LA NAVIDAD EN EL CERRO DE PASCO

Plaza Chaupimarca con nieve
La histórica ciudad minera, toda de blanco, acurrucada de frío para recibir la Navidad de pasados años. Entera. Invicta. Todavía no habían abierto la monstruosa tumba del “Tajo Abierto”. Pasados los años, la recordamos así, íntegra y hermosa, evocando nuestros años infantiles. Rememorando aquellos tiempos saludamos a todos nuestros amigos del Perú y el extranjero que nos acompañan en nuestra página evocativa. Un abrazo especial para el doctor Efraín Herrera León, gran amigo y figura notable de nuestra tierra del que fue su Alcalde en muchas oportunidades. Deseamos para todos nuestros amigos mucha felicidad en Navidad y prosperidad en los años por venir. ¡Salud!

Ha llegado la Noche Buena a la ciudad minera. Desde las primeras horas del día un surtidor de nieve ha cubierto de albura a la ciudad, como si el tiempo no quisiera excluirse del festejo. Con el transcurso de las horas, techos, antepechos de ventanas, alféizares, dinteles y montantes de puertas y  balaustres de balcones han ido blanqueándose. Los bordes de las ventanas cubiertos de nieve dejan tan sólo una abertura para tamizar la luz. Ante estas nieves copiosas, los viejos mineros estaban de plácemes. Derretidos los copos, bajarían en arrebatadas riadas convergiendo en los Ingenios –molienda de metales- dejando la amalgama de plata y mercurio en el fondo de los pozos después de haber arrastrado todo el barro que los cubrían.

 

Las calles cerreñas están vestidas de fiesta. Ríos de gente abrigada provista de gruesos zapatones ellos y botas hasta la pantorrilla, ellas, circulan apresuradas para converger en el centro. Van caminando sobre la nieve que cruje con un sonido especial que transcurrido el tiempo rememoramos con nostalgia. La subida de la Calle del Marqués fulgura con extrañas  luminosidades. Dos o tres faroles de artesanía asiática colgados a cada puerta le dan un encanto especial a esta vieja y linajuda calle cerreña. Aquí están aposentados chinos y japoneses que aún sin ser su fiesta, colaboran para que la nuestra -conmemoración de la cristiandad- sea más hermosa.

Los negocios de españoles, austriacos, croatas, italianos, franceses, ingleses, polacos -extranjeros residentes en la ciudad- están repletos de gente ávida de comprar lo necesario para celebrar el acontecimiento. Las principales bodegas de los españoles Vicente Vegas, Francisco “Paco” Gallo, Antonio Ruiz; de los italianos Vincenzo Amoretti, Alessio Sibille, Jacopo Cortelezzi, Orestes Concatto y Pietro Beloglio; de los franceses Leopoldo Martin, Francois Poncignon, Emile Sansarricq; de los ingleses Brown, Woolcoot, Wilson, Taylor; de los austriacos Nicolás Lale, Frano Raicovich  y Juan Kukurelo; de los catalanes Antonio Xammar, Lucas Moreti, y Hermanos Martorell; de los croatas Jorge Klococh, Nicol Vlásica, Franko Soko y decenas de extranjeros más.

Los campamentos mineros de Ayapoto, San Andrés, Noruega, Cureña,  Railway, Yanacancha y La Esperanza -radiantes de luminosidad- resplandecen alegres con los destellos de la nieve. Frente al campamento de la Esperanza, domicilio de don Delfín Castillo y doña Felicia Taylor, han erigido un nacimiento extraordinario; como ellos, todas las familias cerreñas han armado los suyos.

Misterio de JesúsHoy día todos recuerdan que: “Faltaban pocos días para la navidad del año 1223 cuando San Francisco de Asís regresaba de una peregrinación, agradecido por todo lo que había visto y oído y más convencido que nunca de hacer algo que rompiera el lujo y boato existentes en esa época en la iglesia, concibió una representación del nacimiento del Mesías, acorde con la vida y enseñanza de Jesús y solicitó permiso al Papa Honorio III, protector de las órdenes mendicantes, para celebrar aquella navidad de un modo especial, con un  Belén al aire libre. El permiso le fue concedido y la víspera del 25 de diciembre, una de las grutas de la aldea montañosa de Greccio, en Italia, se iluminó con las velas y antorchas de los campesinos que fueron a presenciar el acontecimiento. La historia señala que San Francisco dijo el sermón y leyó el Evangelio de la Misa de Gallo desde una especie de púlpito. A partir de entonces, en todo el mundo católico se levantan los nacimientos en conmemoración de la santa Epifanía”.  Fueron en consecuencia, los miembros de la seráfica orden franciscana los que lo echaron a rodar la costumbre por el mundo cristiano. Al Perú llegó traído por los colonizadores con el nombre de Nacimiento o Belén. A nuestra ciudad arribó con los primeros mineros españoles.

El hogar de los yanquis no está exento de celebrar la Noche Buena. En lugar preferente de su sala han colocado un hermoso pino con guirnaldas brillantes, bombillos de luz eléctrica, listones, bolas luminosas, caramelos y sorpresas; debajo, en lustrosos envoltorios, los regalos familiares.

Ahora recordamos que delante de los resplandecidos escaparates, especialmente en la Mercantil de la “Compañía”, rostros asombrados de inquietos ojos infantiles contemplan juguetes de ensueño. Carros de último modelo, exactas réplica de las marcas que vende “Gallo Hermanos”; muñecas de biscuit de rostros delicados y pelucas endrinas o rubias; juegos completos de té; fantásticas casas de muñecas; trenes eléctricos que atraviesan túneles y puentes con estridentes silbidos y controles a desnivel; soldados de plomo defendiendo de indios que atacan un fuerte del Far West; equipos completos de pieles rojas de plumajes colorinescos, armas y tiendas de cuero; disfraces de “Llanero Solitario” y Toro, del ” Zorro” y el “Último mohicano”; pelotas de cuero y bates de béisbol; pistolas de cachas de nácar y cartucheras de cuero; espadas, corazas y dagas. Toda una gigantesca variedad de juguetes que con sólo mirarlos nos hacían soñar.

El nacimiento navideño brilla como la gloria. A los “chiuches” se nos pela los ojos de asombro al mirarlo. ¡Qué hermoso está el Retablo!. Sobre una arquería de quishuares de redondeadas hojas verdes y filo blanco han amarrado molles y retamas y chiracas y eucaliptos, cuyos cálidos aromas trascienden la estancia fiestera. Alternadamente, en cortados envases de lata, las semillas de trigo y cebada que se han sembrado y ahora forman atractivos haces verdes. Las rocas de cavernas trabajadas con papeles de cemento y pintadas simulando vetas impregnadas de piritas y cascajos y rosicler y pavonadas y deslumbrantes filones de sílice, ámbar, burcita, feldespato y obsidiana. El “Capillero” ha tenido el acierto de contratar al electricista Cristóbal que con extraordinaria habilidad ha colocado focos blancos y pintados en los más intrincados rincones de la caverna en el que se erige el pesebre.

Al centro del portal, sobre una rústica cama de madera cubierta de pajas, el Niño, hermoso y sonriente como un sol, abrigado con finos ropones de lana, tejidos por laboriosas manos cerreñas. ¡Debe estar abrigado! Flanqueado por el barbado José, el carpintero, su padre y María, cardadora de lana, su madre, un trío tradicional: la mula, el borriquito y el buey. Frente a Él, de rodillas, tres reyes de regias vestiduras, uno blanco y cano; otro rubio y joven; el tercero moreno tirando a negro; Melchor, Gaspar y Baltazar portando cada uno cofres conteniendo sus más preciados regalos. “Gaspar ofreciendo el oro, vestido con su túnica color  jacinto, simbolizando el matrimonio; Melchor entregando la mirra, llevando ropaje de distintos colores, en señal de penitencia; y Baltazar, el incienso, con un atuendo de color azafranado, que representa la virginidad”.

 Pastorsita 1Han llegado de tan lejos siguiendo la estrella luminosa y, no obstante el cansancio que los agobia, sus ojos relampaguean de dicha y sus rostros trasuntan la felicidad de estar ante el Hijo de Dios. Por lo demás, entre sinfonía de relinchos y mugidos, grupos de jóvenes pastores con sus tiernos “shutis” al hombro y su séquito de ovejas y carneros de retorcidas astas, rinden su homenaje al Niño. Se ven también  vacas y pollinos y potros y cabras y llamas y vicuñas y alpacas, menos el chancho; la leyenda cuenta que cuando de plácemes todos los animales se aprestaban a concurrir a la adoración, él, ocioso, cochino y rezongón, se negó a asistir; desde entonces jamás pudo levantar la cabeza y nunca mirará al cielo. ¡Dios no lo quiere!.

Del arca maravillosa donde se guardan los juguetes del niño, el “Capillero” –mago de creación e inventiva- ha sacado aves de variadas plumaje que en grupos compactos se desplazan mayestáticos sobre un espejo que simula un transparente lago encantado: patos reales, cisnes majestuosos, robustos gansos, diminutos patillos detrás de mamá pata, flamencos de largas piernas, alcatraces, gaviota y lebreles y guacamayas y pingüinos y piwis. Aves de agua dulce y mar. ¿Por qué no?  ¿No es la noche de los milagros?

