LA AVIACIÓN EN EL CERRO DE PASCO (Cuarta parte)

Aviacion en Cerro de Pasco 6El camino de la mencionada plazuela hasta el local del municipio, se hizo entre una tempestad de aplausos. Conocidas y elegantes damas de nuestra sociedad aplaudían también con entusiasmo desde los balcones en  donde presenciaban el hermoso cortejo.

Ancilotto, visiblemente emocionado, caminaba con la cabeza descubierta agradeciendo la recepción que le tributaba la ciudad declarada en fiesta con las calles embanderadas y las tiendas de comercio con las puertas cerradas.

La recepción ofrecida en la Municipalidad por el Alcalde, señor Alania, fue emocionante y breve. La sala de sesiones hallábase plena de concurrencia con  figuras distinguidas de la alta sociedad cerreña. Como parte central de la ceremonia de bienvenida, el Alcalde ofreció al aviador una copa de champaña y lo felicitó en cortas frases en nombre de la ciudad por la hazaña que con tanto éxito acababa de consumar. En momento oportuno lo  declaró huésped ilustre, entregándole las llaves de la ciudad. Ancilotto contestó con palabras de gratitud y brindó por el Perú. Terminado el acto, fue acompañado por ilustres caballeros hasta su alojamiento en el Hotel Universo

Ofreciendo más detalles a nuestros lectores sobre este sensacional raid aéreo –LOS ANDES, presentaba los datos del viaje: “Ancilotto salió de Lima a las 10:35 a.m. llegando al Cerro a las 12:10 del día y aterrizó en Quiulacocha a las 12:25 p.m., empleando, por consiguiente: 1 hora y 35 minutos en su recorrido y 1 hora 50 minutos hasta el momento de tocar tierra,  pues evolucionó sobre la ciudad y sus alrededores durante 15 minutos”.

El viaje lo había realizado sin contratiempo alguno por término medio a 5500 m.s.n.m. y la mayor altura alcanzada había sido 7000 m.s.n.m al pasar por el monte Meiggs, sobre el cual practicó algunas maniobras, encontrando los llamados pozos de aire que amenazaron la estabilidad del aparato. De la Oroya a esta capital, y a pesar de las evoluciones  que hizo sobre la pampa de Junín, empleó menos de ½ hora para los 123 km., lo que demuestra que el avión recorrió con una vertiginosa velocidad de más de 230 kph. La máquina empleada es de tipo “Balilla” de la casa ANSALDO, de un poder de 220 hp y de 230 kph.

El célebre aviador contaba con 25 años de edad, teniente de la aviación del ejército italiano, poseía 20 condecoraciones extranjeras y la medalla de oro al valor, que es la mayor recompensa que el ejército italiano otorga a los militares y que muy pocos poseen. Entre sus diversas hazañas bélicas figuraban la de haber atravesado un Draken – Balòn de observación austriaco, después de haber descargado sobre éste todas sus ametralladoras. Entre innumerables raids merece mencionar el de Roma a Varsovia, recorriendo 1900 km. en 9 horas.

En momentos en que Giovanni Ancilotto se hallaba almorzando en compañía de eminentes caballeros de nuestra sociedad en el Club de la Unión, se presentó ante él,  Antonio Alania, industrial panadero, en compañía de don Celso González, y puso en sus manos una hermosa copa de plata, pronunciando al hacerle entrega, breves frases de admiración y simpatía.

En la noche se efectuó el banquete ofrecido por el Alcalde Alania en honor de Ancilotto. A este agasajo asistieron más de 60 personas, entre las cuales se encontraban las más conspicuas personalidades de la sociedad. Ofreció el ágape el señor Quintana Gurt con palabras cargadas de emoción, en reconocimiento hacia tan dignísima personalidad. Al culminarla, una salva de aplausos coronó sus palabras. El servicio del banquete corrió a cargo del Hotel Universo y fue espléndido, así como también el baile que tuvo lugar en el Club de la Unión en honor del héroe.

Según los informes sólo se esperaba que el campo de aterrizaje fuese convenientemente arreglado y que llegase la gasolina que había sido enviada de Lima para que ofreciese variados espectáculos de aviación ya que el aparato se hallaba en excelentes condiciones que, en cualquier momento, podía elevarse para emprender un largo recorrido.

Asimismo se esperaba el arribo que haría el mecánico Lenzi, quien entre otros méritos contaba con el de haber acompañado al aviador italiano Stopani, en la carrera de velocidad mundial en Amberes, alcanzando el primer premio, en un aparato igual al que había tripulado para cruzar los Andes Giovanni Ancilotto.

A los muchos agasajos recibidos de parte de nuestra sociedad, para el señor Ancilotto, debemos agregar, el ofrecido en nombre de la juventud cerreña por el “Centro Social”,  consistente en un Té – Champagne. El amplio salón de sesiones de dicha institución se hallaba ampliamente engalanado con las banderas peruana e italiana; a ella asistieron el señor Prefecto del departamento el Dr. Eleodoro Macedo, el Presidente del Club de la Unión, Samuel Palacios Gálvez, el Alcalde de la ciudad Ricardo Alania y otros distinguidos caballeros, aparte de la totalidad de los socios. El señor Juan T. Picón Pinzas, en brillante y conceptuosa forma, manifestó al señor Ancilotto -vivamente emocionado- frases de congratulación y agradecimiento. Hablaron también el señor Prefecto y el Dr. Gerardo J. Lugo, haciendo resaltar los méritos del aviador y admirando su reciente hazaña. Concluido este hermoso agasajo de gran significación, los concurrentes acompañaron hasta su alojamiento al señor Ancilotto, entre vítores y aplausos.

En la noche, en el local del Club de La Unión, se le hizo entrega de un  valioso y artístico obsequio por parte de las señoritas Malpartida y Arias. En este acto, la señorita Romualda Arias pronunció un hermoso discurso que hizo vibrar de emoción a los presentes. Terminada esta ceremonia se jugaron interesantes partidas de bridge y luego se bailó animadamente hasta la 1:30 a.m., retirándose a esta hora la dignísima concurrencia  gratamente complacida de tan magnífica fiesta y despedidos por  el señor Palacios Gálvez,  Presidente de esta institución, cuyos socios con la gentileza que les caracteriza, atendieron finamente a los asistentes.

A la mañana siguiente después de las 8 a.m. el señor Ancilotto se trasladó acompañado de varias personalidades al campo de aviación de Quiulacocha, con el objeto de preparar su partida. Revisó minuciosamente su aeronave y seguro de su perfecta  conservación, procedió a hacer funcionar el motor, lográndolo sólo a las 10:30 a.m. El hielo había inmovilizado las piezas del motor. A esta hora, el campo se hallaba lleno de un gran gentío que asistía presa de indefinibles emociones, observando los preparativos de la magna empresa.

Antes de que el valiente piloto subiera a tripular su nave, el Alcalde le hizo entrega de una medalla de oro con brillantes en la que se leía: “La ciudad del Cerro de Pasco, como homenaje de admiración al héroe de Los Andes, Teniente Giovanni Ancilotto, por su brillante raid Lima – Cerro de Pasco – Mayo 2 de 1921”.

El señor Alania al colocar esta medalla en el pecho de este valeroso aviador se expresó así:

“Señor Ancilotto, señores: En nombre de la ciudad del Cerro de Pasco, cuya representación ejerzo como alcalde de ella, tengo el honor y la más grata satisfacción de entregar esta medalla, símbolo de cariño y admiración de los hijos de esta ciudad, por la hazaña grandiosa que habéis realizado, siendo el primero en atravesar los Andes del Perú, en vuestra gallarda nave (…) recibid un cariñoso abrazo y que todo sea felicidad a vuestro regreso del Cerro a la capital”. Un unánime y formidable grito de aclamación a Italia y al héroe, hendió los aires y ahogó las últimas palabras de nuestra autoridad comunal. En el mismo instante le hizo entrega de un cheque por Lp.371.0.00, producto de la colecta efectuada en esta ciudad para premiar la hazaña de Ancilotto.

 El alcalde de la ciudad envió un mensaje al Presidente Leguía y al alcalde de Lima, informándole de los viajes del aviador Giovanni Ancilotto. Concluida la ceremonia se puso en movimiento el motor a las 11:15 a.m. e intentó hacer el decollage, no efectuándolo, por las pésimas condiciones del improvisado campo de aviación. Puesto en movimiento nuevamente  a las 11:22 a.m. y después de recibir el saludo del señor Prefecto que acababa de llegar en tren, inició su decollage, en las peores condiciones posibles, habiendo manifestado antes de elevarse que, efectuaría el vuelo resueltamente aún cuando tenía la seguridad de que se hallaba en inminente peligro.

En efecto, después de recorrer unos 200 metros entre tumbos espantosos, debido al pésimo estado del campo de aviación cuyo terreno se había removido recientemente, y al encontrarse con una acequia honda y de 2 metros de ancho, con la pericia que le es característica y con la sangre fría natural de un hombre de su temple, consiguió que su aparato saltara ese obstáculo; pasando por un milagro de equilibrio, mantuvo su maravillosa nave durante 50 metros de recorrido, a un metro del suelo, cuando el millar de espectadores profundamente emocionados y en silencio, creían ya verlo estrellar contra el cerro que tenía adelante. El aparato guiado por el piloto, con una suavidad pasmosa, realiza un viraje portentoso  hacia la izquierda mientras se elevaba majestuosamente por los aires.

