PERSONAJES NOTABLES QUE NOS VISITARON (Primera parte)

personajes notablesQueda uno enormemente impresionado por la cantidad de hombres ilustres que visitaron el Cerro de Pasco en los siglos XVII, XVIII y XIX, pero no nos sorprende; desde siempre, su fabulosa producción minera que invade los terrenos de leyenda, alimentó una extraordinaria admiración que impulsó a visitarlo. Desde los que llegaron en momentos aurorales de su vida, hasta los científicos que en pleno siglo XIX, lo visitaron sufriendo interminables riesgos. Felizmente, todos ellos, dejaron valiosos testimonios de sus visitas. Hoy día estos documentos nos sirven para aquilatar el peso de su historia. Mucho conversamos de este tema con nuestro  inolvidable maestro y amigo, el doctor Juan José Vega, cada vez que tenía la bondad de recibirme en su casa o en su estudio. El asunto bien lo merecía. Los que nos visitaron, más aún, los que se refirieron a nuestra tierra, fueron ilustres mentalidades que honran el conocimiento humano

            A partir del siglo XVI llegaron hombres de ciencia y delegaciones científicas que querían observar in situ el fenómeno de su abundosa producción mineral. Sus calles vieron caminar a hombres de notable talla intelectual que en apretada síntesis hacemos desfilar ante nuestros amigos.

Pedro Cieza de León (1548), “El Príncipe de los Cronistas” deja en su obra capital LA CRÓNICA DEL PERÚ, referencias al recoger datos, in situ, que exacerbaron la ambición de los españoles. En 1548, dice: “Esta tierra de Bombón, es llana y fría, y las sierras distan algún espacio de la laguna. Los indios tienen sus pueblos a la redonda de ella con grandes fozados y fuerzas que en ellos tenían”(…) “De allí vinimos a una ciudad que se dice Pombo. Está en unos llanos; es ni más ni menos que Caxamalca en calidad; todo lo que hay en ella es conforme. Esto y todo lo demás que hay desde Caxamarca al Cuzco es tierra que nieva y llueve mucho. Hay venados pequeños, hay muchas ovejas montañesas” y poco más allá refiere a la abundancia mineral de Yauricocha cuando afirma: “En muchas partes de esta comarca, se hallan grandes minas de plata, que si se dan en sacarla, es mucha la que habrá”. Estas escuetas referencias van a tener más tarde, gravitante influencia en los buscadores de riquezas. Es más, viendo la maestría con que los yauricochas trabajaban el oro y la plata como los más grandes orfebres del mundo, dice: “Son grandes orfebres…y lo que más se nota es que tienen pocas herramientas y aparejos para hacer lo que hacen, y con mucha facilidad lo dan hecho con gran primor. En tiempo que se ganó este reino por los españoles se vieron piezas hechas de oro y plata, soldado lo uno con lo otro, de tal manera que parecía que había nacido así. Viéronse cosas más extrañas de argentería, de figuras y otras cosas mayores que no cuento porque son numerosas; baste que afirmo haber visto con dos pedazos de cobre y otras dos o tres piedras hacer vajillas tan bien labradas, y llenos de bernegales, fuentes y candelabros de follaje y labores tan buenos con todos los aderezos y herramientas que tienen; y cuando labran no hacen más que un hornillo de barro donde ponen el carbón, y con unos cañutos soplan en lugar de fuelles. Con la abundante plata que sacan, hacen estampas, cordones y otras cosas de oro; y muchachos que labran en comparación con las grandes y ricas piezas que hacían en tiempo de los incas; pues la chaquira tan menuda y pareja la hacen, por lo cual digo que hay grandes plateros en este reino, y hay muchos de los que están admirados por los reyes incas”.

Hernando Pizarro (1533).- Ambicioso como era, Francisco Pizarro, urgido de reunir lo más rápidamente posible los tesoros del rescate, envía a su hermano Hernando en compañía de varios capitanes y destacados jefes incas a visitar a Chalcuchimac –encargado de acopiar los aportes de la zona- con el fin de que acelere el envío. En realidad, el móvil principal de la visita, era descubrir el lugar preciso de donde sacaban estas deslumbrantes piezas de oro y plata que los había obnubilado en Cajamarca.

Miguel de Estete (1533) Es uno de los hombre más osados del ejército de Pizarro. Figura en la lista de honor del reparto de Cajamarca, al lado de los capitanes y jefes, con uno de los lotes de oro más crecido (8980 pesos de oro) y es elegido por sus compañeros de armas para ser uno de los distribuidores del rescate; era Hidalgo de Santo Domingo de la Calzada; había estado, según propia declara­ción, en la conquista de Nicaragua y tenía apenas 25 años. En Cajamarca fue uno de los quince jinetes que acompañó a Hernando de Soto a la tienda del Inca la víspera de su pasión y al día siguiente trágico, se dice que él fue quien arrancó de las sienes de Atahualpa la Mascaipacha Imperial. En la expedición de Hernando Pizarro a Jauja, Estete ejerce el cargo de Veedor. En algunas escasas hojas de papel, con alguna tinta dudosa y acaso sobre el mismo arzón de su caballo, en noches de vela cargadas de peligro, debió escribir sus parvos apuntes de la jornada. Es un diario o itinerario de viaje que no obstante su concisión, resulta el primer documento geográfico sobre el Perú andino. Está allí la primera visión del Callejón de Huaylas, de Jauja, de Bombón, de lo que más tarde sería el Cerro de Pasco y una parte de la costa central del Perú. Es necesario mencionar que estos apuntes constituyeron el itinerario de los “buscadores de riquezas” al hallar a unos indios conduciendo oro y plata para pagar el rescate del Inca. Estete escribe aquella vez: “Miércoles 12 de marzo de 1533.-Este día por la mañana llegó el capitán con su gente al pueblo de Pombo, y saliéronle a recibir todos los señores del pueblo y algunos capitanes de Atabalipa que estaban allí con cierta gente. Allí halló el capitán ciento y cincuenta arrobas de todo oro que Chilicuchima enviaba, y él quedaba con su gente en Jauja” [1] . Los indios informaron que esos tesoros traían de la “Alta tierra de las nieves” señalando el septentrión.

