LOS INSURGENTES DE PASCO (Segunda parte)

los insurgentes 2El Cerro de Pasco se valió de la música popular para expresar su protesta. Mulizas, huaynos, cachuas, guaraguas y tristes, proclamaban su indignación. En la Villa de Pasco, donde estaban funcionando LAS CAJAS REALES, la gente se levanta desafiante a protestar. Así, a la puerta de iglesia y casas de los notables, aparece fijado el siguiente pasquín:

El condenado nos ha enviado

la Alcabala que ha publicado;

sal que la corona ha mantenido,

para que los efectos paguemos todos.

Venga él mismo para su cobro,

la sal para cocinarlo y salarlo;

el carbón para asarlo y despacharlo;

de este modo quedamos sosegados.

Sangriento lobo de todo el reino,

en el infierno te espera el diablo,

enemigo de la corona

ruina de Carlos Tercero.

Ahora estaban allí, en pie de lucha por sus propiedades y su dignidad.

La acción conjunta en contra de las ordenanzas españolas se hizo tan sangrienta que no había mañana en la que no descubrieran el cadáver de algún chapetón tirado en las nivosas calles cerreñas. Juan José de Avellafuertes, asustado y al borde del colapso, envió una carta apremiante a Areche en la que le decía: “Ya tengo representado a V. E en consulta el 31 del pasado la necesidad en que me hallo de que me auxilie con alguna tropa para contener los desórdenes que están proliferando en esta Ciudad Real de Minas de San Esteban de Yauricocha, y ver si logro que se destierren los enormes delitos que contritan a los vecinos honrados con quebrantamientos de las leyes y trastorno general de las buenas costumbres, a que debo añadir que en los próximos días se me ha noticiado por mi interino el Teniente Coronel don Joseph de la Parra estarse repitiendo las peleas públicas y asesinatos, en términos de haberse visto precisado a presenciarse con el auxilio de todo el comercio para contener el grave escándalo que se infería a aquella población y evitarse una contienda que pudo hacerse general por el crecido número de los bandos beligerantes…”

Lo que le aconteció al buitre español que llegaba al pueblo minero a exprimirlo.

Era las diez de la mañana del 12 de febrero de 1780 cuando Álvaro y Cantalicio Oyarzábal entraron galopando desaforados en la plaza principal de la villa de Pasco seguidos de otros jóvenes jinetes. Anunciaban a grito pelado que el regimiento español llegaba por el Camino Real de la Plata. Cuando los pasqueños tomaron conocimiento de la noticia, la parvada de jóvenes emisarios partía -como lo habían ensayado- a cumplir con su destino; cada uno de ellos tenía a su cargo pueblos a los que avisar de la nefasta nueva. Todo fue rápido. Al mediodía, la imponente delegación de enviados regios entraba en la plaza con banderolas reales e insignias de su cargo; lo comandaba el Guardia Receptor de Alcabalas, José del Campo, vestido de gala con su uniforme real  montando soberbio caballo chileno. Su numerosa escolta, premunida de trajes regios y un batallón de soldados armados hasta los dientes, lo seguía en completo silencio. Tan sólo las autoridades de la Villa, el Alcalde de Minería y uno que otro miembro del gobierno local, aguardaban en el estrado levantado a la puerta de las Cajas Reales. Los negocios y casas particulares cerradas ex profeso, demostraban el descontento unánime del vecindario.

Tras desairada ceremonia, el Guardia Receptor se retiró a sus aposentos. En una hora se reuniría con las autoridades locales. Entretanto, voceros de su guardia harían conocer las últimas disposiciones a tambor batiente en todas las esquinas de la Villa, y otros pueblos de la zona.

No había transcurrido una hora cuando, de todos los confines, se vio llegar numerosas carretas repletas de indignados campesinos. Los jinetes no eran menos. En un abrir y cerrar de ojos, toda la plaza se encontraba repleta de hombres, mujeres y niños. Todos estaban premunidos de garrotes, hondas, mazas, barretas, picas y demás armas contundentes. La indignación los uniformaba. Pedían a voz en cuello el retiro del visitante real.