Es entonces que después de instantes de mucha emoción, que la multitud prorrumpió en una estruendosa ovación al aviador y al Perú. No se oían sino los votos que la enorme concurrencia formulaba por el feliz y completo éxito de este raid que formaba época en la aviación mundial y con el cual el aviador Ancilotto había batido el récord mundial de altura en aterrizaje y decollage.

El aviador se dirigió del campo de aviación sobre esta población donde realizó ceñidísimos virajes y arrojó innumerables volantes en los que agradecía a la patriótica población de Pasco por su acogida y hospitalidad, saludando especialmente a los hermanos obreros. Luego se volvió a dirigir al campo de aviación en donde descendió hasta 50 metros saludando a la muchedumbre que embargada de emoción se despedía agitando pañuelos y sombreros. En seguida, tomó nuevamente altura y enfiló su nave hacia Lima a las 11:32 a.m. para luego perderse de vista a las 11:35 a.m. A su paso por Smelter arrojó volantes con saludos de despedida y agradecimiento por el obsequio de una medalla de oro y por el hecho de haberle proporcionado la gasolina que había utilizado en su viaje de regreso.

A las 2 de la tarde, se anunciaba al público, a través de un pizarrón, que Ancilotto había aterrizado en el aeródromo de Maranga a la 1 de la tarde habiendo empleado por consiguiente 1 hora 28 minutos en su portentoso raid.

Una vez en Lima fue objeto de una recepción hermosísima. Salieron a recibirlo, tripulando sus respectivas naves, el cuerpo de aviadores de la capital quienes, más tarde, le ofrecieron un almuerzo en San Miguel y en la noche, un gran banquete en el zoológico para el cual se habían inscrito 1500 personas.

Todos estos acontecimientos contribuyeron a despertar en nuestros jóvenes, las ansias de volar, habiéndose registrado con gran éxito el nombre de muchos cerreños en las filas de la Fuerza Aérea Peruana, como el caso del valeroso piloto Gastón Quirós, quien, al efectuar un vuelo de prueba en el desierto de Sechura, cayó a tierra por desperfecto de su máquina y fue sepultado entre su nave siendo felizmente rescatado después de varios días de búsqueda. Más tarde, este piloto cerreño tuvo heroica acción en el conflicto con el Ecuador.

LA AVIACIÓN EN EL CERRO DE PASCO (Tercera parte)

El Raid Aéreo Lima – Cerro – Lima

Los primeros días de mayo de 1921, se cumplió el sueño de todos los cerreños. Ese día se realizó con gran éxito el mencionado raid. La población se hallaba poseída de indescriptible júbilo por la estupenda hazaña del aviador italiano Giovanni Ancilotto, al pasar por el punto más culminante de nuestros Andes. La gigantesca empresa efectuada por el hábil piloto batiendo, un récord mundial, había despertado sin duda, en todo los ámbitos del país la más grata de las sensaciones y las más grandes de las simpatías.

Aparte de este monumental vuelo que acababa de realizar Ancilloto, cábele el orgullo de haber batido un record que repercutió notablemente en el mundo de la aviación.

Las expectativas del público desde el anuncio del atrevido raid, fueron intensificándose cada vez más y la ansiedad a medida que el tiempo transcurría se hacía más grande.

En las páginas de su monumental libro LA AVIACIÓN EN EL PERÚ, el capitán F. A. P retirado, Alberto Fernández Prada Effio, refiere así aquella hazaña: “El dos de mayo de 1921, Giovanni Ancilloto, piloteando un avión “S V A” de caza, motor “SPA – 6” tipo “Balilla”, partía de Maranga a las 5.40 horas con rumbo al Cerro de Pasco. En su desplazamiento alcanzó una altura de 17,589 pies, sobre el nivel del mar, al sobrevolar el Monte Meiggs, el punto más elevado de los Andes y recorriendo más de 1,000 kilómetros en 8 horas de vuelo; toda una hazaña entonces. El Inspector de Correos, señor Luis Rosas Castro, telegrafió a Palacio de Gobierno en Lima, dando cuenta del éxito del aviador italiano. El 8 de mayo de 1921- después de haber gozado de los homenajes que el Cerro de Pasco le brindó- Ancilloto emprende el regreso a Lima, sobrevolando nuevamente los Andes, aterrizando en Maranga después de 1. 30. El audaz piloto italiano, entre tantos obsequios recibidos por su hazaña, trajo una hermosa Cruz de Malta, de oro macizo, que tenía la siguiente inscripción: “Homenaje de la ciudad del Cerro de Pasco, en los Andes, al Teniente Giovanni Ancilloto, por su brillante raid: Lima – Cerro de Pasco.- Mayo de 1921”.

De acuerdo a lo que dicen los diarios de entonces, seguimos reproduciendo la emoción vivida por nuestra gente: “El domingo, como el día anterior, una multitud de personas se dirigió al campo de aviación y las gentes todas de la ciudad, escudriñaban continuamente el horizonte en espera de que de un momento a otro se presentara la nave, pero terminó el día sin poder ver cumplido su deseo de admirarlo. Se envió, entonces, el siguiente telegrama a La Oroya preguntando sobre el viaje del aviador, obteniéndose la respuesta positiva.

Como se ve, Ancilotto subió el domingo hasta Ticlio de donde regresó a Lima a causa del mal tiempo en la cordillera, sin embargo la prensa recibió la sensacional noticia telegráfica de que el aviador había pasado por la Oroya a las 11:45 a.m. Inmediatamente fijó la noticia en una pizarra por lo que el público se llenó de júbilo, y en ese momento, gran número de personas se dirigió al campo de aterrizaje de Quiulacocha.

Minutos después de las doce del meridiano se avistó el avión hacia el cerro de Uliachín produciendo un delirante entusiasmo que se tradujo en aplausos y gritos. Los cerros de Santa Catalina, Jaujaypata, Huancapucro y Mesapata se hallaban cubiertos de espectadores que agitaban banderas, sombreros y pañuelos en señal de regocijo y bienvenida al piloto italiano.

Aviacion en Cerro de Pasco 0

Su ingreso a la zona de la población lo hizo Ancilotto a 4500 m.s.n.m., descendiendo suavemente a medida que volaba sobre la ciudad hasta llegar a los 200 m. Eran entonces las 12:10 p.m., habiendo cubierto por lo tanto la distancia entre Lima y Cerro, en una hora y 35 minutos. A esta altura (200 m.) realizó diversas y hermosas evoluciones ante la mirada emocionada y atónita de los cerreños que vitoreaban y aplaudían al héroe italiano, luego se dirigió hacia el campo de aterrizaje. Aterrizó en forma elegantísima e impecable, en medio de ensordecedores aplausos  en el campo de Quiulacocha. Era las 12:25 p.m.

El aparato recorrió aún después de tocar tierra, cerca de 400 m., en terreno desigual que el aviador supo salvar con inteligencia, evitando así un posible accidente.

A esta hora sólo se hallaban en el campo de aviación los señores Carlos y Pío Languasco y Enrique Travi, pues la rapidez del viaje y lo sorpresivo de la llegada del piloto italiano, no permitió que acudiesen autoridades y más gente a darle la bienvenida en el lugar de su descenso.

Los Sres. Languasco y Travi apenas tuvieron tiempo para prender 4 grandes fogatas que señalaban el lugar donde debía aterrizar cuando la nave tripulada por Ancilotto apareció en el espacio.

Avistadas las señales por el aviador, éste enfiló la maravillosa ave mecánica hacia el campo de aterrizaje, descendiendo sutilmente. Inmediatamente se precipitaron sobre él, intensamente emocionados, Languasco y Travi y abrazaron emocionada y estrechamente al célebre y heroico aviador. El instante era verdaderamente conmovedor.

Momentos después llegaban al campo, en automóvil, el doctor Miguel Martínez,  Presidente de la Corte Superior; el doctor Zárate, vocal de la misma; el señor Ricardo Alania, Alcalde de la ciudad; el señor Luis T. Ibarra, Tesorero Fiscal; el señor Samuel Palacios Gálvez, Presidente del Club de la Unión; Francisco Benvenutto,  y muchos otros caballeros más, quienes le dieron la bienvenida al osado piloto. El aviador Ancilotto, subió a la motocicleta de los señores Languasco y en ella hizo el viaje hasta el Cerro de Pasco. Al pasar por el pueblo de Quiulacocha fue obsequiado por el señor Oscar Ibarra, vecino de ese lugar, con un hermoso ramo de pensamientos.

Durante su trayecto la multitud que se dirigía a su encuentro dándole la bienvenida, prorrumpía en constantes ovaciones al piloto quien, sonriente, correspondía a esas demostraciones de simpatía y admiración con vivas al Perú.

Innumerables camiones, autos y carretas, llenos de pasajeros seguían a la motocicleta donde viajaba Ancilotto. Al llegar éste a la plazuela de Tambo Colorado recibió el obsequio de otro ramo de flores –presente del consulado italiano- entregado esta vez por la señorita Norma Luchini; luego, la enorme concurrencia lo obligó a descender del vehículo que lo transportaba y  en hombros y en medio de delirantes ovaciones y vítores a Italia y al aviador, entró en el centro de la ciudad, en justiciero y merecido trayecto triunfal.

