La muerte del Ministro de Fomento Ernesto Sousa

Ernesto SousaNuestra Carretera Central tuvo en Ernesto Sousa, Ministro de Fomento, un  artífice de actividad encomiable. Él descansa en paz al lado de los visionarios cerreños Santos Cuadrado y Pérez, Salinas, Oyarzábal, Beloglio, Cornejo, Blanco y Delgado que le antecedieron en sueños y realizaciones.

La mañana antes de su muerte había recibido la visita de personas notables del Cerro de Pasco. Con mucha amabilidad conversó con cada uno de ellas, dando detalles de las experiencias que le había tocado vivir. Su entusiasmo contagioso, siempre vigente, superaba con creces el malestar que ya se estaba posesionado de su organismo.

Lejos de descansar, exigió que se hicieran presentes en su cuarto a todos los miembros de su delegación para encargarles sus correspondientes misiones: Al ingeniero Edgardo Portaro, la realización de algunos estudios técnicos; a su hijo, doctor Sousa Almandoz, algunos estudios sobre la aplicación de las leyes que favorezcan a los obreros y empleados; al señor Villena, una descripción detallada –como periodista- de las diversas labores de la mina Colquijirca, a fin de que se conociera ampliamente su importancia.

Terminados los encargos, expresó su deseo de visitar la mina. Se le notaba  extremadamente cansado. La presión y la fiebre le habían subido. Los médicos alarmados le insinuaron su retorno inmediato a Lima….

  • Sería una demora innecesaria…el país no puede esperar más –dijo- Tengan la seguridad de que mañana ya estaré perfectamente. Ahora déjenme descansar un poco ya que mañana será un día de mucha agitación.

Completamente cansado, se quedó dormido. En la salita contigua, ante el requerimiento del doctor Bravo y los periodistas cerreños –Ráez, Urbina, Cisneros y Hurtado-  le pidieron al periodista Villena les hiciera un somero relato de la travesía correspondiente a la zona centro. Era necesario que los médicos tomaran en cuenta el tiempo en el que había estado sometido a extenuantes esfuerzos y, los periodistas pudieran publicar el itinerario seguido.

“Comenzaré en la zona correspondiente al Cerro de Pasco, que es lo que más interesa” -empezó diciendo Villena-.  “Primeramente los integrantes de la comitiva. Benjamín Patiño, diputado por Canta y José G. Otero, diputado por Tarma, ingeniero Edgardo Portaro que ya lo había acompañado a su gira por el sur; doctor  Ernesto Souza Almandoz, hijo mayor del Ministro; yo Carlos Villena Q, que en mi calidad de periodista y secretario lo acompañé al sur; Ernesto Aranda, oficial primero de la sección Ferrocarriles del Ministerio de Fomento; capitán Bruno Gayoso, del Estado Mayor, designado por el Ministro de Guerra para que sea su Ayudante; Lizandro Proaño, Víctor Priano, e ingeniero Manuel B. Llosa, miembros del Comité de la Carretera Cerro – Canta – Lima.(…)

“Ayer llegamos aquí a Colquijirca y don Eulogio Fernandini ha dispuesto que todo el personal de la compañía, especialmente médicos y elementos de apoyo, se pongan a las órdenes del Ministro. Es más, este alojamiento que nos ha dispuesto -a decir del señor Ministro- en un pedazo del Country Club de Lima, por su comodidad”. Cuando el doctor Bravo, médico de Colquijirca vio al enfermo, comprobó que tenía la respiración muy dificultosa, sus pulsaciones habían aumentado y la coloración azul morada de su rostro iba acentuándose sobre la palidez. Le suministraron oxígeno y le inyectaron medicamentos que reforzaran el trabajo del corazón.

En una salita contigua se reunieron los médicos Bravo, Patiño y el hijo del Ministro. Determinaron que estaba atravesando por un momento muy dramático y que, de seguir así, ya nada podrían hacer por salvarle. Lo único que quedaba fue encargarle a su hijo a que pusiera en juego todos los recursos posibles para lograr su aceptación de retorno a Lima: la única manera de salvarle. Él se negó rotundamente.

A las once de aquella noche, la salud del Ministro ya estaba sufriendo grave quebranto. La fiebre subió intempestivamente y una tos seca que le rasgaba el pecho no lo dejaba tranquilo. La alarma aumentó. Todos los miembros de la Negociación Fernandini de Colquijirca estaban a la puerta del chalet donde reposaba para colaborar en lo que fuera necesario. La alarma aumentó. Todos los miembros de la Negociación Fernandini de Colquijirca estaban a la puerta del chalet donde reposaba para colaborar en lo que fuera necesario.

