LA PLAZUELA IJURRA

Una parte de la plazuela Ijurra en la que se ve, ya en sus últimos estertores de agonía al oratorio de la Virgen del Tránsito donde se celebraron acontecimientos religiosos. Puertas y ventanas cerradas nos dicen de su abandono. Se ve el callejón que desembocaba en la Diputación de Minería. Esta es la última fotografía. Pocos días después fue echada por los suelos ante las silenciosas lágrimas de matronas que guardaban hermosos recuerdos
Una parte de la plazuela Ijurra en la que se ve, ya en sus últimos estertores de agonía al oratorio de la Virgen del Tránsito donde se celebraron acontecimientos religiosos. Puertas y ventanas cerradas nos dicen de su abandono. Se ve el callejón que desembocaba en la Diputación de Minería. Esta es la última fotografía. Pocos días después fue echada por los suelos ante las silenciosas lágrimas de matronas que guardaban hermosos recuerdos

La plazuela Ijurra que tantos recuerdos ha dejado en los cerreños, semejaba una ciudadela medieval donde residió la familia más rica de la colonia: Ijurra. El más notable de ellos fue Manuel, aventurero generoso cuyos fondos personales los distribuyó en su afán de encontrar un lugar propicio en la selva para fincarse en ella. Fue el primer prefecto de Loreto y en compañía del alemán Kuno Damián Barón Freiherr Schütz Holzhausen, lograron el asentamiento de los alemanes en el Pozuzo. De esa aventura se menciona al noble alemán pero de Ijurra no se dice nada. Éste ya vencido por una cruel enfermedad murió en Nueva York y sus dineros los dejó para un hijo llamado Belisario al que jamás encontraron.

En la parte central de la plazuela Ijurra estaba el oratorio del consulado Austro – Húngaro, sobrio y acogedor, edificado a semejanza de una ermita slava. Techo a dos aguas, campanario adyacente y borde interior con una marquesina donde se lee: “Beneficencia Slava”. Frontispicio con entrepaños, jambas, dinteles y umbral de madera sobre piedras talladas; sólida puerta de caoba, interior de ponderada elegancia; altar mayor cubierto por fina lencería blanca, una serie de candelabros y palmatorias de plata; resguardado por la Inmaculada Concepción y el Corazón de Jesús, en la parte central se veía la imagen de una rubia Virgen María, escoltada por una milicia de querubines, arcángeles y serafines, elevándose entre nubes de arrebol -el día de su muerte- los cabellos al viento y su ardiente mirada de ojos celestes: la Virgen del Tránsito. Aquí se realizan los más elegantes bautizos, confirmaciones, misas, oficios necrológicos y bodas de postín.

Al Igual que los italianos, más de cuatrocientos laboriosos hombres de la península de los Balcanes: croatas, serbios, slovenos, montenegrinos y dálmatas, se aposentaron en el Cerro de Pasco, nucleados en el consulado Austro – Húngaro y, dedicados a la minería y al comercio, amasaron incalculables fortunas que invirtieron en otros pueblos. En la minería: Azalia, Balarin, Ban, Biasevic, Birimisa, Bojanovic, Borcic, Braniza, Buscovic, Bútrica, Ciurlizza, Cuculiza, Dekovic, Doric, Dupuic, Felicic, Franciskovic, Galjuf, Galjuffi, Garvin, Grbic, Guerovic, Handabaka, Hanza, Ilic, Ivankovic, Jelicic, Kalafatovic, Kisic, Klokoc, Kojakovic, Kunicic, Lale, Lesevic, Lucic, Miculicic, Miloslavic, Nesanovic, Obradovic, Ostoja, Pavletic, Pavilic, Pehovaz, Plejo, Piskulic, Radulovic, Rajkovic, Rokovic, Savinovic, Serkovic, Skaperlenda, Soko, Sokolic, Seput, Stambuk, Ucovic, Vlasica, Zimic, Zlatar y muchos más.

Otra vista de la añosa plazuela. En las casas que se ven todavía con vida, pasaron las vidas de conocidas familias cerreñas, entre ellas, Baldoceda y Caballero. En frente, las instalaciones del Club Deportivo Municipal, más allá la residencia de la familia  Montes, la carpintería de Rocca, y otro edificio que, por poco tiempo, ocupó el colegio Nacional. En una de esas casas nació el “Club Peruano” que por décadas fue el más alto representante del básquetbol cerreño.
Otra vista de la añosa plazuela. En las casas que se ven todavía con vida, pasaron las vidas de conocidas familias cerreñas, entre ellas, Baldoceda y Caballero. En frente, las instalaciones del Club Deportivo Municipal, más allá la residencia de la familia Montes, la carpintería de Rocca, y otro edificio que, por poco tiempo, ocupó el colegio Nacional. En una de esas casas nació el “Club Peruano” que por décadas fue el más alto representante del básquetbol cerreño.

Otro tanto hicieron los comerciantes que, debido a su tesón y laboriosidad, lograron acumular apreciables capitales que les sirvió para abrirse exitoso campo en otras zonas del país: Kuljevan, Soko, Burin, Skaperlenda, Russo, Pehovaz, Azalia, Lale, Kunicic, Beusan, Guerovic, Ivankovic, Kisic, Lesevic, Miloslavic, Kukurelo, Vlasica, Puh, Franciskovic, Carcovic, Nadramia, Bielic, Lucic, Sersen, Handabaka, Serkovic, Bar, Slokovic, Kusianovic, Margaretic, Kelez, Pletikosic, Stiglic, Grgurevic, Braniza, Bakula, Klokoc, Saric, Marojica y muchos más. En el ramo hotelero, estuvieron Frkovic, Zlatar, Azalia, Braniza, Loncaric, Piskulic, Vucetic y otros.

Otra parte de la plazuela en una salida a la Diputación de Minería donde, durante gran parte de la colonia, se hicieron las transacciones mineras y los registros correspondientes. Un poco más allá estaba asentada la casa de nuestro mártir Daniel Alcides Carrión. Todo ha desaparecido.
Otra parte de la plazuela en una salida a la Diputación de Minería donde, durante gran parte de la colonia, se hicieron las transacciones mineras y los registros correspondientes. Un poco más allá estaba asentada la casa de nuestro mártir Daniel Alcides Carrión. Todo ha desaparecido.

Esta plazuela ha desaparecido por la acción destructora de bulldoseres, aplanadores y mucha dinamita.

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