CONTINUA…

CONTINÚA…..

LA AVIACIÓN EN EL CERRO DE PASCO (Segunda parte)

Aviacion en Cerro de Pasco 2La instauración de la aviación militar en el Perú.

El 23 de setiembre de 1919, en medio de una algarabía general, llega a Lima la misión militar francesa conduciendo catorce aviones de acrobacia, reconocimiento e instrucción, presididos por el Teniente Coronel Jules D. Bueaudiez; el Mayor Louis Condoret y el Teniente Joseph Romanet, todos héroes de la primera guerra mundial. Venían a instaurar la Aviación Militar en nuestra patria.

El entusiasmo de nuestro pueblo fue en aumento a partir de esta noticia. Tan es así que, en julio de 1920, un arequipeño notable, muy querido, afincado en nuestra tierra, don Francisco Valdivia, “Don Panchito Valdivia”, experto mecánico de la Cerro de Pasco Copper Corporation, utilizando planos que le envía su amigo Elmer Faucett, mecánico de la misión norteamericana, llegado en Julio de ese año al Perú- arma un avión Curtis Oriol en los talleres de la compañía. ¡El pueblo no cabe de contento!. La nave fue exhibida y paseada entre aclamaciones por las calles de nuestra ciudad.

Consciente de la necesidad de implementación de nuestra aviación, a iniciativa  de las delegaciones, francesa y norteamericana, el pueblo cerreño decide contribuir masivamente en forma pecuniaria. Instaura el CIRCULO AEREO PRO AVIACIÓN DEL CERRO DE PASCO, integrada por notables ciudadanos bajo la presidencia de Juan. T. Picón Pinzas, reuniendo en su seno a notables damas que trabajaron n arduamente para colectar fondos monetarios para el cumplimiento de una meta muy clara. Mediante fiestas, kermesses, rifas, erogaciones, funciones teatrales y corridas de toros, reúnen los fondos necesarios para comprar no uno, sino dos aviones de combate.

Ya en posesión de la bolsa pecuniaria requerida, el Círculo Aéreo Cerreño con el apoyo del consulado francés de nuestra ciudad, coordinan con el Ministerio de Guerra y compra dos aviones caza de guerra SALMSON, del gobierno francés. ¡Los dos primeros aviones de nuestra fuerza aérea regalados por nuestra ciudad! Emocionado por este acto de alta filantropía y patriotismo, el Ministro de Guerra, doctor Benjamín Huamán de los Heros, toma una decisión muy encomiable. El pueblo que tan generosamente había hecho un regalo de tal magnitud, debía ver en acción de vuelo a una de las naves. Uno de los aviones quedaría en Lima, mientras el otro, desarmado, era enviado por ferrocarril a nuestra ciudad. Para efectuar la demostración y, de paso, agradecer al pueblo cerreño, llega una delegación integrada por el Teniente de la Fuerza Aérea Francesa Joseph Romanet; el Jefe de la Escuela de Mecánicos de Aviación, Abel Bremond; los mecánicos Manuel Sánchez, Ricardo Arredondo y Adán Solórzano. Son recibidos por el Prefecto, don Jorge Robinson, el Alcalde Ricardo Alania, el cónsul francés y el pueblo en pleno.

Sin pérdida de tiempo, con el auxilio de los técnicos cerreños, proceden a armar la flamante nave de combate. La expectativa en todos los medios es notable. El escenario para la prueba es el amplio tinglado de Occoroyoc y Quiulacocha que ha sido adecuado por los servidores de la Cerro de Pasco y del Concejo Provincial, cuyo Alcalde, don Ricardo Alania puso especial interés. Así las cosas, se programa el vuelo de exhibición para las nueve de la mañana del 2 de setiembre de 1920.

Desde la madrugada de aquel día especial, nutrido grupo de curiosos en carros, carretas, caballos y a pie, han llegado al escenario de la prueba. La expectativa es extraordinaria. Aquel día se experimenta el primer fracaso. La nave que había sido llevada a Occoroyoc el día anterior y cobijado en una improvisada carpa de lona, se había averiado seriamente por el peso de la nieve caída en la zona desde el mediodía anterior. El avión presentaba serias abolladuras en el fuselaje, los alerones dañados y el timón a punto de quebrarse, doblado peligrosamente. Los técnicos y pilotos allí presentes dijeron  que era imposible realizar ningún vuelo en tanto no se repararan los desperfectos; es más, consideraban de imperiosa necesidad la construcción de un hangar que guareciera debidamente a la nave, ya que el tiempo era sumamente agresivo. Para repararlo debidamente- decían- había que devolver el aparato a Lima.

El desánimo hizo presa de las personas que venciendo las dificultades del trayecto y copiosa nieve se habían congregado en Occoroyoc. Los comentarios estaban impregnados de abatimiento y pesimismo. Pronto este desaliento invadió todos los sectores de nuestra población. Algunos periodistas no hicieron sino alimentar el pesimismo con antojadizos comentarios de decepción. Sin embargo, hubo un grupo de hombres que no se dejó abatir por el contratiempo. Poniendo especial empeño, dedicación y trabajo, superó el desánimo. El 13 de setiembre, el Prefecto Jorge Robinson; el Alcalde, Ricardo Alania y el Presidente de la Beneficencia Pública, Luis T. Ibarra, se reunieron con el Superintendente de la «Compañía», C. O. Steel, quien, imbuido de un afán de colaboración, ofreció la construcción del hangar y la mejor adecuación del campo de aterrizaje.

Sin embargo, de manera inmediata, la delegación francesa, después de emitir un informe negativo, había retomado a Lima. Según los franceses, ya nada había por hacer. En ese momento, el mecánico peruano Adán R. Solórzano, comprendiendo el esfuerzo del altruista pueblo cerreño, decide quedarse para reparar la máquina averiada y dirigir la adecuación del campo de aterrizaje. Tuvo que renunciar a su puesto de mecánico en la Escuela de Aviación. Este gesto determinó que el pueblo, en recompensa, reuniera una bolsa pecuniaria para pagar sus honorarios correspondientes, su alimentación y estadía.

Con la esperanzas renacidas, el pueblo celebró el 25 de octubre, la entrega de el hangar y el campo preparado por la compañía. De inmediato se trasladó el avión y se comunicó al Ministerio de Guerra.

Para cumplir con los vuelos pertinentes ofrecidos en su oportunidad, el Ministerio de Guerra envía al piloto Ismael Montoya que es recibido como héroe en nuestra Estación. Aquí acontece el segundo fracaso. El piloto que llegaba, es presa de un terrible «soroche» que en poco tiempo se le complica con un edema pulmonar agudo que determina su inmediato retomo a Lima en tren expreso.

NUEVO CONTRATIEMPO

Cuando el pesimismo se había adueñado del pueblo, ocurre un hecho providencial. Una Aviacion en Cerro de Pasco 3noche invernal, entre los pasajeros que arribaban a la Estación del ferrocarril procedentes de Lima, se distinguía a un hombre joven de intensos ojos azules y cabellera rubia que, cubierto con una acolchada chamarra de cuero, trataba de pasar inadvertido por todos los medios; portando un maletín de mano y una bufanda con la que se cubría el rostro, se alojó en el Hotel Universo registrándose con el nombre de Jhon Smith, negándose a dar más datos personales a los empleados del Hotel.

Al día siguiente, muy temprano, fue en busca del mecánico del avión con el que se habían carteado profusamente, y luego de explicarle al detalle el motivo de su viaje, visitó al Prefecto titular don Eleodoro Macedo. El rubio recién llegado, dijo ser miembro del Cuerpo de Instructores de la Aviación Francesa acantonado en Lima y que su nombre era Charles Corsant; que enterado de los continuos fracasos en los que habían incurrido sus colegas, él deseaba reivindicarlos. Mencionó que los principales obstáculos para el cumplimiento de la proeza eran, la rareza del aire y la baja presión atmosférica a las que se unía el mal tiempo reinante. En conclusión, él se ofrecía graciosamente a efectuar el vuelo con la única condición de mantenerse en completa reserva el hecho, por dos razones: la primera, porque había venido sin permiso de sus superiores, acuciado por el reto que significaba el realizar el vuelo a estas alturas; segundo, que caso de alguna avería del aparato, mal tiempo u otro imponderable, no deseaba que el pueblo sufriera con un fracaso más; por eso exigía que su misión se mantuviera en hermético secreto.

En posición de esta solicitud, el Prefecto lo condujo de inmediato al campo de aterrizaje donde,  revisada la nave y comprobada la funcionalidad del campo, dictó las disposiciones pertinentes y adecuadas para efectuar el consabido vuelo al día siguiente.

A las cuatro de la tarde del siete de noviembre de 1920, se presentó el piloto francés en compañía de las autoridades locales. Al llegar al campo, quedaron muy sorprendidos. No obstante haberse efectuado todos los preparativos en secreto –ni los periodistas conocían el hecho- más de cinco mil personas cercaban el campo de aviación en uno de cuyos extremos esperaba la flamante nave aguileña.

