Un notable alemán desconocido (Segunda parte)

En el sereno análisis que hace en su trabajo don Herminio Arauco, dice: “¿Cuál era el valor de la riqueza privada antes de 1900?  Demos una mirada al patrón de 1900 y veremos un hermoso concierto de hombres de trabajo al servicio de la nación y de la colectividad del Cerro de Pasco haciendo riqueza privada y pública con la plata y el cobre. Allí están las 119 haciendas minerales fruto del trabajo colectivo y riqueza privada; allí están las catorce fundiciones que se levantaron en el Cerro de Pasco merced al esfuerzo individual, allí están los soles de plata de nueve décimos fino que quedaba en el país; allí están las instalaciones de Huaraucaca, Colquijirca y otros pequeños centros de trabajo de minas donde nunca se ha sentido el monopolio en forma alarmante…” (IBID).

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De nada valieron entonces éstos y otros alegatos. La decisión de la mayoría preponderó alentada por publicidad que desarrolló Mac Cune en nuestra ciudad. En poco tiempo, la suerte estaba echada.

De vuelta en su país,  Mac Cune cumple con informar al detalle el resultado de su visita al Cerro de Pasco, poniendo especial énfasis en las ventajas que ofrece el nuevo Código de Minería a la inversión extranjera y magnifica la mayoritaria decisión de los mineros de vender sus propiedades. Como era de esperarse, el informe logró despertar un gran interés en la persona de James B. Haggin que, verdadera­mente entusiasmado, convoca a varios destacados financistas norteamericanos y firma con ellos el convenio. Además de Haggin y Mac Cune, el grupo los conformaba J. Pierpont Morgan, los Vanderblit, la Testamentería de George Hearst, el industrial de acero Henry Clay Frick y el magnate banquero de San Francisco, Darius Ogden Mills. Así establecieron 10´000.000 de dólares para la empresa. Estos magnates, aportaron las siguientes cantidades: Haggin, tres millones; los intereses Vanderbildt, representados por Hamilton Mac Kown Twiombley, dos millones; Pierpont Mortgan, un millón; Hearts, un millón; Frick un millón; Mills, un millón; Mac Cune, el resto.

Contando con la presencia de los periodistas de diarios cerreños y limeños en un círculo de abogados, notarios y miembros del consulados norteamericano, directivos del Concejo Provincial de Pasco, el director y el cajero del Banco del Perú y Londres -Mac Cune que había llegado raudo a la ciudad minera- compró con dinero contante y sonante su hacienda La Esperanza a George Steel. Puso delante de él tres enormes bolsas de lona con diez mil  libras peruanas de oro cada una. Un total de treinta mil libras peruanas de oro, equivalentes a treinta mil libras esterlinas. Los flashes de las máquinas fotográficas deslumbraron el momento. La noticia transmitida por todos los diarios peruanos conmocionó a todos. El impacto que causó esta negociación pública fue impresionante. Los días siguientes, siempre en una marco de gran expectativa pública, Mac Cune compró las minas de Miguel Gallo Díez, abonando cien mil libras esterlinas por la propiedad, lo mismo que a Salomón Tello, Raquel Gallo, Isaac Alzamora, Baldomero Aspíllaga, Roberto Pfluker, José Payán, Ernesto Odriozola, Carlos Languasco,  Lercari, Martinelli, Ibarra, Hermanos Palomino, Chávez Rey, Pardo Villate, Botger etc. etc. etc. los primeros en vender sus propiedades. Más tarde serían otros que, contagiados de esta decisión, enajenaron sus minas en favor de los norteamerica­nos.

Haggin y Mac Cune  llegaron a comprar  al contado, 480 minas, lo que significaba el 80% de las minas del Cerro de Pasco. Adquieren también la concesión que estaba en poder de Ernesto Thorndike para construir el ferrocarril La Oroya – Cerro de Pasco. En los diarios de aquellos días, sus representantes hacían cotidianos denuncios de minas, dentro y fuera de la ciudad. Así nace la Cerro de Pasco Mining Company (Minería) y la Cerro de Pasco Railway Company, (Ferrocarriles) respectivamente. Todos los mineros peruanos habían estado ligados al capitalismo inglés a través del Banco del Perú y Londres cuya oficina estaba situada en la desaparecida Calle Parra. Otro de los intereses británicos estaba en la Casa Grace. Los bienes de ambos pasan a manos del capitalismo norteamericano de la Compañía que ya se había adueñado del 80% del total de minas del Cerro de Pasco.

“Durante su primera estada en el Cerro de Pasco que se extiende del 15 de setiembre al 8 de octubre de 1901, han comprado más de 300 pertenencias que les hacen dueños de las cuatro quintas partes del mineral cerreño. Este grandioso capital americano convertirá a este centro minero en uno de los primeros del mundo y el Perú podrá luchar ventajosamente contra Chile en los mercados del cobre. Entre este lote tan importante se encuentran los de los señores Steel, Tello, Martinelli, Ibarra, Hermanos Palomina, Chávez Rey, Villate, Botger, Lercari y otros (…) Con este motivo el despacho de la Diputación de Minería tiene un inmenso recargo de labores. Felizmente la larga experiencia del Sr. Negrete, Diputado y del Secretario Gabriel Costreau, permiten esperar que ese Despacho se ponga a las alturas de las circunstancias” (EL COMERCIO, 8 de octubre de 1901:1). “En el Perú, la presencia de la Cerro significa un desplazamiento del capital inglés por el norteamerica­no, y por lo tanto, la presencia de un nuevo eje internacional en el contexto de la ciudad peruana. De ahí que resulta significativo estudiar la estrategia implementada por esta corporación norteamericana para controlar y dominar un sector representativo de la economía nacional” (Ocampo, 1974.34).

un aleman desconocido 3A parte de las compras mencionadas, el representante norteamericano también efectúa el primer denuncio minero -vendrán muchos más- que es publicado en los diarios de la ciudad con el siguiente texto: Don James Mac Farland, de nacionalidad norteamericana, se ha presentado ante el Juzgado que Despacha el señor Juez, doctor Estanislao Solís, denunciando unos terrenos vacos situados en los alrededores de la ciudad y en los pastos de la Hacienda Paria con una extensión de 640,000 metros cuadrados, con los linderos siguientes: Por el norte, las pampas de San Judas y Pampaseca; por el sur, el camino real que conduce al caserío de Quiulacocha; por el este, la estación del ferrocarril; y por el oeste, la laguna de Quiulacocha. En su virtud, el señor Juez de la causa, por auto del 19 de setiembre último, admitió el denuncio, mandando se haga las publicaciones por el término de cuatro meses con citación de los Síndicos del Honorable Concejo Provincial de Pasco y el señor Presidente de la Honorable Junta Departamental. Lo que pongo en conocimiento del público a fin de que surta los efectos legales en cumplimiento de lo mandado. Cerro de Pasco, 3 de octubre de 1901- Fernando Santiago Portocarrero – Escribano del Estado (EL MINERO ILUSTRADO   Nº269:2) El resto es historia conocida

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