MIS COMPAÑEROS DE ESCUELA

Hay una etapa en la vida que con el paso de los años más se recuerda: la infancia. Aquel lapso imborrable transcurrido en las aulas de primaria. Particularmente para mí, fue la más hermosa de mi vida. En ella conocí a los chicos con los que tuve mayor ligazón fraternal y los que no he podido olvidar. Después, por azares del destino, nuestras vidas tomaron diferentes derroteros; muy pocos nos hemos vuelto a encontrar. Uno de ellos, como por milagro, encontró esta página y desde su residencia en Estados Unidos me hizo llegar un saludo que me ha emocionado mucho. Me dice que en ese país están otros compañeros más y que se comunican entre ellos. Me pide que escriba algo de para recordar nuestras pasadas vivencias. Por esa misma razón, pidiéndoles su comprensión amigos que me acompañan en esta página, quiero cumplir con ese pedido. Hay una fotografía en la que, conjuntamente con nuestro maestro, estamos todos los de la promoción de 1950, último año en el que estuvimos juntos.

Escoltando a nuestro inolvidable maestro Mamerto Galarza Mayor -centro de la fotografía- estamos los integrantes del sexto año de primaria en la parte delantera de nuestra escuela 491 de Patarcocha. Los de casacas blancas son miembros de la Cruz Roja: Miguel Laderas Rojas, Constantino Gayoso, Enrique Rivera y Manuel Amaro. Entre el resto de colegas están. Juan Rodríguez Munguía, Fernando Livia Chávez, Nicanor Goyena Robles, Luis Ráez Malpartida, Marino Soto Hinostroza, Juan Pagán de la Cruz, Alfonso Evangelista Rispa, Gustavo Malpartida Muguruza,   Humberto Bernuy Lope, Agustín Bustamante Montoro, y los grandazos Mendoza, Guerra, Palomino, Lucas, Ayala,  Martínez, Quintana, y otros más.
Escoltando a nuestro inolvidable maestro Mamerto Galarza Mayor -centro de la fotografía- estamos los integrantes del sexto año de primaria en la parte delantera de nuestra escuela 491 de Patarcocha. Los de casacas blancas son miembros de la Cruz Roja: Miguel Laderas Rojas, Constantino Gayoso, Enrique Rivera y Manuel Amaro. Entre el resto de colegas están. Juan Rodríguez Munguía, Fernando Livia Chávez, Nicanor Goyena Robles, Luis Ráez Malpartida, Marino Soto Hinostroza, Juan Pagán de la Cruz, Alfonso Evangelista Rispa, Gustavo Malpartida Muguruza, Humberto Bernuy Lope, Agustín Bustamante Montoro, y los grandazos Mendoza, Guerra, Palomino, Lucas, Ayala, Martínez, Quintana, y otros más.

A partir de aquel año quedaban atrás nuestros inolvidables juegos: bolero, bolas, colonia, trompo, salto cabrito, sirriachi, honda, cometas, palitroques, “Shulula”, etc.  Cada uno de ellos en su respectiva temporada y con sus campeones. La mayoría participaba de inolvidables partidos del fútbol; sólo los “niños bien” que eran pésimos en esta actividad, realizaban sus corridas de toros, porque eran manifiestamente taurófilos. Eran los pocos

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En el patio de deportes del Colegio Leoncio Prado de Huánuco -julio de 1950- están los directores y profesores de ambos planteles escoltando a la “Selección de Básquet” de nuestra escuelita 491 de Patarcocha que representaba al Cerro de Pasco, para enfrentarse al representativo huanuqueño. Lo conforman (De izquierda a derecha, inclinados) Alberto Lavado y Agustín Bustamante Montoro (En cuclillas, en el mismo orden) Luis Ráez  Malpartida, César Pérez Arauco y Fernando Livia Chávez.
En el patio de deportes del Colegio Leoncio Prado de Huánuco -julio de 1950- están los directores y profesores de ambos planteles escoltando a la “Selección de Básquet” de nuestra escuelita 491 de Patarcocha que representaba al Cerro de Pasco, para enfrentarse al representativo huanuqueño. Lo conforman (De izquierda a derecha, inclinados) Alberto Lavado y Agustín Bustamante Montoro (En cuclillas, en el mismo orden) Luis Ráez Malpartida, César Pérez Arauco y Fernando Livia Chávez.

