LA LEYENDA DE LA VIRGEN TAPEÑA

virgen tapeñaTodo el mundo en general

a voces reina escogida,

diga que sois concebida

sin pecado original.

Recostado en uno de los gigantescos promontorios del bellísimo valle de  Chaupihuaranga, está Tápuc., uno de los pueblos más hermosos de Pasco.  Custodiado por el legendario cerro Chumbivilcas y circundado por eucaliptos, molles y retamas, los diligentes pobladores del lugar habitan sus viviendas de quincha y barro, agrupadas en cuatro barrios tradicionales: Kayao, Huaylas, Allauca e Inga.

Es el barrio Inga, donde hace muchos años vivía un matrimonio de apellido INKA, constituido por un noble creyente y trabajador campesino, su laboriosa mujer y una única hija, alegría y contento del hogar.

La niña de muy corta edad, piadosa y esforzada como pocas, ayudaba a su madre en la delicada atención de los sembríos y los animales de la casa, en la recolección de la leña para el hogar y, sobre todo, en el cotidiano acopio de agua para las necesidades diarias. Esta obligación la cumplía puntual y cotidianamente con los primeros rayos del alba, cuando pajarillos y gallos con sus trinos y cantos estrepitosos, saludaba a la mañana.

Un día en que aparecía el sol por el oriente, alegre y retozona, partió a cumplir su tarea diaria. Al prepararse para llenar su porongo en el puquial, quedó conmovida al oír un coro de dulces voces juveniles cantando himnos muy hermosos. En el mismo instante, una luz brillante y cegadora, fue envolviendo el ambiente. Cuando levantó los ojos, vio a una bellísima mujer, todavía joven, que flotando ingrávida por los aires, la contemplaba sonriente.

Blondos cabellos sueltos enmarcaban el atractivo rostro agareno y ovalado de cejas finas y arqueadas que guarnecían los ojos claros y muy vivos.  Nariz delicada, labios delgados y encarnados, entreabiertos en una dulce sonrisa. Vestía una túnica blanquísima sobre la que flameaba un manto celeste como el cielo. Con las delicadas manos de dedos finos y alargados sobre el pecho, un pie sobre una luna de plata en cuarto menguante, aprisionaba fuertemente una serpiente que agónica efectuaba movimientos de estertor sin poder librarse de las sandalias de oro que la presionaban. La bella dama, circundada de un halo rutilante de esplendor, estaba rodeado de seis ángeles en figura de párvulos alados que portaban en sus manos, crisantemos, rosas, camelias, claveles, azucenas, jazmines, nardos, magnolias, azaleas, begonias, gladiolos, amapolas que emanaban aromas embriagadores. Sobre su cabeza una corona de doce refulgentes estrellas y, más arriba, manteniéndose en los aires, el Espíritu Santo en forma de paloma, lanzando exhalaciones de luz que alumbraban el cuerpo de la maravillosa aparición.

  • Sabe, hija mía –dijo con dulce acento la encantadora visión- yo soy María Virgen, madre de Dios verdadero. Quiero que aquí me construyan mi casa donde me mostraré piadosa madre contigo, con los tuyos y con mis devotos. Ve a tu casa y en mi nombre dile a tu padre que tengo particular deseo que me edifiquen un templo sobre este puquial. Cuéntale todo lo que has visto y oído y ve segura que agradecida te pagaré el cuidado y solicitud que pusieres…

Diciendo esto, la Madre de Dios, se elevó lentamente hacia los cielos perdiéndose más tarde entre extrañas nubes de arrebol y conmovedora música celestial.

Después de salir del éxtasis, dejando su porongo sumergido en el agua, la niña fue corriendo a su casa y emocionada relató a su padre todo lo que le había acontecido, poniendo especial énfasis en el mensaje.

Inicialmente no le creyó una sola palabra, pero fue tanta la insistencia y unción que puso la niña que emocionado porque la Virgen le hubiera elegido a él, decidió acatar la orden. Durante todo el día se ocupó de convocar a los vecinos y aquella misma noche, unidos todos en derredor del puquial de Tauripampa, rezando en devoto recogimiento, masticando coca y bebiendo sendos vasos de chichas de jora, esperaron la medianoche.

Justo en el minuto en que muere un día y nace el siguiente, unos fulgores arcanos fueron bajando lentamente del cielo iluminando como potentes reflectores los totorales del puquial. Invisibles coros de sublimes voces inundaban el ambiente justamente con la fragancia de miles de flores exóticas y bellas. Extasiados los tapeños, vieron la excelsa visión de la Reina de los Cielos aparecer fugazmente nimbada por una luz de extrañas transparencias y, luego de unos segundos, elevarse hacia el firmamento. De rodillas y conmovidos, hombres, mujeres y niños oraron reverentes con los ojos gachos y humedecidos. Cuando volvieron la mirada, vieron que la aparición se había materializado en una bella estatua entre los totorales.

Después de realizado el milagro, llevaron en procesión a la Virgen de la Inmaculada Concepción hasta Tapucruz, paraje ubicado en una frígida elevación al NO. de la población, donde habían construido el oratorio.

Al día siguiente, con la claridad del día, hombres y mujeres, llevando flores y velas, fueron a visitar a la Virgen a la ermita donde la habían dejado el día anterior. No la encontraron. Intrigados por la desaparición, se echaron a buscar con mucho empeño. No dejaron ni un resquicio sin escudriñar. Subieron a los cerros más agrestes y bajaron a los llanos más calientes sin encontrarla. La mañana siguiente fue hallada por la niña en los totorales de Tauripampa. En la suposición de que algunas personas pudieran haberla trasladado en la noche, la regresaron a su ermita. Y por segunda vez, aprovechando la oscuridad, la Virgen volvió al lugar donde había sido hallada. Cuando por tercera vez, la hicieron regresar a su capilla, juzgando que la Santa Madre era caprichosa al exigir la construcción de una ermita en el puquial; la inmaculada volvió a presentarse a la niña.

  • Veo hija mía, que mis devotos no quieren oír mi súplica.
  • No, mamita. Mi gente cree que estás mejor allá, en Tapucruz; es más seguro, por eso te han hecho tu capilla allá.
  • Yo no pedí eso, hija mía.
  • No, mamita, pero ellos creen que será imposible poder construir nada sobre el puquial.
  • Cuando se tiene fe y se quiere, todo se puede. Ve y dile a tu gente que haga lo que pido; caso contrario descargaré mi cólera sobre tu pueblo.

Fue suficiente.

Después de desecar el gran manantial de Tauripampa, erigieron la Iglesia en honor a la Virgen María Inmaculada Concepción, la que siempre derramó sus bendiciones sobre la tierra y las gentes tapeñas.

virgen tapeña 2

A partir de entonces. Ella es la matrona del pueblo de Tápuc, mismo que con gran fe celebra la fiesta patronal el 8 de diciembre de cada año.

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