LA AVIACIÓN EN EL CERRO DE PASCO (Tercera parte)

El Raid Aéreo Lima – Cerro – Lima

Los primeros días de mayo de 1921, se cumplió el sueño de todos los cerreños. Ese día se realizó con gran éxito el mencionado raid. La población se hallaba poseída de indescriptible júbilo por la estupenda hazaña del aviador italiano Giovanni Ancilotto, al pasar por el punto más culminante de nuestros Andes. La gigantesca empresa efectuada por el hábil piloto batiendo, un récord mundial, había despertado sin duda, en todo los ámbitos del país la más grata de las sensaciones y las más grandes de las simpatías.

Aparte de este monumental vuelo que acababa de realizar Ancilloto, cábele el orgullo de haber batido un record que repercutió notablemente en el mundo de la aviación.

Las expectativas del público desde el anuncio del atrevido raid, fueron intensificándose cada vez más y la ansiedad a medida que el tiempo transcurría se hacía más grande.

En las páginas de su monumental libro LA AVIACIÓN EN EL PERÚ, el capitán F. A. P retirado, Alberto Fernández Prada Effio, refiere así aquella hazaña: “El dos de mayo de 1921, Giovanni Ancilloto, piloteando un avión “S V A” de caza, motor “SPA – 6” tipo “Balilla”, partía de Maranga a las 5.40 horas con rumbo al Cerro de Pasco. En su desplazamiento alcanzó una altura de 17,589 pies, sobre el nivel del mar, al sobrevolar el Monte Meiggs, el punto más elevado de los Andes y recorriendo más de 1,000 kilómetros en 8 horas de vuelo; toda una hazaña entonces. El Inspector de Correos, señor Luis Rosas Castro, telegrafió a Palacio de Gobierno en Lima, dando cuenta del éxito del aviador italiano. El 8 de mayo de 1921- después de haber gozado de los homenajes que el Cerro de Pasco le brindó- Ancilloto emprende el regreso a Lima, sobrevolando nuevamente los Andes, aterrizando en Maranga después de 1. 30. El audaz piloto italiano, entre tantos obsequios recibidos por su hazaña, trajo una hermosa Cruz de Malta, de oro macizo, que tenía la siguiente inscripción: “Homenaje de la ciudad del Cerro de Pasco, en los Andes, al Teniente Giovanni Ancilloto, por su brillante raid: Lima – Cerro de Pasco.- Mayo de 1921”.

De acuerdo a lo que dicen los diarios de entonces, seguimos reproduciendo la emoción vivida por nuestra gente: “El domingo, como el día anterior, una multitud de personas se dirigió al campo de aviación y las gentes todas de la ciudad, escudriñaban continuamente el horizonte en espera de que de un momento a otro se presentara la nave, pero terminó el día sin poder ver cumplido su deseo de admirarlo. Se envió, entonces, el siguiente telegrama a La Oroya preguntando sobre el viaje del aviador, obteniéndose la respuesta positiva.

Como se ve, Ancilotto subió el domingo hasta Ticlio de donde regresó a Lima a causa del mal tiempo en la cordillera, sin embargo la prensa recibió la sensacional noticia telegráfica de que el aviador había pasado por la Oroya a las 11:45 a.m. Inmediatamente fijó la noticia en una pizarra por lo que el público se llenó de júbilo, y en ese momento, gran número de personas se dirigió al campo de aterrizaje de Quiulacocha.

Minutos después de las doce del meridiano se avistó el avión hacia el cerro de Uliachín produciendo un delirante entusiasmo que se tradujo en aplausos y gritos. Los cerros de Santa Catalina, Jaujaypata, Huancapucro y Mesapata se hallaban cubiertos de espectadores que agitaban banderas, sombreros y pañuelos en señal de regocijo y bienvenida al piloto italiano.

Aviacion en Cerro de Pasco 0

Su ingreso a la zona de la población lo hizo Ancilotto a 4500 m.s.n.m., descendiendo suavemente a medida que volaba sobre la ciudad hasta llegar a los 200 m. Eran entonces las 12:10 p.m., habiendo cubierto por lo tanto la distancia entre Lima y Cerro, en una hora y 35 minutos. A esta altura (200 m.) realizó diversas y hermosas evoluciones ante la mirada emocionada y atónita de los cerreños que vitoreaban y aplaudían al héroe italiano, luego se dirigió hacia el campo de aterrizaje. Aterrizó en forma elegantísima e impecable, en medio de ensordecedores aplausos  en el campo de Quiulacocha. Era las 12:25 p.m.

El aparato recorrió aún después de tocar tierra, cerca de 400 m., en terreno desigual que el aviador supo salvar con inteligencia, evitando así un posible accidente.

A esta hora sólo se hallaban en el campo de aviación los señores Carlos y Pío Languasco y Enrique Travi, pues la rapidez del viaje y lo sorpresivo de la llegada del piloto italiano, no permitió que acudiesen autoridades y más gente a darle la bienvenida en el lugar de su descenso.

Los Sres. Languasco y Travi apenas tuvieron tiempo para prender 4 grandes fogatas que señalaban el lugar donde debía aterrizar cuando la nave tripulada por Ancilotto apareció en el espacio.

Avistadas las señales por el aviador, éste enfiló la maravillosa ave mecánica hacia el campo de aterrizaje, descendiendo sutilmente. Inmediatamente se precipitaron sobre él, intensamente emocionados, Languasco y Travi y abrazaron emocionada y estrechamente al célebre y heroico aviador. El instante era verdaderamente conmovedor.

Momentos después llegaban al campo, en automóvil, el doctor Miguel Martínez,  Presidente de la Corte Superior; el doctor Zárate, vocal de la misma; el señor Ricardo Alania, Alcalde de la ciudad; el señor Luis T. Ibarra, Tesorero Fiscal; el señor Samuel Palacios Gálvez, Presidente del Club de la Unión; Francisco Benvenutto,  y muchos otros caballeros más, quienes le dieron la bienvenida al osado piloto. El aviador Ancilotto, subió a la motocicleta de los señores Languasco y en ella hizo el viaje hasta el Cerro de Pasco. Al pasar por el pueblo de Quiulacocha fue obsequiado por el señor Oscar Ibarra, vecino de ese lugar, con un hermoso ramo de pensamientos.

Durante su trayecto la multitud que se dirigía a su encuentro dándole la bienvenida, prorrumpía en constantes ovaciones al piloto quien, sonriente, correspondía a esas demostraciones de simpatía y admiración con vivas al Perú.

Innumerables camiones, autos y carretas, llenos de pasajeros seguían a la motocicleta donde viajaba Ancilotto. Al llegar éste a la plazuela de Tambo Colorado recibió el obsequio de otro ramo de flores –presente del consulado italiano- entregado esta vez por la señorita Norma Luchini; luego, la enorme concurrencia lo obligó a descender del vehículo que lo transportaba y  en hombros y en medio de delirantes ovaciones y vítores a Italia y al aviador, entró en el centro de la ciudad, en justiciero y merecido trayecto triunfal.

CONTINUA…

CONTINÚA…..

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