Los espectros del Balcón de Judas Por Gerardo Patiño López.

Don Gerardo Patiño López, destacado periodista que por más de cincuenta años nos ha regalado con la historia viviente de nuestro pueblo heroico a través de EL MINERO, también incursionó con éxito en la narrativa. Amigo de Don Ricardo Palma fue muy influido por su genio, llegando a escribir una serie de Tradiciones Cerreñas con el seudónimo de  “El Viejito de Paragsha”, una de las cuales les entregamos en este fresco de nuestra narrativa. Para informe de los maldicientes, cuento con la autorización de su autor, mediante una carta que obra en mi poder, para publicar éste y otros trabajos puntuales que les he ido entregando a lo largo de nuestro periplo en la tarea de escribir.

fantasmasNo es inventiva. Dicen que ha sido real y recogemos este espeluznante testimonio de antaño.

Las profundidades subterráneas del llamado “Balcón de Judas” le habían dado una popularidad única, porque decenas de años duró su construcción; estaba diseñado para una nueva época de los siglos; su fantástica estructura antisísmica es como de un refugio de la era atómica o del “Rayo de la Muerte”. Su acceso se inicia con escalinatas que se truncan a semejanza de los castillos medievales, salvadas estas barreras, continúa para llegar a numerosas bóvedas o cavernas similares a hornacinas, como antesalas y con ventanas internas de diferentes formas, para seguir por serpenteantes y extensas galerías a profundidad bajo el nivel del suelo y comunicarse interiormente a algunos miles de metros de distancia, que son como salidas secretas. Su todo es como para servir de aposento a seres de otro mundo y es así que los espectros del Cementerio general del Cerro de Pasco se habían trasladado masivamente al Balcón de Judas, donde antes era quietud y tranquilidad; lo invadieron por su proximidad, ya que este señorial lugar se halla ubicado a corta distancia del campo santo, donde reposan los futuros fantasmas.

Había espectros de toda condición social y económica; algunos sus esqueletos se cubrían con sábanas blancas y en su aseo diario se lustraban los huesos con detergentes para lucir sus esbeltas como blancas siluetas; no se les conocía el sexo, edad, ni raza, pero habían a porfía de todos los tamaños. Los más desarrapados, que así se demostraban, seguramente pertenecían a las clases desvalidas, si así queremos calificarlos; se diferenciaban de los primeros, porque sus huesos estaban descoloridos. En resumen, nadie tenía nombre de pila y sólo ellos sabían el secreto de su procedencia.

El Balcón de Judas estaba ya habitado macabramente; de todos sus vericuetos y cavernas, salían y entraban los espectros en número considerable y  no se podía conocer el total de sus habitantes; en el día trataban de ocultarse de los rayos del sol, pero de nuevo, al momento en que principiaba el crepúsculo, salían a los pasillos de su palacio encantado y misterioso, testigo de las aventuras de los cerreños de antaño; por eso, cuando  de día se le ocurre a alguien  visitar ese lugar de leyenda, ve asombrado las huellas que dejan las pisadas de sus nuevos moradores. Los espectros,  ajenos al mundano vivir, moran felices; el reloj de los tiempos está detenido para ellos, pues no hay problemas de subsistencias porque nadie sabe alimentarse, no sufren de enfermedades ni vejez, no piensan en el pago de alquileres de casa, ni en la pesada carga de los impuestos, ni en las huelgas por tal o cual motivo fútil y dicen que es maravilloso ser pupilo del Balcón de Judas. De noche se pasean en grupos y visitan las nuevas tumbas del cementerio y luego se reúnen en los salones del palacio; les gusta la música y el baile y a su modo emiten cantos. Bailan con un estilo único y con música exótica y macabra. En uno de los pasillos del Balcón de Judas dos espectros se deslizan  para unirse a solas en un rincón, se observa que uno de ellos es alto y el otro de baja estatura y de “fina estampa” y con movimientos de coquetería femenina, escucha en su cavidad auditiva las palabras de: “Te quiero por tus ojos de mirar tan profundo, por tu sonrisa plena de inefable candor, por el collar de perlas más hermosa del mundo que luces en dos hileras bajo la oquedad de tu boca; te quiero por todo eso y más aún, te quiero, te quiero porque sé que nuestro amor platónico no es común, el nuestro será eterno y para siempre; aunque tu corazón no palpita y tu alma es una esfinge sombría; tú comenzaste mi dicha concediéndome  amor por amor y bien sabes que desde entonces tú  y yo somos uno, ya que la vida no existe ni tampoco la muerte; nuestro amor será verdaderamente inmortal”. Al escuchar estas palabras de amor y de galantería que no tuvo respuesta, se alejó para unirse con otros de su mismo tamaño y él desapareció por entre las galerías y se encontró con otro que los había estado contemplando absorto y dejó escapar una especie de suspiro, diciendo: “A una de ellas le he planteado mi amor en la vía ordinaria y estoy esperando estos días de rigor para que conteste el traslado, antes de acusarle rebeldía” y nos imaginamos que era el espectro de un abogado por la forma de expresarse. Hasta en el otro mundo hay amor, así lo descubrimos y los espectros dicen que allí se ama de verdad, que no hay traiciones ni divorcios y que el amor que se jura es eterno y que la ingratitud es el nombre que le dan los ignorantes y mal intencionados a una de las manifestaciones de la amnesia. Otro espectro al escuchar la palabra muerte, prorrumpió en razonamientos de su astro macabro y concluyó declamando:

