MI AMIGO EL CICLISTA

Grupo de ciclistas cerreños en la línea de partida listos para salir en una de las dominicales competencias. Están frente al club de la Unión para largar la ruta Cerro de Pasco – Carhuamayo, ida y vuelta, en bicicletas de paseo. Participaban gran cantidad de jóvenes, como el “Niño bien” que luce corbata para diferenciarse de los demás. Siempre el deporte estuvo vigente en nuestra centenaria ciudad
Grupo de ciclistas cerreños en la línea de partida listos para salir en una de las dominicales competencias. Están frente al club de la Unión para largar la ruta Cerro de Pasco – Carhuamayo, ida y vuelta, en bicicletas de paseo. Participaban gran cantidad de jóvenes, como el “Niño bien” que luce corbata para diferenciarse de los demás. Siempre el deporte estuvo vigente en nuestra centenaria ciudad

Lo había dejado de ver hace mucho tiempo cuando una mañana escuché su voz a la puerta de la casa: “Quiero ver a César y que me venda su libro: “El socavón de Rumiallana”. Fue suficiente. Salí y lo vi vivaz y sonriente, enjuto, como siempre. Era un milagroso reencuentro. Nos confundimos en un abrazo lleno de  cariño. Sus ojitos saltones en su rostro con chapas que se negaban a desaparecer estaban muy expresivos, regocijados, llenos de luz. Le firmé el libro y corregí el título: “No se llama socavón de Rumiallana, sino “Voces del Socavón”. Lo recibió muy contento y me dijo que con mucho gusto había dado vuelta toda Lima para encontrarme. Aquel día, el último que lo vi con vida, hicimos grandes recuerdos de nuestra tierra y nuestros amigos. Después, mucho más tarde, llegué a su casa para darle el último adiós. Parecía increíble que hubiera muerto. Un hombre jovial, risueño, lleno de vida. Tuve que rendirme ante la verdad. Su rostro marmóreo, inexpresivo, tenía una placidez notable y conmovedora. En el silencio sepulcral, recordé algunos pasajes de su vida.

Raúl Rey Picón fue el abanderado de una pléyade de jóvenes de múltiples aficiones. Estuvo entre los primeros geniogramistas cerreños, conjuntamente con “Neto” Malpartida, Perico Santiváñez, Emilio Farje, Esteban “Chorreao” Molina, Raúl López, Lucho Tello, Emilio Farje, entre otros. Los sábados se reunían en el negocio de Farje premunidos de gordos diccionarios, atlas pormenorizados, eso sí, cada uno con su diario. Después de detallado análisis, el primer día de la semana siguiente,  comentaban sus aciertos. No importando los resultados, quedaban con muchas luces de conocimientos y una cada vez más estrecha amistad que se mantuvo por mucho tiempo.

Otra faceta de sus inquietudes apuntaba al ajedrez. Era miembro de la liga provincial con conocidos ajedrecistas como, Nazario “Muqui” Torres, Pablo Pucuhuanca Maquera, Javier Rosales Llanos, “El cojo” Torres, “Chino” Neyra, “Galla Pichi”, y muchos más. Con todos ellos alternó en sendos campeonatos. Pero el deporte que más le gustó fue el ciclismo. Fue un extraordinario ciclista en época que era el deporte  preferido de la juventud. Pero no solo lo practicaba sino que era conocedor muy documentado de las hazañas de las estrellas mundiales de ese deporte. Estaba enterado al detalle  de los nombres, marcas de velocidad y resistencia y demás anécdotas de los famosos de la época. Había que escucharlo cuando hablaba de: EDDY MERCKS, JACQUES ANQUETIL, FAUSTO COPPI, BERNARD HINAULT o de los nacionales Hernán Huerta o Teófilo Toda. Podíamos amanecernos oyéndole hablar de su pasión. ¡Qué grande era Raúl!

 

En lugar preferente de su rincón íntimo, al que sólo sus amigos teníamos ingreso, teníami amigo el ciclista 2 una serie de pensamientos dedicados al ciclismo. Recuerdo los siguientes:

–  “No se deja de pedalear cuando se envejece…. Se envejece cuando se deja de pedalear”.  Anónimo

–  “Cuando el espíritu está bajo, cuando el día aparece oscuro, cuando el trabajo se pone monótono, cuando la esperanza apenas está presente, sólo monte una bicicleta y sal a dar una vuelta por la carretera, todas sus preocupaciones desaparecerán”.  S. Colmes

– “La vida es como la bicicleta, hay que pedalear hacia adelante para no perder el equilibrio”. Albert Einstein

– “La bicicleta es la máquina más eficiente alguna vez creada: convirtiendo calorías en combustible, una bicicleta consigue el equivalente de tres mil millas por galón. Una persona pedaleando una bicicleta usa la energía más eficientemente que una gacela o un águila y las bicicletas con marco triangular pueden cargar unas 10 veces su propio peso, algo que ningún automóvil o avión pueden igualar”. Bill Strickland