Por fin había llegado el día tan esperado por el pueblo del Cerro de Pasco. Todas sus esperanzas estaban fijadas en aquel joven de límpida mirada que ahora, premunido de gorra de cuero con orejeras forradas en piel de cordero y sus correspondientes anteojos, estaba abrigado por una bufanda de lana blanca que apenas asomaba por el sacón de cuero de alzadas solapas abrigadoras. Un pantalón de montar asegurado con brillantes botas de cuero completaba su atuendo.

El avión estaba en perfectas condiciones y el terreno adecuado para el vuelo. El joven piloto francés estaba ante una terrible interrogante que con valor debía despejar: saber si la nave podía despegar y aterrizar a semejante altura: 14,660 pies. No en vano estábamos en la ciudad más alta del mundo, a 4,380 metros sobre el nivel del mar, donde la presión atmosférica es todo un problema para el despegue y estabilidad de una nave aérea.

Con verdadera previsión -a fin de aligerar el peso- puso la gasolina y el aceite estrictamente necesarios. Todas estas maniobras eran contempladas por un público mudo de expectación y asombro. Todo listo subió a la nave y se instaló al mando en medio de los cariñosos aplausos de los circunstantes.

El silencio era expectante. Encendió el motor y lo hizo girar para llevarlo al extremo este del campo en donde viró poniendo la proa a occidente. Pasados unos minutos de profundo silencio en los que el motor se calentaba para alcanzar potencia, tomó la pista con la velocidad máxima que permitía la máquina, fatalmente sin lograr el ansiado ascenso salvo algunos saltos de dos o tres metros de altura. Después de recorrer unos 550 metros sin lograr su objetivo, frenó y apagó el motor para evitar cualquier contingencia desagradable. El silencio del público era tal que parecía no existir. Comenzaba a adueñarse el pesimismo en los espectadores.

Lo que había comprobado el piloto en esta primera intentona ratificaba el principio de que la rarefacción del aire y la poca presión atmosférica, no brindaban la resistencia necesaria para que el aparato pudiera sostenerse en el aire; además, la nave era poco movible y su timón de profundidad carecía de amplitud de juego.

Así las cosas y decidido a no dejarse vencer por la prueba, Corsant volvió sobre sus pasos, pero para ir más allá, hasta debajo de una línea de alta tensión que pasaba unos metros más arriba. Esta vez imprimió la velocidad máxima al aparato que raudo comenzó a deslizarse por la pista. Al concluir el recorrido de los 550 metros y teniendo un cerro al frente, se elevó milagrosamente con hábil maniobra y logró vencer el obstáculo. Ya en el aire, triunfante, en medio de atronadores aplausos, el piloto dio varias vueltas sobre Quiulacocha, Rancas y Yurajhuanca. La gente no sabía qué hacer. Estaba presenciando un milagro extraordinario. Los pañuelos al aire, las palmas, vivas y maquinitas eran sorprendentes. Cuando había dado varias vueltas sobre el Cerro de Pasco, las cerrazones que encapotaban la ciudad se deshicieron en una fuerte granizada que estuvo a punto de hacer perder la estabilidad de la nave, obligando al piloto a efectuar un aterrizaje emergente que se realizó con gran éxito. Lo que ocurrió después, fue apoteósico. El pueblo visiblemente emocionado, sin importarle para nada la intensa granizada, levantó en hombros al joven piloto francés y héroe de la Primera Guerra Mundial, dando vivas al Perú, a Francia, a la aviación y lógicamente al Cerro de Pasco.

Una vez más, gracias al valor y tesón, se había triunfado. El pueblo minero había visto en vuelo uno de los dos aviones que había comprado y se sentía honradamente feliz por haber contribuido con su peculio a engrosar la gloriosa Fuerza Aérea del Perú.

En cuanto al piloto francés Charles Corsant, nuestro pueblo agradecido, le regaló con una medalla de oro, cinco mil soles de oro, y le abrumó de homenajes y cariñosas atenciones. La noticia de esta hazaña hizo vibrar los telégrafos, poniendo al Cerro de Pasco en el centro de una admirable vorágine de admiración.

EL MINERO, decía: “El entusiasmo por la aviación había crecido en nuestra ciudad hasta el extremos que todos los empleados y obreros de la Cerro de Pasco Railway Company y de la Cerro de Pasco Minning Company, donaron voluntariamente un día de trabajo cada uno, llegando a reunir la crecida suma de 100,000 soles  oro que, previa comunicación, se envió al Ministerio de Guerra para la compra de un nuevo avión de combate que fuera a engrosar nuestra naciente Fuerza Aérea. La única condición impuesta fue que la nave llevara el nombre de “Cerro de Pasco”. Las dos anteriores no llevaban ninguna inscripción alusiva a su donación.

Por aquellos tiempos -ya comenzando los días soleados de verano serrano-  llegaron de Lima los pilotos italianos, Alberto Pizzini y Giovanni Ancilotto con el fin de realizar un raid del Cerro de Pasco a Lima y viceversa, consiguiendo para ello todo el apoyo de las autoridades. Ambos eran héroes de la Primera Guerra Mundial. Giovanni Ancilloto, en diciembre de 1917, durante los pavorosos días de la Gran Guerra en la zona de Piave, Italia, realiza la proeza jamás igualada de atacar y atravesar con su débil avión MERCECHI la envoltura de un globo cautivo, un “Balloni Draghi”, ingenioso sistema de observación usado por los austriacos y cuyos ocupantes encontraron la muerte al estrellarse y quedar destruido el globo en tierra, mientras Ancilloto, con las alas de su avión casi destrozadas y llevando aún prendidos algunos fragmentos y restos de la aeronave enemiga, continuó el vuelo hacia sus líneas. Este interesante episodio que conmovió a toda Italia, consagró definitivamente la intrepidez y el arrojo de aquel vencedor del espacio y marcó los en anales de esa cruenta lucha, una fecha memorable.

El “Club de la Unión” decidió, con este fin, realizar una colecta en el pueblo con el fin de regalar un avión al primer piloto, civil o militar, nacional o extranjero, que realice el raid Cerro – Lima – Cerro         CONTINÚA….

LA AVIACIÓN EN EL CERRO DE PASCO (Primera parte)

Aviacion en Cerro de PascoAlentado por un bien documentado periodismo de comienzos del siglo XX, el Cerro de Pasco asume la novísima afición que comenzaba a causar sensación en el mundo: la Aeronáutica. Pocos pueblos como el nuestro estuvieron pendientes de sus espectaculares logros. Desde aquel lejano 17 de diciembre de 1903, cuando el precursor Orville Wright, en frágil aparato de alambre, madera y tela, realiza el primer vuelo en Kitty Hawk (Estados Unidos de Norteamérica), los periódicos cerreños llenaron  sus páginas con los últimos acontecimientos del caso. Era un  tema recurrente. Páginas enteras se dedicaron a las actividades que se efectuaban en los cielos del mundo. Así, en una nota editorial de “Los Andes”, escrita por el director, Sebastián Estrella Robles, decía: “Por naturales exigencias de la vida de relación, es el movimiento y cambio de lugar, una de las más imperiosas necesidades del hombre. Como quiera que el gozo de la satisfacción es tanto más intensa cuanto mayor la necesidad sentida, el hombre halla verdadero placer en trasladarse rápidamente de un punto a otro sin tropezar con obstáculos. Ya los poetas griegos atribuyeron a los dioses la facultad de moverse rápidamente en todas las direcciones y recorrer en un momento, enormes  distancias. En cambio los pueblos orientales, concibieron dioses soñolientos, perezosos e imperturbables, en perpetua inmovilidad. No era posible que, acostumbrados a la idea inmóvil de Brahma, surgieran los hierofantes de la locomoción como Watt, Stephenson, Montgolfier o Cougnoto. Hombres que convirtieron en práctica viejos sueños de los carros de fuego, violentos hipogrifos,  sutilísimas alas de genios, héroes y dioses que servían para moverse a su libre albedrío por la inmensidad de los cielos.

El Renacimiento despertó el afán de los viajes, de las exploraciones y descubrimientos geográficos, en busca de nuevos escenarios dónde asentar su planta y abrir anchas vías en el camino del perfeccionamiento humano. El anhelo de moverse rápidamente por los aires, ofrece tres etapas: La místico-religiosa, la teo-demoníaca y la científica. Cada una correspondiente  a las edades antigua, media y moderna. La primera tiene el carácter religioso que nos hace recordar el pasaje del Evangelio en que el espíritu del maligno lleva a Cristo en volandas hasta las alturas del templo; y  aquel otro en que el Salvador asciende milagrosamente al cielo. En los hechos de los Apóstoles leemos que Simón Mago intentó elevarse por los aires. La vida de los taumaturgos está llena de milagros aéreos, desde San Pablo que se eleva al séptimo cielo a  San Antonio de Padua, que es favorecido con el don de la ubicuidad. Más tarde, en la Edad Media, la superstición y fanatismo ignorantes, otorgan al demonio un poder excepcional de todos los prodigios y, cotidianamente, se ven desplazándose por los aires a  cabalgata aérea de brujas montadas en palos de escoba y demonios en busca de la perdición del hombre. Los siglos XVI y XVII marcan el renacimiento científico donde se mecen las ciencias que dan origen a Galileo y Descartes que descorren el velo tras el cual se ocultaban las ciencias físicas y naturales. El telescopio dilataba la extensión de los cielos dando infinito campo a la vista humana e impulso a la astrología, la alquimia, la nigromancia, la  teúrgia, todas las ciencias ocultas a cuyo estudio se entregaron hombres tan doctos como Paracelso y Cardano. Entonces surgió el anhelo de vencer la pesadez de la materia física y dominar el espacio y el tiempo, dos formas tiránicas del infinito. El siglo XVIII produjo una profunda revolución intelectual, especialmente en Francia. Fue la época de la Filosofía.  Todo se puso en discusión y en tela de juicio resumido en la enciclopedia, personificado por Voltaire, soberano de los entendimientos. Entonces los genios de Watt, Fulton, Papín, Stephenson, Cugnot y Montgolfier dieron la primera forma de rapidez y estabilidad a locomociones terrestres, marítimas y aéreas. Julio Verne nos dice en sus obras que todo es posible. En estos últimos días nos llegan noticias de que el hombre está comenzando a dominar el espacio con el fin de llegar más rápido a su destino, obviando distancias y geografías. En nuestras páginas hallarán, nuestros lectores, todas las noticias referidas a esta aventura que supera los límites de lo soñado por los más osados”.

