Catástrofes ferroviarias en Pasco

catastrofes ferroviariasDe los muchísimos accidentes ferroviarios ocurridos en la zona de Pasco, hemos elegido el acaecimiento de dos de ellos para que nuestros lectores conozcan sus pormenores. Nos basamos en informaciones aparecidas en los periódicos locales.

La madrugada del 30 de abril de 1921 se produjo una catástrofe ferroviaria cerca de la estación de Alcacocha, kilómetro 27 de las hulleras de Goyllarisquizga. Como consecuencia hubo dos muertos y dos heridos.

catastrofes ferroviarias 2 La noche anterior salió el tren de la estación de Goyllar con dirección al Cerro de Pasco. La máquina Nº 10, era manejada por el maquinista George Blackshaw de nacionalidad británica, formando parte del personal del convoy, el conductor Frank Pierce, el fogonero Bernabé Solís y el carbonero Juan Navarro de 18 años. Transportaba a un enfermo grave para su curación en La Oroya.

El viaje hasta el Cerro se hizo sin novedad y, poco después de su llegada, emprendía el viaje de regreso conduciendo diez carros vacíos.

La línea a partir de Alcacocha tiene una fuerte gradiente por lo que la velocidad es siempre moderada; pero, según datos que nos merecen fe, la máquina Diez conducida por Blackshaw, viajaba a 80 kilómetros por hora, -extremada velocidad- por cuyo motivo al chocar con algún desnivel  de la línea, saltara fuera de ella dando una completa vuelta de campana y quedando incrustada en el terreno a más de 20 metros de distancia, cayendo todos los demás carros sobre la máquina llegando a formar un hacinamiento enorme de fierros retorcidos

Después del accidente, con enorme dificultad, pudieron ser extraídos los cadáveres de Blackshaw y del carbonero Navarro así como a los heridos. Solís presenta varias quemaduras y el conductor Pierce ha perdido por completo un ojo además de otras contusiones.

El accidente se produjo a las 3.50 de la mañana, y conocido que fue por la empresa, tomó las disposiciones del caso, habiéndose transportado los cadáveres a esta capital y los heridos al Hospital de la Oroya.

A las once de la mañana siguiente, el juez y autoridades correspondientes realizaron las  investigaciones del caso para deslindar responsabilidades. Se puede afirmar que la catástrofe se debió a la excesiva velocidad con que corría el tren debido al estado de embriaguez del maquinista Blackshaw que por el día de su cumpleaños, se había arrimado buena cantidad de pisco.

Otra espectacular catástrofe ferroviaria

 El viernes 28 de enero de 1921, a las ocho de la noche, salió de Huari con dirección a lacatastrofes ferroviarias 3 Oroya, un tren de carga compuesto de ocho carros cargados de carbón. El maquinista llevaba orden de entrar en el desvío de Huanchán para dejar vía libre al tren de pasajeros que debía salir a esa misma hora de la Oroya hacia Huancayo. Este convoy de pasajeros llevaba dos coches de primera, dos de segunda y varios carros de carga, siendo de advertir que contra lo que se hace en todas partes, los carros de carga debían ir por delante en previsión de una accidente, pero aquí iban enganchados a la cola, y los coches de primera que debían ir al último, inmediatamente después de la locomotora; es decir en el lugar más peligroso. Los carros de segunda estaban entre los de la primera y los de carga. También el convoy de carga corría con las luces apagadas.

Al producirse el violento choque de los trenes, los asientos de los coches de primera fueron arrancados de los pernos que lo sujetaban contra el piso, y todos juntos, se precipitaron hacia delante arrastrando consigo a las personas que los ocupaban, las cuales fueron, de este modo, apretadas y amontonadas en la parte delantera del coche. Contribuyó a empeorar la tremenda situación de las víctimas apretadas contra los asientos, el segundo coche de primera clase que se introdujo en el que tenía adelante, telescopiándolo, como se dice gráficamente en estos casos. En la nota informativa correspondiente se hace conocer que gran cantidad de ciudadanos notables de nuestra ciudad habían sido víctimas de este choque.

Como dato interesante hay que mencionar que sólo fueron víctimas del suceso las personas que iban sentadas, las que estaban de pie en el pasillo central resultaron con leves rasguños.

Pasado el estruendo que produjo la colisión de los dos convoyes se dejaron oír los gritos desesperados de los heridos y los gemidos lastimeros de los moribundos.

La oscuridad hizo todavía más espantosa esta horrible y angustiosa situación.

Al día siguiente a las ocho y treinta de la mañana salió de la Oroya para Lima el tren expreso en el que se condujo a la capital cerca de treinta heridos y once cadáveres.

Se consigna un dato vergonzoso y salvaje: los pasajeros de los carros de segunda clase, que no sufrieron nada, lejos de prestar socorro a los heridos, se dedicaron  a robar los equipajes de las víctimas de los vagones de primera, aprovechando la confusión.

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