“Fena” Livia.- Es el primero en este recuento fraternal. Utilizando trapos viejos unidos a desechadas medias de “Borlón” de su “vieja”, sus hermanas y demás parentela femenina, fabricaba unas hermosas pelotas de trapo cosidas a la perfección y admirablemente redondas. Era el juguete que más queríamos los niños de entonces. Fernando “Fena” Livia Chávez era un artista en esta especialidad. Todos lo sabían. Pero su habilidad no se afincaba en esa sola fabricación del instrumento de nuestras tempranas habilidades, no. Era un brujo para entretejer mágicas jugadas con ella, luciendo la rara destreza que Dios le había dotado. No sé cómo lo hacía, pero su extraña habilidad nos dejaba mudos de asombro. Si lo sabré yo que fui su compañero de equipo en los primeros tramos de nuestra vida deportiva y compañero de carpeta cuando nos sentábamos de a tres; el que contemplaba el trío –mago de la pintura y el dibujo- era Alfredo “Peyo” O´Oconnor, un artista inigualable. Tuve enorme fortuna de compartir la carpeta que estos dos amigos imperecederos.

Todavía recuerdo los interminables partidos de fútbol que disputábamos en los terrales de “Lama pampa”, “La Calera”, “Chaquicocha” o “Cancha blanca”, en medio de asfixiantes nubes de polvo y un ensordecedor bullicio de niños en busca del triunfo. Su mágica pero controlada velocidad le permitía hacer giros improvisadamente excepcionales; llevaba la pelota unida a los pies como si estuviera pegado a ellos, siempre con la vista arriba, viendo el desplazamiento de sus compañeros y sirviendo un acertado servicio para la jugada final. Era más bajo que yo. Sin embargo su talla le permitía hacer notables jugadas llenas de magia y agilidad. En la actualidad –salvando tiempos y distancias-  con qué arrobamiento me gusta observar las jugadas de Messi porque me recuerdan a “Fena”. Era un mago.

Nuestra cuota de partidos era recargada, no sólo en los recreos y salidas de la escuela, sino también sábados y domingos en terrales de extramuros de la ciudad. Después, abrazados como hermanos –lo éramos por afinidad y afecto entrañable dejando de lado los apellidos- íbamos cantando de regreso a casa, ropas empolvadas, rostros sudorosos y zapatos convertidos en miseria, pero felices; enormemente felices. ¡Cómo lo recuerdo!!

Un día descubrimos que a orillas de la laguna de “Tomar” (De allí sacaban el agua para

La selección del tercero de primaria. Están de pie: Almanza, Bernuy, nuestro maestro, Guerra, Palomino y Espinoza. En cuclillas: Alfonso Evangelista Rispa, Agustín Bustamante Montoro, Marino Soto Hinostroza, Fernando Livia Chávez, César Pérez Arauco, Luis Ráez Malpartida y Juan Pagán de la Cruz. Los dos arqueros son: Emilio Salinas y Alberto Bernuy.
La selección del tercero de primaria. Están de pie: Almanza, Bernuy, nuestro maestro, Guerra, Palomino y Espinoza. En cuclillas: Alfonso Evangelista Rispa, Agustín Bustamante Montoro, Marino Soto Hinostroza, Fernando Livia Chávez, César Pérez Arauco, Luis Ráez Malpartida y Juan Pagán de la Cruz. Los dos arqueros son: Emilio Salinas y Alberto Bernuy.

beber en la ciudad), se había formado una zona que parecía conformada por móviles colchones de pasto. Allí con “Fena” nos ganábamos un real por cada “caracol” que efectuábamos a la vista de jugadores de primera que no conocían del arte de esa jugada. Ese dinero lo utilizábamos para pagar nuestras entradas en las funciones de las “seriales” del cine Grau. Tuvimos muchos alumnos.