La primicia que lanza “El Industrial” en primera página, dice “Primeros vuelos a motor en Europa”.- “Durante el mes de noviembre de 1906, en Bagatelle, Francia, el aviador brasileño Alberto Santos Dumont ha logrado volar una distancia de 220 metros, durante casi 21 segundos, estableciendo así un récord increíble que demuestra, por primera vez en Europa, la posibilidad de sustentación de máquinas más pesadas que el aire”.

Lo que vino después es una sucesiva racha de notables informaciones respecto del adelanto de la aviación. En la “Pirámide de Junín” se detallaba: “En 1905 los Wright demuestran en Dayton, Ohio, con su modelo Flyer III, disponer de un avión confiable al volar durante 38 minutos estableciendo un nuevo récord mundial de tiempo en vuelo. La incipiente aviación encuentra entretanto en Francia el escenario de otros resonantes avances, es allí en donde Wilbur y Orville Wright obtienen el reconocimiento que les es retaceado inicialmente en su propio país”.

“En octubre de 1907 el francés Henri Farman, establece un nuevo récord de velocidad: Ha alcanzado 53 kilómetros por hora en un biplano en Issy-les-Moulineaux, Francia”.

“En noviembre de 1908, Wilbur Wright en un biplano establece un nuevo récord mundial al volar a 25 metros de altura en Camp d’Auvours, Francia”. “Tan sólo unos meses después -finales de 1908 -el norteamericano Glenn H. Curtiss logra volar con un avión biplano diseñado por la American Experiment Association y denominado June Bug, una distancia superior a una milla en Hammondsport, Nueva York”.

Una proeza extraordinaria en el Cerro de Pasco.

Las noticias difundidas por los diarios cerreños habían causado tal sensación que tres amigos que cumplían actividades mineras en nuestra ciudad, deciden unir sus talentos para construir un avión. El pueblo está en vilo ante la noticia. Uno, el ingeniero Alfredo Armand, dueño de la mina “El Ebro”; otro, el ingeniero mecánico, Leonardo César Ugarte y, el tercero, el ingeniero electricista, Silvio Roggero. Producto de sus investigaciones y sucesivos experimentos con planos y estudios que se efectuaban en Estados Unidos y Europa –los consulados eran el nexo preciso- llegan a fabricar una nave y tras la exhibición en el pueblo, la hacen volar en los cielos cerreños con éxito notable. Fatalmente, el aparato después de unas vueltas espectaculares, se estrelló aparatosamente en la laguna de Quiulacocha, dejando el sello de la exitosa inventiva de los tres geniales amigos que son considerados, con mucha justicia, como pioneros de nuestra aviación. Hay que imaginarse la ola de admiración que se levantó en la ciudad. Esta vez, no sólo los periódicos locales magnificaron el suceso, también los de Lima y el extranjero. Al año siguiente -1909-, los diarios informan de la extraordinaria hazaña del piloto francés Bleriot al cruzar exitosamente el Canal de la Mancha. El diario “el Siglo”, informa así: “El 25 de julio de 1909, el aviador francés Louis Bleriot ha concretado la hazaña de volar sobre el Canal de la Mancha uniendo por primera vez en avión, Francia con Inglaterra. El vuelo se inició en Calais culminando sin sobresaltos 40 minutos más tarde en Dover. Bleriot ha utilizado para esta proeza un avión monoplano de su propia fabricación equipado con un motor de 28 HP y ha realizado gran parte de su travesía volando a baja altura. La trascendencia de su hazaña tendrá repercusiones políticas y estratégicas. Por primera vez Inglaterra resulta accesible por aire relativizándose así la importancia defensiva que hasta entonces le otorgan a sus fronteras marítimas”.

Como no podía ser de otra manera, el pueblo cerreño se conmueve profundamente al conocer el notable intento de Jorge Chávez Dartnell, de cruzar los Alpes aquel fatal 23 de setiembre de 1910. Fue sentida su trágica muerte al estrellarse  su avión cuando casi había logrado superar la meta.

Aviacion en Cerro de Pasco 1Son también noticias de primera plana los vuelos experimentales en planeadores que realizan entre Lima y Arequipa algunos pilotos peruanos entre 1910 y 1911; la llegada de Carlos Tenaud y Juan Bielovucic, en enero de 1911, para efectuar  demostraciones de la pericia que habían adquirido en Europa; la trágica muerte de Carlos Tenaud, el dos de febrero de 1911, al enredársele su nave en unos cables de alta tensión en Limatambo. Juan Bielovucic que ostenta el record mundial de travesía al volar 550 kilómetros de París a Burdeos el año anterior, tiene mejor suerte que Tenaud y triunfa. El 29 de enero vuela a Ancón en 59 minutos causando asombro. Bielovicuc tenía una meta perfectamente definida. Para cumplirla se prepara en los cielos de Lima en vuelos diarios hasta el 25 de enero de 1913, en que se cubre de gloria al atravesar exitosamente Los Alpes, siguiendo la ruta trazada por Jorge Chávez. Hasta ese momento nadie había logrado superar la hazaña de Jorge Chávez su compatriota y amigo.

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Los diarios cerreños de entonces continúan informando al detalle las noticias de la aviación. El 12 de marzo de 1913, el piloto peruano Juan Ramón Montero, brevetado en Francia, efectúa el primer vuelo de crucero de larga distancia entre Bellavista y Pisco. Entre agosto y setiembre de 1915, el chileno Clodomiro Figueroa, realiza espectaculares demostraciones de sus habilidades en Mollendo, Arequipa y Lima. El 15 de diciembre de 1915, se ejecuta el primer vuelo de carácter militar en el Perú. El capitán Juan 0’Connor, brevetado en Francia en 1913, al mando de un Bleriot armado por él y el ingeniero Rómulo Burga Arana, con elementos sobrantes de los aparatos de los pilotos Rappini y Montero, sobrevuela el «Cascajal» en Monterrico y las playas de Conchán. Esta era una clara demostración de que nuestra aviación militar estaba lista para entrar en combate. En noviembre de 1916, el piloto chileno Eleodoro Rojas realiza una serie de vuelos acrobáticos en los cielos de Lima con la máquina de su compatriota Clodomiro Figueroa. En una de esas pruebas estuvo a punto de perder la vida; felizmente, gracias a su fortaleza sobrevivió al accidente. Aquel mismo mes y año, un grupo de oficiales del ejército y la marina, son enviados a la Escuela Argentina “El Palomar” a recibir instrucción técnica. Allí destacan los tenientes Enrique Ruiz Espinoza, Guillermo Protzel, Roberto Velasco e Ismael Montoya de la Marina, y Carlos Alvarillo y Baltazar Montoya, del Ejército. Fatalmente, el 13 de marzo de 1918, fallece trágicamente Enrique Ruiz Espinoza.

Por aquellos días, en medio del clamor popular, llega a  nuestra ciudad el héroe nacional, Juan Bielovucic. Lastimosamente el Cerro de Pasco no pudo verlo en acción; víctima de un  agudo «soroche» retornó a la capital.

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EN EL GLORIOSO DÍA DE NUESTRA INDEPENDENCIA

La independencia del PerúDe cómo, tras independizar a la Argentina, el Ejército de los Andes decide liberar también a Chile y al Perú; la consecución de sus triunfos en Chacabuco y Maipú, el posterior recorrido triunfal por Ica, Huancavelica, Jauja y Huancayo para llegar al escenario de la gloria, el Cerro de Pasco.

Jurada la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata el 9 de julio de 1816, quedaba sellada definitivamente la libertad de la República Argentina, único lugar donde había conseguido triunfar la lucha independentista; en todo el resto de la América Española, los realistas habían logrado sofocar la insurrección. Pero si bien la revolución Argentina no tenía enemigos dentro de sus fronteras, dos poderosos ejércitos realistas la amenazaban: uno de Chile y otro desde el Alto Perú. San Martín había percibido claramente esta amenaza para su patria, y sostenía, que el poder realista terminaría una vez que todos los españoles hubieran sido arrojados del territorio americano. No antes. Por otro lado, persuadido que no podría llegar al Perú coronando la meseta del Titicaca como todos esperaban, cruzaría los Andes, llegaría a Chile, y después de libertarlo, pasaría al Perú por vía marítima para hacer lo mismo.

