LA COLUMNA PASCO (Primera parte)

(Con mi siempre rendido homenaje a los 220 patriotas cerreños que ofrendaron su vida por la patria en la infausta guerra con Chile (1879). Entérese de los detalles más minuciosos de aquella contienda leyendo las páginas de mi libro LA COLUMNA PASCO, Ediciones “El Pueblo”- junio 2013)

Declaratoria de GuerraAquel domingo 6 de abril de 1879, el Cerro de Pasco amaneció indignado. Chile acababa de declararle la guerra al Perú. Los periódicos informaban de los últimos acontecimientos que restallaban en los corros formados en cada uno de ellos. LA PIRAMIDE DE JUNIN, LA GACETA DEL TRABAJO, LOS ANDES, LA ALFORJA, EL RESTAURADOR, EL PORVENIR, LA PRENSA DE JUNIN, Todos proclamaban:” ¡Estamos en guerra!…¡Que cada quien cumpla con su deber!”.

 El Prefecto del Departamento de Junín, Coronel Joaquín Anduvire, el Alcalde de la ciudad, Manuel Dianderas González; el Subprefecto, Coronel, Manuel Mori Ortiz; el Párroco de Chaupimarca, Silvestre Castañeda y su ayudante Fernando Rojas; el Mayor de Guardias, Enrique Callirgos, el médico titular, y un corro de autoridades decidieron convocar a un Cabildo Abierto para que el pueblo dijera su palabra. La orden fue urgente y enérgica. Todos debían estar en la Municipalidad a las tres…! ¡Así fue!

Al promediarse las tres de la tarde, el estruendo de las campanas inundaba el ambiente tocando a rebato. Las de San Miguel de Chaupimarca y las de Yanacancha, convocaban al pueblo cerreño. Pocos instantes después, ríos de gente se desplazaba por las arterias pueblerinas rumbo al consistorio.

Hombres y mujeres de todos los barrios cerreños, Yurajhuanca, Quiulacocha, Rancas, Sacrafamilia, haciendo retumbar las calles con sus gritos estentóreos van a tomar acuerdos para afrontar la agresión chilena. Detrás, una abigarrada caballería campesina, hace lo propio.

En el centro hay un grupo de extranjeros que tienen a una hermosa mujer ataviada con un encarnado gorro frigio. En la mano derecha lleva una bandera peruana y detrás una pancarta que reza ¡Estamos contigo Perú! Presididos por sus cónsules  están franceses, italianos, españoles, húngaros, croatas,  montenegrinos, yugoeslavos, ingleses…

 El local edilicio está abarrotado de gente. No falta nadie. El cierrapuertas  ha sido total. Puertas y ventanas han sido abiertas de par en par para que todos, inclusive los nutridos grupos representativos que se hallan fuera del recinto, puedan participar de la Asamblea.

 Mucho tuvo que trabajar el Prefecto para mantener el orden. Sólo después que se oyeran las participaciones individuales con mucho  fervor, hondo dramatismo y ternura como la participación de las madres, se arribó a los acuerdos siguientes:

PRIMERO.- Pedir al Comando General del Perú, la debida autorización para formar un batallón de soldados voluntarios. Era manifiesto el deseo de los hombres el partir a los frentes de guerra en defensa de nuestra Nación. Se encargó de esta misión al Coronel Manuel Mori Ortiz.

SEGUNDO.- Efectuar una erogación entre mineros, comerciantes, hacendados y pueblo en general para reunir fondos que irían a incrementar la Caja de Guerra y  la compra de uniformes y armamentos. Los responsables de su organización y ejecución serían las señoras, Carolina Pellegrini de Trujillo, Isidora Malpartida de Iglesias, María Languasco de Dellepiane, Francisca Alania de Aldecoa, Josefina Arrieta de Faget y Manuela Arias de Demosti.

TERCERO.- Los ocho periódicos de la localidad informarían al detalle y con ediciones especiales, los acontecimientos referentes a la actualidad bélica.