Rodeando el lago también una variopinta mudanza de pájaros de formas, tamaños y colores diferentes, envueltos en la magia de paz que reina en el Nacimiento; águilas, halcones, lechuzas, quetzales, papagayos, pitos, gacharrancas, gavilanes, cornejas, palomas, codornices, lechuzas, frailiscos. En una esquina, prodigio de inventiva, una mina con sus coches de transporte mineral y sus mineros. ¿Cómo podían estar ausentes estos prodigiosos buscadores de riquezas? ¡Qué hermoso está todo! Imbuidos de fe, los niños hemos dejado al lado de la cama nuestros mellados zapatitos vacíos de amor y esperanza. Siempre estuvieron vacíos.

Cercana la medianoche, una parvada de tiernos niños ataviados de pastorcillos, recorren pletóricos de entusiasmo las ateridas calles en una conmovedora rondalla bulliciosa.

Venid, pastores, venid,

venid a adorar,

al Rey de los Cielos

que ha nacido ya…!

pastorsito 2Ellos entonan alegres villancicos, tiernas y dulces tonadas cuya música retozona y letras ingenuas fueron inventadas por las sencillas gentes del pueblo, por los poetas de la villa; de allí su nombre: villancico. Nacido en pleno siglo XV, se constituyó en alijo de los conquistadores y trepó las aventureras carabelas que recalaron en nuestras costas. A su llegada tomó carta de ciudadanía en nuestro pueblo y se hizo cerreño. Tenía que ser así, porque labrado en el dulce idioma castellano, junto con los romances, las adivinanzas, las coplas y los cantares, pasó a pertenecer al pueblo minero también.

Corramos, corramos,

volemos allá;

que Dios niño y pobre,

nos acogerá.

De camino a la vieja iglesia de Chaupimarca donde alegrarán la Misa de Gallo, recalarán en los nacimientos familiares que hay en el trayecto. Ellos con sus multicolores birretes de lana, camisetas y chalecos y pantalones de bayeta y “shucuyes” pastores, cargan sobre sus tiernos pechos sus hondas iridiscentes, en tanto una de sus manos acompaña la danza con el acompasado sonido de una sonajas de chapas; uno de ellos –el mayorcito- conduce al grupo con un sonoro triángulo metálico.

Arre,  borriquito,

vamos a Belén,

que mañana es fiesta,

pasado también.

Ellas, caritas encendidas de arrebol y de felicidad, con sus faldellines de colores, polkitas iluminadas de abalorios y la cata de castilla bordada sobre las espaldas, transportando un “quipecito” de paja para abrigar al niño. Llegados al nacimiento, las parejitas bailan de dos en dos, acercándose al niño y, sin perder el compás, se prosternan ante el Él.

En lecho de paja

desnudito está,

viendo a las estrellas,

a sus pies brillar.

NiñosLos pastorcillos son niños del pueblo, hijos de perforistas, carrilanos, enmaderadores, troleros, tareadores, perforistas, etc. Para la oportunidad han estado ensayando en una o varias casas de fieles celebrantes. Después de haber bailado cinco o seis rondas, rodeados de los circunstantes, beben calientes tazas de chocolate para seguir su peregrinaje a otro nacimiento.

Cercana la medianoche habrá un silencio expectante que sólo será roto –doce en punto- por el agudo silbido de los “pitos” de las minas, el ulular de la sirena de la Compañía de Bomberos, el bullicioso rebato de las campanas de iglesias y capillas; las bombardas y los cohetes sonoros. ¡Feliz Navidad! y los abrazos de amor y buena voluntad unirá a familiares y amigos.

Tras haber bebido el chocolate con bizcochos, pan de maíz y bizcochuelos, en una rondalla de felicidad, todos sin excepción, chicos y grandes, formarán parejas para adorar al Niño. Así, con la alegre música continua, una tras otra, las parejas llegan ante el Salvador del Mundo y dejan sobre un platillo su óbolo navideño. Nadie se libra. Cuando todos han adorado, la música lugareña pletórica y alegre, animará el baile de los circunstantes que amanecerán llenos de alegría.

Pasados los años, lejanos en el tiempo y el espacio, evocamos con emoción muy grande aquellos instantes que todavía guardamos emocionados en un recodo del corazón. ¡Felicidades, hermanos! Desde este rincón de mi blog, agradeciéndoles por sus visitas y palabras cariñosas, les digo de todo corazón: ¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo! Que Dios los bendiga.

 

CINCUENTA Y DOS AÑOS DE LA GLORIOSA MARCHA DE SACRIFICIO (1963 – 2015)

Antes de pergeñar esta breve nota, permítanme hacer llegar un saludo muy especial a un valioso amigo que a lo largo de aquella hazaña estuvo respaldándonos incansablemente: el doctor Efraín  Herrera León que, en estos momentos tiene quebrantada su salud. Le hago llegar mi más afectuoso saludo fraternal. ¡Fuerza Efraín, todos estamos contigo rogando a Dios por tu pronto restablecimiento!

marcha de sacrificio - 52 añosAquella brumosa madrugada del 23 de diciembre de 1963, este pequeño grupo de estudiantes partió hacia Lima para exigir una Universidad autónoma para nuestra tierra y, tras caminar siete días con sus noches, arribamos a la capital y reclamamos a viva voz el derecho que nos asistía. El Gobierno nos escuchó y ahora tenemos al servicio de nuestra juventud la institución por la que luchamos, la UNIVERSIDAD NACIONAL DANIEL ALCIDES CARRION (UNDAC).

Ya quedamos muy pocos de aquel grupo, por eso al cumplir los cincuenta años nos  reunimos en el Congreso de la República para rememorar el triunfo de aquella cruzada. Recordamos con gratitud a los que estuvieron con nosotros: obreros, campesinos, organizaciones comunales y pueblo en general. Aquel día reafirmamos nuestra gratitud a los hombres y mujeres que estuvieron con nosotros.

En esta importante fecha coyuntural hacemos llegar nuestro saludo a las autoridades elegidas democráticamente y están al frente de los destinos de nuestra Alma Mater. Al doctor Felipe Yali Rupay (Rector), doctor, Alfredo Palacios Castro, (Vicerrector Académico), doctor, Rommel López Alvarado (Vicerrector de Investigación) y a todos los flamantes miembros directivos de nuestra institución.

Formulamos nuestros más fervientes votos esperando que, conscientes de la responsabilidad histórica que han asumido. Eleven la calidad académica y humana de nuestra Casa de Estudios. Hay tanto por hacer en nuestros claustros. Un abrazo también a los alumnos de todas las facultades porque estén a tono con su responsabilidad histórica.

Homenaje marcha de sacrificio UNDAC
En la fotografía estamos los pocos que quedamos conjuntamente con nuestro congresista Néstor Valqui Matos, el vicerrector administrativo y el doctor Alfredo Palacios Castro, organizador del encuentro.

PALOMA BLANCA (Triste cerreño)

El siguiente es un triste de vieja estirpe. En mi infancia lo escuché cantar, a don Santiago Valdizán y a don Dalmacio Dávila, ambos magistrales guitarristas y cantores de épocas pasadas. Estremecían el patio de la vieja casona del barrio Misti haciendo llorar a mi abuela y a mis tías. Lástima que el paso de los años ha ido sepultando estas joyas de nuestro más puro sentimiento.

PALOMA BLANCA

       (Triste cerreño)

Paloma blanca, piquito de oro,

alas de plata;

no te remontes, por esos montes,

porque yo lloro. 

Paloma blanca, si eres paloma,

sal al camino;

dos cazadores, pegan su tiro,

tiro perdido. 

Díganme plantas, por señas tantas,

si me la han visto.

A mi paloma, me la han robado,

sin gozar de ella.

Dentro, en mi pecho, tengo una jaula

donde te criaste,

Criaste alas, alzaste el vuelo

y ¡Ay! Me dejaste.

Anda paloma, no más regreses,

si eres ingrata;

porque tu ausencia y tu indolencia,

¡Ay!, ¡Ay! Me matan.

¿Cuál es aquel pajarillo

que canta sobre el limón?.

anda dile que no cante

que me parte el corazón.

 

Abandonaste mi suerte

por gozar de nuevo amor;

mi sombra te ha de hacer falta

cuando te sofoque el sol.

 

Entre medio de mi amor

tiernamente apareciste

robándome el corazón,

presto mi dueña te hiciste

 

Entremedio de mi pecho

tengo un clavo remachado,

sólo lo podrá quitar

la prenda que lo ha clavado.

David Lozano Escultor nacional

La Columna Pasco-esculturaEs el notable artista nacional que esculpió al soldado, el águila y los frisos laterales del monumento a la gloriosa Columna Pasco que fue inaugurado en 1929. En su homenaje  transcribimos las notas pertinentes a su biografía ya que, a través de los años, pervive con nosotros el fruto de su talento en uno de los más hermosos monumentos de la República y, creemos, el más hermoso del centro del Perú.

