Lorenzo Landauro “El poeta incomprendido” (Segunda parte)

Cerro de Pasco

C E R R O    D E    P A S C O

¡Oh! ..ciudad mutilada…¡Oh!, pueblo que agoniza

                                   bajo el siniestro impulso tenaz y poderoso

                                   de maquinarias rudas que sin piedad desgarran

                                   el indefenso vientre de nuestra madre tierra.

 

                                   Imponderables ansias de máquinas hambrientas

                                   que rugen en el fondo de oscuros subterráneos

                                   para arrancar el oro, de las entrañas frías

                                   inertes de la tierra del indio Huaricapcha.

 

                                   ¡Oh ! tierra del ensueño de aquel pastor humilde..

                                   tu cielo está teñido por humos azufrados,

                                   tu vientre desgarrado, por sus profundas grietas,

                                   parece que exhalaras tus quejas de agonía.

 

                                   Tus viejos edificios apenas se sostienen,

                                   sobre la débil bóveda de grandes socavones,

                                   caminas lentamente hacia tu ocaso triste,

                                   siguiendo tu destino fatal…¡ Desolación…!

 

                                   Tierra de Huaricapcha..!..¡Oh tierra generosa!

                                   ciudad del oro y plata, ensueño de avarientos,

                                   las gélidas montañas absortas te contemplan

                                   marchar hacia la ruina de tu propia grandeza.

 

                                   Ciudad donde la nieve a grandes copos cae,

                                   formando nívea alfombra en las estrechas calles,

                                   por donde alegre pasa la ñusta enamorada,

                                   hilando sus vellones, cantando una canción.

 

                                   ¡ Fatídico tormento, tiránico suplicio,

                                   de los indios mineros que agotan su vigor,

                                   buscando entre las pródigas entrañas de la tierra

                                   las lágrimas de ñustas, tornadas en metal.

           

                                   Tragedia horripilante de un pueblo que se hunde,

                                   ante la indiferencia de sus inermes hijos,

                                   ¡ Desolación!…¡Escombros!…¡Hacinamientos!..¡Ruinas…!

                                   Tu porvenir es ése…¡Oh tierra de carrión…!

C I U D A D   M I N E R A.

Imperio de sombras inflado de penas              

que en el alma imprimen su sello de hiel,

sin que la protesta rompa las cadenas

que oprimen al indio, timorato y fiel.

 

Tullidos, lisiados y ciegos pululan

formando un enjambre de cruento dolor;

espectros vivientes en silencio ambulan

luciendo su tisis de trabajador…!

 

Más negro y más hondo que el paso de Atila

es el drama intenso, de trágico horror

del indio minero, que su vida alquila

por jornales de hambre al explotador.

Triste cementerio de seres vivientes,

                                               es la populosa minera ciudad,

                                               en donde dominan amos indolentes

                                               que nunca supieron de amor ni bondad.

 

                                               Enorme suplicio que el indio soporta,

                                               pensando con quejas, aliviar su mal;

                                               mientras que al tirano tan solo le importa

                                               saciar con el oro su gula feudal.

 

                                               ¡Rebélate, paria…!, en tu alma aún arde

                                               el fuego del genio de raza viril…

                                               ¡Altivo, protesta…!..Que sólo el cobarde

                                               se deshace en quejas, como Boabdil.

H U A R I C A P C H A

(Cuento futurista).

      Por Lorenzo Landauro

Lorenzo Landauro no sólo fue un excelente poeta cuyos versos iluminaron las páginas de los diarios cerreños, fue también un prosista que engalanó aquellas páginas con relatos muy interesantes. Uno de ellos es el siguiente curioso relato futurista que ubica en el año de 2,335, cuando todavía no se soñaba con vuelos de gran envergadura y menos aún con vuelos inter espaciales. Lorenzo, claro, vaticinó algo que bien pudiera ocurrir.

huaricapcha

Era el 25 de enero del año 2,335, una gigantesca ave mecánica aterrizaba en una planicie cercana a las ruinas de la que fuera en otros tiempos la “Ciudad Opulenta”, cuya fama respecto de sus imponderables riquezas mineras seguía siendo el asombro del mundo.