Así lo hizo.

Después de cruzar los Andes en una odisea inigualable, invade sorpresivamente la Capitanía General de Chile, y el 12 de febrero de 1817, derrota a las fuerzas realistas en la célebre batalla de Chacabuco. Al cumplirse el primer aniversario de aquella batalla -12 de febrero de 1818- jura solemnemente la independencia de Chile. El resto del Ejercito realista que quedaba en este territorio decide enfrentarse a las fuerzas patriotas en la Batalla de Maipú el cinco de abril de 1818. En la contienda triunfa el Ejercito de los Andes y arroja definitivamente a los españoles del territorio Chileno.

El 19 de agosto de 1820 zarpa del puerto de Valparaíso hacia el Perú. Al amanecer del 8 de septiembre desembarca en la bahía de Pisco. Posesionado de este lugar, San Martín decide destacar una columna volante al interior del país para que simultáneamente a una marcha de circunvalación despertase el espíritu revolucionario en las provincias; que en cada escenario, reconociera la ciudad y se diese cuenta de sus recursos y ventajas militares; que efectuase una atinada división para que las fuerzas situadas a la distancia concurriesen a engrosar al ejercito de Lima; desconcertara de este modo los planes del enemigo ocultando los propios; y por último, buscase la integración con el grueso del ejercito por el norte tras destruir las tropas que encontrara a su paso, combinando sus movimientos con el plan de campaña. El jefe indiscutible de esta empresa no podía ser otro que el General Juan Antonio Álvarez de Arenales. Sus notables cualidades de mando, su experiencia en la guerra de montaña y la popularidad de su nombre en el Alto Perú, lo señalaban de antemano.

San Martín le ordena atacar sin pérdida de tiempo a la división enemiga que el Virrey había destacado sobre Pisco para replegarse luego a Ica. Ejecutada esta operación, penetrar en la sierra, posesionarse de Huancavelica y Huamanga, dirigirse inmediatamente a Jauja y establecer allí el cuartel general de la división. Debería fomentar la independencia en todas las provincias inmediatas y cubriendo todas las avenidas de la sierra hacia Lima, avanzar un destacamento hasta Tarma. Por último se le recomendaba mucha humanidad para con los enemigos de la independencia y para con los españoles europeos.

La división expedicionaria se componía de los Batallones Números 11 de “Los Andes” y el 2 de Chile, al mando del Mayor argentino Ramón Antonio Deheza y el Teniente chileno Santiago Aldunate, respectivamente; dos piquetes de granaderos a caballo y, cazadores a caballo, formando un escuadrón bajo las ordenes del Mayor argentino Juan Lavalle y el Teniente paraguayo Vicente Suárez y, dos piezas de cañones y 25, artilleros al mando del Capitán Hilario Cabrera. Fue nombrado jefe del Estado Mayor, el teniente coronel argentino, Manuel Rojas, que había hecho sus primeras armas contra las invasiones inglesas al Río de la Plata, militando con distinción en las campañas del Alto Perú.

El 4 de octubre, sale Arenales de Caucato y atravesando los agresivos arenales hace su ingreso triunfal en la ciudad de Ica el 6 de octubre. El pueblo presidido por su Cabildo, sus autoridades civiles y eclesiásticas, se vuelcan a las calles a vitorear al Ejercito Patriota. Pocas horas antes, el jefe colonial Quimper, había abandonado la ciudad perseguido por las fuerzas patriotas que lo derrotaron en la refriega de Chancaillo, el 15 de octubre. El 21 del mismo mes, contando con el apoyo del pueblo y por disposición de Arenales, el Alcalde de la ciudad, Juan José Salas, jura la independencia de Ica. Aquel mismo día, continuó su viaje a la sierra, dejando al cuidado de la ciudad al Mayor Félix Aldao. En la ruta a Huancavelica, los campesinos del lugar saludan al ejército patriota con gritos, tamboriles y quenas.

El 31 de octubre de 1820, llegan a Huamanga, siendo objeto de un  recibimiento mucho más apoteósico que el de Ica y Huancavelica. La jura de la independencia de Huamanga se realiza días más tarde, con Te Deum, parada militar, repique de campanas, bailes populares y demás manifestaciones de contento ciudadano. De Huamanga, partió a Huanta el 6 de noviembre y de allí, cruzó el puente Mayoc evitando el de Izcuchaca donde los realistas lo esperaban. Siguió por Tayacaja a Huancayo. Desde allí ordenó la persecución del intendente de Huancavelica que huía por Jauja, lugar en el que Lavalle dispersó a los coloniales el 20 de noviembre. De Jauja manda al comandante Rojas en el Batallón No 2 para que ocupe Tarma. Se apoderan de aquella ciudad el 23 de noviembre, con el apoyo de Francisco de Paula Otero, tomando un buen parque de armas, que luego pasa a manos de los montoneros. El 28 de noviembre, en marco de solemne celebración, se jura de independencia de Tarma

Hasta aquí no se había realizado una sola batalla importante, tan sólo ligeras escaramuzas. Don Bartolomé Mitre, dice al respecto: “El valle de Huancayo fue tomado sin resistencia. Las tropas del Rey que lo defendían en número de 600 hombres, con algunas piezas de artillería, se desplegaron sobre Jauja y siguieron hacia Tarma, buscando la protección de la columna de O’ Reylli. Alcanzados por el mayor Lavalle, el 20 de noviembre, a las 9 de la noche, en una cuesta escabrosa a inmediaciones de Jauja, las atacó resueltamente con 40 granaderos a caballo y 15 oficiales voluntarios, bien montados, matando 8 hombres y tomando 20 prisioneros, incluso 4 oficiales. El 21 dominaba Arenales todo el valle de Jauja. El comandante Rojas, con el Batallón No 2 de Chile y 50 jinetes argentinos, se posesionó de Tarma, apoderándose de 6 piezas de artillería y de los 200 caballos mandados  reunir por el Virrey, que fueron un poderoso auxilio para la fatigada división expedicionaria. El primer objeto de la campaña estaba llenado”

Una referencia puntual a las fechas de juramentación que antecedieron a la ciudad minera es la siguiente:

            En las Villas de Supe, Huarmey  y Casma, en 1919.

            En la ciudad de Ica, el 21 de octubre de 1820.

            En la ciudad de Huamanga, 5 de noviembre de 1820.

            En la ciudad de Huancayo, el 20 de noviembre de 1820, en ceremonia que se llevó a cabo en un tabladillo erigido en la Calle Real, a la altura de la Plaza Huamanmarca. Álvarez de Arenales que ese día había hecho su entrada triunfal presidió el acto. Los primeros que juraron fueron el coronel de milicias Marcelo Granados (Ese día asumió el cargo de Gobernador), el Cura Coadjutor don Estanislao Márquez y el Escribano Juan de Dios Marticorena.

En la ciudad de Jauja, el 22 de noviembre de 1820.

            En la Villa de Huaura, el 27 de noviembre de 1820.

            En la ciudad de Tarma, el 29 de noviembre de 1820.

De Huancayo, Arenales, que había recibido vivas muestra de aprecio y adhesión de los pobladores,  partió al Cerro de Pasco, escenario definitivo de la gloria.

El 6 de diciembre d 1820 se efectúa la Batalla el Cerro de Pasco y, tras un histórico Cabildo Abierto, el 7 de diciembre se jura la independencia en nuestra ciudad.

(De mi libro PUEBLO MARTIR, historia del Cerro de Pasco, capítulo Décimo primero.)

EL BOSQUE DE PIEDRAS HUAYLLAY, EN CERRO DE PASCO PERÚ POR ENRIQUE DANIEL

Huayllay 1En el corazón de la meseta andina y a 4.000 metros sobre el nivel del mar se encuentra el bosque de piedra más grande del mundo, una de las sorprendentes maravillas naturales casi desconocidas de Perú. El Santuario Nacional de Huayllay, 350 kilómetros al este de Lima y cercano a la ciudad de Cerro de Pasco, capital minera de Perú, cuenta con 6.815 hectáreas y reúne más de 4.000 formaciones rocosas que semejan gigantescos perfiles humanos, como el caminante o pensador, y animales, como la tortuga, la alpaca, el cóndor y el elefante

Los farallones están formados, en su mayoría, por roca volcánica, y también de sedimentos, dado que esta zona fue parte del fondo marino en el Paleozoico.

Sus microclimas permiten el cultivo de papa (patata) en las altitudes de la puna andina y brindan hábitat a una fauna compuesta por venados, vizcachas (liebre andina), gatos monteses, pumas, zorros, gavilanes, perdices y pájaros carpinteros autóctonos.

La flora de este preciado santuario la constituyen pastos amarillos y gruesos, llamados ‘ichu’, que sirven de alimento al ganado; además de plantas con propiedades curativas como el berro, el hercampuri, los queñoales y las huamanpintas.

A este recóndito lugar, al que se accede tras un largo viaje de diez horas por carreteras y caminos, comenzaron a llegar turistas en viajes organizados hace sólo siete años, cada mes de septiembre y por iniciativa de las autoridades regionales que decidieron organizar el denominado ‘Rural Tour’. De esta manera el turista llega a compartir las tradiciones por medio de ceremonias de invocación a los ‘jircas’, dioses andinos del bosque, y de hoja de coca, que forma parte de un ‘pago’ a la ‘mama-pacha’, la madre tierra.

