EL POZUZO

(Por Damián, barón de Schütz – Holzhausen)

Este es el relato del fundador de la colonia alemana del Pozuzo, aparecido en  Freiburg en el año de 1883 como serie de apuntes de viaje. Es un testimonio de primera mano en el que se puede apreciar la grandeza del acontecimiento. La fotográfía corresponde a la primera iglesia erigida en el naciente Pozuzo.
Este es el relato del fundador de la colonia alemana del Pozuzo, aparecido en Freiburg en el año de 1883 como serie de apuntes de viaje. Es un testimonio de primera mano en el que se puede apreciar la grandeza del acontecimiento. La fotográfía corresponde a la primera iglesia erigida en el naciente Pozuzo.

Esta colonia había sido fundada por mí mismo en 1857, cuando cometí el error de creer en la consistencia y en las promesas de un gobierno criollo, que no cumplió sus compromisos sino muy imperfectamente, sobre todo en lo relativo a la construcción de caminos. Yo llevo ya muchos años ausente de allí, y para describir su estado actual me valdré principalmente de los datos del párroco Egg, quien vivió con la colonia desde el principio, hace 25 años, y ha contribuido a la prosperidad de ella más que ningún otro. La colonia se encuentra a los diez grados de latitud Sur, en la confluencia del Pozuzo con el Huancabamba, y se prolonga en ambas márgenes en una extensión de 5 kilómetros por el Pozuzo y 8 por el Huancabamba. El ancho de ambos valles es limitado; con todo, la mayor parte de las montañas, de las cuáles unas se elevan a 1,500 metros sobre el nivel del río, no son escarpadas, y en algunos lugares muy accesibles, presentándose la mayor parte de los declives a ser cultivados hasta la cima. La colina yace en término medio a 800 metros sobre el nivel del mar y con excepción de los campos cultivados, todo es una selva primitiva. Ésta se prolonga hasta las más altas cimas de las montañas, los que principian del lado del Este, donde se encuentran las inmensas llanuras del Ucayali y el Amazonas, y son por término medio más bajos que los occidentales. La temperatura baja rápidamente con la altura, y esos mismos colonos que tal vez viven a 100 metros del valle, disfrutan de sus ventiladas habitaciones, de noche mucho más frescas que los que viven abajo.

Al Sur y al Oeste de la colonia, es decir, del ángulo que forman los valles, se cruzan los montes y quebradas de una manera que raras veces se encuentra un sitio cultivable. Pero, al Este, empiezan tras de los montes mencionados, en una distancia de tres a cuatro leguas geográficas, las pampas o llanuras del Palcazu y Mayro; y al Norte de los últimos, las grandes pampas del Sacramento, que ocupan millares de leguas cuadradas, y se extienden hasta el Amazonas. El número de habitantes alemanes no contando los indios que  hallan aquí buen trabajo y buena paga, asciende más o menos a 400. Dos tercios de los colonos son del Tirol, los demás del Rhin. También existen algunas familias de la Alemania del Norte, que han venido de Lima a sus expensas.

El clima es favorable. El aire saludable de la montaña, principalmente bueno para los tísicos; la falta absoluta de aguas estancadas que secándose producen miasmas dañosas, impiden peligrosas epidemias que en la mayor parte de los valles tropicales se desatan con tanta fuerza. Si se puede deducir la salud de una buena apetencia, esta región es favorecida por la naturaleza, pues aún comiendo fuerte, poco después renace el apetito. Por estas circunstancias, los primeros colonos alemanes, cuyo alcalde Gatir (que murió el año pasado a los 91 años), podían aclimatarse con mucha facilidad y a causa de su vida activa y sencilla el estado de salud en la colonia era tan excelente, que, muchas veces por varios años no ocurrió ninguna defunción entre los adultos. En los 25 años de existencia de la colonia, la mortalidad anual importaba por término medio 2 y 2.5 %. El número de los nacimientos importa ahora 20 al año.

La colonia tendría ya, favorecida por este crecimiento natural, mayor número de habitantes, si algunas familias en los últimos tiempos no hubiesen emigrado leguas más arriba del río; y otras en dirección del Pachitea al río Seso, donde también se encuentra un suelo fértil y un clima saludable.

En 25 años ya se puede juzgar sobre la salubridad de una región y por consiguiente se habrá demostrado por el desarrollo de esta colonia, que las altas mesetas tropicales pueden convenir muy bien a las constituciones europeas; aún cuando no se elevan tanto sobre el nivel del mar.

