LA AVIACIÓN EN EL CERRO DE PASCO (Primera parte)

Aviacion en Cerro de PascoAlentado por un bien documentado periodismo de comienzos del siglo XX, el Cerro de Pasco asume la novísima afición que comenzaba a causar sensación en el mundo: la Aeronáutica. Pocos pueblos como el nuestro estuvieron pendientes de sus espectaculares logros. Desde aquel lejano 17 de diciembre de 1903, cuando el precursor Orville Wright, en frágil aparato de alambre, madera y tela, realiza el primer vuelo en Kitty Hawk (Estados Unidos de Norteamérica), los periódicos cerreños llenaron  sus páginas con los últimos acontecimientos del caso. Era un  tema recurrente. Páginas enteras se dedicaron a las actividades que se efectuaban en los cielos del mundo. Así, en una nota editorial de “Los Andes”, escrita por el director, Sebastián Estrella Robles, decía: “Por naturales exigencias de la vida de relación, es el movimiento y cambio de lugar, una de las más imperiosas necesidades del hombre. Como quiera que el gozo de la satisfacción es tanto más intensa cuanto mayor la necesidad sentida, el hombre halla verdadero placer en trasladarse rápidamente de un punto a otro sin tropezar con obstáculos. Ya los poetas griegos atribuyeron a los dioses la facultad de moverse rápidamente en todas las direcciones y recorrer en un momento, enormes  distancias. En cambio los pueblos orientales, concibieron dioses soñolientos, perezosos e imperturbables, en perpetua inmovilidad. No era posible que, acostumbrados a la idea inmóvil de Brahma, surgieran los hierofantes de la locomoción como Watt, Stephenson, Montgolfier o Cougnoto. Hombres que convirtieron en práctica viejos sueños de los carros de fuego, violentos hipogrifos,  sutilísimas alas de genios, héroes y dioses que servían para moverse a su libre albedrío por la inmensidad de los cielos.

El Renacimiento despertó el afán de los viajes, de las exploraciones y descubrimientos geográficos, en busca de nuevos escenarios dónde asentar su planta y abrir anchas vías en el camino del perfeccionamiento humano. El anhelo de moverse rápidamente por los aires, ofrece tres etapas: La místico-religiosa, la teo-demoníaca y la científica. Cada una correspondiente  a las edades antigua, media y moderna. La primera tiene el carácter religioso que nos hace recordar el pasaje del Evangelio en que el espíritu del maligno lleva a Cristo en volandas hasta las alturas del templo; y  aquel otro en que el Salvador asciende milagrosamente al cielo. En los hechos de los Apóstoles leemos que Simón Mago intentó elevarse por los aires. La vida de los taumaturgos está llena de milagros aéreos, desde San Pablo que se eleva al séptimo cielo a  San Antonio de Padua, que es favorecido con el don de la ubicuidad. Más tarde, en la Edad Media, la superstición y fanatismo ignorantes, otorgan al demonio un poder excepcional de todos los prodigios y, cotidianamente, se ven desplazándose por los aires a  cabalgata aérea de brujas montadas en palos de escoba y demonios en busca de la perdición del hombre. Los siglos XVI y XVII marcan el renacimiento científico donde se mecen las ciencias que dan origen a Galileo y Descartes que descorren el velo tras el cual se ocultaban las ciencias físicas y naturales. El telescopio dilataba la extensión de los cielos dando infinito campo a la vista humana e impulso a la astrología, la alquimia, la nigromancia, la  teúrgia, todas las ciencias ocultas a cuyo estudio se entregaron hombres tan doctos como Paracelso y Cardano. Entonces surgió el anhelo de vencer la pesadez de la materia física y dominar el espacio y el tiempo, dos formas tiránicas del infinito. El siglo XVIII produjo una profunda revolución intelectual, especialmente en Francia. Fue la época de la Filosofía.  Todo se puso en discusión y en tela de juicio resumido en la enciclopedia, personificado por Voltaire, soberano de los entendimientos. Entonces los genios de Watt, Fulton, Papín, Stephenson, Cugnot y Montgolfier dieron la primera forma de rapidez y estabilidad a locomociones terrestres, marítimas y aéreas. Julio Verne nos dice en sus obras que todo es posible. En estos últimos días nos llegan noticias de que el hombre está comenzando a dominar el espacio con el fin de llegar más rápido a su destino, obviando distancias y geografías. En nuestras páginas hallarán, nuestros lectores, todas las noticias referidas a esta aventura que supera los límites de lo soñado por los más osados”.