Cuando terminamos primaria nuestros caminos se bifurcaron. Yo me fui a Lima y él quedó en el Cerro. Mientras un matón del “Alianza Lima” me malograra el tobillo derecho que me impidió seguir en la práctica de mi deporte favorito, “Fena” siguió impertérrito aumentando su habilidad y experiencia en canchas cerreñas.

En cada viaje de vacaciones de retorno a mi tierra nos encontrábamos para continuar con nuestras pláticas interminables. Lo veía jugar con arrobamiento y admiración, era ya todo un crack consagrado de nuestro fútbol.

Al volver para seguir secundaria en el “Carrión” ya mi amigo era un jugador estrella e insustituible por su habilidad extraordinaria en la selección del Cerro de Pasco. Todos lo saben. Sin embargo alcancé a alinear con él en la selección del Colegio en los juegos escolares de 1966.

Más tarde, convertido en narrador deportivo, relaté admirado las grandes jugadas que efectuaba. Recuerdo con una claridad asombrosa una que ha quedado en las retinas de los aficionados cerreños. Se jugaba un partido entre la selección cerreña frente al Universitario de Deportes cuando en una jugada feliz y oportuna, el “Huaca” Muñoz le hizo un pase en cortada que “Fena” recogió con gran precisión y enfiló al arco merengue. La defensa cubría con acierto a sus compañeros y hacía muy difícil un  pase a cualquiera de ellos. En el límite de la línea final vio todo el panorama compacto y optó por lo más difícil. Entró a la carrera amagando hacer un pase al centro y Dimas Zegarra el gigantón arquero de la “U” le cubrió todos los ángulos. Pensó que sólo un brujo podría conseguir un gol en esas circunstancias y “Fena”, lo fue. Con un tiro ejecutado con precisión y fuerza la colocó en el intersticio entre el arco y el arquero. ¡Increíble!. El grito triunfal del festejo popular se escuchó en el recinto deportivo que hasta el  mismo Dimas quedó vivamente impresionado. Nunca le había hecho un gol como aquel. Contagiado de la emoción popular salió detrás de Fena, pero éste creyendo que lo perseguía para pegarle, escapó para ponerse a buen recaudo. Pero no. Quería abrazarlo congratulándose por esa joya de gol que acababa de hacerle. Más tarde Dimas Zegarra confesó que nunca le habían hecho un gol con la precisión y contundencia como aquel. “El chato es un valor tremendo y merece estar en algún equipo titular de la capital”. Efectivamente, el Universitario trató de llevárselo a sus filas pero “Fena” encariñado con su pueblo y su club, no aceptó. Como ésta hay una inacabable gama de anécdotas que hablan de su calidad futbolística.

Ahora que han pasado los años, nos encontramos en muy contadas oportunidades, pero siempre me sorprende con sus bromas. El 30 de julio, por ejemplo, me llamó para decirme. “Cushurito”, te estoy llamando para irnos a Patarcocha” y soltó su risa retozona y fraternal. Allí comienza nuestra plática que se hace extensa y muy amena. Otras veces –muy pocas- nos citamos en “cancha neutral” y me complace comprobar que sus hijos que lo quieren tanto lo lleven en un auto para dejarnos juntos, como en los buenos tiempos.

ALFREDO “PEYO” O´CONNOR

Como decía en otro pasaje de esta remembranza, compartíamos la misma carpeta, “Fena” Livia, Alfredo “Peyo” O´Connor y, yo. Ellos querían que yo estuviera al medio.

Escoltando a nuestro maestro Mamerto Galarza Mayor estamos, de pie, Juan Rucabado Sosa y Felipe Bustillos. En cuclillas, César Pérez Arauco, Alfredo “Peyo” O´Connor,  Miguel “Cupe” Laderas Rojas y Juan Flores. Cursábamos el Primero de primaria.
Escoltando a nuestro maestro Mamerto Galarza Mayor
estamos, de pie, Juan Rucabado Sosa y Felipe Bustillos.
En cuclillas, César Pérez Arauco, Alfredo “Peyo” O´Connor,
Miguel “Cupe” Laderas Rojas y Juan Flores. Cursábamos el
Primero de primaria.

