EL MUKI por Efraín Mororte Best

Este notable folclorista, escritor, catedrático universitario y abogado, nacido enEl Muki Ayacucho en 1929,  fue un notable estudioso y propulsor de las investigaciones folclóricas en el Perú. Sus principales publicaciones son “Cartas a Dios” (1949), “Elementos de Folclore”(1950), “La viviendas campesinas en Sillac”, (1951). Puede decirse que es uno de los grandes intelectuales que ha ejercido notable obra cultural en el Perú contemporáneo. De él nos es grato publicar el trabajo que mucho tiene que hacer con nuestra realidad folclórica.

En la comunidad de Sallaq (Quispicanchi, Cuzco), el mundo está dividido en tres planos. Aquel en que vivimos se llama “Kay Pacha” (el mundo de aquí). Por encima está “Hanap pacha” (el mundo de arriba), donde está Dios, los ángeles, que son las almas de los niños, las almas de los muertos sin “pecado”, la Virgen Purificada y la Virgen dolorosa. El mundo de bajo se llama “Uku Pacha”; tiene por habitantes a hombres diminutos, tan pequeños que se necesita diez de ellos para degollar un conejillo, al que llaman toro. Varones y mujeres, en ese mundo de abajo, se dedican al cultivo de campos en el que siembran pimienta[1].

En cuentos de otros lugares del Perú, aparecen también los enanos ocupados en apacibles tareas agrícolas. Esto sucede en Patasca, Corongo, Ancash, donde una señora, al entrar en cierta cueva, halló una ciudad de diminutos pobladores. “Vio como hacían la siembra; con gran cuidado araban los surcos y en vez de bueyes tenían un par de carneros que les servían para arar la tierra[2].

Frente a estos enanos agricultores, y a los acuáticos (Ichik Ollqo) surgen sus parientes metalúrgicos, todos ellos distintos de los Duendes, de origen al parecer claramente occidental. Las provincias de Pasco y Yauli se hallan nutridas sobre relatos sobre el “Muki”, al que lo pintan muy pequeño, del tamaño de un niño, con las barbas muy largas. Cuando los obreros dejan las minas, el “Muki” comienza su tarea. En los socavones solitarios se oye, entonces, el sonido que producen los combos y martillos con los que hiere las mejores vetas (informe de Don Germán Fraga, de La Oroya, Junín; Minero).

Cuantos relatos han sido obtenidos sobre el personaje coinciden con el que acabamos de transcribir. La figura, la ocupación habitual, el tipo de trabajo, todo es lo mismo, pero casos o relatos personales sobre él son muy numerosos y variados.

Tomemos el que narra Don Aurelio Torres, minero de La Oroya, refiriéndose a un conocido suyo. Éste acostumbraba quedarse con el interior del socavón haciendo sobre tiempo, pero concluidas sus labores, se quedaba también a dormir. El “Muki” aprovechaba el sueño del trabajador para hacerle un sinnúmero de burlas; le tiraba de las barbas y los bigotes, y él veía todo esto en sueños. Pero, un día llegaron a ser amigos (de esto pasa sólo tres años –hasta 1953) y se pusieron de acuerdo para trabajar en compañía. La verdad es que el minero tenía la intención de agarrarlo y meterlo en una botella para valerse de él y conseguir fortuna a corto plazo. Realizó su propósito, pero a poco de haber conseguido una magnífica veta por indicación del enano, cambió de parecer. Vio las grandes ventajas del comercio que enriquece sin riesgos; creyó que obtener una fortuna de los hombres era más fácil que arrancarla del fondo de la tierra; le gustó más la luz del día que oscuridad de las minas. Pero hizo mal, porque el “Muki”, que adivinaba sus intenciones, se apoderó de su estómago y se introdujo en él.

Como se sintiera cada vez más enfermo, se hizo radiografiar en el hospital de Chulek (o Churek). Los médicos confirmaron la presencia del “Muki” en el vientre del minero y le hicieron una operación, hallando efectivamente, al enano metido entre las vísceras. Lo tomaron prisionero y lo remitieron a los Estados Unidos de Norteamérica, para utilizarlo con el fin de buscar minas. Ahí lo tienen hasta ahora.