La primicia que lanza “El Industrial” en primera página, dice “Primeros vuelos a motor en Europa”.- “Durante el mes de noviembre de 1906, en Bagatelle, Francia, el aviador brasileño Alberto Santos Dumont ha logrado volar una distancia de 220 metros, durante casi 21 segundos, estableciendo así un récord increíble que demuestra, por primera vez en Europa, la posibilidad de sustentación de máquinas más pesadas que el aire”.

Lo que vino después es una sucesiva racha de notables informaciones respecto del adelanto de la aviación. En la “Pirámide de Junín” se detallaba: “En 1905 los Wright demuestran en Dayton, Ohio, con su modelo Flyer III, disponer de un avión confiable al volar durante 38 minutos estableciendo un nuevo récord mundial de tiempo en vuelo. La incipiente aviación encuentra entretanto en Francia el escenario de otros resonantes avances, es allí en donde Wilbur y Orville Wright obtienen el reconocimiento que les es retaceado inicialmente en su propio país”.

“En octubre de 1907 el francés Henri Farman, establece un nuevo récord de velocidad: Ha alcanzado 53 kilómetros por hora en un biplano en Issy-les-Moulineaux, Francia”.

“En noviembre de 1908, Wilbur Wright en un biplano establece un nuevo récord mundial al volar a 25 metros de altura en Camp d’Auvours, Francia”. “Tan sólo unos meses después -finales de 1908 -el norteamericano Glenn H. Curtiss logra volar con un avión biplano diseñado por la American Experiment Association y denominado June Bug, una distancia superior a una milla en Hammondsport, Nueva York”.

Una proeza extraordinaria en el Cerro de Pasco.

Las noticias difundidas por los diarios cerreños habían causado tal sensación que tres amigos que cumplían actividades mineras en nuestra ciudad, deciden unir sus talentos para construir un avión. El pueblo está en vilo ante la noticia. Uno, el ingeniero Alfredo Armand, dueño de la mina “El Ebro”; otro, el ingeniero mecánico, Leonardo César Ugarte y, el tercero, el ingeniero electricista, Silvio Roggero. Producto de sus investigaciones y sucesivos experimentos con planos y estudios que se efectuaban en Estados Unidos y Europa –los consulados eran el nexo preciso- llegan a fabricar una nave y tras la exhibición en el pueblo, la hacen volar en los cielos cerreños con éxito notable. Fatalmente, el aparato después de unas vueltas espectaculares, se estrelló aparatosamente en la laguna de Quiulacocha, dejando el sello de la exitosa inventiva de los tres geniales amigos que son considerados, con mucha justicia, como pioneros de nuestra aviación. Hay que imaginarse la ola de admiración que se levantó en la ciudad. Esta vez, no sólo los periódicos locales magnificaron el suceso, también los de Lima y el extranjero. Al año siguiente -1909-, los diarios informan de la extraordinaria hazaña del piloto francés Bleriot al cruzar exitosamente el Canal de la Mancha. El diario “el Siglo”, informa así: “El 25 de julio de 1909, el aviador francés Louis Bleriot ha concretado la hazaña de volar sobre el Canal de la Mancha uniendo por primera vez en avión, Francia con Inglaterra. El vuelo se inició en Calais culminando sin sobresaltos 40 minutos más tarde en Dover. Bleriot ha utilizado para esta proeza un avión monoplano de su propia fabricación equipado con un motor de 28 HP y ha realizado gran parte de su travesía volando a baja altura. La trascendencia de su hazaña tendrá repercusiones políticas y estratégicas. Por primera vez Inglaterra resulta accesible por aire relativizándose así la importancia defensiva que hasta entonces le otorgan a sus fronteras marítimas”.

