LOS CHUCH AND BOYS

los chu and boysAtravesábamos una de las más hermosas etapas de la radiotelefonía cerreña que se iniciara en 1950. La audiencia había crecido de tal manera que llegamos a copar con creces todo el ámbito de Pasco. Diariamente, cartas, mensajes telegráficos y llamadas telefónicas nos hacían conocer de esa preferencia con voces de aliento que aumentaba nuestro entusiasmo. La publicidad se acrecentó con anuncios del comercio, la industria y actividades que se desarrollaban en nuestro medio. Una visión inteligente y dinámica implantada por el gerente, señor Humberto Maldonado que dio frutos óptimos e inmediatos. A favor de nuestras inquietudes se sumaba la nitidez de transmisiones que no tenían el carraspeo y silbidos que provocaban las emisoras del exterior.

Comenzábamos a transmitir con los primeros rayos del alba. Abría la programación -siguiendo cánones impuestos desde la capital- la irradiación de nuestra música tan querida por el pueblo: la autóctona. Era  “Copitos de Nieve”  de Máximo Huamán Olivas que más tarde redondeo con una bien estructurada programación de Julio Baldeón Gabino y el inolvidable “Huaccha” Alanya. En el transcurso del día irradiábamos los últimos éxitos de las disqueras limeñas de tal manera que ya no se extrañaba para nada a Lima. Los locutores de excelente calidad como Félix Llanos Alvarado, Humberto Maldonado, Alfonso Boudrí, Gustavo Malpartida Muguruza, Elías Trinidad González y muchos otros, ponían la nota sobresaliente; los controladores otro tanto, Raúl Loli Roca, Jesús Ramos, Carlos Montero Navarro, Alfredo O´Connor, etc. A partir de las cinco de la tarde se iniciaban los programas de auditorio con “La hora Infantil”  que descubrió enormes y nacientes talentos que más tarde triunfarían ampliamente. Después desfilaban por nuestros micrófonos los valores más saltantes de la música de aquellos tiempos. Nuestra programación era vasta y amena. A las diez de la noche irradiábamos el noticiero “Altura” a cargo de un selecto plantel de periodistas dirigido por Daniel Florencio Casquero e integrada por Juvenal Augusto Rojas y Carlos Minaya Rodríguez. Un día a la semana irradiábamos “Cita con el Destino”, un especial de radioteatro que durante el tiempo de su transmisión tuvo generosa e inusual acogida del público. Ni qué decir de las transmisiones deportivas de Fútbol, básquetbol y Vóleibol. Es decir la calidad exitosa de nuestra radio era enorme.

De aquellos tiempos es la anécdota que paso a narrarles.

En el ámbito musical brillaba un excelente saxofonista que, a su extraordinaria habilidad para el dominio de su instrumento, le añadía su interés por ser un estudioso riguroso de la música. A lo largo de su exitosa vida fue, por otra parte, comprando todos los instrumentos musicales con la secreta esperanza de ensamblar una orquesta propia. Lo que nuca supo este maestro ejemplar –era profesor de una escuela primaria- era que, mientras él laboraba en la escuela, sus cinco hijos, ocultamente, trataban de descubrir los secretos de las notas en los instrumentos musicales hasta alcanzar notables progresos. Esto el padre nunca lo supo. El caso es que con motivo de su cumpleaños invito a sus amigos más queridos a celebrarlo en su casa. Tras el ágape correspondiente, su hijo mayor, usó de la palabra para manifestar que con sus hermanos, había preparado algunos números de celebración de tan magno día. Inmediatamente, ante la alegría y sorpresa de los amigos, los chicos nos regalaron con magníficas piezas de música popular y bailable. La sorpresa fue espectacular. Estábamos ante un sólido conjunto de grandes aptitudes. El más eufórico y sorprendido fue el padre. No tenía palabras para manifestar su hermoso desconcierto. El problema se originó cuando a voz en cuello los chicos dijeron llamarse ¡LOS HAPPY BLUE BOYS! Todos aplaudieron entusiasmados, menos el padre. Éste,  amante de nuestro acervo vernacular y enemigo de las manifestaciones extranjeras, especialmente inglesas, se opuso francamente al nombre.

¡No jodan pues!, -dijo perdiendo el control- Yo siempre les he enseñado a amar lo nuestro y ahora me salen con ese nombrecito estúpido. ¿Por qué…?-preguntó.

– Queremos estar al día con las inquietudes del tiempo, papá. Por eso le hemos puesto ese nombre…

-No, carajo, mis hijos no van a ser publicistas de los malditos yanquis abusivos….

– Pero, papá, trataron de justificar su entusiasmo…

– Nada señor. Nada con nombrecitos cojudos, menos yanquis.

– Pero es que el nombre lo dice todo: Somos los jóvenes felices. Eso es lo que dice el nombre…

-¿Y eso no se puede decir con palabras en castellano…?

-No pues papá. Hay que estar acorde con los tiempos…

-Entonces por qué no se llaman: ¡Los chuches alegres! Y San se acabó….

En eso, cuando las voces subían de tono, tratando de contemporizar y llevar la discusión por los cauces de la serenidad, intervino un amigo muy allegado y dijo: “Yo creo que de acuerdo a los tiempos que estamos viviendo haría bien un nombre moderno, pero como esto no es del agrado de mi compadre, podemos hacer una combinación para que tanto el padre como el hijo queden contentos”. Todos los asistentes a la fiesta manifestaron su conformidad a la medida y propusieron nombres que combinarían el quechua con el inglés. Después de tatos escarceos, el moderador dijo. “Hemos llegado a una conclusión. El conjunto se llamará de hoy en adelante, los CHUCH AND BOYS…

– ¿Qué es eso? – pregunto un chispeado visitante

– CHUCH (Refiere a los chuches, en quechua y BOYS, igualmente muchachos, pero en inglés. Los CHUCH AND BOYS.

Como la discusión había originado un entrampamiento, en medio de aplausos de aprobó el nombre del conjunto musical que a partir de ese momento, alcanzó éxitos notables. Por su dinamismo y modernidad se atiborraron de contratos hasta que, una noche, un  nuevo jefe de la PIP, los mandó presos por 24 horas por el nombre tan estúpido que habían elegido. Después de este percance los muchachos formaron otros conjuntos y dejo de existir los CHUCH AND BOYS. ¿Quién no los recuerda?

No vaya a creerse que esta novedad cambió. Los músicos usaron nombres traídos por los pelos que por falta de información tuvieron vigencia en nuestra minera ciudad. LOS CHAVELANOS, por ejemplo. En lugar de LOS CHAVALES (Referencia española), siguieron con el nombre nacido del entusiasmo mal informado. Como también de otra exitosa orquesta que ha dejado de existir: LOS CÉLIBES DEL RITMO. Lo que quisieron decir es los celebres del ritmo.

Los que siempre siguieron en el pináculo de la fama popular fueron los integrantes del la ORQUESTA ANDAMAYO que tocaba de todo  y era muy solicitada. Cuando los aires vernaculares habían cansado a los bailarines, pedían a voz en cuello ¡Serio!, ¡Serio!, ¡Serio!, el director, don Albino Andamayo llamaba al “Negro” Frettel, al “Metralleta” Muñoz y al  “Tumbaíto” Que se lucían con valses, polcas, guarachas y poniendo de vuelta y media a los jaraneros.

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