Mineros, lucha, sangre y sindicalismo (Segunda parte)

sindicalismo 2EL PRIMER SANGRIENTO ENFRENTAMIENTO

Este es un acontecimiento, por la manera en que se desarrolló y por el resultado luctuoso que arrojó, lo consideramos como un hito muy importante en la lucha laboral en el Perú

La construcción del ferrocarril Oroya-Cerro de Pasco, que había concitado un interés general en nuestro país, llegaba a su fin. El tendido había tocado el campamento de Unish, correspondiente a la Villa de Pasco. La obra que había comenzado en Shinca Machay con ochenta hombres, requirió con posterioridad el concurso de miles de obreros. El jefe del último tramo era el gigantón Zachary Doolan quien, aprovechando de su condición de jefe, trataba muy malamente a los obreros llegando muchas veces a vejarlos de obra. A este atropello añadía el antojadizo descuento que efectuaba pagando los salarios con vales sin valor. Los ánimos laboreros se hallaban encendidos. Así estaban las cosas cuando a las dos de la tarde del domingo 12 de junio de 1904, llegaba un tren de carga de la Oroya conduciendo a una cuadrilla de obreros y sus familiares. La locomotora que venía conducida por Zachary Dolían aceleró repentinamente al llegar a los cambios en donde acaeció un terrible descarrilamiento de las tres plataformas que conducía; como es fácil suponer, hombres mujeres y niños fueron arrojados aparatosamente, muchos de los cuales quedaron heridos profiriendo gritos de dolor. El pánico que se había apoderado de todos de pronto se trastocó en rabia e indignación en tanto el norteamericano se carcajeaba abiertamente desafiante. Esta actitud colmó la medida. Los hombres atacaron a puñetes y puntapiés al gringo quien de pronto demudó de color y fue presa de terror. Los obreros hubieran dado muerte al gigantesco norteamericano, de no ser por la decidida actitud del vigilante del campamento, Cecilio Salazar quien atrajo hacia él la ira de todos los hombres. Esta actitud fue aprovechada por el gringo para escapar del escenario.

Con la prontitud del caso se hizo conocer el hecho al subprefecto de la provincia don Enrique Frías quien al mando de un piquete de seis policías a cargo del Inspector Bustamante de Unish se constituyó en el lugar. A ellos se sumaron dirigentes y empleados de la compañía.

Al llegar al escenario donde los indignados hombres atendían a sus heridos, el subprefecto en lugar de apaciguarlos optó por reprenderlos descomedidamente llegando a enardecer el ánimo de los hombres que arrojaron piedras emitiendo gritos de condena y protesta. Ante esta actitud beligerante, la tropa de la Guardia Civil intervino trabándose en una lucha desigual y tremenda con los obreros. Con las armas arrebatadas a dos policías heridos, los enardecidos laboreros comenzaron a disparar a las autoridades que, cubiertos por los disparos del norteamericano Peroy Boyd huyeron a Pasco.

Entretanto, el secretario de la subprefectura enviaba un refuerzo de 10 policías armados convenientemente para reforzar a las autoridades entrecruzándose una balacera de tal magnitud que el Subprefecto tuvo que acopiar muchos refuerzos más. Este grupo de apoyo hizo huir a los obreros y sus familiares. Al final, sólo los organizadores quedaban en la lucha.

Aquella revuelta fue muy cruenta. Como corolario los sobrevivientes fueron remitidos a la cárcel y expulsados del trabajo sin ninguna atención médica ni el pago de sus haberes retrasados. Ellos fueron los héroes que, abonando con su sangre, sembraron las redentoras semillas del Sindicalismo en el Perú. Aquel día, domingo 12 de junio de 1904, cayeron los primeros mártires obreros de la lucha social en el Perú: Melchor Gamarra y Santiago Buendía.

SURGEN LOS ANARQUISTAS

«Etimológicamente la palabra «anarquía» significa sin principio, y sus postulados generales los podemos resumir así: sin ley, sin Dios, sin patria, sin Estado» (…) Surgieron los anarquistas en el viejo mundo enarbolando las banderas de la justicia social, de la igualdad ante la riqueza, de la libertad más pura, de la asociación sin desmedro del libre albedrío individual y de la fraternidad como los ideales de la nueva humanidad a que aspiraban»

Nos dice José Barba Caballero en su libro HISTORIA DEL MOVIMIENTO OBRERO EN EL PERÚ, editado en 1981, página 65.

“Por eso es que cuando la masa trabajadora cayó en la cuenta de que era víctima de una serie de abusos orquestados y discriminatorios, encuentra la manera de orientar su descontento en las prédicas de Manuel González Prada, Carlos del Barzo, Luis Ulloa, Delfín Lévano y otros intelectuales vehementes como Gliserio Tassara y Christiam Dam. Estos predicaban que la culpa de la angustiosa situación de los trabajadores la tenían los capitalistas explotadores; que había que luchar contra los que los maltrataban con todas las armas a su disposición como las huelgas, el boicot, etc. Rechazaron de plano la participación del Estado y las organizaciones políticas porque ellas: «Eran fuente de todos los males de la sociedad».

