LA COLUMNA PASCO (Quinta parte)

la columna pasco V parteLa llegada al campamento de La Alianza se produjo a las dos de la tarde. A las cuatro ordenaron servir el rancho en que se dio arroz con salitre. No había sal. No obstante el hambre agresiva muchos soldados apenas si lo probaron. Los que comieron aquel menjunje sufrieron los estragos de un terrible purgante. La deshidratación era manifiesta.

Martes 14 de Octubre de 1879, en la mañana- Los soldados estaban exhaustos con la mirada extraviada, sufriendo un calofrío trágico. La disentería seguía aguijoneando los cuerpos. Durante cinco días estuvieron debatiéndose entre la vida y la muerte. Con auxilio médico que llegó, se pudo atenuar el mal. En esa oportunidad se aumentó el rancho a dos onzas de arroz y media libra de carne.

Cuando se hubo reconfortado a los soldados, surgió otra muestra de improvisación que melló la resistencia de nuestra tropa. El ingeniero Teodoro Elmore, ordenó abrir numerosas trincheras a los extenuados soldados, debilitándonos aún más. Éstas nunca se utilizaron porque el enemigo ni siquiera estaba a la vista.

Lunes 3 de noviembre de 1879.- Al promediarse el mediodía llegó un mensajero ensangrentado y hambriento con una terriblemente noticia. El día anterior, diez mil soldados chilenos apoyados por 19 buques habían bombardeado Pisagua exterminando a 1135 soldados peruanos que al mando del coronel Recavarren, habían resistido heroicamente durante siete horas. El incendio de los depósitos de carbón y salitre habían convertido a Pisagua en un infierno que terminó por abrazar a los heroicos defensores.

Aquel día se dio la increíble orden de contramarchar el camino andado. Es decir, volver al lugar de donde se había partido. La improvisación era manifiesta. No se sabía lo que se estaba haciendo.

Con la Columna Pasco a la vanguardia se partió del Monte de la Soledad hasta el Pozo Almonte donde debía concentrarse la tropa peruano-boliviana. Después de recorrer nueve leguas llegaban a Lagunas a las tres de la tarde. Este día continuaron marchando hasta la mañana del día cinco. A las cuatro de la tarde de este mismo día siguieron caminando toda la noche y el día seis de noviembre, a las doce del meridiano, arribaban a San Pablo. Habían pasado por la Alianza, primero y Pan de Azúcar, después.

Nuestras tropas estaban concentradas en Pozo Almonte. 8055 hombres: 3859 bolivianos y 4196 peruanos, entre los que se encontraban 218 cerreños. Tenían por misión apoderarse del Cerro San Francisco que estaba en poder de los chilenos, notablemente fortificado y pertrechado. Se aguardaba la llegada de  refuerzos bolivianos de los generales Hilarión Daza y Narciso Campero.

Aquí es necesario detenernos para hacer un análisis de como se encontraba nuestra tropa. Citamos el parte oficial de Belisario Suárez: “Salió el ejército casi desnudo, muy próximo a quedar descalzo, desabrigado y hambriento, a luchar  antes que con el enemigo, con la intemperie y el cansancio. De la alimentación ni digamos, la ración oficial era, en el mejor de los casos, dos onzas de papas, tres de arroz y un pedazo de charqui. En cuanto al vestuario, había tropas con raídos y despedazados uniformes de bayeta: toscas ojotas o descalzos”. Los cerreños con los zapatos y ropas destrozadas. Eran espectros andantes que iban al frente a morir. Un sólo ideal los mantenía en pie: combatir en aras de la Patria.

Estaban calamitosamente vestidos y precariamente armados, con insospechada variedad de armas como los rifles COMBLAIN, CHASSEPOT, REMINGTON, PEABODY, MINIE PERUANO, CHASSEPOT REFORMADO, sin contar con que las municiones eran demasiado escasas. Más que soldados parecían fantasmas con ojeras marcadas en semblantes terrosos y quemados por el frío de las noches desérticas. Y si esto era tremendo, había un agravante más: el trato abusivo de Enrique Callirgos.

Y fue con estos hombres, con estos gigantes, cuya gloria alcanza los linderos de la eternidad, con los que nos enfrentamos a los chilenos. Ellos se encontraban bien armados, bien alimentados y excelentemente preparados.

Viernes 14 de noviembre de 1879, en la mañana.- Se produjo la salida de Pozo Almonte; el 16 se descansó en Ramírez y, en la tarde del mismo día, se emprendió la marcha sobre Agua Santa, el terminal del Ferrocarril de Pisagua. En esta travesía hubo una excesiva separación entre la vanguardia y el resto de la tropa. El cansancio y la sed hacían estragos entre los hombres. En Agua Santa el calor ya fue más insoportable: cobró más víctimas. Nuestros hombres acostumbrados al frío implacable tenían que soportar el infernal fuego de los soles de aquellas soledades sin sombra. El 17 se tuvo que avanzar hasta Negritos, en donde tuvieron la suerte de encontrar algunos pozos de agua.

Martes 18 de noviembre de 1879, en la tarde.- Ya algo repuestos, salieron de Negritos, y ante la noticia de un pronto encuentro con el enemigo, el entusiasmo se redobló. Al respecto, en el folleto titulado LA CAMPAÑA DE LOS DIECIOCHO DIAS, el militar boliviano Lizandro Quiroga dice: “La fraternidad de Perú y Bolivia, pocas veces encontrará una hora de más elocuentes manifestaciones. Las bandas militares del Perú interpretaron el himno boliviano y las nuestras el del Perú, permaneciendo durante su ejecución todos con la cabeza descubierta; después atronadoras vivas llenaban el aire. Por fin los comandantes generales de división y los jefes de cuerpo se dieron un abrazo que simbolizaban el de los pueblos armados que representaban”

la columna pasco V parte 2continua…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s