                                                           ¿Cómo será la muerte?

                                                           ¿Cómo un abismo será?

¿Quién el misterio dirá…?

 Uno de esos días, ya entrada la noche, un espectro con una cuerda larga, tiene a  un perro policía que no ha perdido su instinto; éste está inquieto y logra burlar la vigilancia de su dueño y salta hacia fuera para regresar aullando lastimeramente. Todos los espectros, inquietos, salieron para ver qué es lo que ocurría y regresaron espantados y gritando de terror; ellos también sabían asustarse. ¡Están penando…! dijeron a coro. ¡Allá está!… ¡Allá está!… señalaban el camino. ¡Es un hombre vivo!… ¡Allá está! ¿No lo ven…? Es alto, tiene botas y casco. Es un hombre, yo lo he visto, dice uno de ellos. Otro le replica la afirmación. No puede ser cierto, dice, los hombres no existen, es mentira, han visto visiones; otro volvió a sostener que los vivos no existen, es tremendamente falso. No son visiones reprochó otro, yo lo vi y apuesto mi calavera; estaba vestido y fumaba una pipa y arrojaba humo por la boca y usaba guantes para el frío. El frío tampoco existe, mienten, dijo otro. Soltemos al perro policía y nos sacará de toda duda; tenemos que hacer una severa investigación para descubrir la verdad, dijo un alto y huesudo espectro y como todo un valiente salió tomando todas las precauciones del caso y llevando al perro que husmeaba todo el suelo. A los pocos instantes ambos regresaron despavoridos y espantados, él gritando desaforadamente y el perro aullando más fuerte. Es verdad, es un hombre, atestiguó, y temblaban de terror, sus huesos se movían como si solos se trituraran por el ruido de éstos y cayó desplomado sin poder continuar describiendo de cómo era el hombre vivo que se hallaba apostado a la puerta del cementerio. Todos los espectros desaparecieron en los más recónditos lugares del misterioso palacio del Balcón de Judas y atestiguando que los peores enemigos que ellos tenían eran los hombres vivos.

Desde esa noche fantástica para ellos, ya no hubo paz en el Balcón de Judas y temerosos de volver a ver al hombre vivo, se escondieron en lo más profundo de las galerías subterráneas y resolvieron mudarse a otro lugar más seguro y utilizaron los acueductos que se  comunican interiormente entre sí y salieron unos por el túnel de Rumiallana y otros por el socavón de San Judas, y al irrumpir por ese sitio, nuevamente se sorprendieron con la presencia de otro hombre vivo; era un ser extraño para ellos, lo contemplaron absortos y comenzaron a repudiarlo como a su peor enemigo. El hombre vivo que vieron por las concavidades de sus ojos, era el propio Judío Errante, que tenía establecido en la puerta del socavón de una tienda, que al ver a los inquietos espectros les llegó a hablar, pero éstos comenzaron a huir en bandadas. De allí que los espectros están ahora, ocupando las fatídicas cuevas de las Brujas de Pucagaga y en las de Rumiallana, en cuyos lugares se dice, que se escuchan lastimeros llantos y arrastrar de cadenas en los caminos y es entonces que siguen cambiando de sitios de reposo para ellos, porque se van a distancias de kilómetros largos como las cuevas de Callamarca o Sansón Machay, donde están los huesos de los animales antediluvianos que existieron en la región. Pero como el Hijo Pródigo, regresaron siempre al Balcón de Judas y pululan de vez en vez alrededor del cementerio y es donde se les puede ver, según dicen las versiones del mundo de los seres vivientes.

¿Será cierto aquello de los espectros? ¿O es sólo un cuento espeluznante?

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