LA VIVIENDA CERREÑA (Primera parte

Este edificio erigido en 1890 pertenece al consorcio comercial Azalia Nation y Compañía. Es una típica vivienda – comercio como hubo muchas en la ciudad. En la amplitud del primer piso se realizaban los trámites comerciales y, toda la parte alta,  constituía la vivienda de los dueños. Nótese que cubriendo toda la extensión del segundo piso hay un enorme balcón cerrado de pino blanco con vidrios para dejar pasar solamente la luz, más no el frío terrible en todas las épocas del año. Una visible claraboya para iluminar los interiores y su correspondiente pararrayos. Este aditamento fue muy apreciado porque neutralizaba los ímpetus incendiarios de las tormentas eléctricas que en la ciudad eran continuas y muy peligrosas. Las calles estaban empedradas con sus correspondientes sequias por donde discurrían las aguas pluviales.
Este edificio erigido en 1890 pertenece al consorcio comercial Azalia Nation y Compañía. Es una típica vivienda – comercio como hubo muchas en la ciudad. En la amplitud del primer piso se realizaban los trámites comerciales y, toda la parte alta, constituía la vivienda de los dueños. Nótese que cubriendo toda la extensión del segundo piso hay un enorme balcón cerrado de pino blanco con vidrios para dejar pasar solamente la luz, más no el frío terrible en todas las épocas del año. Una visible claraboya para iluminar los interiores y su correspondiente pararrayos. Este aditamento fue muy apreciado porque neutralizaba los ímpetus incendiarios de las tormentas eléctricas que en la ciudad eran continuas y muy peligrosas. Las calles estaban empedradas con sus correspondientes sequias por donde discurrían las aguas pluviales.

Cuando se descubre el asombroso afloramiento de plata de San Esteban de Yauricocha, oleadas cada vez más numerosas de aventureros se afincan en sus predios. Todos llegan en pos de sus fabulosos filones. Aquí nadie vino a fundar una ciudad -ya lo dijimos- sino a llenarse las faltriqueras de plata para marcharse en cuanto hubieran saciado su ambición; por eso es que no se tomaron en  cuenta las consabidas cuadraturas conque los españoles trazaban las calles de las ciudades que fundaban. “Aquí fueron las vetas argentíferas las que determinaron la ubicación de las casas, que en todo caso, fueron vivienda y fortaleza”  (GERSTAEKER: 1973:69)

En derredor de la bocamina se erigía una muralla inexpugnable para asegurar la propiedad. Dentro, la precaria vivienda del dueño, la cuadra para los peones, un depósito para guardar los avíos y herramientas mineras: una segura habitación destinada a la custodia de las barras de plata y el azogue bajo el hermetismo de siete llaves; a un costado, la cuadra para las mulas.

“Desde que los españoles explotaron ávidamente nuestras minas, esa avidez no tuvo parangón con ninguna preocupación humana referente a la condición de vida de los hombres que explotaban dichas minas. Tugurios rurales, viejas chozas indígenas, fueron la característica urbanística que enmarcó la mina peruana” dice don Mario Samamé.

A fines del siglo XVI y comienzos del XVII, estas construcciones fueron muy rudimentarias, pero a medida que se comprobaba que los filones eran inagotables, fueron construyéndose más sólidas y cómodas porque ya la familia entera venían a aposentarse en ellas.  En todo caso se cumplía con las tres principales exigencias que una vivienda debe tener. La protección hacia arriba contra la lluvia y el sol mediante la techumbre. En sus comienzos fue de paja por el abundante “ichu” que hay en derredor de la ciudad. Los tejedores del techo seguían técnicas nativas pero adaptándose a las modalidades usadas en Francia, Italia y otros lugares europeos. El peligro de estas coberturas radicaba en el peligro que ofrecían. Bastaba un flamígero relámpago para que se incendiara el techo como una tea apocalíptica. Hubo muchas desgracias originadas por las tormentas atmosféricas.  Hacia los lados contra el viento y el frío mediante paredes gruesas  y bien construidas. Aquí se usaron las galeras para contener el barro apisonado que constituían los muros, después de fijar puertas y ventanas, se las encalaba rematándoles con bordes negros de brea. Hacia abajo, contra la humedad y el frío del suelo, mediante el piso. Se utilizaban las maderas más recias dándole preferencia al pino Oregón. Es a partir del siglo XVIII -época boyante de la minería cerreña- cuando las construcciones se hacen más cuidadosamente, de tal suerte que algunas de ellas, pervivieron por muchos años.

Es necesario aclarar que desde el siglo XVIII, se advirtió claramente la presencia de tres clases sociales claramente definidas. “De un lado, una pequeña minoría étnica blanca que gobernaba la estructura social, (…) una mayoría indígena subordinada y (…) un grupo mestizo más numeroso que se limitó a combinar algo de ambos mun­dos (CONTRERAS:1990:13)

El primer grupo conformado por los que “usaron indumentaria europea, que se expendía en los bazares principales de la ciudad o era confeccionada sobre base de telas importadas por sastres frecuentemente franceses establecidos en la ciudad“, tuvieron viviendas cómodas y confortables para resistir el frío y las inclemencias atmosféricas que eran muy terribles en aquellas épocas.