La colonia al principio además del cultivo de lo necesario para la vida, se dio casi por entero al del café, que viene aquí muy bien y produce un grano sumamente fino y estimado en Lima donde alcanza muy buen precio. El costoso flete de tierra se lleva lo más de la ganancia; con todo, se vende en la colonia misma a 34 marcos el quintal, lo que costea. Posteriormente se disminuyó su cultivo, entregándose la gente de preferencia al de la planta de tabaco y a la fábrica de cigarros, lo que produce más y paga menos flete, que es aquí lo esencial. Este ramo de industria fue introducido por un fabricante de cigarros, un hamburgués. El millar de cigarros, cuyo flete a la ciudad minera del Cerro de Pasco es relativamente insignificante, se vendía allí algunas veces a 120 marcos los pequeños, y  los grandes desde 210 hasta 240 marcos. Pero esto no duró mucho porque todos los colonos grandes y pequeños, cuántos tenían dos manos, labraban cigarros, buenos o malos, no importaba. Perdieron pues pronto los cigarros del Pozuzo su anterior buena fama, y ya no se vendían con trabajo sino lo que realmente eran buenos. Abrieron finalmente los ojos los colonos y se dieron al trabajo de producir buenos artículos que nuevamente hallaron salida en el Cerro de Pasco. La infausta guerra con Chile estancó la exportación; en cambio no tuvieron los colonos ninguna otra participación en la guerra desde su poético y apartado valle; y el estancamiento de la producción podía sobrellevarse tanto más fácilmente cuanto que de nada carecían. Hasta una rica mina de sal poseen en las inmediaciones.

También la coca, más por los indios allí avecindados que por los alemanes, se cultiva en la colonia con fácil salida. Los indios forasteros vienen en persona a comprarla y pagan el quintal en el sitio entre 50 y 60 marcos. Su cultivo halla breve remuneración, aunque da mucho trabajo, especialmente la disecación de las hojas. El arroz aunque igualmente viene bien, no hace tanta cuenta, porque a precio más equitativo se interna de la costa en donde se explota en grande escala. Algunos colonos cultivan el algodón para sus propias necesidades, lo hilan, y aun se ha montado un telar que proporciona un género fuerte como para ropa de trabajo. Caña de azúcar, más o menos, se planta en cada propiedad, y preparan jarabe o azúcar morena hasta donde lo requiera el uso doméstico, lo mismo que guarapo o sea el caldo fermentado de la caña, que recuerda el mosto blanco; mucha caña también se consume desgraciadamente en ron, que halla siempre salida entre colonos e indios, por lo que muchos de aquellos se han dado de lleno a este ramo de industria. Añil y cacao rinden poco pues parecen exigir climas más cálidos. La temperatura es pasablemente regular y uniforme, sin que se observen ni el  opresivo calor de las quebradas tropicales ni los bruscos cambios de la sierra. La columna de mercurio en junio y julio suele bajar a 10 gr. Reaumur, y en los bochornos de enero subir por excepción a 28, siendo la temperatura media 18 gr., o sea el verano de la Italia meridional. Por otra parte, la atmósfera se refresca y purifica con el viento que regularmente se alza a mediodía.

De los cereales el principal es la raíz de la yuca (Casava dulce). Por su exquisito gusto y riqueza farinácea la prefiere la colonia a la papa de su país, pudiéndose también sacar de ella una buena harina, la que mezclada con el maíz da un gustoso pan. Asimismo produce un almidón fino. No es raro encontrar en la colonia yucas de seis kilogramos de peso, a pesar de lo cual son blandas y harinosas. La casava rinde un producto cuatro veces mayor que la papa en las comarcas más fértiles de Europa. Se parece a la pituca  llamada en otras partes “Taro”, cuyas hojas además se sirven como legumbres. Grandes beneficios se consiguen del banano, del cual hay en la colonia 8 diversas variedades; la fruta la comen cruda, cocida y asada, empleándola también para los animales. Del maiz se logran dos cosechas, de las habas cuatro, y del muy oleoso maní dos; produciéndose igualmente garbanzos y lentejas.

“Aunque nuestra papa permanece raquítica y aguachenta, se obtiene sin embargo en los distritos vecinos más altos, principalmente en los cercanos lugares de indios Muña y Panao, una papa de gusto extremo. En hortaliza cuentan con la col, lechuga, rábanos, zanahorias amarillas, cohombro y perejil; pero hay negligencia en su cultivo, prefiriendo el Colono despojar el campo de su más bello adorno, la palma de cuyo fruto (del corazón) saca siempre una legumbre más delicada que todas las otras.