– “Nada es comparable al sencillo placer de montar en bicicleta” . John F. Kennedy

– “Yendo en bicicleta es como mejor se conocen los contornos de un país, pues uno suda ascendiendo a los montes y se desliza en las bajadas”. Ernest Hemingway

Con Raúl evocábamos pasadas vivencias y recordamos viejas anécdotas.  Por ejemplo su eterna rivalidad con mi hermano, Augusto Vargas Ramos. En las competencias, no importa quién las ganara, el duelo –amical y muy sincero- era entre cuál de los dos los llegaría primero a la meta. Los triunfos de alternaron entre los dos pero, terminada la competencia, sus comentarios eran muy detallados sobre las rutas y los accidentes que habían sufrido. Siempre terminaban en un abrazo muy efusivo.

 

Muchas anécdotas recordábamos entre risas, por ejemplo lo acontecido a nuestro “Pallangana” Núñez.  En los Juegos Centro Peruanos de 1950 en Huancayo,  habían programado la competencia de ciclismo en pleno centro de la ciudad. Aquella vez nuestro querido “Pallangana” iba en último lugar detrás de un pelotón del que fue distanciándose poco a poco. Al llegar a una confluencia de caminos y no ver señalización de ninguna clase, siguió adelante hasta que llegó a un distrito aledaño. Cuando la gente le informó de su error, ya había salido de Huancayo; tuvo que volver pero ya era demasiado tarde. “Perdió la medalla de oro”. De eso estuvo hablando “Pallangana” hasta que se fue del Cerro. ¿Dónde estará ahora?.

 

Otra que él mismo me contó es la siguiente. Había leído la reiterativa publicidad que EL GRAFICO -legendaria revista argentina- que desplegaba a favor de TODDY, uno de los tónicos mejores para los deportistas, especialmente ciclistas. Sostenía enfáticamente que el conglomerado de vitaminas, minerales y demás nutrientes que contenía era, prácticamente, el “fabricante” de campeones. “Tome Toddy, toditos los días y sea un campeón” rezaba el pegajoso slogan de publicidad iluminado con expresivos dibujos y fotografías. Y, claro, Raúl quería entrar en ese mundo de deportistas modernos. Un día que pasó frente al negocio de don Cipriano Proaño, vio que en sus vitrinas exhibía una lata enorme de TODDY. No lo pensó dos veces y, la compró. Llegó exultante a su casa con su joya extraordinaria. Por esos días, 30 de julio, se correría las “Vuelta a Patarcocha” aprovechando la asistencia de los cerreños a la “Patarcochada” que, además le serviría para que conocieran a las estrellas del ciclismo.

Llegado el día de la prueba, con el dolor de su corazón, tuvo que desechar la leche que su mamita le preparaba. “No, mami” –le dijo- “Tengo una bebida que es superior a la leche y que estoy seguro me va a poner en forma. A partir de ahora ya no tendrás que preocuparte”. Notó que su viejecita quedó descorazonada y un tanto resentida, el caso es que así quedó acordado.

El treinta de julio se presentó a la competencia muy bien emperifollado de ciclista luciendo su “máquina último modelo de siete velocidades”, en ella levaba dos “caramayolas” adheridas al soporte central, conteniendo la bebida atómica que, para hacerla más fresca, la había preparada con agua fría, para que lo refrescara.

Cuando se dio la partida el corazón no le dejaba de palpitar como campana de fiesta. En medio de los aplausos y expectativa del público se llegaron a cubrir la mitad de circuito. En ese momento, para demostrar sus habilidades,  sacó una caramayola, la desenroscó y bebió con gran parsimonia. El público como loco, lo aplaudió. Ya faltando poco para culminar, hizo lo propio con la otra botella, pero ya era presa del cansancio que estaba entumeciendo sus músculos. Lo peor  es que le vino un retortijón. Sintió que sus intestinos se le hinchaban y producían unos sonidos flatulentos muy fuertes. La siguiente vuelta ya no sabía qué hacer. Tenía que vaciar sus tripas que gritaban perturbadas. Ya se cumplía la penúltima vuelta cuando decidió hacer lo que todos hubieran hecho en aquellas circunstancias. En lugar de seguir en la prueba, aprovechó unos desvíos que por ahí había  y se fue allí, arrojó la bicicleta y con las justas se bajó la malla para dar rienda suelta a solucionar su apremiante emergencia. Con  lo que no contó en ese momento es que, los otros ciclistas, pensando que se había cambiado el curso de la carrera fueron llegando uno a uno detrás  de él. El público se preguntaba a dónde habían ido a parar los ciclistas. La lección de aquella vez fue que nunca más haría sufrir a su viejita.

Raúl: Descansa en paz.

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