Descendiente de irlandeses, su papá era el jefe del taller eléctrico donde ponía al descubierto sus enormes habilidades para el cargo. Desde temprano su especialidad fue la radiotelefonía. Dueño de planos correspondientes armó una transmisora que la instaló en los altos del Instituto Industrial. Su radio de acción abarcaría toda la población cerreña y en algunos casos llegando a  pueblos aledaños. Su nombre: RADIO MINERÍA. Muchos de los aficionados iniciamos allí nuestras primeras armas. Estaban: Jesús Ramos, “Peyo” O´Connor, Julio Arias y, yo. La experiencia fue maravillosa. Nunca lo olvidaremos. Allí realizamos las primeras presentaciones de artistas locales con beneplácito de nuestros oyentes. Le estábamos haciendo competencia a “Radio Rancas” que es la pionera en nuestra ciudad. Allí escuché al primer narrador deportivo que tuvo nuestra tierra, un muchacho de apellido Poma, no puedo recordar su nombre pero sí que era notable. Pronto desapareció de la ciudad.

Bueno, “Peyo” era un chico muy inteligente. Recuerdo que su habilidad para dibujar historietas era formidable. Mientras el profesor hablaba del contenido del curso, él se dedicaba a dibujar a la gran variedad de personajes creados por Walt Disney. Lo hacía de memoria con un acabado extraordinario. Se consagró definitivamente cuando comenzamos a pintar escenas ejemplares correspondientes a los cursos del colegio: zoología, historia, anatomía, historia etc. Siempre fui bienvenido en su casa donde conocí a sus hermanos Chela, Celia, Eduardo, Guillermo, Lucho, Beto, Carlos. Su mamá la señora Chelita era una señora muy bonita, blanca como hecha de porcelana con sus ojos celestes y sus pelos completamente blancos. El día de la Madre los estudiantes se disputaban para llevarla como símbolo de la Madre. Era muy solicitada. Era tan pegada al pueblo que se convirtió en socia de todos los gremios católicos donde la querían mucho.

“Peyo” era muy blanco. Sus ojos claros y juguetones le daban un aspecto risueño y mis compañeros de escuela 5alegre. Era tan blanco que un  día que entramos en las duchas de la compañía, al verlo desnudo, el “Cupe” Laderas gritó. ”Miren, O´Connor está crudo”. Las risas arreciaron en el servicio de baños.

Cuando nos separamos, me enteré que su padre lo había colocado a una oficina especializada en publicidad y dibujo donde desarrolló su afición. Los gringos sorprendidos de su calidad como pintor le compraban los cuadros que pintaba con un acierto extraordinario. No es raro, su cercanía con la mina y su drama lo tradujo en cuadros que está en muchos lugares de Estados Unidos de América y Europa. Su fama creció al ritmo de su dedicación. Por otra parte, ideó un sistema de cuadros utilizando finos alambres de cobre efectuando notables obras de arte. Fue el primero, sus seguidores ahora son muchos. Era tal su habilidad que realizó una hermosa maqueta de la ciudad cerreña. Cuando se exhibió, todo el mundo lo aplaudió admirado porque todo estaba reproducido al milímetro, con una precisión sin  igual, con los más mínimos detalles. No sabemos dónde estará esta maqueta que mucho serviría para conocer la hermosa aunque caótica urbanística de nuestra tierra.

Actualmente “Peyo” vive en Chosica y de vez en cuando nos saludamos por teléfono. Nunca olvidaré de su afectuoso interés por pintar escenas de nuestra tierra con un arte incomparable. Estoy muy orgulloso de ser amigo de un notable artista y un genial jugador de fútbol, mis hermanos del alma: “Peyo” y “Fena”.

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