— ¡Maten al ladrón, tirano de nuestras vidas!- Sus voces retumbaban en los muros de la plaza. Poco a poco la gente fue rebasando los confines centrales y, como lo habían programado, se ubicaban en equidistantes emplazamientos de lucha. A medida que el tiempo avanzaba, la situación empeoraba para el visitante regio. La indignada consigna de la turbamulta retumbaba en toda la Villa. La numerosa escolta real, no sabía qué decisión adoptar. Para hacer una demostración de su poderío y disciplina, el jefe ordena que acordonen las cajas Reales donde se encuentra el Guardia Receptor. Es suficiente. La muchedumbre acentúa su belicosidad con gritos e insultos que repercuten en los oídos de las autoridades.

La actitud de la Guardia Española ha sido exageradamente ostentosa. La multitud  indignada inicia una primera escaramuza. Ya los gritos son desaforados y terminantes:

— ¡Maten al tirano!…. ¡Maten al tirano, ladrón de nuestras vidas!!!- La consigna irritada  repercute en todos los confines locales. Los amotinados, toman la plaza y las calles principales; se multiplican por callejones, esquinas, bocacalles; se suben a los techos y, desde allí, estremecen las ventanas de las Cajas Reales con certeros hondazos.

La situación se torna insostenible.

Con las primeras sombras de la tarde las teas, como luciérnagas incontables se multiplican y un representante de los amotinados deposita en manos  del Cacique Gobernador un terminante ultimátum con un plazo a cumplirse al mediodía siguiente. En el documento dicen entre otras cosas: “Esta rebelión es la protesta enérgica por los abusos que está cometiendo el  Guarda Receptor de Alcabalas, apellidado del Campo. Él ha tenido el arrojado cinismo de venir a cobrar los encabezamientos de quebradas…(cabezón de Alcabala) en plena época de dificultades económicas que estamos viviendo; en momentos en que estamos sufriendo el  aislamiento  provocado por las constantes lluvias y agravado por el alza indiscriminada de las tarifas de los impuestos…”

Ante el peligro latente, el Cacique Gobernador de Pasco, José Chavinpalpa, acompañado de sus hombres de confianza, a revientacinchas, se dirige al Cerro de Pasco.

Cuando las cabalgaduras asoman por las lomas de Uliachín, una impenetrable ventisca se ha adueñado del ambiente. Con los chambergos gachos protegiéndose las caras, cruzan las rúas ateridas y llegan a Cruz Verde para desmontar a las puertas de la Dirección de Minería. Sabe que allí está de visita el Gobernador de la intendencia de Tarma don José Avellafuertes. Las espuelas sangrantes resuenan sordamente sobre los empedrados del patio e ingresan en la sala principal donde el Gobernador los recibe.

— ¡Conocedor de vuestro arribo a este Cerro de Pasco, he venido a pediros vuestra inmediata intervención, señor Intendente!!

— ¿Qué ocurre Chavinpalpa..?

— ¡Pasco se ha amotinado, señor…!

—.¿Por qué…?

— Nadie quiere pagar los impuestos que el Visitador Areche ha fijado….

— ¡Lo que me temía!…..

— Es más. Los hombres que han rodeado Las Cajas Reales, están pidiendo la cabeza del Receptor de Alcabalas don José del Campo y nos han dado un plazo hasta el mediodía de mañana trece para entregarlo, caso contrario, penetrarán en los interiores y matarán a cuantos encuentren dentro.

— ¡Estos campesinos se han ensoberbecido y…

— Perdón, señor Intendente –cortó de inmediato Chavinpalpa- no están sólo los campesinos; con ellos están los criollos más representativos de toda la zona, especialmente del Cerro de Pasco.

— ¡¿Pero… es posible?.

— Sí, señor intendente. Las carretas y caballos que han movilizado a los rebeldes han sido proporcionados por los hacendados. No sólo eso. Están recibiendo alimentación y todo tipo de apoyo porque la medida, como usted sabe, los ha unido a todos. Los únicos que se salvan son los negros.

— ¡¿Cómo…?!

— Lo que oye, señor intendente, por eso, con el respeto que le debo, me permito insinuar de que debemos hilar muy fino. Una medida exagerada aceleraría un levantamiento armado. Por lo que sabemos, no dejarán que la medida pase. Si la revuelta se realizara, sería imposible recibir refuerzos porque todos los pueblos colindantes con el Camino Real de la Plata están vigilados estrechamente por los rebeldes.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s