LA COLUMNA PASCO (Tercera parte)

oficiales de la Columna Pasco
Oficiales de la “Columna Pasco”, retratados en traje de faena, un día antes de su partida.

Desde el 7 de mayo de 1879, nuestros soldados recorrieron enormes distancias atravesando inacabables páramos fríos, soledosas cordilleras, amenazantes abismos, riesgosos farallones; enfrentaron despiadadas granizadas, silenciosas nevazones, flamígeros truenos y despiadadas trombas de agua. En todo ese tramo el disciplinado entusiasmo era el denominador común, sólo el trato arbitrario de Callirgos con la silenciosa complicidad de Mori Ortiz, se puso de manifiesto ¡Claro!, éste había encontrado la oportunidad de vengarse de aquellos muchachos que en la vida civil le habían ocasionado muchísimos problemas; cundas, jaranistas, decidores e inquietos, habían colmado la paciencia del jefe de gendarmes. Ahora había encontrado la mezquina ocasión de la venganza. De cuerpo enteco y mirada esquiva, rostro afilado y agresivo, sabía que nuestros hombres no podían sublevarse porque de hacerlo habrían sido fusilados. Sin embargo, jamás dieron oportunidad a que Callirgos se regodeara de sus sanciones.

Por fin, después de doce días arribaron a la hacienda Santa Clara, en Chicla, cerca de Matucana, donde les aguardaba el ferrocarril que los conduciría a la  capital. El ánimo  de la Columna Pasco se encontraba al tope.

El lunes 19 de mayo de 1879, la tropa llegaba a Desamparados. Tres de la tarde. Enorme cantidad de gente concurrió a tributarles calurosa bienvenida. Era la primera legión de voluntarios provincianos que llegaba a la capital. El Gobierno había dispuesto que la Columna Salaverry, en pleno, fuera la que recibiera a los bravos cerreños.

Calurosas fueron las palabras pronunciadas por el Coronel Francisco de Paula Secada en el andén de la Estación. De igual manera, las expresiones del jefe de la  Columna Pasco, coronel Mori Ortiz. Finalizado el acto: jefes, oficiales, clases y soldados, se confundieron en fraternales abrazos y, por espacio de media hora estuvieron intercambiando comentarios y opiniones.

A las cuatro de la tarde, presididos por sus banderas, ambas Columnas desfilaron bizarramente por las calles limeñas. La banda de guerra de la Columna Pasco, coordinada y brillante, llamó la atención de las gentes. Los comentarios referentes a la correcta  presentación de la escolta y las cuatro compañías eran visiblemente favorables y remarcados con aplausos y aclamaciones. Después de una hora de imponente desfile marcial, los cerreños fueron acuartelados en el Convento de San Francisco.

Desde el 20 de mayo al 28 de julio, fueron sometidos a diaria preparación técnico-táctica en los arenales de Lima. Con voluntad y entusiasmo ejemplares respondieron. No obstante este trabajo, el mal trato de Callirgos empañaba la entereza de la Columna. Los castigos se sucedían con una alarmante frecuencia. Aunque clases y soldados estuvieron a punto de castigar al tirano, la interven­ción de sus compañeros impidió esta acción que habría desembocado en el fusilamiento de los agresores.

Por las noches, mientras unos lavaban y reparaban sus uniformes y armamentos, otros con sus infaltables guitarras emocionaban al cuartel con tristes, chimaychas, mulizas y huaynos de la lejana querencia cerreña. Muchos, acicateados por las notas dolidas dejaban correr sus plumas sobre cartas cargadas de emotividad y cariño por los seres queridos.

Los primeros días de julio la superioridad descubre el vil comportamiento de Callirgos y lo somete a Corte Marcial conjuntamente con el jefe Manuel Mori Ortiz. Las sanciones son severísimas pero con motivo de Fiestas Patrias, son amnistiados.

En Fiestas Patrias, el comando supremo ha organizado una revista militar. Siete mil patriotas estarán presentes en la parada. Aquella mañana del 28 de julio de 1879, por orden superior, se cambió el uniforme de nuestra tropa. En lugar de las casacas rojas y pantalones blancos de resistente casimir inglés, les dieron cotona y pantalones de brin gris; en lugar de las botas ganaderas de cuero negro, les dieron toscos zapatones de cuero claveteado; en lugar de los modernos fusiles Remington traídos por el consulado inglés del Cerro de Pasco, les dieron los casi inservibles MINIE austriacos. No obstante, justo es decirlo, nuestros soldados no desmayaron jamás en su  preparación ni claudicaron en su entusiasmo.

El 25 de setiembre de 1879 la noticia estremeció los corrillos castrenses. Los soldados de la Columna Pasco leían la Orden del Día: “Mañana, viernes 26 de setiembre, a las once de la mañana, deberá embarcar en el Transporte Rímac el grupo de avanzada la DIVISION EXPORADORA, conformada por: La Columna Pasco, el Batallón Ayacucho Nº1 y el Batallón Provisional Lima Nº3, bajo las órdenes del General Pedro Bustamante”. La emoción de los nuestros solados fue enorme. Durante el día prepararon sus implementos guerreros y cursaron emotivas cartas a sus seres queridos.