Como no podía ser de otra manera, el pueblo cerreño se conmueve profundamente al conocer el notable intento de Jorge Chávez Dartnell, de cruzar los Alpes aquel fatal 23 de setiembre de 1910. Fue sentida su trágica muerte al estrellarse  su avión cuando casi había logrado superar la meta.

Aviacion en Cerro de Pasco 1Son también noticias de primera plana los vuelos experimentales en planeadores que realizan entre Lima y Arequipa algunos pilotos peruanos entre 1910 y 1911; la llegada de Carlos Tenaud y Juan Bielovucic, en enero de 1911, para efectuar  demostraciones de la pericia que habían adquirido en Europa; la trágica muerte de Carlos Tenaud, el dos de febrero de 1911, al enredársele su nave en unos cables de alta tensión en Limatambo. Juan Bielovucic que ostenta el record mundial de travesía al volar 550 kilómetros de París a Burdeos el año anterior, tiene mejor suerte que Tenaud y triunfa. El 29 de enero vuela a Ancón en 59 minutos causando asombro. Bielovicuc tenía una meta perfectamente definida. Para cumplirla se prepara en los cielos de Lima en vuelos diarios hasta el 25 de enero de 1913, en que se cubre de gloria al atravesar exitosamente Los Alpes, siguiendo la ruta trazada por Jorge Chávez. Hasta ese momento nadie había logrado superar la hazaña de Jorge Chávez su compatriota y amigo.

(….)

Los diarios cerreños de entonces continúan informando al detalle las noticias de la aviación. El 12 de marzo de 1913, el piloto peruano Juan Ramón Montero, brevetado en Francia, efectúa el primer vuelo de crucero de larga distancia entre Bellavista y Pisco. Entre agosto y setiembre de 1915, el chileno Clodomiro Figueroa, realiza espectaculares demostraciones de sus habilidades en Mollendo, Arequipa y Lima. El 15 de diciembre de 1915, se ejecuta el primer vuelo de carácter militar en el Perú. El capitán Juan 0’Connor, brevetado en Francia en 1913, al mando de un Bleriot armado por él y el ingeniero Rómulo Burga Arana, con elementos sobrantes de los aparatos de los pilotos Rappini y Montero, sobrevuela el «Cascajal» en Monterrico y las playas de Conchán. Esta era una clara demostración de que nuestra aviación militar estaba lista para entrar en combate. En noviembre de 1916, el piloto chileno Eleodoro Rojas realiza una serie de vuelos acrobáticos en los cielos de Lima con la máquina de su compatriota Clodomiro Figueroa. En una de esas pruebas estuvo a punto de perder la vida; felizmente, gracias a su fortaleza sobrevivió al accidente. Aquel mismo mes y año, un grupo de oficiales del ejército y la marina, son enviados a la Escuela Argentina “El Palomar” a recibir instrucción técnica. Allí destacan los tenientes Enrique Ruiz Espinoza, Guillermo Protzel, Roberto Velasco e Ismael Montoya de la Marina, y Carlos Alvarillo y Baltazar Montoya, del Ejército. Fatalmente, el 13 de marzo de 1918, fallece trágicamente Enrique Ruiz Espinoza.

Por aquellos días, en medio del clamor popular, llega a  nuestra ciudad el héroe nacional, Juan Bielovucic. Lastimosamente el Cerro de Pasco no pudo verlo en acción; víctima de un  agudo «soroche» retornó a la capital.

CONTINÚA….

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