‘Tenemos algo único, que pasa por la belleza del paisaje, la reciprocidad de la población y la gran variedad de productos, por eso es grande la expectativa de que Huayllay se conozca en el mundo’, señaló el alcalde Muñoz.

La guía Dalia Roque explicó a EFE que la reserva tiene once rutas bien señaladas, las más fáciles pueden demandar un recorrido de entre tres y cuatro horas.

Otro buen conocedor de la zona, Máximo Roque Lazara, dispone de un registro fotográfico de las formaciones rocosas desde 1954, lo que le ha permitido catalogar hasta el momento unas 500 figuras y publicar el libro ‘Una maravilla turística’, editado por la Universidad Daniel Alcides Carrión, de Pasco.

En este original bosque vive Cristóbal Alcibiades, también guía turístico y que da cuenta a los visitantes de las rutas y los secretos del lugar.

‘Desde 1992 se ha incrementado el turismo, aunque en forma lenta. Pero desde que yo era niño llegaban los gringos (estadounidenses) a mi casa, donde tengo un pequeño refugio con comidas típicas’, comentó el lugareño. En Huayllay también se disfruta de sabrosos platos como la Pachamanca (carnes y papas cocidas con piedras calientes y hierbas aromáticas), el Shihuayro (maíz molido y especias como el ají), el Mondongo (menudencias de cordero y maíz) o el cuy picante (roedor andino frito acompañado de papas y crema de maní).

Una de las máximas expresiones culturales son las danzas, como la denominada ‘los negritos de Huayllay’, que recrea la vida de los esclavos africanos llevados durante la colonia española hasta las alturas andinas para trabajar en las fundiciones.

Huayllay también cuenta con las fuentes de aguas termales medicinales de La Calera, Goshpi y Yanahuato y con los restos arqueológicos de Bombomarca.

En referencia a las dificultades para acceder al lugar, el director regional de Comercio y Turismo de Pasco, indicó a EFE que se está fomentando entre la población ‘la conciencia turística’ y se está trabajando por la mejora de las vías de acceso y la instalación de casas de hospedaje brindadas por los comuneros. ‘Sólo queda invitar a los viajeros a que vengan a conocer el museo geológico más grande y alto del mundo’, comentó.

El Santuario Nacional de Huayllay fue establecido en 1974 con el objetivo de preservar las formaciones geológicas y conservar su flora y fauna, además de sus pinturas rupestres y restos arqueológicos. En 1997 fue declarado Zona de Interés Turístico Nacional y en 2001 Patrimonio Cultural de la Nación.

El Bosque de Piedras de Huayllay, considerado el “Bosque geológico más grande y alto del mundo”, es una de las maravillas del mundo, que se conoce poco. Su principal atractivo ecoturístico, son sus piedras y rocas labradas artísticamente (desde hace 70 millones de años), sin la intervención humana.

Este es un escenario natural, que enamora al viajero y al turista aventurero. Es una herencia histórica de nuestra “MAMA PACHA”.

No existe en el mundo otro bosque geológico que lo pueda igualar, por su extensión, majestuosidad artística, paisajística y su altura sobre el nivel del mar. Por su escenografía natural, el Bosque de Piedras de Huayllay, solo se parece al bosque de Piedras de Huayllay.

En este nuevo destino los turistas tienen la oportunidad de observar un paisaje natural, conservado milenariamente en su estado natural, libre de la contaminación y demás males de nuestra sociedad.

¨Cuanto tiempo necesitaría Ud. para conocer totalmente el Bosque de Piedras de Huayllay?. Por la gran cantidad de recursos naturales que posee,  aproximadamente de 100 años para conocerlo en su totalidad.

Huayllay 2Su principal riqueza, radica en su configuración geográfica y geológica, su riqueza en flora, fauna, recursos hídricos, los centros magnéticos, monumentos arqueológicos, pinturas rupestres y demás manifestaciones culturales de las comunidades que alberga en su seno. Cada visita es realmente una experiencia original, imposible de repetirse una y otra vez.

Es amplio y diversificado el espectáculo que ofrece el Bosque de Piedras de Huayllay. Es un anfiteatro natural de rocas construidas hace millones de años, sin la intervención humana y alejado de la “Modernidad”.

Es difícil olvidar, la sensación que tenemos cuando entramos en contacto y coexistimos (así sea por breves momentos) con la naturaleza en su estado puro, esto es lo que ofrece este imponente Bosque.

UN BOSQUE DETENIDO EN EL TIEMPO

Son infinitas las posibilidades de explorar el Bosque de Piedras de Huayllay; es todo un reto posible de realizar, principalmente por su fácil acceso a la mayoría de sus laberintos y formaciones pétreas.

Difícil contener la emoción de sentirse explorando otro mundo, Ud. se ubicara en uno de los paisajes más bellos de otros “planetas”.

Los paisajes que observamos en el Bosque de Piedras de Huayllay parecen que se hubiesen detenido en el tiempo durante 70 millones de años. Allí podemos observar todos los cambios que ocurrieron en la Tierra, observar como las fuerzas de la naturaleza tuvieron una paciente labor escultórica, productos de esa “MANO ARTISTICA”. Hoy podemos observar, miles de figura pétreas, relacionadas a las diversas actividades que realiza el hombre, la flora y la fauna. Lo que atrae la atención de los turistas es que cada figura pétrea puede simbolizar a cinco o más perfiles de animales, plantas o paisajes, para observar ello, solo tenemos que dar unos pasos en alguna dirección, dejándose guiar por la sobra que da el Sol o la Luna.

En este Bosque es posible encontrar paisajes exclusivos para cada turista y visitante, de acuerdo a sus aficiones o gustos.

Huayllay 3Además, este paraíso ecoturístico es apropiado para practicar la mayoría de deportes de aventura conocidos o crear nuevos, de acuerdo a los gustos de los turistas.

Otra de las bondades que ofrece este Bosque son sus cerros magnéticos, que en la práctica son miradores en lo que es posible entablar comunicación cósmica y extraterrestre. Estos están ubicados estratégicamente, se sitúan a una altitud de 4,200 m.s.n.m. Estos son lugares especiales en la que entramos en contacto gravitacional e interdependencia con los recursos: agua, aire, humedad y temperatura, todos ellos en su estado natural, libre de toda contaminación. Ud. tendrá una oportunidad para comunicarse con el Universo cósmico y de ser posible con los habitantes de otros planetas.

La flora es otra de las maravillas que Ud. puede descubrir, en su caminata por el interior del bosque. Tendrá la oportunidad de encontrar muchas plantas con propiedades curativas y alimenticias; por ejemplo, recolectar muestra de “Berros blancos”, “Hortigas”, “Maca” y “Totora”.

En sí, son interminables los contrastes naturales que ofrece el Bosque, siempre alejados de la contaminación, la bulla y el estrés que son características propias de la gran urbe.

Es uno de los pocos lugares para vivir y sentir la naturaleza en libertad. Cada uno de sus 6,815 hectáreas, ofrece algo diferente, es como una explosión latente y viva de recursos en total equilibrio con la naturaleza.

La coexistencia de los recursos naturales en un solo lugar, y de fácil acceso para cualquier visitante o turista presenta una oportunidad para poner en práctica una nueva aventura ecoturística. Sera una oportunidad para relajarse y pensar en su futuro rodeado de un ambiente puro y natural.

La fauna es otra de las riquezas del bosque. Al observar la vida de los animales silvestres, pasaremos experiencias inolvidables. En el bosque Ud. puede observar muchos animales como “Vizcachas”, “Zorrillos”, “Cuy Silvestre”, ” Zorros”, aves como el “Cernícalo” y el “Yanavico”.

A los que gustan de la pesca deportiva y entrar en contacto con las aguas cristalinas no contaminadas, no tienen otra alternativa que visitar las lagunas silvestres como: “Japurin” y “Huaychaococha”.

Si se dejan llevar por el ritmo del viento de Huayllay, llegaran a las aguas termales medicinales de La Calera (rica en calcio). Esta fuente natural subterránea posee infraestructura para la satisfacción de los turistas, además tendrá la oportunidad de curarse de alguna dolencia que padece, o en todo caso, prevenirla.

LA CRUZ VERDE (Leyenda) -2-

cruz verde 1“Una vez los minerales en cancha, después de dolorosa extracción, se llenan los cajones para su medición y de allí se procede a su escogencia que  llaman “pallaqueo”. Este trabajo lo realizan los niños hasta desollarse las manos. Escogido el mineral, las pobres mujeres del pueblo, débiles y entecas como sus maridos, a la puerta de las minas, haciendo esfuerzos sobrehumanos proceden a moler estos minerales en grandes batanes. Sólo entonces son transportados a las haciendas e ingenios para su tratado final”.

 “Hombre, mujer  e hijo, son inicuamente explotados por los abusivos que no tienen ninguna piedad para estos seres cruelmente abandonados por las autoridades que deberían velar por ellos”.

 “El aire aquí en la mina, es tenue y frío. Cuando salen del socavón, el agua que beben, sofocados, es frígida y de temple endemoniado; la comida sin sustancia. Aquella gente minera, sin misericordia, ni clemencia, toda junta, es una viva imagen de la muerte y sombra del infierno. Y así mueren infinitos hombres, y muy aprisa”.