Nacido en Lima a medidos de 1870, se identifica como notable escultor nacional que se inició como dibujante en EL PERÚ ILUSTRADO en 1889; y tuvo a su cargo la colaboración gráfica en la “Galería de Retratos de los Gobernantes del Perú Independiente” (1821-1871) que editó José Antonio de Lavalle en 1839. A base de disciplina, y guiado sólo por su propia inquietud creadora, se dedicó luego a la escultura y muy pronto lo favoreció el reconocimiento general pues, gracias al dominio de los medios expresivos, cada una de sus obras denota prolija observación, así como sereno y noble realismo. Cabe destacar la construcción de los monumentos siguientes: del general Ramón Castilla en 1915, erigido en Lima con copias en el Callao, Huancavelica, Huancayo e Iquitos; del héroe Leoncio Prado en Huamachuco, en 1922 y cuya copia se levanta en la entrada del Colegio Militar que lleva su nombre; del Mariscal Antonio José de Sucre, en 1924, en Lima y Ayacucho; de Hipólito Unánue, en 1925, en la facultad de Medicina de San Fernando; de Manco Cápac en , en 1926, en la plaza del distrito limeño de La Victoria; del torero negro, Ángel Valdez, en 1927, en la Plaza de Acho; los bustos de Francisco Xavier de Luna Pizarro, José Antonio Miró Quesada y Juana Alarco de Dammert, en los edificios del Congreso y el Comercio, y en el parque Neptuno respectivamente. En 1929, erige el monumento a la Columna Pasco cuya historia es la siguiente.

El Cerro de Pasco,  ha conservado siempre, reverente, el recuerdo de la gesta inmortal de la Columna Pasco en la guerra de 1879. Por eso cuando el patriarca Gerardo Patiño López, desde las páginas de su diario El Minero lanzó la idea de perennizar en bronce y en granito el martirologio de la campaña, todos aplaudieron la iniciativa y colaboraron decididamente para hacerla realidad.

La campaña de El Minero alcanza un éxito extraordinario. El Presidente de la República, don Augusto Bernardino Leguía, se suma a la cruzada y nombra como su representante personal, al doctor Enrique Martinelli, Ministro de Fomento. Es decidido el apoyo de las autoridades locales de entonces, el prefecto Manuel Pablo Villanueva; el subprefecto, Manuel Ortega Leguía; el Presidente de la Corte Superior de Justicia, doctor David Izaguirre; El director de la Beneficencia Pública, señor Manuel Palacios Gálvez; y el Alcalde de la ciudad, don Edgardo Benjamín Madueño.

La búsqueda del lugar adecuado para la erección del monumento fue laErección de la Columna Pasco primera gestión que realizó el Comité. Después de barajar varias posibilidades, eligen la Plaza del Comercio y, el 12 de setiembre de 1925 le cambian el nombre por el de Plaza Centenario, en conmemoración al centésimo aniversario de la creación del Departamento de Junín, del que el Cerro de Pasco era entonces su capital.

Para estructurar los cimientos del monumento se traen gigantescas piedras de todos los rincones del departamento y luego de una selección especial, el arquitecto técnico, Don Florencio Casquero Castro, elige las piedras de la canteras de Raco y Quilcaymachay para levantar la sólida pilastra central. Terminada con éxito la construcción de la columna, el mecánico cerreño Oswaldo Rodríguez y sus hombres, con poleas, escaleras, palancas y andamios especiales, coloca en su lugar predeterminado, el soldado, el águila, el escudo, la placa recordatoria y las placas laterales conmemorativas.

El 28 de julio del año de 1929 -cuando se cumplían cincuenta años de la infausta Guerra con Chile-, en medio del regocijo general, se inaugura el monumento a la Columna Pasco.

La estatua del soldado cerreño es regalo personal del Presidente de la República don Augusto Bernardino Leguía. Éste como todos los demás símbolos, fueron esculpidos y fundidos en bronce por el artista nacional, David Lozano. El soldado de pronunciados rasgos aborígenes, viste el uniforme de nuestro ejército en aquella epopeya; mide 2:20 centímetros de estatura; Pesa 730 kilos y  lleva un fusil Rémington con bayoneta calada en actitud de lucha.

El águila majestuosa que con las alas desplegadas, llevando un ramo de olivo en el pico, corona la cúspide del monumento. Pesa 1100 kilos y es obsequio del minero cerreño, don Lizandro Proaño.

El escudo de la patria, estilizado y fundido en bronce, ubicado en la parte frontal y central de la pilastra, es también regalo personal del Presidente de la República.

En los flancos laterales de la columna central de la base, hay dos placas de bronce talladas en alto relieve por David Lozano. En una, se presenta la memorable partida de la Columna Pasco, aquella brumosa mañana  del 7 de mayo de 1879. En la otra, una épica escena de la batalla de Tarapacá, donde nuestra Columna Pasco, conformando parte fundamental de nuestro ejército, obtuvo una gloriosa victoria. Ambas placas fueron obsequio del minero don Eulogio Fernandini.

La placa conmemorativa de la base central de la pilastra, fue obsequiada por el representante parlamentario don Domingo Sotil. Lleva la siguiente inscripción: “Homenaje a la Columna Pasco que supo morir con gloria en defensa de la Patria -Cerro de Pasco_ 1929”.

El día de la inauguración, don Benjamín Malpartida Presidente del Comité Pro-construcción del monumento, hizo entrega del mismo a la ciudad y el Honorable Concejo Provincial de Pasco, por unanimidad de sus miembros y recogiendo el sentir ciudadano, otorga una hermosa medalla de oro a don Gerardo Patiño López, el hombre que lanzó la iniciativa y cuya plasmación en realidad se coronaba ese día,

 

LA TRAGEDIA DE “EL DORADO” (Segunda parte)

El dorado 2Sepultado a kilómetro y medio de la salida, otro viejo minero se había recobrado, para verse sentado y aturdido con la lámpara deshecha y arrancada del casco; minutos más tarde oía la voz de su joven ayudante que, aprisionado en un calabozo de piedras, gritaba desesperadamente:

-¡¡¡Auxilio…. por Dios no me abandonen!! No me dejen!!  No me dejen!!

Venciendo dolores que lo agarrotaban se arrastro hasta donde procedía la llamada y con voz que pretendía ser clara y enérgica, trato de alentarlo dándole valor…

– ¡¡Chiuche!! ¡¡Chiuche!!, Cállate hijo, yo estoy a tu lado, no desesperes, ya vendrán a buscarnos.. ¡Sé fuerte chiuche,.. Sé fuerte, hijaco!.

– Gracias, maestro…gracias…

Más tarde, cuando providencialmente llegaron los miembros de la cuadrilla de salvataje, una sonrisa nublada por el llanto ilumino su cara; sin embargo, sus piernas habían comenzado a ennegrecerse por una hemorragia interna. Cuando las tomaron con las manos para levantarlo, sus huesos crujieron como vidrios rotos. Tuvieron que amputarle ambas piernas. Nunca más volvió a bailar la Chunguinada, como guiador. En breves instantes los socavones habían quedado irremediablemente cerrados como herméticas tumbas; dentro, cruelmente atrapados entre hierros retorcidos, maderas quebradas y bloques de antracita, condenados a una larga y dolorosa agonía, se iba apagando, una a una, inexorablemente, la vida de 57 hijos del pueblo. Sólo unos pocos, los que murieron instantáneamente, se salvaron de sus horrores; con ellos, la muerte había sido generosa y comprensiva.

El que no pudo salvarse, fue Serafín Leyva Ladera. Con la pujanza de sus 45 años, trabajó como ninguno dentro del socavón. Cubierto con tan solo unos pañuelos, arrastró hasta la salida a tres de sus compañeros agonizantes. Con el cuarto ya no pudo. Cayó para no despertar más.

A las 3.30 de la madrugada, el insistente repiqueteo del teléfono despertaba al comandante de la guardia civil del Cerro de Pasco, Regino Cano Pérez. Desde el escenario de la tragedia, la voz angustiada de Lutzgardo Yupari, lo sacudió. Con la premura del caso ordenó que sesenta hombres se pusieran a su mando y partieron raudos a la zona del desastre. Yo, en mi calidad de Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad, iba con ellos, también el corresponsal de EL CORREO, Desiderio Taza Ponce. Sabiendo que siempre estábamos colaborando con el pueblo, me informaron lo que había acontecido.

