LA MULIZA (Sexta parte)

CALLA CORAZÓN Y UN CARNAVAL DE ANTAÑO.

Por Gerardo Patiño López.

la muliza 8La canción del carnaval cerreño que es originaria de esta tierra es la MULIZA y nos trae un legítimo motivo de evocación y encantamiento al escucharla porque al mismo tiempo se patentiza una vez más su tradición.

Hemos asistido a un acto muy singular al formar parte de un Jurado Calificador de mulizas. Todos los años y en vísperas de carnaval la redacción del periódico EL MINERO era el centro donde se reunía un jurado especial, designándose a personas capacitadas para deliberar en un concurso promovido y calificar a las mejores composiciones de mulizas que los intelectuales enviaban para ese concurso y designar como la mejor entre todas y que debía cantarse en el carnaval de ese año.

Muchísimos eran  los concursantes y sus letras eran apasionadas y de un lirismo del momento que se vivía en la ciudad, una de quejas, otras de amor encendido y otras jocosas, de todas ellas, el jurado tenía buen tino para aceptarlas. Era el año de 1924, los poetas y cultores del arte de Talía, habían enviado numerosísimas composiciones a cual más hermosas y dignas de merecer un  galardón por la naturaleza de ellas; fue entonces que el jurado calificó como la mejor a la titulada “Calla Corazón” perteneciente al conocido cultor señor Ramiro Ráez Cisneros que obtuvo la Medalla de Oro y por unanimidad se adjudicó para el Club Cayena formado por elementos destacados y que  poco tiempo figuró entre los clubes carnavalescos de esos años entre los que estaba también el Club Vulcano, Apolo, Lira Cerreña y otros que no recordamos. El punto esencial era ahora, darle la música para complementar el fin que se perseguía.

Se convocó a otro concurso entre los músicos de la localidad y que en ese entonces eran muchos y muy versados en esta clase de composiciones. Estaban: Graciano Ricci, Max Lactayo, Antonio Jiménez, Julio Patiño, Genaro Parra, Juan Arias Franco y otros más. Llegó el 15 de febrero de ese año y en el domicilio del señor Teodoro Lizárraga, se reunió en jurado formado por este caballero que lo presidía y los señores Doctor Oscar Víctor Malpartida, Gerardo Patiño López, Genaro Parra, Carlos Villarreal, Samuel Portillo y Pablo Arias. Una orquesta formada por varios músicos con guitarras, mandolinas, violines y saxofón, dieron la nota más saltante al iniciarse la primera demostración con los líricos o cantores señores Mariano B. Collao, Toribio Díaz y Oswaldo Dañoveitia y otros acompañantes más. Ya este conjunto musical había dado la música a “Calla Corazón” cuya hermosísima producción era del autor y maestro señor Antonio Jiménez. El recuerdo de esos instantes felices nos hace escribir esta breve nota para expresar el franco sentimiento de cordialidad y afecto hacia un motivo de remembranza que nos hizo dichosos al conjuro de la emoción más clara y vívida en vísperas de un carnaval de antaño. La noche reinaba en el interior del aposento en medio de una gran expectación y en el exterior caía la nieve cubriendo con su blanco manto todo el ámbito de la ciudad más alta del mundo. Y, el silencio se quebró amorosamente al pulsar el violín Antonio Jiménez que los hacía magistralmente para que “Calla Corazón” tuviera vida.

La introducción de la música fue lenta y se inició la partitura con toda la orquesta y las voces de los líricos le dieron un final sorprendente; ya “Calla Corazón” estaba dentro de todos los oyentes, pues sus notas salieron elocuentemente y los corazones vibraban de satisfacción interior, era una música que nos hablaba al sentimiento. Qué sorpresa más honda tuvimos al contemplar a su autor, al observar que las cuerdas de su violín ya no despedían sus notas, éstas estaban regadas por las lágrimas de Jiménez; le había puesto toda su fantasía, toda su vida misma para darle ese sentimiento a su música y quedar perennizada en “Calla Corazón”. Jiménez continuaba extasiado con el arco en la mano esperando el veredicto del jurado calificador del concurso; él había cumplido exitosamente. La respuesta no se hizo esperar, un nutrido aplauso selló la ratificación del triunfo y las felicitaciones la confirmaron.  Jiménez había triunfado. El contenido literario y la música de esa bella muliza nos hace pensar que es la mejor que se ofrecieron a la sociedad cerreña en esos últimos años aparte de los que pertenecen al bardo Pablo Morales, de permanente recuerdo y admiración.

Esa misma noche del 15 de febrero de 1924, todos los asistentes a este acto y por iniciativa del Presidente del “Cayena” señor Lizárraga, se dirigieron a la Prefectura del departamento donde la primera autoridad política, señor Manuel Pablo Villanueva para ofrecerle la primera como tradicional visita de la música y canto de “Calla Corazón”; en las siguientes noches lo hicieron al Alcalde de la ciudad señor Ricardo M. Alania y a la reina de belleza Isabel I, señorita Isabel Ravelli Malpartida y a otras personas notables de la localidad ya en forma acostumbrada y tradicional, mereciendo en todos los domicilios visitados, los más vivos aplausos y colmado de atención a los visitantes.

PIERROT  Y  COLOMBINA.

por Luis Pajuelo Frías.

Bajo el leve follaje de los días cenizos

-mes de la sonrisa cuajada de rocío-

           acudimos a citas escondidas. Citas,

           con que soñó mi abuelo aventurero,

                  y el padre de mi abuelo,

                  también aventurero.

 

¿Volverás, algún día, Febrero…

llegarás con la lluvia,

“Paloma triste del carnaval”?.

Hoy anida la carcoma en los balcones

y se siente el murmullo del tiempo

junto al movimiento de los comejenes,

sonrisas apagadas

                                 bisbiseos

                                              suspiros.

En los tiempos del Oro, bajo pámpanos

y orlas

de esos balcones volaban golondrinas de papel.

“Nuestro amor será inmortal”

leían sonrojadas las abuelas…

¿Quién pensaba, entonces, que la felicidad

era un terrón de azúcar

                       al fondo de un pocillo…?

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En las tardes sin muerte, las comparsas

cortaban el silencio

y las esquinas.

Los mineros llegaban disfrazados de seres

que nunca conocieron

(Un enjuto Pizarro detrás de Lucifer;

            Colombina abrazada de Pierrot,

             medio beoda)

Surgían los jamelgos, enjaezados,

tensos,

en las tardes sin muerte

(“Vulcano” -Dios del Fuego- Señor de las tinieblas,

           sólo nos ha dejado

           las tinieblas;

           “Tawantinsuyo”- el imperio del Oro,

        hoy apagado-

           ¿Por qué tu grey está vagando en los caminos…?

           y la muliza dibujaba dolores en el cielo

                     escarlata.

 

Y el pueblo suspiraba embriagado de sones,

ironías, lamentos…

En tus ojos veo la eternidad”.

 

Pasada la sonrisa, se dobla la alegría

debajo de la almohada,

hasta el año que viene.

Y, otra vez, a la mina. A vestirnos

de lo que siempre fuimos:

Escarabajos de cobre,

Luciérnagas bañadas por las sombras.

¿Dónde están esas tardes?…¿Dónde están…

las sonrisas de esas tardes?…

¿Dónde fueron los ecos de esas risas..?

¿En qué febrero se apagó el amor, trapo

sucio colgado de una percha…?

Sobre el brillo de esos cuadros viejos

cae el polvo, el silencio

         y el olvido……

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