Gamaniel Blanco Murillo (Mártir obrero) (Primera parte)

Nuestro más grande homenaje de admiración y respeto al Instituto de Educación Superior que lleva el egregio nombre de nuestro mártir y maestro ejemplar Gamaniel Blanco Murillo, por haber obtenido la acreditación profesional correspondiente de parte del Ministerio de Educación Pública. En la persona de nuestro colega Morfe Mauricio Atencio un abrazo fraternal a todos los profesores, alumnos, personal administrativo, disciplinario y servidores en general. Esa es la mejor manera de rendir pleitesía a un hombre inolvidable y ejemplar, cerreño insigne.

Los latigazos eléctricos de tormentas, lluvias inmisericordes y silenciosa persistencia de la nieve, amainaban para mayo. En las capillas colmadas de cadenetas y quitasue­ños, los fogonazos de petardos y el triquitraque de los cohetecillos, alegraban a la gente fiestera. Era la conmemoración anual de las cruces. En Huancapucro, San Atanasio, Cu­rupuquio, San Cristóbal y Uliachín, rondallas danzarinas de “chunguinos” con sus atuendos de plata y pedrería; bembones y elegantes negritos de Huánuco; decré­pitos bailantes de “Auquish Danza”; atrabiliarias comparsas de “Chunchos” de caretas de madera, con lanzas, flechas y macanas guerreras, bai­lando en homenaje al Santo Madero. El tercer día de aquel mes de mayo de 1907, nacía Gamaniel Blanco Murillo, hijo de Desiderio Blanco, natu­ral de Dos de Mayo y Juana Murillo, del asiento minero de Vinchos. El acontecimiento quedó registrado en la Partida Nº 397 de libro de nacimientos de la Municipalidad del Cerro de Pasco. A insistencia de la madre, le pusieron el mismo nombre del hermanito muerto de pulmonía al nacer en 1934.

Sus estudios primarios, como todos los niños pobres de su tierra, los realizó en la única Escuela Municipal  que funcionó bajo el amoroso rigor de dos insignes maestros, Ángel Ramos Picón y Antonio Martínez. Ellos mo­delaron su espíritu acucioso e inconforme. Él lo reconocerá más tarde. Por especial pedido de estos patriarcas magistrales, Gamaniel se inclinó por la docencia y tras recibir la preparación correspondiente rindió brillantes exámenes que lo facultaban a ejercer el magisterio en calidad de PRECEPTOR.

La Escuela Municipal que lo formó -como era de esperarse- lo recibió como flamante maestro. En este plantel –actualmente numerado 3501- derramó toda su inquietud y su amor, modelando el espíritu y carácter de sus alumnos que en reciproci­dad le otorgaban su cariño y respeto reverentes. Su labor proficua no se circunscribió a las cuatro paredes del aula, no; la extendió al pueblo todo. Se valió de periódicos, conferencias, conversato­rios y todos los medios a su alcance para nutrirlos con su talento. Fundó la Brigada de Boys Scouts, donde los niños efectuaban una acción positiva diariamente. El mismo, secundado por sus discípulos, la inscribe en la Liga local de Fútbol y Atletismo. No sólo había que nutrir el espíritu de los hombres, también era imperativo fortalecer sus cuerpos.

En los periódicos y revistas que hemos rastreado para escribir la historia de su vida, hallamos que Gamaniel era poeta de exquisita sensibilidad y profundo calor humano; un periodista combativo que emerge en octubre de 1925, cubriendo la información de aquella maravillosa hazaña que realizaron Teobaldo Salinas, Manuel Oyarzabal, Juan Manuel Beloglio y cuatro jóvenes más. En un heroico “Ford T”, trazaron la ruta titánica por donde se ha construido la carretera Cerro de Pasco – Lima (Vía Canta). En aquella oportunidad, Gamaniel, hace el registro de la odisea, día a día, constituyéndose en un extraordinario testimonio de las peripecias, frustraciones y lucha que desarrollaron aquellos esforzados pioneros. Noso­tros la publicamos en LA TRAVESIA.