Se le aplicó oxígeno y se despachó de inmediato al Cerro para traer medicamentos de la Botica Noria. Todo se hizo rápidamente.

automovilEl doctor Patiño informó que ya en Carhuacayán se le notaba los primeros síntomas de una bronquitis que fue agravándose por su negativa a regresar a Lima. Es en ese momento en que insisten en el viaje inmediato a Ambo para que pueda respirar más cómodamente. Se niega. El momento es completamente dramático. Muy agitado escucha a su hijo que llorando le pide que acepte viajar a Lima; que lo haga por sus hermanitas que tanto le amaban. En un rapto de cólera y orgullo le responde que no pida nada a nombre de sus hermanitas. Que él puede morir gustosamente, pero nunca ser un fracasado.

Interviene el ingeniero Remy y le argumenta que su retorno a Lima para salvar su vida de ninguna manera lo signaría como un fracasado porque lo conseguido hasta entonces era más que suficiente. Que había cumplido con su deber con creces. Que todos los peruanos estábamos agradecidos. El Ministro no aceptó. Se notaba que el mal iba acelerando su fin. Su rostro ya estaba congestionado y la tos le hacía un daño terrible. Por fin, ante tanta insistencia, acepta viajar a Ambo y casi ha perdido el conocimiento. No está en él.

A la una de la madrugada se le renueva el oxígeno y se nota leve mejoría. Todos se alegran. Mientras tanto ya tienen el tren listo para partir hacia Lima esperando en Smelter. Los médicos lo han sometido a las aplicaciones de ventosas, inyecciones y todo lo que encontraban a la mano.  En la esperanza que ante la vista del tren listo a partir se decidiría por volver a Lima, lo sacaron de su habitación y muy abrigado lo pusieron al auto y partieron con dirección a Smelter.

Adelante iba el carro del Ministro y detrás, una gran cantidad de automóviles. Faltaba muy poca distancia para llegar a la estación -unos metros solamente-  cuando el automóvil se detiene. Del carro del Ministro baja el doctor Patiño con el rostro desencajado, da unos pasos y comienza a llorar. Haciendo esfuerzos supremos casi grita: “Se nos ha ido”. “Ha muerto”.

El hijo, desesperado, entra en el carro y sólo alcanza ver a su padre exánime. Llora desesperadamente y lo envuelve en un abrazo filial de dolor. Los allí presentes, se descubren y también lloran. Era la una y diez minutos de la madrugada del 25 de noviembre de 1927. Había  muerto un peruano noble de esclarecida mente y celoso cumplimiento del deber. Había nacido el 15 de diciembre de 1864 en la ciudad de Cajamarca.

La noticia se expandió rápidamente por todo el Perú. Se le ofrendaron las más brillantes exequias en reconocimiento a su preclara labor, a su entereza y a su alto sentido del honor. Todo el Perú estuvo conmovido. El Cerro de Pasco le rindió un homenaje póstumo erigiéndole un obelisco frente al local de la Municipalidad.

Fatalmente –como siempre- olvidaron ponerle una placa. Con el tiempo la gente ignoró el significado de aquel obelisco. (En un pueblo tan desmemoriado como el nuestro, ese fue un error garrafal) Andando los años lo echaron por los suelos. Pero es bueno recordarlo porque fue un Ministro que quiso en todo momento hacer realidad lo que, dos años antes, un grupo de osados raidistas cerreños había demostrado que era factible. Junto a los nombres de Santos Cuadrado y Pérez, Teobaldo Salinas, Manuel Oyarzabal, Juan Manuel Beloglio, Gamaniel Blanco Murillo, Antonio Beloglio, Asunción Cornejo e Isidoro Delgado debe añadirse el del malogrado Ministro, Ernesto Sousa.

El diario EL MINERO, dijo de él: “Perteneciente a una ilustre familia cajamarquina, el señor Ernesto Sousa se dedicó primeramente a la minería en Hualgayoc. Durante la guerra nacional, cuando terminaba sus estudios en el colegio de Cajamarca, se alistó en filas de voluntarios de los generales Miguel Iglesias y Justiniano Borgoño, concurriendo al combate de San Pablo, derrotando a las fuerzas chilenas.

En 1893 se inició en la vida política, ingresando en la Cámara de Diputados como representante por la provincia de Cajamarca; posteriormente ejerció el mando legislativo de otras provincias. En 1919, fue nuevamente elegido como diputado por Huaylas perteneciendo al grupo demócrata de la Cámara, y en varias legislaturas fue designado como Vicepresidente de esa rama del Poder Legislativo. El Jefe de Estado, deseoso de rodearse de colaboradores hábiles y honorables, le designa en el cargo de Ministro de Fomento y Obras Públicas.

Efectuó una gira por todos los departamentos del sur, atravesando con su auto “El Precursor”, regiones hasta entonces jamás traficadas por los modernos métodos de locomoción; desde la frontera con Bolivia, hasta la provincia de Lucanas, de donde descendió a la costa para llegar a Lima. Actualmente, animado por su espíritu dinámico e infatigable, efectuaba análogo viaje por esta región, en la que ha perdido la existencia como un verdadero mártir del engrandecimiento nacional.

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