Expulsión de un cura díscolo

el cura discoloDurante los últimos meses de 1912 e inicios del 1913, la feligresía cerreña estuvo muy mortificada por la prepotente actuación de José Delgado, cura vicario de esta doctrina. Además de su provocante altanería, cobró caprichosos y elevados estipendios por las ceremonias religiosas que celebraba en Chaupimarca. Igualmente se permitía, con la irreverencia ya familiar en él, sacar las imágenes de los altares para amontonarlas en cualquier lugar oscuro del depósito de la iglesia. Muchas personas pías, viendo el trato que se les daba a los santos, optaron por llevarse a su casa para cuidarlos. En cuanto a las numerosas congregaciones religiosas tan maltratadas, decidieron solicitar a la superioridad eclesiástica el cambio de este mal sacerdote. En una de los alegatos publicado en un periódico, decían: “Ante estas pruebas terminantes… ¿Será posible continuar con este sacerdote al frente del curato que ocupa..?. Su única misión es el ultraje a las congregaciones piadosas establecidas en esta localidad. Sumidas -como dice él- en mansas ovejas que no hacen más que obedecer los mandatos de este falso pastor que no puede gobernase ni a sí mismo… ¡No!… ¡No! Pedimos de una vez por todas su inmediata expulsión al Obispo de esta grey y, si no nos oye, acudamos al Arzobispo de Lima para que los destituya en el día, evitando con esta adopción, cualquier emergencia que se pueda suscitar” (LOS ANDES de 24 de abril de 1913).

Como era de esperarse, siendo unánime el rechazo del pueblo, se formó un comité para la expulsión del cura. La primera medida que adoptó dicho comité fue la publicación de un manifiesto que proclamaba:

AL PUEBLO.

Llamamiento que se impone.

Vista las punibles irregularidades que en nombre de la Religión Cristiana y dentro de sus propios ritos viene perpetrando diariamente el párroco de la doctrina, señor José Delgado, irregularidades rayanas en el escándalo y que con justicia han concitado la indignación general y muy particularmente de quienes se ocupan por la moralidad y la cultura de este pueblo invicto hace tiempo ultrajado por las arbitrariedades y desplantes de aquel sacerdote que por ironía pretende llamarse MINISTRO DEL SEÑOR; se ha organizado con el voto unánime del vecindario, un comité encargado de la noble labor de dirigir el movimiento reaccionario sobre tan grande y ya insostenible arbitrariedad, invitando con este fin a cuantos se preocupan por el bienestar y el progreso de este pueblo laborioso y honrado, a un mitin que se realizará hoy a las cuatro de la tarde en la Plaza Chaupimarca en donde los manifestantes marcharán al Despacho Prefectural a exponer nuestra  demanda reparadora.- Cerro de Pasco 11 de mayo de 1913.

En el día y hora señalados se hicieron presentes numerosos fieles que manifestaron de viva voz su inconformidad de la manera cómo el cura se desempeñaba al frente de la parroquia. Al finalizar el mitin se redactó un memorial dirigido al Presidente de la República; al Ministerio de Justicia y otro al ilustrísimo Obispo de Huánuco. El memorial en referencia decía:

Ilustrísimo Señor:

                           Los suscritos vecinos de esta ciudad, ante su Ilustrísima, respetuosamente decimos:

Que las frecuentes irregularidades que comete el párroco de esta localidad abusando de su cargo, no sólo dentro de la práctica del culto sino también con todas las personas de diversas clases sociales, nos obligan a ocurrir a su Ilustrísima, suplicándole que en justicia, cambie al párroco José Delgado de esta ciudad para calmar la excitación del pueblo que no ha encontrado medios para detener sus abusos que puede llegar a medidas extremas que es preciso evitar.

  No es la primera vez, Ilustrísimo Señor, que motiva justos reclamos el Dr. José Delgado, y no obstante el clamor popular, no ha conseguido esta ciudad librarse de un párroco inaparente en todo sentido, pero ahora que esta sociedad se ha colmado de irregularidades muchas de ellas delictuosas, sin miramientos ni consideraciones de personas, hace que elevemos esta petición para que su Ilustrísima salve al Cerro de Pasco de un párroco que es un desprestigio de la religión y su autoridad, y sobre todo para poner término al justo descontento que puede traer -sin no se nos escucha en justicia- trastornos para esta ciudad que en la fecha ha tenido intenciones de hacer manifestaciones de su descontento y sólo se ha detenido en el convencimiento que será atendida en esta petición.

 Por tanto:

 A usted Ilustrísima, suplicamos se sirva ordenar en el día, la separación del párroco de esta ciudad, Dr. José Delgado.

Cerro de Pasco 11 de mayo de 1913.

Cuando el cura Delgado se enteró de esta determinación, ordenó de inmediato a la directiva del Perpetuo Socorro para que hiciera volver la imagen de la Virgen que arbitrariamente había sido retirada de su altar. Igualmente ocurrió con los otros santos.

Entretanto, un sobrino del cura llegado de Arequipa, un malandrín de aldea que supuso que estaba en un pueblo insignificante, acompañado de sujetos malvivientes que habían venido con él, atacaron la casa de la Presidenta del Perpetuo Socorro. El sujeto en mención y sus compinches que habían atacado la casa de una manera escandalosa, no sabían que la señora era la esposa del Juez Instructor del departamento de Junín. Como se comprenderá, la inmediata acción penal no se hizo esperar.

Atendiendo el clamoroso y unánime pedido de la feligresía cerreña, personalmente el Obispo de la Diócesis de Junín y Huánuco Ilustrísimo Pedro Drinot y Piérola, llegó al Cerro de Pasco y destituyó aparatosamente al malhadado cura José Delgado y ordenó la prisión de la gavilla de delincuentes que habían atacado el hogar de la presidenta. En ese mismo acto nombró en su reemplazo Cura Párroco de Chaupimarca al sacerdote Dr. Augusto Royer. Delgado, como hemos visto, fue uno de los tantos curas que fueron ignominiosamente expulsados de la ciudad minera por arbitrario y abusivo. No fue el primero ni el único.

En “Los Andes”, correspondiente a aquellos días, se leía la siguiente información: “Ocupan nuevamente las efigies de San José, la Virgen y el Niño en el templo de Chaupimarca; los que estuvieron algunos días en casa de don Melitón Ureta, por disposición de nuestro memorable cura y vicario Delgado; no con miras santas a los santos. En nombre del pueblo, perdimos  que la venerada imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, emblema sagrada de la asociación piadosa de este nombre, formada por dignas matronas de esta ciudad, se restituya en el lugar donde la encontró don Jopé Delgado al hacerse cargo de esta doctrina”

 “Ya los espíritus se fueron agriando en general por la desatención que mostrara el tantas veces combatido párroco. Con esta petición prevenimos que no se vuelvan a repetir acciones como las que no nos cansaremos de combatir”

Sólo así quedó tranquilo el ofendido pueblo cerreño al que -como hemos visto- hasta en el plano religioso se pretendió ultrajar más de una vez. Lo que después se enteraron estos estúpidos agresores es que el pueblo, como una sola unidad, siempre hizo prevalecer sus fueros y su dignidad.

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