Víctor Campos Martínez (In memoriam)

Todavía siento un dolor muy profundo al recordar el fallecimiento de uno de los más carismáticos profesores de educación física que ha tenido el Cerro de Pasco. La desgracia acaeció a mediados del año de 1963.

En cumplimiento del Calendario de Actividades Deportivas Escolares programado por el Ministerio de Educación, tuvimos que viajar a la hermosa ciudad de Huamanga. Allí se efectuarían los Juegos Deportivos Escolares del Centro del Perú.

El desfile de la delegación de Pasco con el profesor Víctor Campos Martínez (Director Técnico) y César Pérez Arauco (Presidente) con los equipos fe básquetbol y fútbol del departamento de Pasco en  la plaza mayor de Huamanga.
El desfile de la delegación de Pasco con el profesor Víctor Campos Martínez (Director Técnico) y César Pérez Arauco (Presidente) con los equipos fe básquetbol y fútbol del departamento de Pasco en la plaza mayor de Huamanga.

Aquel año, la Dirección de Educación de Pasco, eligió para representar a la zona, a los alumnos de secundaria que habían resultado campeones en sus respectivas disciplinas. En fútbol el Colegio Nacional Daniel A. Carrión y, en básquetbol, el Instituto Industrial Nº 3. La Delegación estaría bajo la responsabilidad técnica del profesor, Víctor Campos Martínez, a la sazón, profesor de Educación Física en ambos planteles y la presidencia del profesor, César Pérez Arauco,

Realizados los entrenamientos y preparaciones pertinentes con mucha disciplina y tezón, viajamos a cumplir con aquella cita. Quiero narrar tres anécdotas de aquella fecha.

En primer lugar, como nuestro equipo debía estar muy bien representado, había pedido permiso para que Pablito Dávila –alumno que hacía prácticas en el Banco Popular- nos acompañara, pero el permiso se lo negaron. Con mucha pena de nuestra parte y  la de nuestro jugador estrella, tuvimos que dejarlo. Pasados dos días, cuando nos encontrábamos en nuestro alojamiento, Víctor que se estaba afeitando en la ventana, me dice: “Oye, hermano, ahora creo que es cierto aquello de que en el mundo hay dos personas idénticas pero que están en lugares muy distantes, uno del otro” – ¿Por qué dice eso?, le pregunté –“Si no fuera porque me han negado el permiso de Pablito, yo diría que está aquí, en Huamanga” – ¿Por qué?.- Allá en el centro de la plaza veo a un muchacho igualito a él. Yo diría que es su vivo retrato. Idéntico. ¿Sí…? – “Míralo – dijo- Yo que estaba leyendo un diario me acerqué a la ventana y  vi a un muchcho con una maleta que miraba a todos lados. ¡Claro!, le dije, es Pablito. Salí al balcón y desde allí hice señas y me vio. Cuando subio a nuestra habitación nos contó que hanbía tenido que trabajar día y medio para cumplir con un trabajo. Como resultado le dieron permiso para enrolarse a la delegación.

 En segundo lugar, en la ceremonia central realizada en nuestra plaza mayor celebrando la independencia, correspondió el discurso central a un profesor del Carrión. Ese día tuvo el terrible desatino de presentarse completamente descuidado, luciendo un traje completamente averiado, camisa sucia y corbata estropeada; es decir, en lamentable estado. El comentario general fue condenatorio. Al ver esto, Víctor se me acerca y me dice: “Perdona hermano, pero a este cojudo yo lo agarraría a patadas por el estado en que se ha presentado. ¡¿Cómo es una fecha tan importante como ésta se va a cometer semejante barbaridad?! Tuve que pedirle que se calmara, total, el demérito era para los carrioninos. No fue suficiente. A partir de ese momento no dejó de importunarnos con sus comentarios condenatorios contra el profesor de Historia del Carrión. De nada valieron los pedidos de comprensión y perdón. El caso que pasado el tiempo y producido el lamentable deceso de Víctor, una delegación tuvo que viajar a Lima donde lo sepultaron. Al retorno de nuestra delegación nos mostraron las fotografías del sepelio. Quedé estático de admiración. A nombre de la delegación cerreña le habían encargado que el profesor de Historia usara de la palabra. Este profesor –aunque no lo crean- lucía el mismo traje, corbata y camisa del día de la patria. Completamente descuidados. En ese momento, pensamos: ¿Qué habrá sentido Víctor en su ataúd al verlo así?