El servicio de alarma de la mina había comenzado a trepidar a las 3.20 de la madrugada en un apremiante llamado de auxilio. A su convocatoria y con rapidez extraordinaria convergieron brigadas de salvamento del Cerro de Pasco, Casapalca, La Oroya y otros centros mineros. Tan pronto llegaron, se dedicaron a la encomiable tarea de rescatar muertos y heridos. En un conmovedor gesto de solidaridad humana, los integrantes de las cuadrillas de salvamento, llegaron a exponer su propia vida para salvar la ajena. Entre los que se esforzaban por encontrar a los mineros sepultados había quienes esperaban salvar a un hermano, un hijo o un amigo; y muchos de los que estaban en la mina en el momento de la explosión y habían resultado ilesos, imploraban en un gesto que no olvidaremos jamás, que les dejaran volver para participar en la búsqueda de sus compañeros. En el lapso de una hora sacaron 46 cadáveres, irreconocibles, mutilados, completamente deshechos; en la hora siguiente, rescataron 11 cuerpos más de los que habían quedado colgados de los postes, incrustados en los hierros salientes, sepultados entre bancos de antracita. Los heridos que se debatían entre la vida y la muerte, fueron 34. ¡Este es un doloroso cuadro que jamás olvidaremos los que estuvimos allí! Congregados en la fatídica bocamina, todos los hombres, mujeres y niños goyllarinos, temblorosos de indignación y llanto, expresaban su dolor y su protesta a grandes voces. Los ecos de aquellos lamentos todavía conmocionan nuestra alma. Cuando entrada la mañana llego al escenario el Prefecto del Departamento, comandante Manuel Bárcena, opto por detener al superintendente de la mina EL DORADO, Alex Russell, salvándolo de una muerte segura. Los deudos, llorosos e indignados, se habían sublevado contra él, incriminándolo de asesinato. El encargado de seguridad de la mina, ingeniero Ricardo Negrón, manifestó al Prefecto que tenía pruebas que había insistido por escrito ante el Superintendente Russell a fin de que afrontaran los problemas de ventilación de la mina. Éste no le había hecho caso. Los dirigentes del Sindicato Minero –con razón-  lo acusaban de negligente por no haber tomado las providencias del caso oportunamente. Se carecía de ventanas de aire y cañerías de agua para sacar los gases de la mina. Todos, unánimemente, habían querido lincharlo. Felizmente, la cordura se impuso.

Rescatados los cadáveres fueron llevados a sus domicilios pero la gran mayoría –los que no tenían familia- fueron repartidos en los locales de la Sociedad de Tiro Nº 191; Club Sport Goyllarisquizga y en la Asociación Deportiva Amateur (ADA).

El día del sepelio, en un cortejo doloroso e impresionante, todos los hombres y mujeres del pueblo estaban allí. Los dirigentes de la Federación de Estudiantes de la UNDAC, estábamos también, solidarios, unidos con los obreros, como siempre habíamos estado. Antonio Torres Andrade, Luis Aguilar Cajahuamán, Antonio Arellano Martorell, Lolo Marcelo y César Pérez Arauco. Llevamos sobre nuestros  hombros al cementerio del barrio Chapur los 57 cadáveres de aquellos inolvidables héroes de la Minería Pasqueña.

El inmenso acompañamiento fúnebre semejaba una gigante y negra cadena deslizándose reptante por entre los roquedales rumbo al cementerio. Delante, iba un adusto sacerdote de capa negra, acompañado por dos monaguillos que portaban una cruz. En forma muy discreta se notaba la presencia del Presidente de la Cerro de Pasco Corporation, ingeniero Alberto Benavides de la Quintana; el Gerente General de la misma compañía, ingeniero Harold Krstiansenn; el Prefecto del Departamento de Pasco, Coronel ® E, P.; Manuel Bárcena Valencia; el diputado por Pasco, Luis Llanos de la Matta; el Director de Minería, Ingeniero Bravo Bressciani y los dirigentes del Sindicato de Trabajadores- Confundidos con los dolientes y cargando los féretros, inconsolables mineros y algunos estudiantes de la Universidad.

La guardia Civil escoltaba el cortejo en tanto las campanas de la iglesia doblaban tétricas, inundando de dolor los campos mineros. Las nobles mujeres de riguroso luto, en un mar de llanto incontenible con sus niños a sus espaldas, iban detrás de los negros ataúdes. Sólo las letras de sus nombres diferenciaban unos de otros. Punzantes palabras de dolor y de condena se escuchaban por doquier; tiernas y dolidas canciones en quechua, como agudas saetas de sufrimiento, brotaban de los acongojados labios femeninos. Lloraban a sus hijos, a sus maridos, a sus hermanos, a sus padres…. Llegados al cementerio, todos cerraron filas en torno a las cajas mortuorias y los oradores, acongojados de dolor, condenaron la cruenta explotación y sacrificio sin límite de los héroes mineros. Todos escuchaban dolidos, silenciosos, desconsolados. Cuando hablé en nombre de los estudiantes, un silencio absoluto se observó en el cementerio. Tuve que hacer un acopio de todas mis fuerzas para contener el llanto que pugnaba por desbordarme los ojos. Cada palabra, cada gesto, cada expresión, fueron dictados por el más sincero y profundo dolor. Al finalizar estas palabras desgarradas retumbaron en el camposanto: “y les juro hermanos”, -dije- “que en cuanto aliente un halito de vida, haré conocer a los hombres de nuestra patria y a los niños de nuestro pueblo, la historia del perenne sacrificio de vuestras vidas y el inmenso holocausto en que habéis muerto…” Dios es testigo de que estoy cumpliendo mi promesa.

ferrocarril del Cerro de Pasco 3
Fotografía del ferrocarril de carga y pasajeros de Goyllarisquizga al Cerro de Pasco

Lo que vimos después, no lo olvidaremos jamás. Las mujeres al borde de la locura se aferraban a los féretros que guardaban a sus seres queridos, imploraban que las dejaran un momento más con ellos; muchas se desmayaron. Los cantos fúnebres en quechua, acentuaban el dolor de los presentes. Vi a muchos hombres rudos y fuertes llorar como a niños desesperados y tiernos; hombres legendarios que, a cada rato, y en cada recoveco de la mina, se jugaban enteros la vida. Cuando fue vencida la resistencia de las esposas y madres, una sola voz, quebrada por la emoción, comenzó a desgarrar, como nunca lo he vuelto a oír, las desconsoladas y quejumbrosas notas del “Cocha Coyllor”.  En ese marco dolorosamente lúgubre, sus compañeros fueron bajando uno a uno a sus fosas a estos inolvidables héroes del trabajo. Después, en sus tumbas no hubo toque de silencio, ni ascensos póstumos, ni condecoraciones, ni fanfarrias, ni nada. Solo el amargo y desconsolado llanto de viudas y huérfanos como doloroso epilogo de la tragedia. Por eso digo y he dicho siempre que nuestro pueblo es el PUEBLO MÁRTIR DEL PERÚ.

LA TRAGEDIA DE “EL DORADO” (20 de diciembre 1964)

El doradoLos 101 obreros de la guardia de once a siete del nivel 12 de la mina “El Dorado” del asiento minero de Goyllarisquizga, bajaron a trabajar a las once de la noche del sábado 19 de diciembre de 1964. La jornada comenzaba con bromas y chistes de costumbre y nada hacía presagiar que aquélla noche sería diferente a las anteriores. Aunque, la verdad sea dicha, cada minero lleva en el fondo de su alma una clara conciencia de la luctuosa historia de su oficio. Una inacabable crónica de muertes espantosas, peligrosas lesiones y enfermedades que a la larga terminan con sus vidas. La cifra de víctimas es tan elevada que apenas se puede calcular. Los acontecimientos trágicos eran muchos. El 23 de Enero de 1910 -por ejemplo- en la misma Goyllarisquizga acaeció una horrorosa explosión en el denominado “Pique Chico” que mató a 29 obreros y dejó inválidos a 56. El 10 de agosto de aquel mismo año, en el nivel “F”, otra  horrísona explosión, sepulto a 310 hombres. De ellos, se rescataron  72 cadáveres y se atendieron a 60 heridos. Del resto, nunca más volvió a saberse nada. La cadena sombría, siempre vigente, registra dos o tres muertes por semana. Por esta dolorosa razón cada minero vive con la dolorosa idea de que “algún día, tarde o temprano…aunque no sea hoy, ni ocurra aquí…”

Hacia las dos y treinta de la madrugada del domingo 20 de Diciembre de 1964 habían avanzado su labor considerablemente. La mina, de la compañía norteamericana “Cerro de Pasco Corporation”, como urbe subterránea, tiene iluminadas calles entrecruzadas de simétricas vías de acceso a las galerías hulleras. “El Dorado”, cuya producción era fabulosa como que en 1962, por ejemplo, había producido 140 mil toneladas de carbón, cuando el total de producción del Perú era de 163 mil toneladas. “El Dorado”, se preciaba además de ser fuerte y segura, no en vano en 60 años no había acaecido ninguna tragedia de grandes proporciones. Jefes y obreros tenían amplia confianza en la seguridad de la mina. Sin  embargo, a las dos y medias de la madrugada ocurrió un incidente que provoco la hecatombe. Se sospecha que algunos mineros, en forma involuntaria, encenderían una peligrosa bolsa de grisú cuya presencia no se sospechaba. El resplandor de una chispa y el inicio del pavor. Cualquiera que fuera la causa, algo provocó una explosión de abominables pesadilla. De pronto se oyó un estallido seguido de un remezón espeluznante como si la tierra se estuviera hundiendo. Lutzgardo Yupari Vizurraga, el legendario arquero de todas las selecciones de Goyllar, operador de la central eléctrica y teléfonos, irradió la fatal noticia a todos los campamentos de la zona solicitando auxilio perentorio. Su voz plenamente conmovida despertó a todas las oficinas del centro. En el club Sport Goyllar, legendaria institución donde los socios habían amanecido libando unas copas y entonando dulces canciones, sintieron un estremecedor sacudimiento con copas y botellas rodando por los suelos. Lo que son las cosas. Catorce hombres que debían haber asistido aquella noche a trabajar al haberse dejado llevar por el entusiasmo de los tragos, habían decidido no concurrir, salvándose de una muerte espantosa.