Iñigo Ortiz de Zúñiga (1562).- En 1562, enviado por la audiencia de Lima, visita nuestra zona y dice: “En seis de agosto visité un pueblo que se llama Pasco que es de un principal llamado Llaxa y de la Guaranga de Chinchao; tiene doce casas y en ella diez indios y una viuda” (…) “En este mismo pueblo hay más e nueve casas y en ellas cinco indios y cuatro mitimaes pucaras camayos de tierra de Taquire que se han salido aquí, dicen sirven a los chupachos después de que salieran (de) Querin pide los Taquire y dijeron que Pedro Puelles los había sacado”[2]

Antonio Vásquez de Espinoza (1628).- Este  sacerdote en su visita a la zona en el año de 1628, nos da una idea de cómo eran los pobladores al decirnos: “Llegamos a Ambo y los pueblos de los contornos, Cayrán y Huacar; luego pasamos por el pueblo de Quinua y la aldea de Ninagaga; todas tierras muy frías como Pasco, Carhuamayo, San Juan de los Cóndores, San Pedro de Cajas, Paucartambo, y otros. La provincia de Chinchaycocha por ser muy fría sólo produce una raíz comestible parecida al nabo que los indios llaman MACA donde se siembra se esteriliza la tierra por treinta años. A pesar de tal clima, la comarca es muy poblada y sus habitantes viven en casa redondas como media naranja. Para mantener el calor y servirse como lumbre, hacen uso del estiércol de su ganado en sus fogones, quedando su habitación convertida en una estufa”. En otra parte dice: Hay en el distrito de esta ciudad, minas de plata muy buenas que son las del Nuevo Potosí. (Así comenzó a llamarse en aquel momento al Cerro de Pasco) y otras grandes crías de ganado mayor,  y mulas y de cerda y obrajes de paños, frezadas, bayetas y cordellates”. Con referencia a sus recorridos por todos estos lugares, el religioso visitante dice: “De la ciudad de Guánuco para la provincia de Chinchay­cocha, por un valle ameno que se va angostando, hasta el tambo de Ambo, en cuyo contorno hay algunos pueblos de buen temple llamados Cairaguacra y otros, caminando al sur donde hay algunos pueblos de buen temple llamados, Tambo de San Rafael, a siete leguas de la ciudad al sur donde hay muy buen obraje de paños; legua y media de San Rafael, está el pueblo de Guariaca. Ya en este paraje hace frío y, cinco leguas adelante, al sur, está el Tambo de la Quinua, de temple frigidísimo y, cuatro leguas adelante, el pueblo de Ninagaga de la provincia de Chinchaycocha que está en medio de la cordillera; la provincia es muy fría y llana, tiene una laguna de más de diez leguas de circunferencia donde tiene su nacimiento el río que va al valle de Jauja. Esta provincia tiene los pueblos de Ninagaga, Pasco y Vicco, Carguamayo, los Reyes, San Juan de Cóndores, San Pedro de Caccas y San Miguel. Todos frigidísimos. Cinco leguas al sur de Ninagaga, está el pueblo de los Reyes y ocho al oriente está Paucartambo donde hay un obraje muy bueno de don Fernando Tello De Sotomayor, su encomendero, donde se labran buenos paños, cordellates y frezadas. Este lugar es templado y da muy buenos frutos y ahí cerca hay ingenios de caña dulce y por el oriente muchos gentiles. La provincia de Chinchaycocha es muy fría, tanto que en toda ella  no se da ni un sólo árbol, ni se cría ni maíz ni trigo, sino sólo se da una raíz de hechura de nabo como hojuela que los indios llaman macas; sólo esta se da en la provincia y tiene en sí tanto fuego que me certificaron los indios que, en donde se siembra, deja la tierra esterilizada por treinta años, que no queda provecho para poderla sembrar, siendo esta provincia tan fría es tan poblada; todas las casas son redonda como media naranja, porque así lo hacen los indios por el frío. Criase en este lugar, mucho ganado de la tierra, llamas y alpacas y merinos nuestros, traídos de Castilla (carneros). Con el estiércol, los indios hacen lumbre y cerrando las puertas se embebe el humo en lo alto del techo y todo queda como una estufa. Aunque es vida exigua y miserable esta provincia es muy rica y provee lo necesario a las comarcas.[3]

[1] Francisco de Xerez incluyó, por esto, el sumario del Veedor Estete en su VERDADERA RELACIÓN DE LA CONQUISTA DEL PERÚ, publicada en 1534.

[2] VISITA A LA PROVINCIA DE LEÓN DE HUÁNUCO EN 1562, Universidad Hermilio Valdizán de Huánuco, 1967, Tomo ¡. 302; sf 163).

[3] COMPENDIO Y DESCRIPCIÓN DE LAS INDIAS  OCCIDENTALES; Vasquez Espinoza; 1628 pág 69.

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