 Tomando aliento, imbuido de piedad y de dolor, siguió diciendo en su carta testimonial: “Así pasa esta gente gran trabajo y mueren muchos indios de enfermedad; otros despeñados; otros ahogados; otros descalabrados de las piernas; otros vomitando sangre,  y otros –los más- quedan allá dentro, enterrados; de suerte que apenas hay día  sin que ocurra algunas cosas de éstas. Y como son tantos, como dije, encerrados en las entrañas de aquel cerro, los que barretean y los que sacan los metales, en una parte o en otra, hay de continuo desgracias dolorosísimas. A mí se me quebraba el corazón de ver cuando los indios salían a comer en las bocaminas, a recibir la comida que le llevaban sus mujeres; los lloros y las lágrimas de ellas, de ver a sus maridos salir llenos de polvo, flacos y amarillos y enfermos y cansados; y sobre todo, azotados y aporreados porque no cumplieron los montones de metal que está tasado que han de llevar cada día; no hay consideración a que la veta sea dura y no pueda quebrarla, sino que le hacen que saque cinco montoncillos de metal cada día, que tendrán de ocho a diez arrobas. ¡Inhumanos, canallas, sin perdón de Dios!”.  La carta finalizaba con una imploración suprema a la superioridad eclesiástica y, seguramente, sellada con lágrimas.

Fray Buenaventura se había enfrascado de lleno en defender a los humildes japiris valiéndose de cartas, misas, procesiones, y todo aquello que estuviera a su alcance. Así, un domingo de misa solemne, desde el púlpito de la iglesia San Miguel de Chaupimarca, se dirigió a las autoridades y ricos mineros allí presentes, pidiéndoles piedad a nombre de Cristo para aquellos miserables que también eran seres humanos e hijos de Dios.

Desde aquellos tiempos, todos lo saben, los niños cerreños amamantaron con la leche materna, esta dolorosa verdad que nadie podrá negarla: La justicia jamás existió. El abuso  siempre fue una tenebrosa constante.

Las innumerables cartas del fraile caritativo y valiente jamás  fueron contestadas. Cuando finalmente le remitieron una comunicación fue para decirle que la superioridad había recibido una grave denuncia de hombres “notables” que se quejaban de su conducta inconveniente y  por lo tanto, debía hacerse presente de inmediato a su monasterio donde sería ejemplarmente sancionado.

El fraile, no podía dar crédito a sus ojos. No alcanzaba a entender la indiferencia de sus superiores, menos aún,  la iniquidad  de respaldar a  los asesinos explotadores. Pasaron algunos días y, obediente como era, determinó presentarse en su convento pero, simultáneamente, decidió plantar una cruz, símbolo del amor infinito del  cristianismo, cerca de donde especulaban los abusivos. Reunió a los japiris, barreteros, capacheros, y pallaqueros, con sus mujeres e  hijos, para pedirles con mucho amor que unidos construyeran una sólida cruz que vieran los asesinos explotadores; que su presencia fuera un constante reproche a sus abusos. Les habló con tanto celo y emoción que, unánimemente, decidieron apoyarlo.

Guiados por el  santo misionero, iluminados por mortecinas velas de sebo, hombres y mujeres, auxiliados por rudimentarias herramientas, fabricaron la hermosa cruz de la Pasión. Sólida como la hermandad que los unía; enorme como la fe que los hacían esperanzados. Para que el símbolo santo fuera obra de todos, los niños pallaqueros la pintaron de verde. Completaron la obra tallando un redondo disco amarillo sobre el que pintaron una sonriente cara regordeta que colocaron sobre el brazo derecho de la cruz: era el sol; sobre el izquierdo, una pálida luna en cuarto menguante. Del brazo izquierdo hasta el medio del soporte central, la lanza con el que Longinos atravesó el costado derecho del Salvador del Mundo; simétricamente, del derecho, un largo listón circular, en cuyo extremo superior estaba la esponja, que mojada en hiel y vinagre, se le acercara al Crucificado cuando manifestó tener sed; las dos escaleras que sirvieron para descender el bendito cuerpo  después de su muerte, oblicuamente pendientes de ambos brazos hasta el centro del soporte central; las tres sólidas escarpias de acero con los que se fijó el cuerpo; el martillo con el que se lo clavó triturando palmas y empeines; las tenazas, con las que se extrajeron los clavos; en  un cartelito blanco las letras S.P.Q.R.S. que en latín dice: SENATUS POPULUS  QUORUM ROMANUS y en castellano se traduce como: “El Senado y el Pueblo de Roma”. En la parte más alta del cuerpo central la sigla INRI, que como burla sangrienta al hijo de Dios, proclamaba: “Rey de los Judíos”. En la cúspide, al gallo; elemento indispensable en las representaciones de la Pasión de Cristo que simboliza la encarnizada negación de Pedro. En la intersección del cuerpo central, el paño de la Verónica con el  rostro de Cristo doliente.  La corona de espinas que se le colocara a Jesús como burla  al momento de la flagelación, sobre el lienzo de la Verónica. Inmediatamente después, la  túnica que el Salvador vestía en la crucifixión. Fueron añadidos: los cinco dados usados por los soldados romanos para jugarse las vestiduras del Salvador,  un largo sudario usado por Nicodemo, José de Arimatea y sus ayudantes para  descender el cuerpo; la trompeta del juicio final; la balanza en la que habrán de pesarse las almas en el juicio final; el cáliz de la última cena y la bolsa conteniendo las treinta monedas, símbolo de la traición de Judas.

Después de noches de intenso trabajo fue terminada la  hermosa cruz recargada de símbolos y esperanzas. Los sacrificados hombres mujeres y niños de la mina la habían tallado con amor y dedicación. Finalmente la pintaron de verde, símbolo de la Santa Inquisición, para recordarles sus pecados.

La víspera del viaje de Fray Buenaventura, los humildes laboreros de la mina con sus mujeres e hijos llevaron el símbolo santo al lugar previamente escogido. Era la hora del Angelus, cuando las campanas llamaban a oración y la plantaron fijamente en la parte más alta de aquel barrio cerreño, frente a la oficina donde realizaban sus millonarias transacciones los opulentos  plutócratas.

Con los primeros rayos del alba del día siguiente, cuando los laboreros entraban en los tétricos socavones, partía acongojado Fray Francisco Buenaventura, para no retornar jamás al Cerro de Pasco. Indignada la superioridad virreinal lo castigó a dura penitencia, cumplida la cual, fue expulsado del país… ¡A perpetuidad!…. Pero allí, donde la había plantado, quedaba la sagrada cruz de los mineros. Sin embargo, la fe y la esperanza inquebrantables que había sembrado en sus corazones estuvieron a punto de desmoronarse cuando se enteraron del aciago destino del santo misionero franciscano. No podían creer que semejante noticia fuera cierta. Como las plantas mueren cuando falta la mano que las riegue,  fue declinando la fe y la esperanza de los corazones. Ahora estaban ciertos que no llegaría  la justicia por la que tanto habían rogado y esperado. Muy pocos hombres y escasísimas mujeres guardaban en un recodo del corazón aquel amor inclaudicable que había sembrado el santo misionero. Sin embargo, como un milagro nuevo, comenzaron a renovar su fe y su esperanza. En las noches, cuando exhaustos pasaban por la cruz verde, de rodillas elevaban su oración por aquel que les había enseñado a orar y esperar. Pedían por ellos y su familia.

Los años fueron transcurriendo implacables, silenciosos, cruelmente rutinarios. Las inclementes lluvias de los inviernos, el granizo, la nieve, los rayos y truenos, la cellisca, así como los rigurosos soles y vientos de los meses secos, fueron trabajando sobre aquel monumento a la fe minera.  Primeramente empalideció el verde brillante de la cruz, haciéndose mustio y sombrío; después, fueron trazándose unas resquebrajaduras agrandando cada vez más sus intersticios. Los años fueron pasando. Los que la confeccionaron fueron muriendo en cumplimiento de su destino, los hijos heredaron con fe una tradición que fue haciéndose añosa.

Un día, una mujer desesperada, arrancó el largo sudario de Cristo, asegurando que si  envolvía con él a su marido descalabrado en la mina, sanaría. Otro día se llevaron la túnica; otro, la corona de espinas; otro el gallo… Así fue perdiéndose cada uno de los símbolos que las gentes llevaban como sacros amuletos. Cuando ya no quedaba ninguna réplica, comenzaron a astillar el cuerpo de la cruz. Cada japiri debía tener en su poder, siquiera una astilla. El pedazo de madero lo amparaba de los riesgos de la mina. Todos aseveraban que la cruz los protegía. Aseguraban que quien tuviera en su poder un pedazo del santo madero, estaba resguardado por la presencia de Cristo. Testificaban muchos milagros ocurridos en las negras oquedades   Finalmente, quedó convertida en un despojo esquelético y deforme, hasta que la noche aquella fue llevada al cielo en la forma que vimos al comienzo. Ese día acababa de morir en España, solo, escarnecido y desengañado, el misionero Fray Francisco  Buenaventura de Salinas y Córdova.

De aquel hermoso símbolo que la fe minera había mantenido por muchos años, quedaba el nombre, sólo el nombre: CRUZ VERDE.