Dionisio Rodolfo Bernal Rojas

libroEste notable escritor, folclorólogo y diplomático peruano, nació en la ciudad del Cerro de Pasco el 12 de agosto de 1917, en su domicilio de la Plaza Centenario. Hijo de don Román Bernal Blanco y doña Natividad Rojas, ambos nacidos en el Cerro de Pasco. Su abuelo, don Dionisio Bernal, fue capitán de navío de la Armada Española. A él le dedica su obra cumbre con el siguiente tenor:

            A don Dionisio Bernal, mi abuelo, Capitán de Navío de la Real Armada Española; andaluz y chapeta obstinado, aventurero y Gran Señor de Minas, Patrón de Muleros.

            A mi padre, que desde temprana edad me enseñó con el ejemplo, a ser hombre. A mi suelo natal, que me dio el aliento y a los Clubes Carnavalescos de Pasco y a los cantores y músicos populares de toda la Región Central del Perú.

 Sus estudios primarios los realizó en nuestra vieja Escuela de Patarcocha, cuando todavía era Municipal, en donde se gestó sus notables aptitudes literarias. De muy niño participó en las comparsas carnavalescas, nutriéndose con aquellas vivas demostraciones de entusiasmo popular. Al concluir sus estudios primarios, decide marchar a la capital. El día de su partida, los diarios locales  publicaron unos versos muy expresivos en los que hacía notar su tremenda congoja por el alejamiento involuntario del lar nativo.

Ya en Lima, aventurero como era, realiza una serie de trabajos para sobrevivir. Felizmente, por esos días, encuentra el apoyo del músico don Ricardo Arbe, que lo acoge en su domicilio. Posteriormente ingresa en el Colegio Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe, en donde demuestra sus inquietudes y aficiones, al editar la revista VERDAD Y ESFUERZO. Más tarde, otras publicaciones más. Su vehemencia juvenil, le hace escribir notas rebeldes que estuvieron a punto de causar su expulsión del Colegio. Por esta razón tuvo que terminar sus estudios en el Colegio Modelo donde edita la Revista del Colegio. Concluidos sus estudios secundarios, ingresa en la Facultad de Letras de la Universidad Mayor de San Marcos, donde convoca a un grupo de jóvenes emprendedores con los que edita la Revista LOS NUEVOS. En el ámbito periodístico, tuvo prolífica creación que publicó, “El Comercio”, “La Prensa” y “La Crónica” de Lima; “Altura” de Huancayo; “El País” de Montevideo; “la Prensa” y “El Sexto Continente” de Buenos Aires.

Inmerso en el mundo del Ministerio de Relaciones Exteriores, su labor diplomática es también nutrida. Se desempeñó como Cónsul General del Perú en Bolivia, Japón, Chile y Estados Unidos de Norteamérica, en cuyos lugares difundió sus trabajos folclóricos haciendo conocer sus investigaciones acerca de la música cerreña.

Concluidos sus estudios de Folclore en Argentina, escribe en 1947 su obra principal: LA MULIZA CERREÑA, en la que formula una tesis muy interesante sobre la creación cerreña, alcanzando el aplauso  de muchos estudiosos. Mereció elogios del musicólogo Carlos Vega y del folclorólogo Juan Alfonso Carrizo.

LA PRENSA de Buenos Aires, en su edición de 25 de enero de 1948, dice, refiriéndose a su libro:

“El tradicionalista peruano Dionisio Rodolfo Bernal, autor de varios trabajos sobre el folklore de su país, ha publicado en Lima, “La Muliza Cerreña”, estudio sobre un género de canción peruana en su modalidad regional del Cerro de Pasco”

 “El autor afirma que la muliza deriva del Zegel, canción de amor española, cuyo origen es, acaso, asiático y es seguramente musulmán, presentándose a la primera como tradicionalmente hispánica y cristiana, traída al Perú por los invasores, siglos atrás”.

 “El folklore de un pueblo no es nunca de una absoluta pureza, pues continuas invasiones y migraciones y constantes influjos culturales foráneos introducen en la poesía y la música popular y culta diversos elementos que el genio de la raza transfigura al amoldarlos a sus características espirituales y estas son las que forman la tradición folklórica de un país y no los aportes extranjeros vinieren de donde vinieren”.

“El meritorio trabajo de Bernal confirma este aserto, pues las numerosas piezas poéticas del Carnaval del Cerro de Pasco transcritas por aquel, son del romanticismo, de origen europeo, que predominó en nuestra América en el siglo pasado y los números musicales que ofrece el autor son indígenas o mestizos” (LA PRENSA, de Buenos Aires, 25 de enero de 1948).