“De las frutas, la anana “la reina de las frutas”, está á la cabeza de todas. Se la planta comúnmente como cerca de los campos, en donde de pequeños almácigos se le ve en pocos meses desarrollarse llegando a la madurez de agosto a diciembre, y suele pesar a veces cuatro kilogramos. Naranjas y lúcumas abundan mucho, así como anonas, paltas, guayabas, granadillas y demás frutas tropicales.

“En cuanto á animales domésticos encontramos perros y gatos, vacas, pavos, patos y palomas. El ganado de la colonia  procede en su origen de un regalo generoso que le fue hecho por D. Juan Renner, rico judío hamburgués. Este señor visitó la colonia en sus principios viniendo de Lima en 1859, cuando se hallaba aún en grandes apuros, y regaló á cada colono una vaca, un cerdo, una cabra, en todo 180 cabezas; habiendo pagado este filántropo los gastos de transporte hasta la colonia. Adquisición y transporte le costaron varios miles de pesos. Desde este momento pudo la colonia dedicarse á la ganadería, y abundó de carne, manteca y leche. Estando muy lejos los pastos naturales, tenían que mantener sus animales penosamente a pesebre, cosa no usada en el Perú. En cambio no se halla en todo el Perú tan buena mantequilla como en el Pozuzo.

“Como importantes maderas de construcción hay, á mas de las dichas, las siguientes: cedro, cascarilla, palo de balsa, (Ochroma tomentosa) que se emplea únicamente como combustible, no pudiendo todavía aplicarlo a balsas, y la palma-chonta. Además la Camona-palma (Martinezia caryotuefolia) y los Nogales, de la especie de las Juglandaceas, los que son muy apreciados como maderas para muebles, aunque naturalmente ceden a la costosa caoba que abunda menos. Fuera de la Inga reticulata que pertenece a la familia de las Zygieas, y de la cual se obtiene la hermosa Madera inca, merecen mencionarse entre las leguminosas particularmente las Cesalpineas, cuya madera amarilla o roja siempre halla aplicación técnica. Desgraciadamente teme el Dr. Abendroth, de cuyo folleto tomo estos datos, (1) que dichos valiosos árboles desaparecerán de allí más tarde como sucede como la cascarilla. El árbol de la quina, no obstante su precioso bálsamo, es empleado como madera usual de construcción, lo mismo que la caoba. ¡Pues no vio el Dr. Abendroth un trapiche cuyos cilindros eran de caoba!

“El cañamo está reemplazado por la corteza dura y persistente del Celtis mierantha, así como el lino por el fuerte tejido de las hojas de agave. El árbol del perejil rinde la mejor corteza rica en tanino, superior á la de nuestra encina. De las demás plantas silvestres para uso doméstico, tenemos aún que mencionar: El árbol de Or Jeans (Bixa orellana), el árbol de la goma (Syphonia), cacao silvestre, algodón (Gossypium arboreum), índigo (indigofera polycarpa); además las siguientes plantas medicinales: el Matico, un estimado tónico, enseguida la zarzaparrilla (Smilax siphilitica), la vainilla y algunas especies de Cinchona no muy activa, habiendo sido destruidas las mejores mucho tiempo ha. Analizada una, apenas dio medio por ciento de quinina y otro tanto de cascarilla. El huaco (Micamia guaco) es extraído por presión o por medio del alcohol, y es un remedio eficaz contra la mordedura de culebras, uso interno y externo. La especie de Herpestes colubrina, que también posee el Pozuzo, se recomienda más aún.

“En cuanto a caza no se halla muy cerca; casi toda se ha retirado de la vecindad de la colonia, con excepción de dos roedores el Agutis y la Pacas de las que se obtiene muy delicado rosbif. El que exija más y quiera una caza en forma, tiene que pasar un par de horas al otro lado del río, donde aún de hallan jabalís en grandes manadas, osos, tapires, venados, monos y aves silvestres. Empero, el paraíso del cazador es la comarca del Mairo, pudiendo decirse otro tanto de la pesca: grandes peces de más de cincuenta kilogramos se ven en el Patichea y el Palcazu, así como tortugas, mientras que en ambos ríos de corriente violenta, solo se hallan pescados pequeños. De lo dicho resulta, que la colonia tomaría un rápido vuelo si los fletes no fuesen tan caros, razón por la cual sólo se exportan productos valiosos como café, tabaco, cigarros y coca; por no haber buenos caminos especialmente al Mairo, cabecera de la navegabilidad, y a la ciudad de Cerro de Pasco, de la cual se transportarían fácilmente a Lima y la costa. Mucho asimismo contribuirá al desarrollo de la colonia, si se encontrasen minas en sus inmediaciones, lo que no es irrealizable habiéndose descubierto en los cerros vecinos minerales de plata, cobre y plomo.

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