LA VIVIENDA CERREÑA (Segunda parte)

Una vivienda antigua superviviente a pesar de las explosiones mineras diarias. Amplio portalón que da acceso a las instalaciones interiores a través de un zaguán. Dos puertas laterales en el primer piso. En el segundo, donde están instalados los tres dormitorios, tienen el adorno de un amplio balcón. El techo era de paja en un comienzo, como los europeos usaban en su tierra. El riesgo de incendios por las descargas eléctricas determinó que se cambiara por la calamina. Aquí no pudo ser implantada las “tejas” porque los cambios bruscos de elevadas temperaturas del sol en el día a las noches heladas de muchos grados bajo cero, las destruyeron.
Una vivienda antigua superviviente a pesar de las explosiones mineras diarias. Amplio portalón que da acceso a las instalaciones interiores a través de un zaguán. Dos puertas laterales en el primer piso. En el segundo, donde están instalados los tres dormitorios, tienen el adorno de un amplio balcón. El techo era de paja en un comienzo, como los europeos usaban en su tierra. El riesgo de incendios por las descargas eléctricas determinó que se cambiara por la calamina. Aquí no pudo ser implantada las “tejas” porque los cambios bruscos de elevadas temperaturas del sol en el día a las noches heladas de muchos grados bajo cero, las destruyeron.

Otros viajeros importantes también nos dejaron sendas impresiones de las viviendas cerreñas: “Los edificios son los menos malos de todas aquellas poblaciones que hay en las pampas y punas de Bombón, con motivo de vivir allí varios mineros, comerciantes y rescatadores de plata; su planta es de tierra y canto, techadas con maderas e “ichu”; su figura cuadrilonga o cuadrada de un solo piso, rarísima vez blanqueada por fuera” (Hipólito Ruiz, 1778).

“El lugar está construido en la forma más irregular, con casas de un solo piso, techos de paja, sin ventanas, excepto de papel grueso, no hay chimenea aunque dicen que nieva por fuerza once meses del año y esporádicamente el mes restante (…) no hay un solo hogar en ninguna casa, de modo que usan braseros (estufas) en los que colocan carbón de turba, lo cual origina un aire tan peligroso que obliga a dejar las puertas abiertas para evitar perecer sofocados; muchos mueren de esa forma cada año” (Visitante inglés en 1825).

“En el Cerro, había hermosas casas de ladrillo entre las rústicas viviendas de los demás (gente acomodada). Siempre había poca luz del sol y en el mejor de los casos dos ventanitas cerradas con marco de madera. Había curiosamente, lujo (vajillas por ejemplo) en medio de un terrible atraso. Los extranjeros suelen vivir mejor” (Edward Poeppig en 1831).

Ya se habló, aunque brevemente, de las casas espléndidas de los ricos, es decir, de los opulentos mineros, comerciantes, hacendados etc. y de los miserables aposentos de los japiris. A continuación, nos referiremos a una casa de la gente que conformaba, digamos la clase media popular cerreña.

Abiertas las zanjas previamente trazadas de acuerdo a las particulares necesidades de cada dueño, se levantaban las bases de piedra y,  sobre ellas, las paredes que por lo regular tenían entre una vara y una vara y media de espesor. Fornidos tablones de pino con abrazaderas y seguros de metal llamados “galeras” moldeaban la pared hecha de barro previamente cernido y apisonado con una mezcla de abundante ichu para asegurar la cohesión interna.

Atacadas las galeras, se apisonaba el barro con un mazo gigantesco que con mucha dificultad podía levantar un hombre y se amarraban y se entretejían las esquinas a fin de asegurar la resistencia. A medida que se levantaba la pared, se iban colocando los dinteles, antepechos, umbrales, marcos y contramarcos de puertas y ventanas que recién se abrían al secarse los muros. Listas las paredes, se entrecruzaban los tijerales y crucetas con los entrepaños, para amarrarlos a la cumbrera.

Toda esta carpintería estaba trabajada en madera resistente sobre la que se tejía el techo de paja en ángulo más o menos agudo a dos vertientes, para que la lluvia, el granizo, la cellisca y, la nieve, circularan rápidamente sin encharcarse en la superficie. En la parte central del montante  se colocaba la Cruz de la Pasión, la que protegía a sus ocupantes y que con reverencia era colocada en la fiesta de “Zafa-Casa”.

El que las casas estuvieran techadas de paja fue la razón para que durante las tormentas atmosféricas se produjeran fatales incendios debido a las descargas eléctri­cas. “Los techos están cubiertos con paja por lo que hay muchos incendios en el pueblo” (Archibald Smith, 1835). Sólo a comienzos del siglo XX, con la creación de la Compañía de Bomberos y la colocación de pararrayos, amenguó este peligro.

Las casonas de las familias pudientes y visibles, lucían sólidos balcones de pino Oregón o pino blanco traído de Canadá. Estos balcones con amplios corredores  de cobertura de vidrios  protegían a la casa del frío ambiente exterior y, no obstante las lluvias y los  severos soles esteparios que recibían, jamás se deformaron.

“Las viviendas mejores están bien instaladas y protegidas del frío por buenas chimeneas inglesas; pero el que no permanece todo el día en la habitación con calefacción, dedicándose a las listas de jornales o a los libros de contabilidad, difícilmente se acostumbrará al hielo  tajante del aire y a lo desconsolado de los alrededores” (…) Los alquileres de las viviendas son también tan altos como no se encontrará en otra parte” (Juan Jacobo Von Tschudi, 1838)

Aquí nunca pudo utilizarse la teja, porque el cambio brusco de temperatura, de muchos grados bajo cero a los implacables soles del día, hacían añicos la fragilidad roja.

Sobre el segundo piso, entre el cielo raso y el techo de paja: la troje. Aquí se guardaban papas, ocas, mashuas, ollucos, ­trigo, cebada, chuño, caya, moray, mote y demás alimentos. En los montantes de madera, el colgajo de huayuncas de maíz, cueros de cerdo, carne seca y aperos y utensilios de trabajo. El clima extremadamente frío y seco conservaba los alimentos en buenas condiciones.

Otra vivienda antigua a la que han suprimido los balcones quedando solo el del centro, en el segundo piso. El amplio portalón, el zaguán que conducía a los patios interiores. Al extremo una vivienda de ladrillos con instalaciones “modernas”.
Otra vivienda antigua a la que han suprimido los balcones quedando solo el del centro, en el segundo piso. El amplio portalón, el zaguán que conducía a los patios interiores. Al extremo una vivienda de ladrillos con instalaciones “modernas”.

Continúa…..

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