Sus compañeros no comprendieron cuando mirándose uno a otro, entre los humos del trago,  cayeron de rodillas, persignándose. Se habían salvado de la muerte. Luego, como saliendo de una horrorosa alucinación, se pusieron de pie, conmovidos, mirándose espantados. Tenían la esperanza de que la sospecha no fuera cierta. Todas las ventanas se los campamentos se iluminaron instantáneamente. Rostros interrogantes y aterrorizados asomaron por puertas y ventanas. Los mineros que debían entrar en el turno de las siete de la mañana, comprendieron en toda su fatídica dimensión lo que significaba aquel estruendo repentino y la infernal sacudida posterior. Instantáneamente, premunidos de sus ropas de campaña y el doloroso presentimiento desgarrándoles el alma, corrieron desesperados a la bocamina. En ese momento, el nivel 12 de la mina “El Dorado”, estaba convertido en un aterrador infierno. El fuego voraz alimentado por el gas metano y el polvo del carbón se extendió violentamente por toda la galería. Daba la impresión de que el mundo se estaba acabando  irremediablemente. Presas de pánico, los mineros todavía con vida trataron de ganar la salida. No lo consiguieron. Las negras galerías, sacudidas por la colosal explosión, se habían cerrado iluminadas por detonaciones en cadena del grisú que las habían convertido en estremecedora sepultura. El piso de los frontones llegó a arquearse horriblemente tocando en muchos tramos el techo de la mina. El impacto originado por el estallido retorció como si fueran débiles alambres infinidad de rieles; aplastó gran número de vagonetas y desmenuzó los cuadros que sostenían los techos de la mina. Tal parecía que todo hubiera estado hecho de cartón. En el instante en que se producía el cataclismo, un viejo minero que iba caminando a reparar un transportador de carbón, sintió repentinamente todo el satánico estupor de la explosión “Me pareció que el suelo reventaba y todo lo que había en el frontón volaba como si fuera de papel. El ruido fue espantoso, produciendo una poderosa corriente de aire como si un huracán me estuviera llevando. A mí me arrojó muy lejos como a un débil  muñeco de cartón”; cuando recobro el conocimiento buscó a tientas su lámpara en medio del humo asfixiante de calor y trato de ponerse de pie. No pudo. Tenía una pierna fracturada en tres partes. Se desplomo. Adormecido de dolor hizo girar su lámpara y no pudo creer lo que estaba viendo. Allí, como si fueran carneros degollados, vio a sus compañeros de trabajo, clavados en unos salientes de hierro. En ese momento, ya no pudo más, presa de pavor lanzo un grito sobrehumano, desgarrador, que le salió de las entrañas. Espantado, se desmayó. A quince metros de allí, otro minero que picaba la veta, sintió de pronto un vació en las entrañas como si todo el aire del mundo se hubiera tragado la tierra; simultáneamente, una estremecedora detonación retumbo en su cerebro dejándolo sin resuello con un zumbido horripilantemente, agudo, que le destrozó los tímpanos. Su cuerpo fue arrojado como un papel sobre las rocas, envuelto en una picante nube de carbón pulverizado. Cuando volvió en sí, un dolor irresistible le hincaba el hombro y todo el costado izquierdo; al sentir un gorgoteo tibio saliendo de sus oídos, se llevo la mano al lugar y advirtió que sangraba profusamente; tenia los tímpanos destrozados. Nunca más volvió a oír.

Mina de Goyllarisquizga
Histórica fotografía de las instalaciones de las minas de carbón de Goyllarisquizga, en el siglo XIX

Otro minero, al sentir el primer vació de la explosión, se tiró bajo un carro metalero que estaba pegado a una viga y no obstante la protección, sufrió un desmayo. La deflagración había sido tal que como a un guiñapo lo sacudió terriblemente ocasionándole un desmayo. Cuando despertó, las náuseas le apremiaban y una hemorragia incontenible le bañaba la cara; sentía una sed infernal y una debilidad horrible. Volvió a desmayarse. En el hospital, médicos y enfermeras le miraban perplejos.

  • ¿Cómo te llamas?.
  • Ceferino Huanca, -respondió con un hilo de voz.
  • ¡Huanca: ¡Haz vuelto a nacer! Todos los obreros que trabajaban en tu labor, han muerto. Sólo tú, por inexplicable milagro, sigues con vida.

En ese momento recordó como un destello fugaz la premonición que horas antes le había sacudido el corazón. No estaba tranquilo, Inclusive su corazón llegó a palpitarle, desbocado, como anunciándole la fatalidad. Para librarse de la pesadilla apretó sobre su pecho el detente del Señor de los Milagros que llevaba consigo. Creía tanto en Él que una tranquilidad le conminó a continuar su camino y subir a la jaula. Todo lo recordaba con nitidez. No pudo soportarlo más. Lloró como un niño con un gemido sonoro, tenaz, inconmensurable. Todo su dolor se volcó en aquellas lágrimas.

CONTINÚA……

“Unión Minas” equipo profesional de fútbol del Cerro de Pasco

Club Unión MinasLa estela dejada por el “Unión Minas” de Colquijirca siempre estuvo presente en el recuerdo de los aficionados. Los que lo habían visto jugar y los que habían escuchado de sus logros, tenían una admiración siempre vigente que influyó en otra naciente inquietud. El ingeniero Heraclio Ríos, a la sazón Superintendente de Centromín Perú en el Cerro de Pasco, convocó a la Oficina de Minas a un grupo de colegas y amigos que tenían una manifiesta inquietud por el fútbol. Así, cercana la iniciación del campeonato de Selección y Competencia del año en la liga local, decidieron formar un equipo que participara en el certamen correspondiente; total, lo que más tenía la Empresa eran jugadores de excelente calidad y contaban con locales que permitiría registrar su inscripción de acuerdo a las novísimas reglas imperantes.

El 23 de abril de 1974, en las Oficinas de Minas de Centromín Perú y bajo la Presidencia del ingeniero Heraclio Ríos Quinteros, se reunieron los visionarios siguien­tes: Alberto Encinas Fernández, Pedro Fuertes, Adalberto Espinoza, Fernando Toledo, Luis Abad, Aquiles Rodríguez, Teófilo León, Miguel Dávila Ramos, Juan Rosales Llanos, Reynaldo Albornoz y Francisco Pérez además de otros simpatizantes.

Lo primero que se acordó fue el nombre que, con mucha razón, fue el de “Unión Minas” y se instalaría oficialmente el 21 de mayo en el mismo lugar. Referente a su participación en la Liga encontraron que, por ley, todo equipo nuevo debía ascender desde la tercera división. Como querían entrar de frente a la primera división, tanto el Director Departamental del INRED, cuanto el Presidente de la Federación Departamental de Fútbol, encontraron la salida de inscribirlo en la primera división de la Liga de Rancas, la que no tenía sino la Primera División. Se tuvo en cuenta el radio de acción de la compañía minera que abarcaba gran parte del territorio cerreño

Como se acordó se hizo. El 21 de mayo de 1974 se instaló la Primera Junta del Club “Unión Minas”.

Presidente……………………………….Ing. Heraclio Ríos Quintero.

Vicepresidente…………………………..Ing. Alberto Encinas.

Fiscal……………………………………….Sr. Luis Abad.

Secretario del Interior.……………..Sr. Teófilo Castillo.

Secretario de Actas y Archivos………Sr. Blas Delgado.

Tesorero……………………………………Ing. Pedro Fuertes.

Pro-tesorero………………………………Sr. Alfonso Castro.

Vocales………………………………………Sr. Abad Peña, Primitivo Castro          y Ascisclo Verástegui.

Delegados ante la Liga de Rancas: Juan Rosales Llanos y Quintiliano              Robles.

Entrenador……………………………….Miguel Dávila Ramos.(Este es el técnico que dotó de personalísimo estilo al club en sus momentos aurorales).

Cuando el Club fue inscrito en Primera División de la Liga de Fútbol de Chaupimarca en ceremonia efectuada el 31 de diciembre de 1975, la Dirección Departamental del INRED, a nombre del Gobierno, reconoció oficialmente a la Institución.

Desde entonces, su campaña fue sacrificada y notable. Luego de bregar en la división intermedia, en 1991, llega a la división profesional. Para ello tenía que obtener un cupo entre los equipos clasificados de la región central: Junín, Huánuco y Pasco. Lo equipos que alcanzaron clasificación para disputar el ascenso y el ingreso a la profesional, fueron:”Unión Huayllaspanca” de Huancayo, “Minas San Vicente” de Chanchamayo, “A.D.T” de Tarma;”León de Huánuco” y “Alianza Huánuco” por Huánuco y el “Unión Minas” del Cerro de Pasco.

De aquella época, no se puede olvidar la tragedia que abatió al elenco minero. Terminado el partido contra el “Alianza Huánuco” empatado a dos goles y ya de retorno al Cerro de Pasco, el “Unión Minas” fue atacado por los terroristas en la zona de Pariamarca. Víctimas de la balacera murieron el delegado Hipólito López y el utilero del cuadro, Luis Alcántara Requena; herido gravemente perdió la vista el zaguero Luis Saucón. Ningún equipo sufrió como el Minas, no sólo por los embates del terrorismo, sino también por la campaña de los “exquisitos” que sostenían que es inhumano jugar en el Cerro de Pasco. Los que esto sostienen olvidan que el Minas se encaramó a la profesional por la calidad de los hombres que la integran cumpliendo todas las instancias prefijadas.

