MI HOMENAJE AL MAESTRO

Está estatuido que el seis de julio de celebre el día del maestro en todo el país. Este es el motivo por el que, reverente, dedique la entrega de hoy día al magisterio de admirables hombres y mujeres de nuestra patria. Comenzaremos por nuestro mártir Daniel Alcides Carrión que nos dio una clase magistral de entrega a y sacrificio por la humanidad, seguido de Gamaniel Blanco Murillo, que su vida la dedicó a luchar por los desposeídos y maltratados  obreros del Perú; como ellos, tantos otros paradigmas de los que estamos orgullosos. Hoy día, sendos monumentos proclaman la reverencia de su pueblo: Una Universidad y un Centro Pedagógico ejemplares. En ellos se están formando lo mejor de nuestra juventud.

Por mi parte, respetuoso y agradecido, pido al Divino Hacedor derrame sus bendiciones a todos los maestros que me regalaron con sus enseñanzas y consejos: René Tovar de Limas, Mamerto Galarza Mayor, Juan Casas Vásquez, Martín David Mendoza Tarazona, Pedro Martínez de Pinillos, Carlos Vílchez Murga, Eugenio Pastrana Chamorro, Elmo Ledesma Zamora, Juan José Vega Bello, y otros grandes maestros…….

En esta ocasión, a manera de un collage de homenaje, he traído un sentido homenaje a mi amigo y colega Teodoro Del Valle Fernández, unos hermosos versos de Luis Landriscina: “Maestra de Campo” y finalmente el poema de un alumno a su maestro.

Teodoro “Tico” Del Valle Fernández

“La noticia escueta y dolorosa se difundió rápidamente. Una emisora local convocaba con urgencia a los familiares a hacerse presentes en Huancayo. Allá, en forma súbita, acababa de fallecer don Teodoro Del Valle Fernández. El pueblo cerreño se estremeció de dolor. Pero… ¿Era posible? Y siguiendo la ancestral costumbre nos preguntamos; pero… ¿Cómo? si hace unos días nomás hemos estado hablando con él? Era cierto. La semana anterior lo habíamos encontrado en sus amadas calles de su Cerro con su tristeza a cuestas  y su infaltable boina negra, su sonrisa paternal y sus palabras cariñosas cargadas de recuerdos. ¿Quién podía imaginarse que unos días más nos dejaría…?!…¡¿Quién…?!.

Ahora que sus restos yacen arrullados por el suave rumor del Mantaro, entre molles, retamas y jilgueros, allá en la Incontrastable; con el dolor que  su partida nos ha suscitado, anegados de dolor, musitamos nuestro emocionado recuerdo.

Nos remontamos a la cercana tierra de su cuna, inacabable emporio de leyendas y antracita, de combates y tragedia: Goyllarisquizga, “Donde cayó una estrella”. Allá donde su niñez transcurriera guiada por paternales cuidados; donde sus primeras inquietudes nacían a la par que su adolescencia y su vida descubría nuevas perspectivas y nuevos horizontes. Allá donde preparaba su inteligencia y sus músculos en las aulas y en los campos de fútbol, alternando los éxitos y los reveses en el SPORT GOYLLAR, CLUB DE TIRO, o con el A.D.A, emporios millonarios de históricas jornadas. Allá donde comenzó a descubrir el maravilloso significado de las notas musicales, mágicos símbolos que encierran un inacabable margen de posibilidades. Desde entonces confió a ellas sus más recónditos secretos,  arrancándoles sus más intrincadas dulzuras. Así, en su juventud, etapa en la que el hombre es más puro, más heroico, determinó abrazar la carrera que más que ninguna otra requiere de entrega, de amor, de grandeza. Decidió ser MAESTRO. Lió sus bártulos y –quijote de una quimérica empresa- salió a recorrer el mundo llevando el bagaje de sus conocimientos, de su cariño, de su simpatía. ¿Qué parajes no lo han visto pasar en ese inacabable peregrinaje? Estuvo en aquellas aldehuelas que se pierden entre las nubes, blanqueadas de nieve y ateridas de frío; en las abrigadas quebradas de eucaliptos, molles y retamas; en la selva calurosa y olvidada; en los villorrios mineros donde los niños aprenden a convivir con la tragedia. En todas partes. En cada uno de estos lugares, dejó un recuerdo, dejó sus enseñanzas, en tanto las promociones educativas iban sucediéndose año tras año. En su vida jamás tuvo una palabra de desaliento o cansancio, de hastío o de queja. No. Desde el primer instante supo que el maestro es el único que coge su cruz y sigue al Nazareno. Así, sin un reproche, sin una imprecación, sin una queja, cargó con su cruz durante cuarenta años. Ocho lustros y un puñado de canciones –flor de su alma-; un cúmulo de alegrías y penas, decenas de escuelas, docenas de amigos, centenares de alumnos y una vida dedicada al servicio, a la enseñanza, al sacrificio. Un apostolado que constituye una heredad que pocos, poquísimos hombres, pueden dejar.

