Un notable alemán desconocido (Primera parte)

AguilaPor razones incompresibles, el destino reserva un rol protagónico a hombres que con el tiempo entran en una zona nebulosa que termina difuminando su nombre primero, su existencia después. Tal el caso del joven alemán, William Van Slooten, graduado con honores en la Universidad de Virginia los últimos años del siglo XIX. Gracias a él –su intuición, pertinacia y bien argumentada descripción- se debe la fundación de la compañía norteamericana en el Cerro de Pasco. Anteriormente, no obstante bien documentados informes, la poderosa firma Mac kay, se había desentendido del asunto.

Veamos por qué.

Viendo su  dinamismo y dedicación, un grupo de capitalistas norteamericanos le auspicia un viaje de observación y estudios por los distritos mineros estadounidenses desde California hasta Nueva Escocia, durante el de año 1881. El resultado es sorprendente. Después de su estudioso periplo presenta un detallado informe. El mundo financiero se sorprende con las perspectivas que le ofrecen aquellas zonas mineras. Su trabajo constituye un triunfo notable. Pero este joven no se queda allí. Decide seguir estudiando otras zonas fuera de los Estados Unidos. Visita Ecuador para efectuar un detallado estudio de la mina de oro de Zaruma, de la que tanto se hablaba en aquellos momentos. Llega con el entusiasmo al tope haciéndole cumplir con eficiencia las etapas de estudio  programadas. Es en aquel lugar donde se entera que no sólo el oro sino también la plata de más alta calidad y en cantidades asombrosas se hallaban en el Cerro de Pasco – Perú. Le informan que empresarios y trabajadores ecuatorianos tienen un poderoso nexo con esta ciudad minera desde antes de la lucha independentista. Allí existe todavía una alta calidad de orfebrería. Que en el cercano pueblo de Quiulacocha se habían asentado quiteños, lojanos y guayaquileños, expertos en el trabajo de la plata que abundaba en esa parte del Perú. Sin pensarlo dos veces dirigió sus pasos hacia el altísimo lugar donde comprobó, a poco de llegar, que todo lo que le habían asegurado era cierto. Después de entrevistas con mineros, empresarios, periodistas y vecinos, saca conclusiones que hace conocer a sus auspiciadores. Que la abundancia de plata había bajado pero, en cambio, brillantes menas de cobre de altísima calidad asomaban en los vericuetos de aquellas interminables galerías. Que nunca había percibido tanta maravilla junta. Él, que creía haberlo visto todo, quedó mudo de asombro.  Bajado a las minas y visitado los numerosos ingenios llegó a la conclusión que con un fuerte inversión económica se podría modernizar los trabajos que todavía utilizaban obsoletas técnicas españolas. Por aquellos días, incansable en sus descensos mineros y sus intempestivas salidas al frío gélido, sufrió una grave pulmonía que estuvo a punto de dar término a su vida. Auxiliado a tiempo, tuvo que ser regresado a su tierra natal pero ya con el propósito de volver en cuanto repusiera sus fuerzas. Naturalmente, los pormenores de su loca aventura minera se hizo conocida en Nueva York mediante los diarios que con gran admiración magnificaron sus relatos.

un aleman desconocidoPara entonces, la situación se agravaba en el Cerro de Pasco. Los mineros ya estaban cansados de pelear con el agua, su antigua enemiga, que seguía inundando galerías y “ahogando” vetas argentíferas, incrementando el desánimo. La minería cerreña decaía y, consecuentemente, el Estado sufría la falta de capitales. Las dificultades eran tan graves que la desesperanza se adueñó de todos los ánimos. El ingeniero Rosell, decía en 1892: “El Cerro de Pasco, después de 350 años de explotación ininterrumpida y de haber producido mil millones de pesos fuertes, está todavía casi virgen; sus trabajos más profundos no alcanzan todavía los cien metros, y todas las minas hoy invadidas por el agua, fueron abandonadas hace cuarenta años, cuando los “pacos” y demás minerales oxidados cedían el campo a la plata nativa y a la polvorilla argentífera. La última inundación que nuestra indolencia no ha querido vencer, vino a interrumpir precisamente una de las boyas más abundantes, cubriendo riquezas que aguardan un genio emprendedor y una voluntad resuelta para devolver  en poco tiempo al Perú, su antigua fama de opulencia”. (Informe de la Compañía Minera Pasco Peruana 1892:6)

Por su parte el ingeniero Pedro G. Venturo, en la página 39 de su “Estudio del Asiento Mineral de Pasco”, publicado en 1897:39, afirmaba: “Puedo agregar además, que las mejores minas que hoy están aguadas, se encuentran siempre en las proximidades de la caliza, y los mismos minerales ricos que actualmente se han extraído de Peña Blanca, se presentan con caliza (…) La riqueza del Cerro de Pasco en profundidad, no parece por lo tanto ser una fábula (porque) la indicación de los hechos manifiesta lo contrario”.

 Entre tanto Van Slooten, se entrevistaba con dos de sus vecinos en las oficinas de  Nueva York (15, Broad Street).  En este mismo edificio tenían sus oficinas: James Ali Haggin y Alfred W. Mc Cune, que –cosa curiosa- en esos momentos buscaban proyectos mineros en los cuales invertir.

Está demás decir que sus entusiasmados relatos respaldados con fotografías, planos, registros de laboratorio y demás informes, llegan a convencerlos para invertir en el Cerro de Pasco. Aumentaba el atractivo la noticia de que los mineros locales no obstante el enorme valor de sus  yacimientos, ante las dificultades para su explotación creían conveniente venderlos.

En 1897, diez años después del arribo de la primera comisión, el ingeniero norteamericano W. Mac Cune llega al Cerro de Pasco y con las técnicas de exploraciones diamantinas más avanzadas de la época, comprueba la variedad y abundancia de minerales de nuestros socavones, especialmente del cobre que, además de abundante, era de muy buena calidad. No sólo eso. La zona era eminentemente mineralizada. Era, a no dudarlo, un emporio extraordinario. Por otro lado, los informes de Von Sloten después de haber estado en nuestra ciudad, llegan a manos del financista norteamericano Twombly que, más tarde, también será socio financista de la nueva compañía.

En sus reuniones con los mineros del Cerro de Pasco, Slooten se entera de que todos ellos deseaban vender sus minas, cansados de batallar con mil y una dificultades. Hubo, claro está, un pequeño número de mineros que estaban conscientes del enorme valor de sus pertenencia y que, trabajándolas después de vencer la dificultades del agua, darían grandes resultados económicos. El minero que llevaba la voz cantante de este grupo era don Carlos Rizo Patrón quien, en la reunión de mineros habida el 10 de abril de 1900, había dicho, entre otras cosas:  “Está hoy al alcance del Cerro de Pasco, que no necesitamos brindar al capital extranjero, ni nacional las utilidades pingües que podemos alcanzar sin gran esfuerzo como compensación de los sacrificios más o menos prolongados que llevamos hechos para sostener nuestras propiedades y arrancarles un fruto para satisfacer las más imperiosas necesidades”. (ARAUCO, Herminio- “APUNTES’ en EL MINERO de octubre de 1901). En aquella ocasión, el ingeniero Carlos Postt, miembro de la Delegación de Minería, respaldando a Carlos Rizo Patrón sostuvo que: “Una sola pertenencia minera de cobre bastaba para pagar el valor total de las minas del Cerro de Pasco” (IBID).

Continúa…..

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