De la competencia entre estos equipos, el “León de Huánuco” por ocupar el primer lugar del certamen entra directamente en la profesional, Unión Minas” que quedó segundo entrenado por Miguel Dávila Ramos debía disputar con el “Aurora” de Arequipa su derecho a ascender al futbol rentado. El partido se programó para el domingo 30 de noviembre de 1991. En su tiempo reglamentario, el partido quedó igualado uno a uno por lo que tuvo que jugarse un suplementario de quince por quince minutos al final de los cuales y ante el persistente empate, tuvo que lanzarse cinco penales. Aquel domingo inolvidable, “Aurora” convirtió tres y el “minas” logró los cinco goles. Nadie podrá olvidar la hazaña del arquero Bullón que atajó dos tiros de los arequipeños, ni a los que integraron aquel equipo: Bullón, Mena, Espinoza, Poggi, Romero, Mifflin Bermúdez, Cumapa, Sihuas, Cuya e Isidro Fuentes. En la banca de suplentes: Ballumbrosio, “Cholo” Huamán, Camargo, el cerreño “Mula” Reinoso, Saucón. El Director Técnico fue Pedro Paredes Prada. Hubo etapas en las que el elenco estuvo a punto de perder la categoría como aquella del Descentralizado de 1993 que, en el partido final logró ganarle en su escenario al cuadro cajamarquino “UTC”. Últimamente, en la versión de 1996, el “Minas” logró jugar la preliguilla. Su actuación fue notable durante el año.

Siguiendo lo que, atinadamente, señalan la revista “Don Balón” y el Suplemento de Deporte Total de “El Comercio” hacemos nuestro el informe que dice: “Concluida la fecha 9 del Apertura 1998. Unión Minas había derrotado 2-0 a Sporting Cristal y compartía el primer lugar con Universitario de Deportes. Eran tiempos en que era raro que un cuadro provinciano fuera protagonista; más raro aún era que lo fuera Unión Minas, equipo acostumbrado a las zonas medias y bajas de la tabla, aunque siempre respaldado por los 4300 m.s.n.m. de Cerro de Pasco. En la ciudad cerreña, las fotos fueron con flash y enmarcadas: pocas campañas se recuerdan como aquella de 1998”.

DT Alvaro de Jesús Gomez“El colombiano Álvaro de Jesús Gómez llegó en enero de 1998 al Cerro de Pasco. Más de uno vio su contratación como una apuesta pintoresca y meramente coyuntural, dado el éxito que su compatriota, Jorge Luis Pinto, acababa de lograr con Alianza Lima, al lograr el título nacional después de 19 años.  El antioqueño, en su país, había dirigido a Deportes Quindío y Once Caldas.

Integraban el plantel, desde el año anterior, el defensor Franklin Baldovino, destacado por sus remates a balón parado. También fue fichado el volante Francisco López y, en el Clausura, el veloz delantero David ‘Meneíto’ Mendoza que completó la legión colombiana en Cerro de Pasco.
“El resto del plantel de Minas eran jugadores desligados de otros clubes: en aquel plantel de 1998 estaban Julio Colina, Héctor Gallardo, Julio Landauri, Walter Reyes, Mario ‘Ropero’ Flores, Segundo Gonzales, Mifflin Bermúdez, el argentino Sergio Godoy y el goleador del equipo, Rodolfo ‘Comisario’ Miñán, que festejaba arrodillado y con el dedo en alto, a lo Marcelo Salas.

El debut de Minas no fue nada auspicioso: el 15 de febrero de 1998, en el Nacional, perdió 2-0 contra el benjamín Lawn Tennis y perdió, por lesión, a su arquero Héctor Martín Yupanqui (desde entonces, el puesto lo alternaron Luis Zanabria y Julio Colina). En la segunda fecha, se reivindicó: en Pasco, venció 1-0 al campeón Alianza Lima con gol de Miñán. Pese a la victoria, se presumía que el andar de Minas sería igual al de otros años: imbatible de local, flojísimo de visita.

En la tercera fecha, sin embargo, sacó un buen resultado de una cancha donde en 1997 había perdido 8-1: en Sullana, en medio de un lodazal provocado por el Fenómeno del Niño, Minas le sacó un 3-3 a Alianza Atlético con goles de Walter Reyes, Jair Camero y Miñán, este último en el minuto 90’. Una fecha después, se paseó 4-1 con Deportivo Pesquero en Pasco, pero en la 5 recibió un bofetón: en Chiclayo, Juan Aurich lo goleó por un inobjetable 4-0. En la sexta fecha, enfrentó a su bestia negra, Universitario, al cual no pudo vencer en Pasco entre 1987 y 1999: esa vez, fue empate 1-1 con goles de Miñán y Mauro Cantoro. En la séptima, derrotó 2-0 a Sport Boys con tantos del argentino Godoy (otra de las figuras de la campaña) y Camero.

El 28 de marzo, por la octava jornada, visitó a Municipal en un partido imborrable. En el estadio Nacional, la ‘Academia’ (ya sin la fallida dupla “Ma-Ma”), se fue al descanso con un triunfo 2-0; en el complemento, Minas remontó y ganó 2-3 con dos tantos de Ricardo Quintana y uno de Camero. El triunfo tuvo un significado adicional: permitió que Minas ganara en Lima después de seis años (su última victoria había sido un 0-2 sobre Defensor Lima, en 1992).

Entonces llegó la novena jornada, el 5 de abril de 1998 y un partido clave. En Cerro de Pasco, Minas recibía a Cristal, con un equipo alterno, pues iba a visitar a River Plate por la Copa Libertadores. Los rimenses eran líderes, con dos puntos de ventaja sobre los cerreños y Universitario. En la víspera, los cremas golearon 3-0 a Juan Aurich, por lo que, momentáneamente, se pusieron a la cabeza de la tabla. Minas tenía la chance de ser co-líder. Le costó ante un equipo rimense que esa tarde tuvo a tres debutantes (Amilton Prado, Ismael Alvarado y Rafael Arnao). La ventaja recién llegó en el segundo tiempo: a los 60’, el árbitro José ‘Tarjetita’ Arana cobró penal a favor de los cerreños y Franklin Baldovino, con remate fuerte, venció la valla de Leao Butrón. Quince minutos después, Godoy selló el 2-0. Minas hizo historia: por primera vez, se convirtió en líder (aunque compartiendo la posición) con Universitario.

La revista Once, tras el partido, lo tituló de manera expresiva: “Minas arriba y Cristal abajo: ¡Han cambiado los tiempos!”. La alegría de Unión Minas duró tres fechas más: empató 0-0 en Cusco contra Cienciano, venció 2-0 a Melgar y goleó 4-1 a Lawn Tennis. La ‘U’ obtuvo los mismos resultados ante sus respectivos rivales y la punta siguió siendo compartida. Hasta que llegó la fecha 13 y empezó la debacle minera. Minas fue sometido por Alianza Lima en Matute: 6-0 fue el resultado de una tarde nefasta; los cerreños volvían a ser los de antes (en 1993 y 1995 también habían caído 6-0 contra los blanquiazules). Sport Boys, de paso, tomó la punta tras vencer 1-2 a la  ‘U’.

Minas ya no fue el mismo: después empató 0-0 en casa y cayó 3-0 ante Pesquero en Chimbote. Fechas más tarde conseguiría algunos triunfos, pero nunca retomó el nivel; le alcanzó para terminar cuarto y ser el mejor provinciano del Apertura. En el Clausura, su campaña fue inversa: terminó antepenúltimo y sexto en la tabla anual.

Nota.- Aquí lamentamos decir que el superintendente incapaz  y que, conchabado con algunas “figurillas” del  Minas decidieron sentar las bases de operaciones del Club en la ciudad de Huancayo. Craso error que pagamos caro. Lo que sabemos es que el irresponsable superintendente apodado el “Chiri Gallo” quiso deshacerse del club para lo cual lo envió a Huancayo. Sobre este tópico vamos a abundar en su momento con una serie de pruebas.
Pero en la retina pasqueña quedó grabada aquella primera rueda del Apertura 1998, de la mano de Álvaro de Jesús Gómez. Tan grabada como la foto de su primer lugar en la tabla.

Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.com

A G A T Ó N (Segunda parte

Selección de Cerro de Pasco
En esta fotografía está segundo, en cunclillas, después de Fena Livia. Son los integrantes de la selección del Cerro de Pasco con la copa KOENIG que ganó en buena lid frente a extraordinarias selecciones del ámbiro laboral de la compañía norteamericana Cerro de Pasco Corporation. Al extremo derecho con las manos a la cintura y si infaltable gorrita, el maestro Baldomero Meza Limas. Estos son campeones inolvidables.

Bueno, así como unas son de cal, otras son de arena. Hubo una oportunidad en que tuvieron que recurrir al foul más artero de los que se pueda recordar en canchas cerreñas. Permítanme recordar aquel pasaje.