«Los principales dirigentes adoptaron la ideas anarquistas difundidas por el poeta, ensayista y brillante polemista Manuel González. Prada (1848-1918), propulsor del pensamiento revolucionario a principios del siglo en el país y uno de los primeros intelectuales en trabar relaciones con los obreros». 

«Los círculos anarquistas recogieron la experiencia del movimiento obrero internacional e impulsaron las huelgas, dotando al movimiento de una ideología socialista libertaria y de un sentido de solidaridad de clase» (…) se reunieron los líderes anarquistas más activos como los panaderos Manuel Caracciolo Lévano y su hijo Delfín, el obrero textil Luis Felipe Grillo y otros». (SULMONT, Denis: El movimiento Obrero Peruano (1890-1980) Tarea 1979:19).

 

«Los anarquistas postulan la necesidad de abolir la explotación económica pero esta tarea debía incluir la lucha contra el Estado hasta su extinción y el cuestionamiento de la religiosidad y el poder de la iglesia; de esta manera la cultura anarquista tuvo rasgos anticlericales. Pero al anarquismo no pudo formular una táctica adecuada. No aparecieron, como en Rusia o España terroristas y exaltadores de la violencia. El anarquismo terminó combinándose con el sindicalismo, en el convencimiento que las organizaciones gremiales eran el único instrumento de liberación auténtica para el proletariado. (Lecaros).

INSIGNIFICANTES INDEMNIZACIONES A DEUDOS DE ACCIDENTES

No obstante la orden presidencial de velar con justicia por el cuidado de los trabajadores y una equitativa recompensa en casos de accidentes desgraciados, la compañía norteamericana que usufructuaba las minas de la ciudad, hacía caso omiso de la disposición pagando la irrisoria suma de cincuenta soles a los deudos de los hombres fallecidos en accidentes mineros. El eco de la protesta ciudadana fue acogida por EL COMERCIO de Lima que en su editorial de 17 de mayo de 1905, decía: «Con frecuencia hemos presenciado las más tristes escenas de dolor y desolación, en muchos de los accidentes desgraciados ocurridos en las minas del sindicato yanki y sin embargo de la gravedad del daño ocasionado, nada se ha hecho ni por los directamente obligados a repararlos, ni por las colectividades que fingen defender los intereses del pueblo. De 50 a 100 soles pagados con el más sangriento desdén por la vida de un hombre, no puede ni debe considerarse como una indemnización racional que alivie en manera alguna la desgracia de una familia huérfana. Muchas consideraciones podríamos alegar en favor de nuestra clase obrera, pero las reservamos para una nueva nota que nos proponemos escribir tan luego conozcamos las estadística que la delegación de este asiento debe pasar respecto de los accidentes ocurridos el año pasado y en los meses de enero y febrero últimos, dando cumplimiento a la última circular del Director de Fomento. Asombro ha de causar ese documento, cuando el gobierno conozca el número de víctimas y el modo cómo se ha indemnizado a sus deudos abusando de su infelicidad y en muchos casos de su ignorancia» (EL COMERCIO- 17 DE MAYO DE 1905:4).

SE FUNDA LA SOCIEDAD DE TRABAJADORES CERREÑOS

Todos los sangrientos acontecimientos que hemos relatado como la hecatombe de «Pique Chico», (con un saldo trágico de 29 muertos y 56 heridos, primero, el 23 de enero de 1910, a las 6.30 de la mañana; la segunda, el 10 de agosto de 1910, a las 5 y 55 de la tarde, con el saldo de 72 cadáveres encontrados, 60 heridos y el resto de 310 hombres, desaparecidos) había logrado despertar en la comunidad laboral cerreña, una necesidad perentoria de organizarse a fin de hacer respetar sus derechos inherentes a la persona humana, es así que un grupo de hombres entusiastas propició la formación de una Sociedad que los aglutinara haciendo conocer sus fines en volantes e invitaciones que tenían el siguiente texto:

«Siendo el Cerro de Pasco una ciudad industrial de primer orden en la República y en la que existen establecidos gran número de empleados y operarios que aisladamente no pueden hacer valer sus derechos ni tampoco obtener los auxilios que mutuamente deban prestarse en los desgraciados casos de enfermedad o muerte, falta de empleo o pérdida de trabajo, es de indispensable necesidad la fundación de una Sociedad de protección Mutua que se dedique a realizar los fines ya indicados. En consecuencia se llama a todos los empleados y obreros del asiento mineral de esta ciudad y sus dependencias Smelter, Goyilarisquizga y Huaraucaca, para que en la fecha que se fijará con la debida oportunidad, se reúnan en asamblea general, para discutir y aprobar el reglamento de la sociedad que se inaugurará el lo de mayo, día memorarle en el que el mundo entero celebra la fiesta del Trabajo».

Fundada la organización al finalizar la primera década del presente siglo, tuvo una vida combatiente que, de alguna manera fue sembrando en los hombres un deseo de reivindicación. Sólo era necesario el apoyo del Gobierno. En esta espera transcurren los años hasta que llegamos a 1912.

Continúa….

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