El piloto, obligado por tener que reparar el desperfecto de su nave área, suplicó a los viajeros que aguardasen dos horas, tiempo más que suficiente para que pudiera arreglar la avería y luego continuarían el viaje.

Entre los viajeros iban dos recién casados que hacían el viaje de luna de miel, los que al enterarse del tiempo que duraría la reparación de la máquina, decidieron dar un paseo por las ruinas que ofrecían un aspecto bastante atrayente para el espíritu escudriñador del joven viajero y de su angelical compañera.

Llegaron a una chocita en cuya entrada con vieja puerta, un anciano de barbas blancas leía un libro, porque su aspecto debía tener tantos años como los que pesaban sobre la encorvada espaldas del viejo, que al mirar a la simpática pareja, alzó la vista y saludó con una sonrisa casi imperceptible:

–Bienvenidos sean los que llegan a mi humilde morada de anacoreta- dijo levantándose pausadamente y colocando el libro sobre la piedra en la que estuvo sentado.

–Buenas tardes, venerado anciano- respondieron los jóvenes haciendo una reverencia.

El anciano interrogó, dando a su voz un timbre de amabilidad y respeto.

–¿Qué feliz casualidad los trae por mis infortunados y solitarios lares?.

El joven respondió

–El aparato en que viajábamos ha sufrido un serio desperfecto y como la reparación durará poco más de dos horas, hemos decidido visitar estas ruinas de las que teníamos noticias por las fabulosas riquezas que produjeron sus ya agotadas minas. El anciano no pudo reprimir una furtiva lágrima que rodó por sus descarnadas y pálidas mejillas perdiéndose en la espesura de su blanca barba y suspiró triste y profundamente, como si el recuerdo lo abrumase…

–¿Se apena usted, venerable anciano con el recuerdo?- preguntó el joven con curiosidad por escuchar la narración de la historia, le aguijoneaba cada vez- cuénteme algo del pasado- agregó.

Entonces el anciano invitó a la pareja a dar un paseo por la que fue la población y entre paso y paso, habló:

–Fue una noche de luna del año de 1630 en que yo, humilde pastor al cuidado de mi rebaño, cuyo redil estaba en aquel cerrito que la voracidad de las grandes maquinarias, ni aún el tiempo ha podido, ni podrá destruirlo. Hacía frío, mucho frío, tanto que para contrarrestar sus rigores cogí abundante paja y encendí formando una especie de fogón de piedras, que por allí cerca habían, y con el calor que desprendían las llamas me dormí profundamente hasta que los primeros albores de la mañana me despertó.

Ya las elevadas crestas de los Andes sonreían al beso de los nacientes rayos del sol al que mis borreguitos queridos saludaban con sus balidos quejumbrosos cuando al mirar hacia el fogón donde encendí la paja, me fijé que las piedras que lo formaban habían llorado, como lloran los árboles heridos por las herramientas del agricultor, con la única diferencia de que las lágrimas de las piedras eran blancos hilos que brillaban con   extraños fulgores al contacto con la luz, que en mi humilde concepto, sólo podía tener las estrellas. Asombrado los reuní dándome cuenta que era el precioso mineral con el que fabricaban las joyas de nuestros incas. Era la plata por lo que los años después vinieron muchos mineros a explotarla… Corría el tiempo y la pródiga tierra seguía brindando de su seno sus imponderables riquezas, debido a las cuales fue formándose poco a poco una vasta ciudad que en sus mejores tiempos alcanzó a cobijar más de doce mil habitantes.