Un día, cuando ya el cansancio domeñaba su cuerpo, decidió retirarse. Sus ojos habían perdido el brillo y el acierto de los primeros años y le costaba trabajo descifrar el secreto del pentagrama; sus músculos lasos ya rendidos, no daban para más; el corazón se le anudaba cada vez que el dolor le acicateaba. No, ya no era el de antes. Tuvo que retirarse y, es en ese momento, a costa de su dolor, recibió su última lección. Le fue revelado que vivimos en un mundo de egoísmo y maldad; un mundo sitiado por bandoleros, saturado de inconscientes y de egoístas; un mundo intoxicado de injusticias y maldad; de ingratitudes y soberbia.

Cuando se retiró de su escuela, nadie le dijo nada. Ni un hasta luego, ni un gracias, ni un adiós; como si la vida fuera eterna, como si los mezquinos jamás habrán de llegar a viejos. El se fue en silencio, adolorido, pesaroso. ¡¿Había hecho mal en entregar su juventud a la formación de tantos hombres..?!. No. Fue muy grande para creer tal cosa y tal vez, escondiendo una lágrima entre sus ojos cansados, se retiró. En aquel momento tuvo la esperanza que sus documentos serían tramitados rápidamente. Se equivocó. No fue así. Diariamente estuvo esperando que la superioridad le hiciera justicia. “Vuélvase mañana” era el estribillo que lo atormentaba. ¡¿Hasta cuándo?! Durante días, semanas, meses, y años estuvo mendigando que le reconocieran su esfuerzo. Nada. Entonces, para sobrevivir, tuvo que desempeñar otros oficios, otros menesteres; entretanto los poderosos que juegan con la vida y el destino de los demás, no le hacían caso, hasta que hace pocos días, su corazón resentido se quebró en mil pedazos. Posiblemente en esos momentos los egoístas se apresuraron a archivar su caso. Seguramente. Total, para estos sátrapas, Teodoro del Valle Fernández era tan solo una ficha, un número, un nombre sin importancia; total, era tan sólo un maestro, un don nadie en el diccionario de los ingratos, de los egoístas, de los imbéciles; pero para nosotros fue un MAESTRO; un hombre que en tanto vivió nos alentó con su ejemplo, nos vivificó con sus palabras, nos deslumbró con su arte y nos encandiló con su sencillez y su grandeza.

Cuando pasen los años y la nostalgia nos haga evocar su presencia; cuando el ejército de ingratos no sea más que polvo ignaro sobre la tierra; polvo sin recuerdos ni huellas, polvos desconocidos y pútridos, él estará con nosotros a través del disco, de sus canciones, de su música. Y un día, sus nietos, sin haberlo conocido, se estremecerán con un huayno que desde el disco nos estará regalando, porque es bueno que los egoístas sepan que los hombres no mueren. Por eso, desde aquí, desde la distancia, no nos queda sino musitar nuestra plegaria para que el Todopoderoso le dé el descanso y la paz a que tiene legítimo derecho.

Gracias Tico, gracias, hermano, por todo lo que nos diste y, permítenos, que con el mismo calor con que lo compusimos, como una humilde siempre vida,  entone como un respetuoso epitafio la muliza que ambos compusimos.”

Plana de profesores del INEI Nº 3 en el patio de honor después de un desfile de fiestas patrias (1968)
Plana de profesores del INEI Nº 3 en el patio de honor después de un desfile de fiestas patrias (1968)
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3 thoughts on “MI HOMENAJE AL MAESTRO

  1. Gracias mi estimado Maestro Cesar, Es propicia la ocasión de desear un FELIZ DÍA A TODOS LOS MAESTROS DEL PERÚ, ya sean activos y cesantes.Que Dios nos bendiga por tan noble labor.

    1. Estimado David Avelino Valer:
      Te hago llegar mi gratitud por acordarte de mi y de mis colegas. Mucho bien nos hace encontrar generosas palabras como las tuyas. Gracias. Que Dios te bendiga

  2. Nuestros maestros siempre estarán en nuestros corazones, en el mio perdura el recuerdo y el reconocimiento representado por Ud. mi querido escribidor. Quisiera cantar una canción, pero, el tiempo se encargó que olvidara. Ya me voy de cerro china…………..continué Ud. mi querido maestro.

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