El personaje aparece, como es dable observar en esta caso o suceso, como enano trabajador de las minas y habitante del fondo de la tierra, que conoce bien dónde están los mejores filones. Puede hacer amistad con el hombre o ser cazado por éste, en cuyo caso le señala los sitios exactos en los que, con poco trabajo, logra grandes riquezas.

Esto mismo se nota a través de otro relato que tiene las características de un nuevo caso. G.F. nos dijo que la fortuna de la Empresa Fernandini se debía, exclusivamente, a un “Muki” cogido por los dueños hace algunos años y guardado hasta hoy celosamente. (La Oroya).

En el Departamento de Ayacucho, pobre en materia de minas explotadas, aparece un enano que si no se llama “Muki”, pues no tiene otro nombre, participa de muchas cualidades del enano minero. Es de unos treinta centímetros de altura; un hombrecito muy pequeño. Es el dueño de las joyas y tesoros escondidos. Tiene la voz de un hombre adulto. Muchas veces llama a los caminantes por sus nombres y éstos no se dan cuenta de dónde viene la voz; pero siempre está cerca y se lo puede encontrar debajo de las piedras, donde es fácil atraparlo. Si se los caza, señala a cambio de su libertad, lugares donde hay tesoros y las cantidades indicadas son exactamente iguales a las que él señala. (Informe de don Artemio Vílchez Gutiérrez).

Veamos algo publicado sobre el personaje.

Arturo Jiménez Borja se refiere al “Muki” afirmando que los datos le fueron suministrados en Tuco, Ancash. Dice: “Sólo los mineros conocen a Muqui. Es el dueño de las minas. Tiene en la cabeza dos cuernos pequeñitos y relucientes. Algunas veces ofrece a los mineros una veta fina y mientras habla se fija si los ojos de los cholos brillan de codicia. Según el trato se debe ceder al enano la mitad de lo que se encuentra. Muqui sabe cuál promete de buena fe. Por las noches hunde sus duros cuernecitos en la roca. El cerro tiembla al sentir que le rompen su barriga de plata. Para aquel que ofreció con intención derecha, el enanito golpea su cabeza una y otra vez, hasta dejar bien abierta la veta”[3].

El mismo, en otro trabajo anterior, trascribe una versión hallada en Morococha, Yauli, Junín. Esta versión coincide demasiado exactamente con la de Ancash en los dos párrafos últimos del texto escrito, aun cuando hay una variación de interés en el primero: “Pocos mineros –dice- conocen al Muqui. Es el dueño de la mina, recorre los socavones meciendo en la mano una lamparita, abrigado con un peludo poncho de vicuña. Tiene en la cabeza dos cuernos relucientes y pequeños y habla con voz tan suave, que suena como dentro de un sueño”. En el último párrafo dice que “El cerro tiembla al sentir que lo roen sus nervios de plata”. Pero, la coincidencia es asombrosa[4].

“El Retoño”, la hermosa novela de Julián Huanay, tiene referencias bellísimas acerca de nuestro enano. Le avisó un “capachero” esta historia sobre el “pequeño diablo”: “Ahora años, esta mina la trabajaba por contrato con Flavio Huayata. Tenía dos peones. Y, por las noches, cuando ellos se iban, se quedaba trabajando solito hasta media noche, y después se quedaba a dormir. Sólo una a dos veces al mes salía para ir a su casa. Su hijo, un chiuchecito (Nos: pollito, muchachito) bien retaco y bien pendejo (pícaro) le traía la comida todos los días. Pero don Flavio, por más que trabajaba como un burro, nunca ganaba mucho. Siempre encontraba nuevas vetas, pero allí nomás se perdían.

Pero un día que estaba saliendo a almorzar, oyó que su hijo se estaba riendo y correteaba. Entonces salió despacio, para ver con quién estaba jugando, pero cuando llegó encontró a su hijo solito. Entonces le preguntó con quién estaba jugando, y su hijo le dijo que siempre jugaba con otro chiuche que apenas él llegaba, se metía adentro, a la mina.

