LOS FRAILES IMPOSTORES -10 de septiembre de 1901-

los frailes impostoresUn pueblo en el que las almas pías tienen la tranquilidad de ejercer su devoción, necesariamente se ven alteradas cuando algo rompe su esquema de paz y tranquilidad. Esto ocurrió el mes de setiembre de 1901 en el Cerro de Pasco. Aparecieron cuatro frailes mal encarados que sin respeto de ninguna clase se apoltronaron en la vicaría de la iglesia de Chaupimarca. El viejo párroco don Leoncio Magino quedó alelado cuando le aseguraron que venían directamente de la Santa Sede de Roma por encargo de su Santidad San Evaristo, papa griego que acababa de crear las parroquias para la división católica de las ciudades. No se dignaron presentar ningún documento que los acreditara como tales. “¡Entre cristianos y hermanos en Cristo; no debe caber ninguna duda. Nuestra palabra basta!” –dijeron con una engolada jactancia. El párroco quedó en silencio. El más arrogante de ellos, dijo  “¡Para su conocimiento y demás consecuencias, somos los sacerdotes, Ambrogio Natale, Bartolomeo Grieco, Damiano Montórfano y Gugliemo Artola. Ya lo sabe. Debe usted procurarnos un alojamiento de acuerdo a nuestra investidura religiosa donde también se atienda nuestra alimentación y limpieza de ropa!”. No dejaron que el párroco dijera nada. A partir de aquel instante la paz parroquial desapareció. El pobre curita tuvo que agenciarse el alojamiento en el Hotel Universo –el mejor de la ciudad- donde también tomarían sus alimentos. El viejo administrador escogió las cuatro mejores habitaciones para los bribones. Y se esmeró en demasía para cubrir el insaciable apetito del que hicieron gala.

El domingo siguiente, a la hora de la misa solemne de las once –Desde antiguo era la hora más importante en la ciudad minera-  sin guardar los cánones establecidos, la celebraron a la buena de Dios generando la inquietud de los fieles. Al momento de la homilía, en tono despótico y autoritario, se dirigieron a la feligresía llenándola de sorpresas e interrogación. No tuvieron reparo en maltratar a las personas notables que allí se encontraban y conminó a que cada una de ellas entregara sus donativos en forma personal dirigiéndose al altar mayor. Es más, alegando que estaba enterado que los fieles eran muy avaros, dispuso que además de las “limosnas” que ese momento deberían de dejar al día siguiente entregarían personalmente sus donativos para la Santa Sede. Esperamos –dijeron- que éstas sean respetables para entregarles, a cambio de ellas, las indulgencias que el Santísimo Padre ha dispuesto para los fieles generosos y cooperantes.

Al día siguiente, lunes, los mineros, comerciantes, hacendados, aviadores y demás personas notables, entregaban sus generosos donativos que los periódicos publicaron con un gran derroche de pormenores.

La audacia de estos malogrados de pacotilla llegó al extremo de difundir muy sibilinamente, entre los fieles más allegados a la iglesia, que habían traído la “Santa Tierra del Gólgota”, regada con la sangre de Nuestro Señor. Que quienes la quisieren, deberían aportar un generoso donativo para recibir la santa bendición del Hijo de Dios y para ayudar a los hermanos que hacen el bien en muchos alejados lugares del mundo. Que estas bolsitas eran tan contadas que recomendaban su inmediata adquisición. Las chismosas que no eran pocas, irradiaron la noticia con exagerados  ademanes. A partir de aquel día, los creyentes llegaban muy sigilosamente, tratando de pasar inadvertidos, a fin de que los malandrines les entregaran las bolsitas conteniendo la tierra. Éstos, magos de la simulación y el espectáculo, se los entregaban con un recogimiento y una unción verdaderamente conmovedores. ¡Muchas viejecitas se deshacían en llanto al recibir la “Tierra Santa”.

La grosería y el atrevimiento de estos sujetos fueron caldeando los ánimos piadosos. Estos cuatro malandrines -porque no eran otra cosa – acosados por el soroche, se fueron a San Rafael para alojarse en la casa del italiano Benedetto Marabotto. Aquí continuaron sus mañosas acciones. Además de apoderarse de muchas de sus pertenencias,  habían raptado –con intenciones nada santas- a una muchacha que se hallaba al servicio del anfitrión. Esta inocente criatura fue pasto de sus desmedidos apetitos sexuales. Esto escandalizó sobremanera a la feligresía cerreña. Cuando el consulado italiano intervino para interponer sus buenos oficios y morigerar tanta maldad, los frailes no sólo desconocieron la autoridad de sus paisanos sino que hasta los insultaron descomedidamente. Felizmente, ayudada por el pueblo de San Rafael, la chica pudo escapar al Cerro de Pasco donde se vio libre de sus secuestradores.

Aclimatados completamente y de vuelta en el Cerro de Pasco, el día de la solemne confirmación, en forma altanera y despectiva, desautorizó a los padrinos de los niños -todos ellas distinguidas personalidades del pueblo- y nombraron en cambio, a otros. Aquel día se armó un escándalo mayúsculo en el templo de Chaupimarca. Harta la feligresía de ésta y otras desatinadas actitudes, el domingo siguiente –orquestado por los padrinos desairados, todos de basto poder económico-  entraron en número de más o menos quinientos “fieles” y al grito de  ¡Fuera los chupacirios..!!. ¡ Fuera los malhechores..!, cogieron del cogote a los cuatro indeseable y subiéndolos sobre sendos burros, los expulsaron de la ciudad. La gente no dejaba de carcajearse a mandíbula batiente en señal de contento por esta afrentosa medida popular, especialmente los miembros de las hermandades mal tratadas por los  intrusos.  Se sabe que a la salida de la ciudad los esperaba una destartalada carreta fletada por sus paisanos que los llevó a Lima por la ruta de Canta. Nunca más volvieron a aparecer en la cimera ciudad. Claro. Más tarde se supo que eran cuatro aventureros que, disfrazados de curas, vendieron tierra común pasándola como tierra santa, se apoderaron de algunas joyas de nuestro templo y cometieron mil abusos. La correspondencia que por aquellos años era tardía y pesada demoró mucho para enterar de esta noticia a nuestra feligresía. Aquel día era el domingo 10 de setiembre de 1901.

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