LA PATARCOCHADA (Segunda parte)

Motociclistas listos en la largada para un recorrido por la ciudad. Pablito Dávila a la cabeza, seguido de bomberos y  otros deportistas. El entusiasmo era extraordinario. ¡Cómo recordamos aquellos tiempos!.
Motociclistas listos en la largada para un recorrido por la ciudad. Pablito Dávila a la cabeza, seguido de bomberos y otros deportistas. El entusiasmo era extraordinario. ¡Cómo recordamos aquellos tiempos!.

La hermosa costumbre limeña de festejar lo nuestro la trajimos de Lima. El sonado triunfo de nuestros músicos contribuyó a ello. En lugar de Amancaes, nuestro escenario sería el promontorio de Patarcocha, muy “pegadito” a la parte posterior de nuestra escuela, extramuros de la ciudad. Sus laderas, sin ser enormes, eran suficientes para cobijar a gente jaranera y oletona, deseosa de tirar algunas canas al aire y solazarse con los juegos divertidos que allí se presentaban. Era, además, vitrina donde los visitantes limeños, especialmente estudiantes se lucían muy bien acicalados y futres.

Desde las primeras horas de la mañana del 30 de julio de cada año, premunidas de ollas, cestas, canastas y demás objetos, las familias marchaban a tomar su emplazamiento en las faldas de los cerros que rodeaban la laguna de Patarcocha. Aquello era una fiesta para los ojos. El cielo azul del esquivo verano lucía su sonrisa iluminada resaltando el grito de tonalidades y la explosión de bullicio del lugar. Desde tempranas horas el promontorio lucía un hermoso mosaico de colores por el apiñamiento de la gente fiestera. A lo largo de la crestería, una hilera de blancas carpas como enormes banderas a cuyas puertas ofrecían sus potajes tradicionales las vivanderas:

!!!Charquicán!!!….

!!!Arvejitas!!!.

!!!Picante de cuyes!!!…

Cohetes de ensordecedora alegría. La banda de músicos contratada por la Municipalidad se adornaba con un huaino y un borrachito bailaba alegre, olvidándose del mundo.

— !!Pachamanca!!… !!Pachamanca!!!.- ¡¡La rica pachamanca!!

En la foto que exhibimos, la gente fiestera está en el promontorio de enfrente. El anterior ya había sido derruido para dar paso al enorme patio del Coleg. Por avance del Tajo Abierto, muchas gentes comenzaron a construir su casas en aquellos cerros, ya la tradición murió.  Se ve el aglutinamiento de un pueblo enfervorizado que “remataba” las fiestas julias con la tradicional “Patarcochada”.
En la foto que exhibimos, la gente fiestera está en el promontorio de enfrente. El anterior ya había sido derruido para dar paso al enorme patio del Coleg. Por avance del Tajo Abierto, muchas gentes comenzaron a construir su casas en aquellos cerros, ya la tradición murió. Se ve el aglutinamiento de un pueblo enfervorizado que “remataba” las fiestas julias con la tradicional “Patarcochada”.

Del centro de la población aparecía un tropel de briosos corceles adornados con arneses de plata y conducidos por elegantes chalanes cómodamente arrellanados en sus monturas de cajón y pellón sampedrano, efectuando  vistosas maniobras que el pueblo aplaudía entusiasmado.

_ ¡¡Mondongo!!!!, ¡¡¡Mondongo!!!….¡¡¡El rico mondongo!!!- Cohetes y fanfarrias.

— !!!Chicha de maíz!!!…. !!!Chicha de jora!!!-

Sombreros de blanca paja, pañuelos de seda al viento y finísimos ponchos de lino y vicuña, haciendo contonear sus inquietas cabalgaduras de belfos rojos y crines al viento.
— !!!Pan de maíz!!!….

_  !!!Rosquitas bañadas!!!- Con osadía muy peculiar se empeñan en hacer cabriolas con sus caballos. Algunos ostentosos jinetes ya están con unos tragos adentro.
— !!!Picarones!!!….!!!Cancha maní!!!. Numia!!!

Comentarios, risas, saludos, brindis, entre amigos a los que no se ha visto en mucho tiempo

Un entarimado rodeado por la expectación general, es el escenario en que los chicos del pueblo –generalmente los más pobres- harán la felicidad y diversión de los circunstantes. Una serie de pruebas arriesgadas y cómicas en las que participan entusiastas “chuiches”: Pelea de ciegos, Lame olla, Olla de dulces, Palo encebao…Peleas de box en la que siempre se lucían nuestros campeones.  Carrera de bicicletas en las que ganaba fácilmente el viqueño Juan Matías. Después de la carrera de bicicletas finalizaba también el Jalapato a caballo. Más de un chispeado jinete rodaba por los suelos en persecución del que había arrancado el pato y ahora corría velozmente en derredor de la laguna. Entretanto se habían formado animados corros de amigos que degustaban los tragos más populares del momento. El entusiasmo está al tope. No lo olvidaremos nunca.

FIN

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