Nuestros juegos infantiles (Segunda parte)

Sol  o luna.- Era en las noches, aquellas en las que se podía distinguir con una asombrosa claridad toda la orfebrería de estrellas que resplandecían en aquel cielo azul, intensamente azul de nuestra tierra; cuando en la explanada del barrio nos reuníamos los niños del Misti. Cogidos de las manos, mirando hacia arriba, con una candidez conmovedora cantábamos en coro:

Mama luna, dame medio,

                        Para comprarme un caramelo. 

            Pasada la primera euforia producida por la contemplación de la astral maravilla, nos poníamos de acuerdo para jugar: SOL O LUNA. El juego consistía en que, en secreto, los dos muchachos más grandes del grupo, se nombren de sol o luna (esto sin que el resto lo supiera), y cogiéndose de las manos formaban un túnel por donde debíamos pasar el resto de los muchachos que, agrupados en una fila indestructible, pasábamos raudos –imitando a un ferrocarril con sus coches- por el túnel y el último de la fila trataba de ser cogido por los mayores. Si lo conseguían, le preguntaban: ¿Sol o luna?. De acuerdo a la respuesta se colocaban detrás de uno u otro, según correspondiera. Formados ya los dos grupos, procedíamos a pelear el “Nudo de Guerra” para lo cual se trazaba una línea divisoria, pasada la cual por cualquiera de los equipos, determinaba al ganador. Esto, claro está, después de un fogoso tira y afloje espectacular. El caso es que nos divertíamos de lo lindo hombre y mujeres.

El Mercader.- Otro juego nocturno que recuerdo con enorme cariño es el que denominábamos EL MERCADER. Comenzaba nombrando al comprador y al vendedor de una determinada especie a negociarse, generalmente fruta o herramientas. El vendedor le ponía nombre a cada uno de los productos sin que el comprador pudiera escucharlo. Hecho esto, el vendedor aglutinaba su mercadería y comenzaba el juego.

El comprador llegaba a la puerta del vendedor y se suscitaba el siguiente diálogo:

— El ángel viene con una bola de oro.

— ¿Qué desea…?

— Una fruta…

— ¿Qué fruta..?

El comprador decía el nombre y de haber en existencia se lo llevaba, caso contrario fingía irse para volver con otra fórmula.

— El diablo viene con setenta mil  cachos…

— Y…¿Qué quiere?.

— Un fruta…

— ¿Qué fruta…?.

De la misma forma que la anterior se seguía jugando hasta que todo estuviera vendido. Luego se cambiaba de comprador y vendedor.

la coloniaEl Mundo o la Colonia.- Cualquiera de estos nombres podía asignársela a este juego que se practicaba en los meses secos, es decir en los que no había lluvia ni nieve. Servía para poner en juego la habilidad y resistencia de dos contendientes; quien mayor habilidad tuviera en cerrar cajones en disputa y resistía incólume el juego: ganaba.

Para ello, utilizando un resistente clavo grueso se trazaba sobre el piso un figura de un avión de dos alas, una iglesia con muchos cajones o un edificio de muchos compartimentos. Cada uno de los compartimentos se señalaba con sus números correspondientes que indicaban el valor de cada cajón. Se comenzaba arrojando la teja –cada uno de los contendientes debía preparar una a fin de que no saltara en el momento de caer sobre el cajón- . Se iniciaba en el primer cajón del que se debía llevar la teja con un solo pie hasta el siguiente cajón teniendo cuidado de no pisar en ningún momento las líneas demarcadas. Esto debía hacerse a saltos en el trazado sosteniéndose solamente con un pie. Así sucesivamente debía arrastrar la teja ganando los varios cajones, pasando cada vez  los compartimentos anteriores hasta llegar al último. Cada vez que uno terminaba la vuelta, estaba autorizado a cerrar un cajón que el contendiente no podía pisar.

El otro sistema correspondía a echar la teja y luego ir saltando de cajón en cajón, cerrando uno en cada vuelta pero alternadamente a fin de que el contrario pudiera tener acceso al juego brincando alternadamente sobre los cajones que les correspondía mas no en el del contrario.

El salto cabrito.- En Argentina, a este juego lo llaman “Lingo”, lo hemos leído en Billiken. Para su práctica se necesitaba agilidad y resistencia y consistía en efectuar saltos apoyados sobre el rival.

Se comenzaba rifando el turno para “chantarse”, es decir, para ponerse de cabrito sobre el que debía de saltar el resto. El perdedor se ponía con el cuerpo inclinado a fin de resistir los embates del salto. Los contendientes corrían por turno para saltar sobre el “chantado”. A medida que transcurría el tiempo, los saltos demandaban mayor dificultad. El muchacho que no conseguía saltar limpiamente, reemplazaba y se “chantaba” hasta que otro chico fracasara.

