Mineros, lucha, sangre y sindicalismo (Quinta Parte)

  1. sindicalismo 5GRAVES ACCIDENTES MINEROS EN EL AÑO DE 1915: TRECE MUERTOS
  1. La madrugada del 28 de enero, el obrero minero Jacinto Lizárraga fue aprisionado por la jaula minera, matándolo instantáneamente.
  2. La madrugada del 18 de marzo, en el Stop del Socavón de Rumiallana, murieron asfixiados: Jhon Gallagher, inglés de 40 años, encargado de encender los tiros de la mina. Moisés Rodríguez, de Piscobamba de 23 años y Bemardino Salas del mismo lugar, de 29 años, ambos casados y con hijos.
  3. El malogrado Galagher y sus dos ayudantes entraron al lugar donde se habían disparado los tiros antes del tiempo necesario para que desaparezca el antimonio y han fallecido violentamente como producto de la absorción de dicho veneno. Todos dejan viuda y huérfanos.
  4. El 23 de abril de 1915, una terrible noticia estremeció a nuestro pueblo. Un piquete de obreros de la mina Excélsior, falleció a causa de una desinteligencia que impidió la efectiva y oportuna labor de auxilio.

A las 7.30 de aquella mañana, el jefe de la cuadrilla. Francisco Fiorani que trabajaba en el nivel 400 de la mina «Excélsior», al notar que sus compañeros arrojaban espuma y vomitaban asfixiándose, llamó desesperado pulsando el timbre de la «jaula» pero, no obstante el apremio, el maquinista de la lumbrera. Augusto Goge, no hacía bajar la jaula con lo que se habría salvado la vida de estos hombres. Por la investigaciones se sabe que aquellos trágicos momentos el operado Goge no estaba en su puesto, lo que originó una terrible desgracia.

Los hombres asfixiados por un «Jumpe» venenoso, cayeron uno tras otro sin sentido después de crueles dolores y notoria asfixia. Cuando la jaula llegó, solo pudieron salvarse el timbrero Juan Rocca, Glicerio Alania ayudante de éste y el hombre que maniobró la jaula para salvarlos, Aparicio Palomino. En el fondo de la mina quedaban los cadáveres de Juan Eleodoro, Ladislao Lima, Gregorio Chávez, Ramón Aliaga, Ciríaco Bahamonde, Julián Lima, Celio Solís, y los hermanos Amador y Marcelino Loyola.

Trece víctimas en total del recio trabajo minero.

  1. LA HUELGA DE SMELTER EN 1916

Como no podía ser de otra manera, el pueblo trabajador siguió en pie de lucha, es así que en el año de 1916, se realiza otra sonada huelga en Smelter. El maestro Basadre, refiere así el hecho:

«En la fundición de Smelter surgieron también en 1916 no sólo la paralización del trabajo sino de los servicios telegráficos y de trenes. Este problema llegó a ser resuelto por el Prefecto de Lima. La Empresa se comprometió a aumentar los jornales en un 10% y en un 20% y a establecer el régimen de ocho horas de trabajo. De ello quedó constancia en la memoria del Ministro de Gobierno, Ezequiel Muñoz, correspondiente a 1917». (BASADRE, Jorge-» Historia de la República del Perú», Tomo 12: 482).

LA LUCHA POR LA JORNADA DE LAS OCHO HORAS

Fue la Federación de Obreros Panaderos «Estrella del Perú» la que en su declaración de principios del 1 ° de mayo de 1905, inscribió como su lema de reforma inmediata, la lucha por la consecución de las ocho horas. Esta avanzada necesidad fue ratificada por la Unión General de Jornaleros del Callao en su pliego de reclamos presentado en noviembre de 1912. Simultáneamente, a través de combativos periódicos obreros fue sembrándose la conciencia en la masa trabajadora. Esta lucha tuvo sus frutos cuando el 10 de enero de 1913, el sensible Presidente de la República, Guillermo Billinghurst, expide el Decreto Supremo estableciendo la Jomada de las Ocho Horas en el Muelle y Dársena del Callao, con el tenor siguiente: «Vista la petición formulada por los jornaleros del Muelle y Dársena en la bahía del callao y encontrándose justificadas las razones que expone; se resuelve: Desde la fecha, la descarga en el Muelle y Dársena y en la bahía del callao tendrá lugar durante todos los días útiles del año desde las 7. a.m. hasta las 11 y desde la 1 PM hasta las cinco de la tarde, derogándose en esta parte el artículo 41 del Reglamento aprobado por la Resolución Suprema de 31 de marzo de 1875. Rúbrica de S.E. -Maldonado». De inmediato se sucedieron numerosas huelgas solicitando la misma reivindicación. Largos fueron los años en los que se siguió luchando por la consecución de las ocho horas. Lo más saltante fue lo que aconteció los primeros días del año 19. Durante los días 13,14 y 15 de enero de 1919 Lima quedó paralizada mediante una gigantesca huelga general. La represión no se hizo esperar, pero igualmente el ánimo proletario también estaba al tope. Por fin el Ministro de Fomento Manuel Aurelio Vinelli convence al Presidente Pardo para que firmase el Decreto Supremo que establecía la Jomada de las Ocho horas de Trabajo en las dependencias del Estado. Las empresas particulares tratarían el aumento de mutuo acuerdo con sus trabajadores.