Entonces don Flavio se dio cuenta  que éste era el muqui, ¡Con razón –se dijo- yo no gano plata! Rápidamente se fue a su casa a buscar una soga de cerca –al Muqui no se le puede amarrar sino con cuerda de cerda de caballo, porque hasta el alambre lo rompe bien fácil-. Cuando regresó con la soga, le dijo a hijo: Oye, agarra esta soga, y cuando viene a jugar ese otro chiuche, lo amarras en un descuido y no lo sueltes hasta que yo llegue.

Al otro día, cuando el Muqui fue a jugar, el chiuche lo amarró en un descuido y por más que el Muqui se revolcaba y le rogaba, el muchacho no lo soltó. Cuando salió su papá a almorzar y lo encontró al Muqui amarrado, se lo llevó cargado adentro de la mina y allí dice que hicieron un pacto para que le diera bastante mineral. El diablo, para que soltara, tuvo aceptar nomás. Desde ese día don Flavio comenzó a ganar plata como cancha (Nos: tostado de maíz; cosa muy abundante) pero de nada le sirvió porque todo se lo emborrachaba, hasta que se murió”[5].

Las muchas versiones recogidas por nosotros y resumidas en una sólo después de un breve proceso de comparación, las versiones de Jiménez Borja y las que hallamos en “El retoño” de Huanay, escrito, en  gran parte, con motivos de la vida minera, nos llevan a ciertas conclusiones y plantean la necesidad de un vasto trabajo:

Dentro de la tierra, y especialmente en las minas, viven unos enanitos que se llaman Muki.

Esos son los dueños de las minas.

Se los puede aprisionar usando de varios procedimientos (naturales o mágicos). También es posible realizar un “pacto” con ellos.

El “pacto” con el Muki a su apresamiento, es un medio para conseguir la ubicación de vetas y tesoros.

Parece que estos son los Motivos Básicos alrededor de los cuales se disponen los demás, constituye las Variantes…

Es posible sospechar que su difusión llegue hasta Ayacucho, en el centro y hasta Ancash en el norte, sobrepasando Junín y Pasco.

Como en todo lo tocante a problemas de esta índole, se hallan pendientes de estudio los relativos al origen del personaje y al papel que cumple allí donde aparece.

En cuanto a lo primero, hace falta examinar, con esta intención, al menos crónicas y vocabularios. En lo que respecta a lo segundo, estudiar la cultura y la vida social de los medios mineros.

¿Acaso no significa algo que el vocablo Muki, en antiguos y nuevos léxicos, se relacione con la humedad o que Guamán Poma de Ayala diga que los antiguos peruanos “sauian todas las minas deste reyno de plata de oro cobre estaño y plomo azogue” por obra de ciertos demonios?[6]

Claro que sí.

[1] Morote Best, Efraín: La vivienda Campesina de Sallaq, rev. Tradición, Cuzco, Año II, vol. III, enero – agosto, 1951, Nrs. 7-10, pp. 93 – 193. sobre este tema en la antigüedad, véase Arriaga, P. Pablo Joseph de: La Extirpación de la Idolatría en el Perú, colección Urteaga – Romero, 1920 p. 70.

[2] Arguedas, José María e Izquierdo Ríos, Francisco: Mitos, leyendas y cuentos peruanos, Lima, 1947, p. 126.

[3] Jiménez Borja, Arturo: Imagen del mundo Aborigen (a través de los relatos populares), Rev. Tradición, Cuzco, Año II, Vol. III, enero – agosto, 1951, Nrs. 7-10, pp. 3-27.

[4] Jiménez Borja, Arturo: cuentos y Leyendas del Perú, Lima, 1940, p.11.

[5] Huanay, Julián: “El Retoño” (novela), lima, pp. 98-90.

[6] Guamán Poma de Ayala, Phelipe: Nueva Crónica y Buen Gobierno.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s