Para el Campeonato Nacional del 60, tras dilatadas eliminatorias llegan a la final los dos mejores cuadros de Pasco: Atacocha y Cerro de Pasco. Con el fin de llevarse el título para sus predios, Atacocha contrata como entrenador a “Tata” Ocampo, viejo jugador del “Alianza Lima”, otrora crack en filas íntimas. Para el partido final en el Cerro de Pasco (En el  de ida jugado en Atacocha habían terminado empatados a dos goles), ambos equipos estaban con lo mejor de sus registros. Tan disputado y parejo estaba el partido que terminan el primer tiempo sin abrir el marcador. Ya iba a iniciarse el segundo cuando veo entrar con la camiseta de Atacocha al “Chingolo”. No lo podía creer. Me alarmé sobremanera y dejando el micrófono –aquella vez transmitía los partidos por la radio- entré en la cancha y en el escaso tiempo que me quedaba advierto a Fena Livia, Benjamín Bazán, especialmente a Agatón, que el que acababa de entrar era un asesino y que sin duda había de cumplir su papel de esbirro. Que tuvieran cuidado. La observación la recibieron comedidamente los primeros, pero Agatón, ya envanecido, me dijo que a él nadie le haría nada. No hubo tiempo para más. Bola al centro. Para que se enteren de los antecedentes permítanme una disquisición necesaria.

En un reciente viaje a Lima había tenido la oportunidad de asistir al partido final entre dos cuadros de segunda profesional que se jugaba en canchas de la “Republicana”. Aquel domingo, el entrenador de uno de los equipos ordena cambio de jugadores y al entrar el reemplazante se origina una silbatina tan escandalosa que me llamó la atención. Nunca había presenciado una rechifla así, de enérgica impugnación. Cuando pregunté me dijeron: “!Cómo no van a rechazar a ese delincuente. Es un asesino sin alma. Le dicen “Chingolo” y ha roto las piernas a tres jugadores en este mismo estadio. Nadie le hace nada porque es el ahijado del Presidente de la Liga. Es el más cochino de cuantos jugadores han pisado este campo. Va usted a ver”. Dicho y hecho. En una confusa carga le rompió la cara de un cabezazo al arquero contrario que tuvo que abandonar el campo por la hemorragia incontenible. De nada valieron silbidos ni protestas. La imagen de aquel marginal del fútbol se me quedó en la retinas. Alto, macizo, bien parecido –aseguraban que era proxeneta- se caracterizaba por llevar el largo cabello ensortijado peinado con gomina. Bien plantado, de los que llaman “Pinta Brava”. Parecía un jugador argentino de aquello tiempos. Hasta su nombre lo era: “Chingolo”.

Bueno, volviendo a lo nuestro, cuando el árbitro Felipe Medrano hizo sonar el silbato, Bazán le pasó la pelota a Agatón. En ese momento se produjo lo increible. “Chingolo” fue decidido y de un patadón en las rodillas lo levantó por los aires. Cuando cayó el delantero, los jugadores de Atacocha rodearon el agresor en el momento que una turba de idignados espectadores entraba en el campo con los suplentes de los cuadros. El entrevero fue tan grande que, por arte de magia, el “Chingolo” desapareció. ¿Cómo lo hizo?. Nunca se supo. En las planillas de juego no figuraba su nombre. Había entrado suplantando a un jugador correctamente registrado. Agatón ya estaba fuera de combate. Cuando los auxiliares trataron de ponerlo de pie, ya no podía poner los pies sobre la tierra. Hubo de llevarlo en camilla al Hospital Americano donde estuvo hospitalizado un buen tiempo. Fue una de las pocas veces lo ví averiado.

En su dilatado periplo futbolístico sufrió muchos contratiempos. Por ejemplo,  en una oportunidad, ajustado por el tiempo que quedaba, Pasco tenía que inscribir a su  representativo para el Campeonato Nacional del año. No quedaba sino el último domingo de diciembre –época de lluvias torrenciales en la tierra minera- para clasificar al campeón. Ese día debía jugarse de todas maneras. Y Así se programó. El campo del Estadio era poco menos que una laguna. En mi caso, preparé la transmisión del partido pero la mala suerte me jugó una mala pasada. Una terrible descarga eléctrica destrozó la central eléctrica que proveía de fluido a la ciudad. La única electricidad que había era la la de la compañía norteamericana, cuyos cables de alta tensión pasaban por encima del campo deportivo.

Lo único que nos quedaba era utilizar esa corriente aunque fuera peligrosa. Con esas miras invité a mi amigo Cristóbal –extraordinario electricista de la compañía- para que viera el medio de ayudarme. De primera intención me lo negó rotundamente, no sólo por el peligro que entrañaba la conexión, sino porque de ser descubierto, sería inmediatamente echado de su trabajo. Tantos fueron los ruegos y las supuestas garantías de estabilidad laboral que le ofrecimos que, por amistad, tuvo que aceptar bajo determinadas condiciones. Primero yo sería el responsable de lo que ocurriera. Segundo, sólo yo podía maniobrar con el micrófono porque el contacto con el agua de la lluvia sería fatal. Para cumplir con el encargo, hizo colocar un tablón de madera sobre el que nos ubicamos el comentarista Alfonso Boudrí Tello, el locutor comercial Humberto Maldonado y, yo, en mi condición de narrador del partido. De esta manera nos encontrábamos aislados. Además, para mayor seguridad, me dieron un guante de jebe grueso, con forros de muchos materiales aislantes que utilizaban quienes manipulaban esa corriente de alta tensión y, sólo yo podía coger el micrófono. Informo que al recibir el micrófono que estaba notablemente electrizado, sentí la fuerza eléctrica que debido a los guantes de goma no me producía ningún daño. Con esas precauciones comenzamos la narración del encuentro que era espectacular no solo por el ardor que ponían los equipistas, sino por que la cancha parecida a una laguna propiciaba jugadas que movían al deleite de los empapados espectadores. Así terminó el primer tiempo. En mi deseo de hacer un rápido reportaje le pido a Esteban Santiago, nuestro comentarista de campo, a fin de que me traiga a Agatón para hacerle un reportaje. En la creencia de que le había puesto al tanto del peligro, cuando la estrella legó llegó frente a nosotros hice la presentación y al acercarle el micrófono para que responda, cogió el aparato y, automáticamente, como expulsado por una catapulta, salió por los aires muchos metros más allá. Tuvieron que auxiliarlo de inmediato. Tardó mucho tiempo en reaccionar.

Por otra parte, incontables oportunidades el pueblo agradecido de su valor y entrega, lo llegó a pasear en triunfo sobre sus hombros después de memorables partidos y, en todo caso, le demostró su afecto y respeto. Él sabía que lo querían y estaba orgulloso.

Su desempeño en el campo laboral es aparte. Embobinador extraordinario ha laborado en casi todos los talleres del centro del Perú a donde fue llevado para recibir la prodigalidad que su profesionalismo. Para ayudarse había instalado un taller en su casa en el que atendía con su hijo a una numerosa clientela.

Esta mañana, como sin querer, el “Gallina” Pacheco que acababa de retornar del Cerro de Pasco, me hizo conocer la infausta noticia de su muerte. No lo podía creer. Quedé mudo. Alguien me informó que estaba enfermo, pero no imaginé que pronto nos dejaría. De inmediato se me agolparon en la mente los recuerdos y una enorme tristeza inundó mi alma. Se me aguaron los ojos. Lo confieso. Es triste, pero cierto. Los ídolos también se van. Su viaje sin retorno nos deja un enorme vacío en el corazón. Recordaba que el último abrazo que nos dimos fue en Rancas. Lo había encontrado, allí, junto a la tumba de los mártires de Huayllacancha. Me dio un abrazo grande, estrecho, interminable en el que pudimos reafirmar nuestro afecto siempre vigente. Ahora, no podía creerlo. El golpe que me causó la noticia fue de tal magnitud que, con mi informante, entramos en el “Congreso” y bebimos en silencio un trago en su homenaje. Más tarde, algo respuestos, hablamos de él. Hicimos recuerdos. “El golpe que recibió Agatón, fue mortal” –me dijo “Gallina”- “Él amaba mucho a su hijo que estudiaba en la universidad y trabajaba como ayudante en el taller. Era como un amigo menor; con él hacia bromas y jugaba. Decía que era su más grande esperanza. Un día domingo en la mañana llega la policía a su casa y le pide que le acompañe al hospital; su hijo había sido malamente agredido y estaba muy mal. No lo podía creer. Cuando lo vio en cama completamente desfigurado por los golpes, sufrió una crisis nerviosa de indignación. Le informaron que en la madrugada habia sido  salvajemente atacado por un grupo de maleantes que lo abandonaron en la calle, sin sentido. Agatón no sabía qué hacer. De pronto se le derrumbaba el mundo. Al mediodía del domingo el muchacho recobró el conocimiento. Cuando le preguntó si conocía a los que lo habían agredido, contestó que sí, pero que no le comentaría a él ni a la policía porque él se vengaría personalmente uno por uno de sus atacantes. De nada le valió insistir. El muchacho dijo que se recobraría y que después castigaría a sus atacantes porque los conocía a todos. Dicho esto pidió que lo dejaran dormir porque tenía mucho sueño. En la noche entró en coma profundo y la madrugada del día siguiente falleció. ¡No sabes cómo se puso Agatón!. Yo creo que allí comenzó todo. Quedó más muerto que vivo. Desde ese momento comenzó a beber desesperadamente, con odio, con rencor, como último recurso de su esperanza perdida. Todos creímos que con el tiempo se recobraría y dejaría de tomar. No fue así. Ya no pudo evitarlo. “Últimamente ya se había abandonado” –me contaba el “Gallina”con un voz quebrada- “Desde que llegaba el día hasta que cerraba la noche su paradero era el Barrio Chino”. “Rodeado de “cañaplines” se pasaba las horas recordando sus hazañas. Especialmente cuando estaba con “Shaby” Padilla y “Bacalito” Suárez”.  “Al comienzo le escuchaban con cariño, pero después se retiraban cansados de tanto oirlas. Él quedaba solo, con sus recuerdos y su soledad. Una vez lo encontré llorando, solo, abandonado. Se había rendido ante la vida ¡Pobrecito!”. -Después de un prolongado silencio cargado de dolor, “Gallina” dijo indignado- “El pueblo es muy ingrato, hermano; él que había sido un ídolo, el mejor de todos, estaba abandonado. Hasta sus viejos amigos lo evitaban. A él que por su calidad en el Fútbol lo nombraron padrino de nuestro estadio”

