ENTREVISTA A UN FUNDADOR Por el reverendo padre O. M. F. Estanislao Aseguinolaza

Entrevista a un fundador 1Nos es grato difundir el acertado reportaje que el párroco de Villa Rica, padre Estanislao Aseguinolaza le hiciera, en 1955, al fundador de Villa Rica, don Leopoldo Krause Kilat. En él podrán conocer, trazado con diestras preguntas, la personalidad de un inquieto e inolvidable personaje que está muy ligado a la historia  del departamento de Pasco. Nosotros, junto con nuestro homenaje de recuerdo, cumplimos una vez más en hacer conocer a quienes han honrado a Pasco a través de nuestro blog.

CÓMO SE FUNDÓ UN PUEBLO ENTRE SALVAJES

Pocas personas seguramente existen hoy en el Perú que tengan en su haber el merito de haber fundado un pueblo próspero y populoso. Una de ellas es don Leopoldo Krause Kilat, padre de Villa Rica.

Con el fin de dar una idea de lo que se supone convertir una zona de salvajes en un pueblo civilizado, he tomado hoy mi lápiz y cuaderno de apuntes dispuesto a entrevistarlo. Lo encuentro en su linda casita situada a orillas de una laguna que él trata de desecar. Porque (entre paréntesis) don Leopoldo, a pesar de los 75 inviernos que lleva encima, está lleno de proyectos y esperando a la “cuarta primavera”, como él suele decir: cual si la muerte no contara para él.

Don Leopoldo Krause es uno de esos tipos de los cuales no nos olvidamos por poco que lo hayamos tratado. Bajo de estatura y de pecho prominente; protegidos por el ala de su sombrero de fieltro, que aguantó por lo menos un decenio, y por encima de una barba de nieve, asoman sus ojillos afables, inteligentes y un tantico picarescos.

Accede gustoso a mi deseo, pero antes, y con legítimo orgullo por cierto, me muestra una vez más su espléndido cafetal, cargado de frutos y despuntando ya la flor de la cosecha próxima.

¿Puede hablarnos de sus orígenes, su familia, religión que profesa y algún otro dato para iniciar nuestro reportaje?

-Nací en uno de los puertos principales de Alemania y fui bautizado en la secta Luterana, que aún no he abandonado, aunque mi señora y mis hijos son católicos. También yo lo soy de corazón, y en prueba de ello, no he permitido que en mi colonia se establezcan los protestantes. Además obsequie los terrenos para la misión Franciscana y obtuve del Gobierno cierta cantidad en metálico para la primera capilla de Villa Rica.

-¿Cuándo emigró a América? -A los 18 años, después de haber cursado la Segunda Enseñanza. Me establecí con mis padres en el Sur de Chile. Siempre sentí en la sed de aventuras, así que muy pronto me escapé de mi casa, a sabiendas de mi padre, pero contra la voluntad materna. Llevaba medio centavo en el bolsillo cuando emprendí el viaje hacia el Norte con dos compañeros. Duró la marcha varios meses, pues caminábamos a pie y nos deteníamos varios días en cada pueblo. Gracias a la fama de buenos músicos que conquistamos desde el principio, debíamos participar en casi todas las fiestas que se celebraban en los lugares por donde pasábamos, cantando a los sones de nuestros instrumentos de cuerda. Sin embargo debíamos andar con cuidado, a fin de que nadie se percatara de que nuestros zapatos estaban sin suela.

Al fin me establecí en el norte, trabajando como pintor, capataz de una hacienda y como administrador de una fábrica de cerveza.

¿Alguna aventura en ese tiempo?

-Sí padre. (Y aquí el viejito esboza una sonrisa maliciosa.) Varias veces estuve en peligro de casarme. Primero hallándome trabajando de decorador en el chalet de un millonario, cuando sólo contaba con 19 años, observe que la hija de éste no se separaba de mi lado. Hasta que un día el ricachón me llamó para proponerme matrimonio. No me decidí. Sentía vergüenza de aceptar, viéndome tan pobre, y por otra parte, corría peligro mi libertad para correr nuevas aventuras. Me escapé sin terminar el trabajo. Encontré ocupación como capataz de una hacienda, y he aquí que también me echa el ojo la niña del dueño. A escapar de nuevo y de nuevo a buscar trabajo. De casarme, me casaría espontáneamente, como lo hice años después.