Finalmente, consignamos parte de una interesante carta que le hace llegar el célebre Juan Alfonso Carrizo, indiscutible autoridad argentina del folklore, en la que le dice:

Lo felicito, amigo Bernal, por su “Muliza”; ha recuperado usted un material valioso que irremisiblemente se hubiera perdido. El estudio preliminar, diestramente construido, es interesante y testimonio a la vez de una dedicación que tiende a hacerse más rigurosa, a ahondar más el complejo tema de la poesía popular. Después de felicitarlo por su libro, no quiero dejar de expresarle que me llenará de satisfacción conocer que en sus próximos trabajos usted se ceñirá a lo estrictamente folklórico, es decir lo popular, tradicional y anónimo, deslindando definitivamente el material, que, por ejemplo en su estudio reciente combina orígenes; algunas piezas son realmente folklóricas, anónimas y otras, muchas, producto de versificadores conocidos y contemporáneos, cuya simpática obra no puede sin embargo pertenecer a los objetos que estudia el folklore. Créame distinguido amigo que su labor asumirá cada vez mayor importancia si usted evita lo que es ya un error corriente entre muchísimos e inteligentes escritores americanos y el producto de una falacia teórica: la identificación de lo popular con lo folklórico.

                                                           Juan Alfonso Carrizo.

Ya de vuelta en Lima, escribe una nota necrológica referente a la muerte de Ricardo Peña Barrenechea –inquieto poeta cerreño- y se publica en la revista CENTRO que editaban Ambrosio Casquero y Leoncio Lugo.

SOLLOZOS POR LA MUERTE DE RICARDO PEÑA BARRENECHEA.

¡Ay! Ricardo, cómo duele tu partida, pensamos que estar en el blanco cielo, meditando hacer poesía o entenderte con los ángeles en coros; organizando pascanas de pintura. ¡Ay Ricardo! cómo nos dejas en un mundo sin dignidad y altura. Cómo duele tu partida, sabemos que nos llevas la delantera, que tu presencia en el camino azul del cielo, será anticipo de bondad en ella.  Fuiste íntegramente bueno, diamantinamente humano y hoy, que nos falta tu presencia, acaso si el sollozo arranca lagos del cristal de nuestros ojos, y una pena que como camino viaja de nuestro corazón al tuyo.

 Ay tu pena de atormentado a lo Van Gogh, de tu vida sencilla, altamente digna, que por senderos de la sierra colmaste a los hombres y naturaleza de un encanto y bondad sin igual.

 Ay, cómo nos duele tu partida, sin avisos, sin anuncios y sin las estridencias de los que nada valen; hay en ella, una benedictina paciencia, una desolada y buscada muerte; !Ay! la muerte que todo lo trunca, que todo lo enciende para las albas del cielo y de la luz ignota.

 En vida fuiste, humanamente sencillo, te prodigaste para la dignidad humana, como para que tu muerte alcanzara esos contornos.

 !Ay!, qué digno destino el tuyo, el de todos los grandes que alcanzarán la grandeza del alma y un asidero en el cielo inamovible de la inmortalidad. Los que fuimos tus amigos, los que te tratamos en la intimidad, sentimos tu partida, tú nos previste, ay cuando viajabas enfermo a tu destierro, a tu soledad, al sendero de tu largo camino, del que no volverás.

 Para nosotros no has muerto, porque quien tan señera presencia tuvo en la tierra, su muerte física es acaso un accidente de su inmortalidad.

 Ya que tu presencia física no nos prodigará esa bondad que supiste infundirnos, esa irónica palabra que de tus labios florecían como amapolas, como palomas, como rosas del cielo.

 Ya no tendremos tu mano franca, que nos extendías, sin resabios, sin intenciones de segundo orden, sin temor estudiado y por sobre todo la franqueza que da la grandeza y la sobriedad de una alta vida.

 Ay, Ricardo, cómo nos duele tu partida; nuestra soledad sin tu presencia es tediosa, desolada, sin aliento para ser vivida, ni encanto para ser sentida.

 Te fuiste como “amante tímida y pálida” del bosque de la vida; partiste dejando a la jauría humana que se despedaza, seguro que allá en tu nueva morada, “Despertarás en la noche blanca” “dormida en la luz del día”. Allá dirás “Fui yo quien bebí de  tus ojos” “Llenos de melancolía”. A pesar de tu partida prematura nos conforta tu nuevo cielo en la que “Soñarás lámparas graves” y estarás con “los ángeles desnudos “que hacia el bosque iban” “con los cabellos al aire” y “la piel desvanecida”.(1939).

Por aquellos años conoce a la señorita Alejandrina Ugaz Martínez, con la que contrae matrimonio y tiene una hija, la señorita Carmen Bernal Ugaz.

Simultáneamente a la difusión de sus trabajos de investigación folclórica que se publica en varios diarios, ingresa en el servicio diplomático como secretario de protocolo. De 1956 a 1959, es cónsul del Perú en Copacabana, Bolivia. De 1959 a 1964, es trasladado a Chile. En 1969, desempeña el cargo de cónsul del Perú, en  Kobe. Su desempeño es excelente, permaneciendo hasta 1972. De 1972 a 1975, es el cónsul del Perú en Nueva Orleáns, Estados Unidos de Norteamérica.

Víctima de una afección cardíaca, falleció el 8 de agosto de 1982.

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