Todos los periódicos cerreños acogen sus versos cargados de emotividad lírica que trasuntan claramente las inquietudes de su alma juvenil. Casi todas sus creaciones iniciales son de rendido homenaje a la tierra que lo viera nacer, como ésta:

                                                 ORACION  A  LOS  ANDES

Padre Ande:

Junto a las blancuras perpetuas de tus nevados, quiero vivir mi vida de bohemio. Quiero compartir la nostalgia de mi alma dolorida con el mutismo de tus rocas. Quiero participar del soliloquio de tu existencia pensativa.

 Bajo el tempestuoso cielo en que vives, quiero evocarte mis plegarias cual un hijo abandonado hace al “Creador Divino” de todas las cosas, en sus horas desdichadas. Junto a tus multiformes y graníticas cumbres, quiero escribir las páginas del  libro de mi vida y al lado de tus plateadas cascadas y el bullir incesante de tus aguas, ansió !!Oh!! ! Padre Ande!, elevar mis oraciones hacia tus altares blancos. Junto a tus poéticas como vislumbradoras lagunas, pletóricas de belleza y armonía, ansío pulsar mi lira de bohemio para descubrir el “álbum de cromos” que mi vida encierra; para mostrarte cariñoso y franco, sus páginas de dolor; esas páginas que, cual mitos, no encierran sino mis aflicciones de andariego, mis amarguras de infortunio…

 Padre Ande:

 La leyenda sagrada de tu existencia ignota, sé mi báculo para seguir adorando tus inmensas riquezas que cual si fueran tapadas, viven y vivirán por los siglos de los siglos…

Padre Ande:

 Dios de las cumbres, fuente inspiradora del poeta, amo eterno de los cóndores majestuosos, dadme aliento para referir mis días de peregrinación, bajo la techumbre blanca de tus venados.

 

                                                    C U A D R O   M I N E R O

                                                                    (muliza)

                        En estos blancos picachos             Hasta las pobres mujeres

                        de los Andes milenarios,               del infeliz proletario

                        existen grandes dolores,               rinden sus débiles fuerzas

                        cual si fueran! !Ay! Calvarios.     por un mísero salario.

 

                        Son calvarios estas minas                        Por un mísero salario,

                        donde los tristes mineros             marido, mujer e hijo

                        buscando de pan un mendrugo,   trabajan sin un descanso

                        viven días lastimeros.                               sin luces, sin regocijo.

                                                               

                                                          ESTRIBILLO

                                                           Minero de estas regiones

                                                           triste paria tributario,

                                                           siempre en las malditas minas,

hallarás tú el martirio.

 Afincado en Morococha, entabla amistad con los más connotados luchadores de aquel lugar, especialmente con Adrián Sovero. Fruto de su inquietud, utilizando el seudónimo de “Alcides Marín” publica: APUNTES MONOGRAFICOS DE MOROCOCHA, y la obra Teatral, GLORIA A LA MADRE

Así llegamos al año de 1928, en que­ el notable pensador peruano, José Carlos Mariátegui, publica en AMAUTA y LABOR, las cartas de Gamaniel Blanco -su corresponsal-. Las denuncias del líder sindical son acogidas por Mariátegui y las respuestas de éste van a acentuar su espíritu indomable y rebelde que, con más denuedo, lucha por conseguir la reivindica­ción de los obreros mineros.

Gamaniel Blanco Murillo, portando la bandera nacional el día que llegaron a Canta al trazar la ruta del Cerro de Pasco a Lima. Su temple y valor, espíritu de sacrificio en entrega total a las causas nobles , determinaron su muerte que el malhadado Sánchez Cerro le diera. Nuestro pueblo guarda con especial veneración el recuerdo de su amor a su tierra y su noble sacrificio.
Gamaniel Blanco Murillo, portando la bandera nacional el día que llegaron a Canta al trazar la ruta del Cerro de Pasco a Lima. Su temple y valor, espíritu de sacrificio en entrega total a las causas nobles , determinaron su muerte que el malhadado Sánchez Cerro le diera. Nuestro pueblo guarda con especial veneración el recuerdo de su amor a su tierra y su noble sacrificio.