Las mujeres cumplieron la abnegada tarea de la recolección de fondos. Viajaron a las minas y haciendas más apartadas y visitaron a todos los comerciantes sin olvidarse de ninguno; a las más connotadas y a las más humildes familias. De todos ellos recibieron generoso aporte. Sólidas barras de plata, generosos montones de argentífero rosicler, cajones de chafalonía, cajas de plata pella, bolsas de plata piña como queso blanco; plata nativa de caprichosas conformaciones. Los comerciantes tributaron con monedas su generosa participación. Durante doce días recibieron las contribuciones. Un hermoso  rosario de crucifijo de oro y cuentas de plata; una par de hermosas “lloronas” (aretes) que por generaciones habían lucido coquetas cerreñas de la familia; trece tintineantes “arras” de oro puro, monedas con las que se habían “pagado” suntuosas bodas; aros y anillos opulentos con incrustaciones de valiosa pedrería. Macizos y opulentos relojes con brillantes leontina; bastones de marfil con incrustaciones de pedrería y marcos de plata que acotaban patriarcales cerreños; cubiertos y vajilla de plata de nueve décimos; monedas de oro de los ahorros familiares. Junto a este acopio generoso, hubo otros de estremecedora ternura. Las jóvenes cerreñas que por su limitada capacidad económica no pudieron aportar pecuniariamente, en un gesto conmovedor, se cortaron sus frondosas cabelleras y las entregaron a los peluqueros franceses para ser vendidas. Por su parte las matronas cerreñas desplegaron su actividad y entusiasmo  para colectar fondos para la confección del estandarte y algunos gastos preliminares de la Columna.

Transcurridos doce días, los hombres estaban descontentos: no llegaba la autorización oficial para formar el batallón de voluntarios. Recién el 18 de abril se recibió la orden. El júbilo fue inmenso.

La mañana del 19 de abril de 1879, el Cerro de Pasco se conmovió hasta las lágrimas. Una ordenada fila de patriotas rodeaba la Diputación de Minería. Todos los hombres de la ciudad estaban allí. Imberbes adolescentes conjuntamente con algunos niños de límpida mirada, entremezclados con bizarros jóvenes, luciendo sus sonrisas optimistas y sus exclamaciones de entusiasmo. Aspiraban a vestir el uniforme de la patria. Allí también estaban, junto a los de vigorosa madurez, hombres que en el otoño de sus vidas aspiraban a guerrear por el Perú. Con sus cabellos grises o sus calvas relucientes formaban fila a la espera de ser elegidos. Pasaban de ochocientos voluntarios. Sólo cuando se hizo rigurosa selección dejando de lado a niños y ancianos, quedaron 220 patriotas que en perfecto estado de salud física y mental, se encontraban aptos para partir a las fronteras.

La misma noche se dio a conocer la nómina completa de soldados elegidos a la que se dio el nombre de LA COLUMNA PASCO. El jefe sería el Subprefecto, coronel Manuel Mori Ortiz, natural de Lima; el también limeño Enrique Callirgos, jefe de la Gendarmería, sería el segundo jefe. Los únicos, limeños de la Columna. Los oficiales serían elegidos de entre los soldados de mayor preparación.

El vocero de comerciantes extranjeros, el italiano Emmanuelle Chiessa, ofreció su  apoyo incondicional. Cuando se puso de pie doña Melchora Minaya de Slee – dicen los periódicos de la fecha-, con voz quebrada de emoción, dijo:

— ¡Queridos compatriotas! Quienes partirán a las fronteras a luchar por nuestra amada patria, son aquellos a los que hemos traído al mundo y hemos amamantado; aquellos a quienes enseñamos a caminar y a santiguarse; aquellos que llevan nuestra sangre y nuestros nombres:..¡Nuestros hijos! A ellos que son carne de nuestra carne y vida de nuestra vida, entregaremos con supremo amor  en el altar de la patria..! Sólo Dios sabe lo que esto significa para una madre! Nuestros amados hijos que con hermanos, amigos, novios y esposos partirán al frente a ofrendar sus luminosas existencias por nuestro Perú amado, deberán llevar la sacra bandera que iluminará el camino de la victoria final. Esta bandera de guerra la confeccionaremos nosotras las cerreñas con nuestras manos y nuestro peculio. Sus pliegues sacrosantos llevarán nuestras oraciones, nuestras bendiciones, nuestras lágrimas…!

Las aclamaciones surgieron como torrentes incontenibles. Allí mismo Charles Rowe ofreció la donación del asta de la bandera y una caja especial para transportarla; el joyero José María Montero, la lanza de la bandera confeccionada con tres marcos de plata cerreña; los tornillos para fijarla, Piero Falconí y, el correaje, fornituras y demás aditamentos, el peletero inglés William Blanckinson.

Como se había programado la preparación de la Columna comenzó el domingo 20 de abril. Acondicionamiento físico se realizó dos veces por día. Callirgos sometió a los hombres a maniobras extenuantes que los soldados respondieron con entereza. Desplazamientos, carreras, ataques simulados con viejas carabinas y rifles en tanto llegaran los fusiles oficiales; escalamientos, prácticas de tiro, uso de cuchillos y espadas, es decir todo aquello indispensable para partir a las fronteras. Después de tres semanas de entrenamientos rigurosos, los soldados estaban listos para marchar.

Continúa….

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