Un día, cuyo amargo recuerdo vibra en lo más íntimo de mi espíritu como esquilas funerarias, vino del norte, una poderosa empresa y empezó la devastación de mi tierra querida. Poderosas máquinas se encargaron de mutilar la ciudad, hasta convertirla en hacinamientos informes que al correr de los años irán también desapareciendo dentro de las inmensas grietas que parecen exhalar suspiros de angustia. Nada se pudo oponer a la ciega voracidad de las maquinarias. ¿Ven ustedes aquel promontorio de piedras? …Ese fue un suntuoso edificio donde funcionaba el mejor de los Hospitales de esta región, allí se apagaron muchas vidas ante la impotencia de la ciencia que no logró nunca combatir  la terrible neumocomiosis minera… Miren aquella grieta enorme, allí estuvo la Corte Superior, donde se condenaron a inocentes y se liberó al delincuente; al frente, estuvo la Iglesia, el mostrador del clero, donde dejaron el fruto de su sudor, todos los feligreses a cambio de latinajos que se llamaba Sacramentos; allí se rendía culto a ídolos de madera y yeso, cuya tosca escultura hacía sonreír a los pocos creyentes; más allá, estuvo otro edificio donde residió la vanidad humana en sus amplios y dorados salones en donde se realizaron deslumbrantes fiestas donde el rubio champaña ahogaba las inquietudes mundanas y sellaba también cualquier pacto político, fraguado al calor de las multitudes ambiciosas de figuración que en aquella época tenían las que formaban la crema social. Allí se hizo derroche de lujo por las mesitas septágonas tapizadas de verde, pasaron verdaderas lluvias de monedas, mientras que el pueblo obrero moría de necesidad…

Por allí cerca estuvo otro edificio donde se pronunciaron acalorados y patrióticos discursos ofreciendo defender los derechos vulnerados del pueblo, discursos que nunca tuvieron más que literarios reflejos instantáneos que sugestionaban al populacho iluso que jamás alcanzó las prerrogativas de justicia prometida por líderes audaces. Allí también se fraguaron mil combinaciones políticas, en aquel tiempo,  en que toda la América Latina ejercían poder los gobiernos de fuerza, allí, buscaron poseer los hombres ambiciosos de figuración…

Combinando así, mientras abismados oían nuestros viajeros el  ameno relato del anciano, llegaron a un sitio donde aún se sostenían en pie unas paredes de piedra labrada seguramente por un experto profesional, que hubieran querido perpetuar su nombre en las sólidas murallas. El anciano prosiguió:

–Aquí estuvo la oficina principal de la empresa norteamericana, este edificio, se fabricó bajo la  dirección de un obrero español que hizo fortuna considerable con el fruto de su trabajo, y ayudado por la suerte llegó a ser millonario, y…

El anciano iba a proseguir su relato cuando la sirena de la nave que llamaba a los viajeros interrumpió.

–Nos llaman, exclamó con disgusto el joven que hubiera querido que el interesante relato del anciano se prolongase más, pero se volvió a oír nueva llamada que obligó a los jóvenes a despedirse…

—¡Adiós venerable anciano! – Dijeron ambos, y alargándole la mano en señal de despedida, el viejo se irguió notablemente para corresponder a los jóvenes y, reteniendo entre las suyas las manos de los viajeros, dijo:–Yo soy Huaricapcha, el descubridor de la plata en el Cerro de Pasco, yo vivo y viviré eternamente, porque el alma de los tiempos es mi alma y, en ella viven la de todos los que rindieron su existencia en las lóbregas entrañas de esas fabulosas minas que ya no existen.

A un nuevo toque de sirena apresuraron la separación de nuestros viajeros dejando al anciano en actitud apostólica que optó por decir quién era; mientras que la nave ya reparada elevóse de nuevo con sus pasajeros perdiéndose en la inconmensurable lejanía del azulado horizonte….

(EL MINERO ILUSTRADO, enero de 1937).

 

                                               

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