El nacimiento de nuestra tierra (9 DE OCTUBRE DE 1567)

cronología 1Nunca antes una ciudad se había aposentado en las astrales lindes de las nubes, tan cerca del cielo. Nació a mediados del siglo XVI, cuando en las Cajas Reales de Lima, los españoles vieron montones de plata purísima, blanca y enorme como queso fresco, “del tamaño de las balas de cañón”, que provenía de Yauricocha. Este era el emporio que los fatigados españoles habían estado buscando: Yauricocha: ” laguna de metales”. A él  se refería el joven cronista de Santo Domingo de la Calzada cuando narraba la búsqueda y el dramático encierro de tres días y tres noches, secuestrados por una ventisca impresionante, sin nada que comer ni beber, en medio de un frío implacable y cruel del que después salieron en estampida a poco de cesar la nieve. Habían seguido la descripción de los hombres que decían ser dueños de aquellos tesoros desde los abuelos de sus abuelos. Los invasores venían a cumplir con los principios jurídicos estatuidos por los Reyes de España en las famosas Leyes de Indias donde  se establecía que las tierras de América eran patrimonio exclusivo de la Corona Española Todos los minerales son propiedad de Su Majestad y derechos realengos por leyes y costumbres, y así lo da y concede a sus vasallos y súbditos donde quiera que los descubrieren”. Es más, en las Ordenanzas de Toledo se preveía que, descubierta una mina, ésta debía registrarse en un plazo de treinta días. El descubridor tendría derecho a un campo de ochenta por cuarenta varas –llamada por eso, mina “Descubridora”- a continuación del cual se acotaba otro para la pertenencia real, y tras ella podía tomar otro más el descubridor –“Mina Salteada”- de sesenta por treinta varas. “Venimos del cerro de Yauricocha en obediencia a lo que vuestras mercedes han dispuesto que para trabajar las minas –ahora propiedad del Rey- se las deben registrar en las Cajas Reales. Queremos el documento que  respalde nuestra propiedad”, habían dicho dos yauricochas en el colmo de la inocencia. Fue suficiente. De inmediato, un tal Diego Cantos de Andrada, -el primer ladrón de nuestra historia- viajó a revientacinchas a las Cajas Reales de Xatún Xauxa y allí registró el mismo yacimiento, pero a  nombre de él. Los nativos en la muestra de más pura  candidez y buena fe, reclamaron a los tribunales. No es necesario decirlo. La propiedad quedó registrada a nombre del impostor. El infame que practicó este latrocinio, fue Gómez de Caravantes de Mazuela y el documento que sanciona el sumario y perverso litigio, dice: “En la causa que entre partes mantuvieron, de la una los caciques de indios, Manuel Chumbe y Pedro Chipán; y de la otra Diego Cantos de Andrada, fallamos: Que debemos amparar y amparamos al dicho Diego Cantos y sus consortes en la posesión de la mina que descubriera. Sobre este pleito y después, se den a dichos indios, dos minas, las que ellos escogieran y por esta misma sentencia, así lo pronunciamos y mandamos sin costas”. Los otros beneficiarios que tuvieron acceso a estas fabulosas minas, fueron los siguientes ladrones y alcahuetes que se complotaron para que fuera así: Diego Cantos de Andrada, Miguel Romero y Zúñiga, Bartolomé Díaz, (el viejo), Cipio Ferrara Pérez, Juan Díaz Vergara y, para que no tuvieran problemas posteriores, prebendaron a  Hernando Marco Apo  Alaya, cacique de Xauxa y Felipe de Guacrapaucar, cacique de los Lurinhuancas, es decir Huancayo. -(Andando los años, una descendiente de estos caciques huancas, llamada Catalina Huanca, hizo derroche de gran cantidad de monedas de oro y plata sacada de nuestras minas)- También se beneficiaron otros dos indios ladinos, Luis Meza y Alonso Xaxa. Esta es la primera lista de ladrones y estafadores que con el andar del tiempo se fue engrosando y no tiene cuándo acabar.

La enorme laguna de Yauricocha tuvo que ser desaguada hacia las partes bajas de Quiulacocha. Cuando las aguas corrieron en una riada extraordinaria, arrasaron en su descenso abundante barro y  detritus, dejando al descubierto un blanquísimo sedimento de plata pura que por siglos había dormido en sus profundidades. La plata a flor de tierra, en una orgiástica abundancia, estaba pródigamente diseminada por aquellas soledades blancas. A partir de ese momento se produjo  una multitudinaria invasión de aventureros ávidos  nunca antes vista. Las gentes de la Villa de Pasco y lugares aledaños primero y de los más lejanos, después, llegaron en espectacular turbamulta de sálvese quien pueda.  El 9 de octubre de 1567 – dicen las crónicas de entonces-, después del  inicuo despojo a sus legítimos dueños, asentaban el nacimiento oficial de San Esteban de Yauricocha, para beneficio de los españoles. Pasados los años, por su cercanía a la Villa de Pasco, adoptó el nombre del Cerro de Pasco, oficializado por el Virrey Amat en 1771. Así nació la ciudad: tras una infamia, por una expoliación. Desde entonces, hasta ahora, la tradición viene repitiéndose con muy pequeñas variantes. Si alguien quisiera escribir la historia de la infamia en el Perú, tendría que comenzar en esta ciudad.

Andando los años, hombres procedentes de todos los rincones del globo se afincaron en sus predios: españoles, inglcronología 2eses, italianos, franceses, prusianos, húngaros, checos, croatas, montenegrinos, servios, dálmatas, austriacos, judíos, griegos,  polacos, jamaiquinos, africanos, chinos, japoneses norteamericanos… todos nucleados en sus correspondientes consulados. Todos con una misma y sola ambición: la plata. También braceros y empresarios de toda América y de los más apartados rincones de la patria. Cuando el argento comenzó a mermar, después de inacabables siglos de explotación, la magia del cobre purísimo atrajo a los norteamericanos que el primer año del pasado siglo, invadieron su suelo para explotarlo. “La Cerro de Pasco Copper Corporation”, exportó en su mejor momento, el 50% del oro, el 75% de la plata y el 95% del cobre de todo el Perú” ha revelado el ingeniero Samamé Boggio, el hombre que más sabía de minas en el Perú.

Este es el dramático inicio de nuestra Historia y a partir de mañana repasaremos el itinerario que siguió nuestro pueblo en más de cuatro siglo de vida sacrificada y ejemplar.

 

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