El segundo grupo –el mayúsculo- conformado por los braceros que trabajaban el fondo del socavón, tuvieron habitaciones miserables y casi desamparadas. “Siglos más tarde, la explotación de los asentamientos  mineros estuvo enmarcada por el CAMPAMENTO donde moraron los mineros en casi tan precarias condiciones como las de la colonia. Sólo con muy escasas excepciones, algunos yacimientos se vieron favorecidos, en el mejor de los casos, con casas de alguna mejorada estructura, pero siempre se carácter provisional”

. “A pesar de las ingentes riquezas obtenidas no hubo programas de viviendas sólidas y dignas para el esforzado trabajador peruano”, remarca don Mario Samamé Boggio y, continua, “Haciendo una síntesis de esta situación minera se podría afirmar que ella ha creado desde simples asentamientos humanos hasta conspicuas ciudades. Se tendría así: campamentos, pueblos, centros industriales y ciudades. Con la salvedad de toda generalización se podría también afirmar que en el virreinato se crearon ciudades y asientos mineros en forma de pueblos y, en la república, particularmente en el siglo XIX y primera mitad del siglo XX, campamentos y centros industriales”.

Los extranjeros que llegaron a nuestra ciudad, encontraron claramente la diferencia entre las casas de unos y otros: “las viviendas mejores están bien instaladas y protegidas del frío por chimeneas inglesas” (Tschudi: 1966:261).

Esta es otra muestra de la vivienda – comercio que predominó a fines del siglo XIX en el Cerro de Pasco. En la plaza del comercio que más tarde va a cambiar de nombre por el de Centenario, está la que vemos. Pertenece al croata Pehovaz, con las mismas características del anterior edificio. Al costado derecho se ve el consulado austro húngaro con su escudo correspondiente en el frontis. Es a partir de 1890 cuando comienzan a proliferar estas construcciones de los europeos, austriacos, húngaros, croatas, franceses, italianos, ingleses, mismos que han desparecido por el implacable “Tajo Abierto” de la minería. Al centro de esta plaza se erigió en 1929 el monumento a la Columna Pasco. Hoy en día, en lugar que ocuparon estas añosas viviendas, hay un enorme hueco.

Esta es otra muestra de la vivienda – comercio que predominó a fines del siglo XIX en el Cerro de Pasco. En la plaza del comercio que más tarde va a cambiar de nombre por el de Centenario, está la que vemos. Pertenece al croata Pehovaz, con las mismas características del anterior edificio. Al costado derecho se ve el consulado austro húngaro con su escudo correspondiente en el frontis. Es a partir de 1890 cuando comienzan a proliferar estas construcciones de los europeos, austriacos, húngaros, croatas, franceses, italianos, ingleses, mismos que han desparecido por el implacable “Tajo Abierto” de la minería. Al centro de esta plaza se erigió en 1929 el monumento a la Columna Pasco. Hoy en día, en lugar que ocuparon estas añosas viviendas, hay un enorme hueco.
Esta es otra muestra de la vivienda – comercio que predominó a fines del siglo XIX en el Cerro de Pasco. En la plaza del comercio que más tarde va a cambiar de nombre por el de Centenario, está la que vemos. Pertenece al croata Pehovaz, con las mismas características del anterior edificio. Al costado derecho se ve el consulado austro húngaro con su escudo correspondiente en el frontis. Es a partir de 1890 cuando comienzan a proliferar estas construcciones de los europeos, austriacos, húngaros, croatas, franceses, italianos, ingleses, mismos que han desparecido por el implacable “Tajo Abierto” de la minería. Al centro de esta plaza se erigió en 1929 el monumento a la Columna Pasco. Hoy en día, en lugar que ocuparon estas añosas viviendas, hay un enorme hueco.

Ernest Middendorf, al arribar a nuestra ciudad, dice: “Un paisano y acaudalado minero, el señor Steel, quien se había enterado de nuestra llegada, vino a buscarme y cordialmente me invitó a alojarme en su casa. Después de haber conocido de este modo el Cerro de Pasco por su lado malo (había estado alojado en un mal hotel) llegué a conocerlo también por el lado positivo, pues la casa a la que me llevaron era de buena construcción e instalada como una residencia elegante de Lima, con alfombras, muebles finos, espejos, candelabros y vajilla de plata, en la que nos sirvieron una bien preparada comida, acompañada de excelentes vinos. Después de haber reposado algo, hicimos un paseo por la ciudad en compañía del dueño de casa. En la parte central de las casas son de dos pisos y algunas bastante bien construidas; se ven muchas tiendas bien surtidas de toda clase de mercadería. En la medida que uno se aleja del centro, las casas son cada vez más pequeñas y parecen chozas. Allí es donde viven los indios mineros, aglomerados casi siempre en estrechas habitaciones. (MIDDENDORF, Ernest (1973:11/112).

(Continúa…..

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