Tres en raya.- Este es un juego para practicarlo en invierno, es decir dentro de la casa. Consiste en que cada uno de los contendientes debería tener tres fichas (piedrecitas, maicitos, palitos etc.) los que van colocándose alternativamente en los puntos de partida de cierto trazado de líneas, de manera que, para ganar la partida, había que conseguir alinear las tres fichas en determinado sentido de las rectas. Es decir debía haber “tres en raya”; en una sola raya.

Cara o sello o “Chapas”.- Este es un juego que lo mayores llevaban a extramuros de los de envite porque jugaban monedas en apreciables cantidades que, nosotros los niños, no podíamos acceder. Pertenece a la época en la que entró en vigencia las monedas de cobre gordos y chicos. Se jugaba con los gordos. Como tenía dos figuras (Cara o sello) se tenía dos piezas, una con la cara para arriba y otra con la cara para abajo. Al tirarse al aire ambas monedas y caer sobre el suelo,  tenían que coincidir en su significado para que el tirador gane. Por cada tiro se hacía una apuesta.

Las bolas.- Este fue un juego hermoso con grandes variantes. Llegados los días de sol,las bolas todos los niños nos premuníamos de nuestras correspondientes bolas para competir en el juego con sus amenas variantes como: la quena, la trinca, la sierra etc. Cada uno, por ley, deberíamos tener una “mediana” que era la que mandaba, por eso era la más grande o más sólida; el caso es que cada quien tenía la suya. Las habían de acero, de vidrio o de piedra; sí, de piedra. Una piedra perfectamente pulida y brillante que se utilizaba para cualquier juego. También, cada uno debería de poseer su arsenal de bolas, principalmente “ojitos” que eran bolas de cristal de una belleza increíble y de diseños y colores tan caprichosos que causaba arrobamiento el contemplarlas. Cuando estos ojitos eran pequeñitos, se les llamaba “chinis”; las melladas o maltratadas recibían el nombre de “sarnas”, que no valía sino media bola.

Recuerdo claramente que a nuestra escuela a donde llegábamos jugando “la trinca”, había muchachos diestros que daban fácil cuenta de sus rivales. En mi barrio, el “Shico” y el “Chancho” Julián Espíritu era los más diestros.

El pelotaris.- Este deporte tan amado y practicado por nuestros mayores era, para los vascos que lo trajeron, “el deporte ideal para desarrollar la fuerza, la agilidad, la vista y la resistencia”. En nuestra tierra se jugaba a mano pelada con pelotas fabricadas ex profesamente con un envoltorio de cintas de jebe que llegaban a pesar 125 gramos cada una y que daban rebote en las canchas que recibían el nombre de FRONTÓN. Consistían estas canchas en un campo de 15 a 20 metros con una sólida pared en ángulo recto de 12 a 14 metros de altura, cubierta de cemento o barro apisonado que permitiera el bote adecuado de la pelota que por turno estrellaban los jugadores en partidos simples o dobles, después que la pelota botara sobre el piso.

Era tan apasionante este deporte que no obstante su alto valor atlético, ya casi no se practica en nuestra tierra donde hubo memorables peloteros. Cada barrio tenía su frontón; los más recordados son los frontones de Pío Ramírez, en la Esperanza; de José Castillo Díaz, en Huancapucro; de Gregorio Merello, en Rockovich y el de nuestra escuela de Patarcocha, donde nuestros maestros sostenían reñidos partidos. También utilizaban las paredes de la iglesia Yanacancha y otros lugares. Jugadores notables fueron: Pedro Santiváñez, Marcelino Suárez, Julio Paitán, “Togro” Rojas, Mamerto “Gato” Galarza, Horacio Zárate Jurado, Juan Casas Vásquez…

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One thought on “Nuestros juegos infantiles (Segunda parte)

  1. En el frontón (una inmensa pared de tapial), de la explanada al final de la Calle Parra e inicio de Siete Estufas, cerca a la Mina Lourdes, aún, niño (años,1950) logré ver dichos partidos encarnizados entre jugadores de la Calle Huánuco, de la Calle Parra, de la Plazuela Ijurra, de la Plaza Carrión, Plaza Chaupimarca, alternaban comerciantes, policías, zapateros, sastres, mineros de las superficies, generalmente a partir de las cuatro de la tarde, luego del día agotador de la jornada laboral. Por el mismo lugar existían juegos infantiles, cancha de fútbol, todos los días del verano disfrutábamos de ese alegre atardecer.

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