-¿Y cómo llegó al Perú?

-Me animó el cónsul de esta nación en Valparaíso, con el señuelo de tantas tierras desocupadas en la montaña. Me establecí primeramente en Oxapampa, donde pronto fui dueño de un par de centenares de hectáreas, de una pequeña tienda, y del primer cinema que hubo en ese pueblo.

-¿Estaba tan adelantado como ahora?

-¡Qué va! Yo fui quien introdujo la luz eléctrica. A propósito: el día de la inauguración, después de haber empleado varias horas en dar los últimos toques a la instalación, mi alegría fue tanta que estuve a punto de hacer un “tostón”. Llegada la noche, el motor no arrancaba. Forcejeamos largo rato. Nada. Sentimos necesidad de aliviar el disgusto con algunas copitas de anisado, pues la gente silbaba desde fuera. Busco la botella que había dejado allí cerca y… ni gota. ¡La había vaciado en el tanque en vez de gasolina!

-¿Cómo tuvo noticia de la existencia de lo que hoy es Villa Rica?

-Por los indígenas que empleaba en mi chacra. Un par de ellos me trajeron por sendas que sólo los salvajes y las fieras podían transitar.

-¡Le harían un recibimiento apoteósico!

-¡Cómo no! Casi me reciben en sus estómagos.

-¿Cómo fue eso?

-En general, tomaron muy  mal que un blanco se hubiese atrevido a pisar sus tierras. Reuniéronse en asamblea en la choza del curaca. La cosa se puso muy seria. Bramaban. Daban patadas en el suelo y agitaban sus flechas. Protestaban diciendo que así como tras de un burro viene otro, así también después de mí vendrían otros muchos blancos a despojarles de sus chacras. Al ver el mal cariz que tomaba la cosa, no pude menos que sacar el revólver e indicarles que tenia ración para diez en mi automático caso de que intentasen tocarme a mí o a mis guías. Además, la policía, al no regresar yo a Oxapampa, adivinaría la causa, vendrían los soldados y acabarían con ellos. Este argumento los convenció. Deliberaron un rato en su lengua y al fin me dijeron que podía establecerme allí, pero solamente a la derecha del río.

A mi regreso denuncié 500 hectáreas y comencé la colonización. Posteriormente obtuve del Gobierno de Leguía 4,000 hectáreas más en calidad de concesionario, y fui recibiendo nuevos colonos, entre los cuales distribuía los lotes a cambio de su trabajo en un camino de herradura.

-¿Quiere citarme los hechos más notables en la historia de Villa Rica?

-Me establecí definitivamente con los primeros colonos el año 25. El 28 se estableció un contingente de familias de origen alemán. En 1934 se funda la Escuela  elemental mixta. En 1938 se crea la misión Franciscana. El año 45, mi colonia fue elevada a la categoría de distrito. El 53 llegaron las primeras Misioneras, Terciarias Franciscanas de la Madre del Divino Pastor, y un año después comienza, por cuenta del mismo vecindario, la construcción de un tramo de camino carrozable de 22 kilómetros, que a no tardar, dará salida a la riqueza muy difícil de calcular; teniendo en cuenta, además, que como observó el Misionero Franciscano P. Gabriel Sala, por aquí pasa la ruta más corta que unirá la capital del Perú con los ríos navegables. Como que de San Luis de Shuaro a Puerto Bermúdez, apenas si hay 98 kilómetros de distancia.

Y aquí don Leopoldo parece rejuvenecer 20 años pensando en las posibilidades económicas de la región que él arrancó a la barbarie hace justamente 30 años. Tanto es su entusiasmo que se olvida de seguir aspirando su inseparable “cachimba”. Veinte veces se le apaga y veintiuna veces la vuelve a encender.

Pero lo que me dijo es tan “chic” que me lo callo, no sea que entre mis lectores se forme una ola de aventureros con más imaginación que riquezas en Villa Rica.

Villa Rica, diciembre de 1955. Fr. Estanislao Aseguinolaza (Misionero Franciscano)

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