Gamaniel Blanco Murillo, portando la bandera nacional el día que llegaron a Canta al trazar la ruta del Cerro de Pasco a Lima. Su temple y valor, espíritu de sacrificio en entrega total a las causas nobles , determinaron su muerte que el malhadado Sánchez Cerro le diera. Nuestro pueblo guarda con especial veneración el recuerdo de su amor a su tierra y su noble sacrificio.

Como para seguir la batalla era necesario despertar la conciencia dormida de los obreros, con su verbo de poeta y el ímpetu de su juventud, conmueve a los hombres instándolos a organizarse. Se constituye en uno de los primeros profesores de Educación Sindical que lleva su voz de justicia a Goyllarisquiz­ga, La Oroya, Casapalca, Morococha y otros centros obreros que reciben su palabra con admiración y respeto. Ese año funda, con otros combatientes, el Sindicato de Morococha. Allí inicia la primera huelga organizada porque la Compañía había rechazado el Pliego de Reclamos sin­tetizado en los siguientes puntos: Aumento de Salarios; supresión del sistema de contratos; cumplimiento de la jornada de ocho horas; que el médico del hospital en que se atendían los obreros, ha­ble castellano y no sólo inglés.

Todo esto sucede al inicio de la gran crisis capitalista y, una vez surgida ésta, las condiciones de vida empeoraron para los obreros. Todo el Perú, especialmente el centro, está enardecido. El peso del capitalismo era descargado con fuerza cada vez mayor sobre el movimiento obrero y popular. Es­to entonó las movilizaciones.

“A lo anterior debía añadirse la alta concentración laboral del proletariado minero: cerca del 30% trabajan en la sierra central en los campamentos de la Cerro de Pasco Corporation. La mayoría de operarios procedían del valle del Mantaro, escenario de una importante movilización regional cuando los campesinos que sufrieron los efectos devastadores del humo y el relave de la fundición de La Oroya, apoyados por la burguesía mercantil local, por intelectuales como Nicolás Terreros, e incluso por un equipo de técni­cos, emprendieron una serie de reclamaciones contra la empresa norteamericana. Aunque ubicado en cauces legales, fue un movimiento de gran envergadura que consiguió imponer a la empresa el pago de algunas indemnizaciones a los propietarios del valle. De esta manera, en la región central, a la vez que surgía el proletariado, se formaba un movimiento de claro perfil antiimperialista, todo lo cual acrecentaba la importan­cia del proletariado minero” (FLORES GALINDO, Alberto – LA AGONIA DE MARIATE­GUI- 1980:77).

El 12 de noviembre de 1930, se inaugura el Primer Congreso Minero del que iba a salir la Federación. El principal organizador de este certamen es Gamaniel Blanco Murillo. Pero aquí comienza la represión. Al día siguiente, aprovechando la oscuridad de la noche, los dirigentes son arrancados de sus hogares y en la madrugada enviados al Frontón conjuntamente con los Delegados que se habían hecho presentes. Con el fin de amedrentar a los mineros que quedaban, el prefecto Santiváñez viaja a Morococha, a dirigir personalmente el operativo de detención de los líderes sindicales con Gamaniel Blanco a la cabeza. Ya en la plaza de Morococha -nos relataba don Juan Cortelezzi, compañero y amigo de Gamaniel allí presente-, envalento­nado levanta la voz y en forma descomedida recrimina a los obreros asistentes; Gamaniel que allí se encontraba, pi­de a sus compañeros que lo levanten en hombros y valientemente contesta al militar entre los aplausos del pueblo. Terminada esta osada actitud se retira a su escondite; pero aquí surge la figura del Judas, que siempre está presente en la vida de los grandes hombres. Como no podían dar con el escondite de Gamaniel; el Prefecto llama a los capataces mineros y en la oficina de la Superintendencia les dice:

–Miren, lo único que el Gobierno quiere, es apresar a Gamaniel Blanco que es el causante de todos estos desórdenes ocurridos en el centro de nuestra patria. Y como sabemos que alguno de ustedes sabe en dónde se ha escondido, vamos a recibir la información en el mayor secreto posible y, el que nos señale el lugar donde se encuentre escondido, será ascendido inmediata­mente en la Compañía, aumentándosele el sueldo. Por supuesto, na­die se enterará de este acuerdo porque será hecho en el mayor secreto.

Continúa….

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