación de música folclórica. La delegación estuvo integrada así. Dirigentes: Eliseo G. Malpartida, Mariano V. Collao y Alejandro Rodríguez Albornoz. Integrantes de la orquesta: Armando Paredes Ugarte (saxofón); Adrián Galarza Gallo y Nicéforo Bravo (clarinetes); César F. Urbina, Andrés Rojas y Jorge Dávila (violines); Justiniano Ariza (quena), Antonio Velita (fríscol); Julio V. Rodríguez, Silverio Laurent, Máximo y Erasmo Machado Sarmiento, (guitarras); Daniel V. Galarza, tramoyista.

A parte de Amancaes, se presentaron en el Teatro Forero (Hoy Municipal), en donde por primera vez se escuchaba la música folclórica del Perú. Nuestro conjunto se presentó en escenario que representaba al Socavón de Rumiallana, trabajado por el artista Daniel Galarza y cada músico, ataviado con la ropa del minero cerreño.

Después de este éxito la Alcaldía del Rímac invitó al Cerro de Pasco para el 24 de junio de 1930, con motivo de la celebración del “Día del Indio”. El Conjunto Musical Cerreño estaba integrado así: Directores: Adrián Galarza y Nicéforo Bravo (clarinetes); César Urbina y Daniel Rojas (violines); Enrique “Mongo” Aguilar, (fríscol); Julio V. Rodríguez, Silverio Laurent y Juan Rodríguez (guitarras).

Su actuación fue magistral. En los primeros puestos quedaron ubicados, el Cerro de Pasco, y Ayacucho, los que fueron invitados por la firma R.C.A Víctor a grabar los primeros discos con sus correspondientes creaciones. Nuestro representativo grabó: “A tí” muliza de Graciano Ricci y Mariano V. Collao; “Palomita blanca cuculí”, cachua de Graciano Ricci con el que obtuvieron el Primer Premio de Estudiantinas; “Tú me enseñaste a querer”, muliza con letras de Oscar Víctor Malpartida y música de Graciano Ricci; finalmente: “La Cerreñita”, huayno popular de autor anónimo. El impacto que causó esta presentación, concitó la más grande emoción popular.

Ñustas y vestales abriendo camino para el paso del “inca” en medio de la curiosa mirada de los asistentes a Amancaes de entonces
Ñustas y vestales abriendo camino para el paso del “inca” en medio de la curiosa mirada de los asistentes a Amancaes de entonces

A partir de estos sonados triunfos, el Cerro de Pasco quiso realizar una fiesta parecida a la de Amancaes. Unánimemente eligieron el 30 de julio de cada año teniendo como escenario a nuestros  campos de Patarcocha. ……………. (Continúa)

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