El 26 de setiembre de 1879, después de recorrer las calles de Lima embarcaron en el transporte Rímac. En cubierta se aglutinaron los soldados peruanos entre los que estaban 220 cerreños de la Columna Pasco. Desde cofas, puentes y castillo, los jefes vigilan la distribución de los hombres. Las sonoras máquinas de la nave están listas para zarpar. A una orden enérgica oficiales clases y soldados ocupan los puestos que les corresponde en menos de un minuto. Nadie estorba ni nadie tropieza por las escalas ni pasillos. Todos están en cubierta con los kepís en mano despidiéndose de la enorme cantidad de gente que ha acudido a despedirlos.

Veintiún cañonazos desgarran el mediodía porteño y la nave hiende las procelosas aguas con el agudo cuchillo de su quilla. A bordo, mezclándose con las sonoras rompientes del casco, las notas del Himno Nacional.

Cuatro días y cuatro noches, nuestros soldados soportaron el inclemente frío cargado de yodo que hendía el ambiente. En las noches, apretujados para conjurar el frío, conversaban y entonaban canciones de la lejana querencia cerreña. Eusebio y su trompeta acompaña las roncas voces en sentidas mulizas, huaynos y cachuas alegres. Nunca como en aquellas noches, nuestra música tuvo la mágica evocación de los recuerdos.

Así, escoltado por el monitor Huáscar y por la corbeta Unión, entraba en Iquique el transporte Rímac. Se preservaba con celo el desembarco de aquella preciosa carga humana que iba a combatir. Era las cinco de la tarde del 1º de octubre de 1879. De inmediato, falúas y chinchorros cargados de soldados desembarcaron en la playa. El humo de la chimenea del trasporte ascendiendo en gruesas espirales se iba difuminando. A las nueve de la noche ya todos están en tierra. Después de un magro rancho frío se han dormido rendidos por el cansancio.

Jueves 2 de octubre de 1879. El estridente toque de diana despierta a los soldados que luego del magro desayuno, descubren una lacerante realidad que no imaginaban. Están en una árida costa sin una sola gota de agua. Al sur, inmensos arenales sin sombra, orillando el temible Tamarugal a la vera del río Loa, línea fronteriza con Bolivia que se extiende en el temido desierto de Atacama. Este es el más importante yacimiento de nitratos del planeta. El botín de guerra por el que habrán de morir muchos hombres.

Empapados en sudor, con la sed cuarteándoles los labios, los soldados han sido obligados a realizar “maniobras”. Se mueren de sed y no hay agua. El único depósito está ubicado a quince kilómetros del lugar, en Pozo Almonte. Es agua de raro sabor que, lejos de calmar la sed, la agrava, ¡Claro! ¡Es agua destilada de mar! Con los labios resecos y la lengua hinchada como trapo, los hombres que se deshidratan sufren ya alucinacio­nes y fuertes convulsiones.

Ficha de la Columna Pasco
Copia facsimilar de la primera compañía de la Columna Pasco Archivo del Centro de Altos Estudios militares del Perú

Si llegara a faltar agua, al instante, la energía muscular y moral desaparecería sobreviniendo el delirio seguido de la muerte. Las bestias de carga sufren tanto como los hombres; las mulas pueden soportar la sed por más tiempo que los otros animales, pero producen en ellas la ceguera irreversible.

 

Otra noticia ha conmovido   a los  soldados: hay angustiosa escasez de alimentos. Las raciones personales se han limitado a dos onzas de papas, tres onzas de arroz y un pedazo de charqui agusanado. Al día siguiente, muchísimos hombres fueron acometidos de sudoraciones frías y repetidas. ¡Es la disentería! En el campamento se ha desatado una epidemia de disentería.

 

Continúa…

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One thought on “LA COLUMNA PASCO (Tercera parte)

  1. ESTIMADO SR. PEREZ ARAUCO RECIBA UD, MIS CORDIALES SALUDOS ES INTERESANTE SUS ARTICULOS DE HISTORIA DE PASCO QUE UD, PUBLICA REGULARMENTE, LOS CUALES NOS ILUSTRA A TODOS LOS CERRENOS AMANTES DE LA LECTURA. AMABLEMENTE LE SUGIERO QUE INCLUYA REGULARMENTE EN SUS PUBLICACIONES HISTORIAS REALES RECIENTES DE LOS ULTIMOS ANOS ACERCA DE LA CORRUPCION Y LOS MALOS MANEJOS DE LOS DINEROS DEL CANON DE PASCO RECIBIDO Y MAL USADO POR LAS AUTORIDADES CORRUPTAS, PARA QUE LAS NUEVAS Y ANTIGUAS GENERACIONES SEPAN QUIENES SON LOS VERDADEROS CULPABLES DEL ATRASO DE NUESTRO PUEBLO. SI UD, ACEPTA Y REALIZA NUESTRA SUGERENCIA CONTRIBUIRA GRANDEMENTE A LA RECUPERACION Y DESARROLLO DE NUESTRO ALICAIDO PUEBLO. MUY ATENTAMENTEEDGARDO LEIVA RODRIGUEZ, CERRENO, DE 58 ANOS, HIJO DE VICTOR LEIVA Y SOBRINO DE SU COLEGA JUAN RODRIGUEZ MUNGUIA.

     

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