«La combatividad obrera y la paralización total de las actividades en la capital crearon un clima de zozobra en el seno de las clases dominantes y obligaron al Gobierno a negociar. Se constituyó una Comisión Obrera, acompañada por dirigentes estudiantiles, entre los cuales se encontraba Vítor Raúl Haya de la Torre, que entabló conversaciones con el Ministro de Fomento. La solución conciliatoria planteada por los dirigentes estudiantiles fue rechazada por los obreros. El Presidente Prado acabo por ceder y emitió el Decreto reconociendo la jornada de las ocho horas el 15 de enero» (SULMONT, Senis, «El movimiento obrero peruano (1890-1980). Tarea 1979:22).

Femando Lecaros, que ha publicado interesante aportes al conocimiento de esta etapa de nuestra historia, dice al respecto:

«Pero tan importante como la jornada de trabajo era el costo de vida, el ascenso o descenso en los precios del pan o la carne de vacuno constituía un verdadero termómetro de la precaria economía popular. Al efectuar las fluctuaciones de estos precios al conjunto de la población urbana, eran un elemento cohesionante de las movilizaciones sociales. En 1919, el alza vertiginosa del costo de vida, como anotó Wilfredo Kapsoli, desencadena en Lima y Callao un movimiento huelguístico que conmocionó a la República Aristocrática» 

«Otra característica del joven proletariado peruano es el intento de formular o desarrollar una cultura popular diferente. El fenómeno fue facilitado porque la mayoría de esos trabajadores eran alfabetos. Muchos de ellos emigrantes, descendientes de italianos como Tassara o el propio Delfín Lévano. Contribuyó también la significativa presencia de artesanos, por los menos hasta 1920. Pero lo cierto es que esa cultura autónoma era una exigencia en la medida en que la sociedad oligárquica al monopolizar la vida intelectual quiso marginar por completo a los trabajadores, condenándolos a persistir en la «ignorancia». Para la oligarquía, la inteligencia la inteligencia sólo era posible con el dinero y el apellido correspondiente. Se explica por estas razones que frente al periodismo de la clase dominante (La Prensa o El Comercio) surgieran subterráneamente, hojas, boletines, revistas y periódicos redactados por artesanos y obreros (…) pero al lado de la actividad periodística, existieron también conjuntos musicales, compositores, obras de teatro, poesías y círculo culturales. A pesar de las duras jornadas de trabajo, se utilizaban las pocas horas disponibles para emprender lecturas colectivas, discutir nuevas ideas y tratar de comprender a los clásicos del anarquismo. (…) Los anarquistas creían en la necesidad de mantener y consolidar la autonomía de los trabajadores y supieron proceder con toda consecuencia: todas las actividades eran realizadas por trabajadores y destinadas también sólo a un público de obreros y artesanos. Personajes como Riva Agüero o Víctor Andrés Belaúnde ignoraron este mundo. Pero en cambio, la labor cultural de los anarquistas alentó a aquellos elementos contestatarios de la sociedad oligárquica: Haya de la Torre y Mariátegui no negaron la deuda contraía con ellos». (…) En estas condiciones se elaboró la ideología anarquista, que hegemonizaría sobre el proletariado peruano en las fases iniciales del movimiento obrero. Conviene precisarlas.

Es necesario puntualizar que la policía de aquellos días -bueno, como siempre- se distinguió por su acción brutal en contra del pueblo. Una perla de su accionar en nuestro pueblo es el de la salvaje represión en contra ocho ferroviarios comandados por Washington Oviedo, un olvidado preclaro hombre de lucha, que al levantarse en contra del abuso de los gringos de la Railway, no solo fue salvajemente maltratado sino que, mancornado y sangrante lo depositaron en un tren de carga para que fuera abandonado muy lejos de la ciudad; es decir, los gringos expatriaban a sus trabajadores que no eran de sus simpatías. Esto ocurrió en el año de 1908. La acción matonesca de la policía siempre estuvo en contra de la clase trabajadora. La acción de los trabajadores, sin embargo, fueron más profundas porque era una lucha por la supervivencia de sus familiares, mal nutridos y faltos de instrucción, mientras el estado efectuaba ingentes gastos en celebraciones que deslumbraban a los extranjeros a costa del sacrificio de un pueblo hambriento.

El movimiento anarco-sindicalista fue tomado caracteres de un movimiento nacional, hijo del descontento colectivo; los postulados de la justicia social se difundieron rápidamente en los organismos obreros y no obstante la dura represión de las autoridades policiales. Pero todo el sistema de terror no podía impedir que la evolución lógica de la estructura social deforme del país hacía natural e incontenible; así como los dirigentes sindicales no obstante las torturas y privaciones a que eran sometidos continuaron con su lucha; Fonkén, Azabache, Villasante, Cutarra, Barba, Delfín Lévano, Pisconte entre los gremios de panaderos, textiles, choferes, campesinos y ferroviarios

Fin……

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