El profesor Víctor Campos Martínez, Director Técnico de la Delegación de Pasco, a su paso por la tribuna de honor en el desfile inaugural.
El profesor Víctor Campos Martínez, Director Técnico de la Delegación de Pasco, a su paso por la tribuna de honor en el desfile inaugural.

Frente a una iglesia ayacuchana, miembros de la Delegación deportiva de Pasco a los Juegos Escolares que estamos refiriendo. Están César Pérez Arauco (Presidente), Víctor Campos Martínez (Entrenador), Pablo Dávila Ramos, Filomeno “Jet” Villavicencio; Julio Allaín y Francisco Quispe, jugadores

Frente a una iglesia ayacuchana, miembros de la Delegación deportiva de Pasco a los Juegos Escolares que estamos refiriendo. Están César Pérez Arauco (Presidente), Víctor Campos Martínez (Entrenador), Pablo Dávila Ramos, Filomeno “Jet” Villavicencio; Julio Allaín y Francisco Quispe, jugadores

Las delegaciones deportivas de Ayacucho, Huánuco, Huancavelica, Junín y Pasco en sus emplazamientos correspondientes antes de comenzar la ceremonia de inauguración. Aquí vemos a la delegación pasqueña con la anfitriona que lleva el cartel correspondiente; detrás los deportistas de Pasco.
Las delegaciones deportivas de Ayacucho, Huánuco, Huancavelica, Junín y Pasco en sus emplazamientos correspondientes antes de comenzar la ceremonia de inauguración. Aquí vemos a la delegación pasqueña con la anfitriona que lleva el cartel correspondiente; detrás los deportistas de Pasco.

Finalmente les cuento que el viaje de retorno lo hicimos juntos los dos profesores: Víctor y yo. Aquel día me informó que se encontraba mortificado por una gripe que le amenazaba. En esas circunstancias le dije que a su llegada debía hacerse examinar por un médico. “No es necesario” me contestó. “Voy a decirle a nuestro amigo Ciudad para que me aplique una inyección y, santo remedio”. Llegado a la ciudad nos despedimos y yo  me dirigí a la Universidad donde estudiaba. Había pasado más o menos una hora cuando llamaron apremiantemente al aula donde recibía clases. Cuando abrí la puerta, completamente demudado, un colega me espetó: “Hermano: Campos acaba de morir”. Pensé que era una broma de mal gusto, pero al ver su angustia, corrí al colegio y allí encontré su cadáver. “Fue un shock anafiláctico. Él había olvidado decirle a Ciudad que era alérgico a la penicilina”

Lo velamos una noche en el plantel y al día siguiente se llevaron sus restos para ser sepultados en Lima. Hasta ahora no nos hemos repuesto de tan lamentable pérdida.

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One thought on “Víctor Campos Martínez (In memoriam)

  1. Nunca se olvida a las personas que nos deja gratos recuerdos, en este caso a mi profesor Campos, sus alumnos los del Carríón y del Instituto, cual mi grupo de amigos entrañables, con los que mantenía buena amistad, hicimos un alto en nuestros divertimentos, para rendirnos ante los restos de nuestro querido T.E.F. Perplejos por su deceso, hacíamos suposiciones de la causa de su fallecimiento y por respeto, no indagamos mas, tanto que pasados cincuenta y dos años, hoy me entero.

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