Las remembranzas fueron tantas como la tristeza que engendró en mi alma. Siento una terrible desazón por no haber estado con él en los ultimos instantes de su estada en la tierra, de no haber amanecido en su velatorio recordando tantos pasajes hermosos de hermandad y cariño recíproco, de no haber podido poner mis hombros para llevarlo al cementerio como lo hicimos con tantos amigos que nos dejaron. Como un recuerdo tan simple y tan triste, he pergeñado estas líneas en su homenaje para que cuando lo lean, los jóvenes lo conozcan y sepan que fue  un “fuera de serie”. En el pueblo minero, el único; no sólo por su valor ilimitado, sino por su nombre sonoro y terminante: Agatón. Sus apellidos Valladares Calderón, no fueron sino complementos que alguna vez utilizaron para asentar su partida de nacimiento, bautizo, inscripción escolar y militar. Ah, y su partida de defunción. ¡Descansa en paz cholo inolvidable!. ¡Grande entre los grandes!.

 

 

A G A T Ó N (Primera parte)

Estudiantil Carrión 1968 - Agaton Valladares
Estudiantil Carrión, Campeón invicto en el certamen de 1968. En la foto: (De pie) Hugo Chaparro, Francisco “Chino” Callupe (arquero), José Uchuya, Hugo Rosales y “Trueno” Rivera. (En cuclillas), el kinesiólogo; “Pacho” Rivera, Carlos Santiváñez, Agatón Valladares, Félix Camargo y Enedino Callupe. Los acompaña el maestro Baldomero Meza Limas (Entrenador). Fue una de las mejores selecciones que tuvo nuestra tierra.

La sonoridad de su nombre hacía evocar heroismo, coraje, valor. Su vida deportiva transcurrió en ese empeño. Fue el delantero más valeroso que he conocido en el ámbito del área. Su coraje rebazaba las lindes de la temeridad. Sus compañeros de equipo lo sabían. Extendían el servicio de media altura hacia arriba y él entraba -allí donde las papas queman- preciso, aguerrido, puntual, sin importarle la artera contención de los contrarios que buscaban “bajarlo”. Nunca lo lograron. Jamás arrugó cuando había que conseguir el gol. Podía estar sangrando cubierto de heridas y moretones pero no bajaba la guardia. Tenía hambre de gol. Nunca le corrió a las patadas arteras. Pero, así como le daban, él les devolvía.

Daba la impresión -a primera vista- que la naturaleza lo había armado de cuatro o cinco cincelazos esculpidas al apuro, a la buena de Dios. Cara dura, vernácula, de pómulos salientes, mentón firme, labios prominentes; cabello hirsuto, renegrido, rebelde; Complexión atlética de sólidos e incansables músculos, tórax amplio de pulmones y corazón generosos: claro biotipo de cholo nativo que cuadraba con su nombre. Para el día de su nacimiento el Almanaque Bristol señalaba el nombre del Papa Agatón. Sus padres obedientes al mandato de la Iglesia, lo pusieron bajo la advocación del santo patriarca.

Se había iniciado en el club ATLÉTICO AZUL del barrio Champamarca, en terrenos que fueran escenario de los pininos del fútbol provinciano de nuestra patria. Allí, finalizando el siglo pasado, jóvenes ingleses llegados para armar y hacer funcionar el primer ferrocarril de la sierra (1891), llenaban los ojos de tantos bisoños cerreños con la práctica de este novedoso deporte. Carreras, regates, fintas, shots, planchones, cabezazos, quites elegantes, desplazamientos con pelota por un rectángulo de líneas imaginarias que como única referencia tenían a los montículos de piedra: los arcos. Desde entonces, la afición encontró su caldo de cultivo en los aprovechados alumnos cerreños que no pararon hasta igualar y luego superar a sus maestros. El Fútbol había prendido en el alma cerreña. Su práctica se hizo general. Su calidad alcanzó tal dimensión que a partir de 1909 –está registrado en los periódicos de la capital- en memorables partidos derrotó a la Selección Peruana de Fútbol, año tras año, durante dos lustros. En 1914, el inicio de la Primera Guerra Mundial, truncó el progreso del “viril deporte” por unos años.

Agatón tuvo un periplo dilatado que lo llevó a casi todos los clubes de primera. Railway, Tarma, Ideal, Estudiantil Carrión, Diamantex, etc; sin contar los talleres de la Copper cuyas divisas defendió en disputados certámenes obreros. Pero fue en la selección de la tierra minera donde destacó grandemente. La cumbre de su gloria la alcanzó en 1958 cuando el extraordinario dirigente Guzmán Varillas Basurto armó un seleccionado que, guardando distancias y alturas, era para nuestra tierra lo que los huachafos denominan un “Dream Team”, es decir un equipo de ensueño. No era para menos, tenía la enorme responsabilidad de  reemplazar con creces a aquellos  colosos que habían tejido sólida leyenda de grandeza en el centro del Perú: el “Unión Minas” de Colquijirca y el “Alianza Huarón”  de Huayllay. Estaban el “Chino” Callupe, en el arco; Julio Córdova, “Trueno” Rivera, “Cholo” Alania y “Moco” Cristóbal, en la defensa; Pedro “Tortola” Villanes y Aparicio “Huaca” Muñoz, en la línea medular; “Fena” Livia, Rafaelo, Benjamín Bazán, Agatón y “el viejo” Alcoser. Nada menos. En la banca para alternar con gran éxito: “Bío” Soto, Filomeno Gallo, Jesús Azcurra, … Agatón se había constituído en la más brillante luminaria de aquella oncena y su oportunismo y guapeza eran ya leyenda.

El entrenador de aquel equipo fue  Lucho “Matroca”  Acevedo, un vigilante de la Plant Protecction, dotado de una intuición y carisma únicos que le permitían armar equipos. Jamás siguió estudios de especialización ni nada que se le pareciera, pero era un estratega nato y un motivador excepcional. Se compenetró tanto con su gente que llegó a conformar un todo indivisible y único con ella. Les enseñó secretos, ardides y mañoserías que con hartazgo dominaban los criollos, especialmente los limeños. Estimuló la autoestima de los jugadores enseñándoles a no mirar con humillante reverencia a los rivales, sino de igual a igual, por más encumbrados que estuvieran. Especialmente a los morenos. Es más, conocedor de los engaños, fraudes, embelecos y artificios mal intencionados de los que se valían los criollos, les enseñó a responder con decisión y virilidad; les endilgó una serie de recomendaciones, a veces lindantes con lo prohibido, con ejemplos prácticos y todo. Él, a mi entender, fue el que modeló la personalidad de Agatón.

Todavía recuerdo como si fuera ayer aquel partido en el que la selección cerreña enfrentó a su similar de Huancayo, en ese momento y por siempre, la mejor selección de toda su historia: “El Expreso Verde”. Se preparaban los cerreños para entrar en el campo cuando, agitando una badera roja, borracho como una cuba, aparece un exsargento de la policía que había trabajado en el Cerro de Pasco, gritando a voz en cuello. “¡Huarón!”… “¡Huarón!” … “¡Huarón!”, yendo de un jugador a otro sin reconocer a ninguno. Cuando terminó de verlos a todos, siguió gritando como un poseído del demonio: “¡Estos cojudos, no son de Pasco, carajo!”. “¡Enanos de mierda!” – y señalaba a “Fena” Livia, “Viejo” Alcocer, Filomeno Gallo y Bío Soto- “¡No son de Pasco, son unos enanos cojudos “bamba”, carajo!”. El escándalo iba en aumento- “¡¿Dónde están los “Chivos” Segura, carajo?!”- “¿Dónde están los Cerrutti, “Flaco” Maldonado, “Perro” Vilchez, “Chocolate”, Lock, Field…?. “No, carajo, estos son unos farsantes”!. El escándalo fue alcanzando dimensiones inconmensurables hasta que apareció la policía y retiró al energúmeno. El escándalo había trascendido hasta las tribunas del “Edilberto Chávez” convirtiendo en comidilla la presentación de nuestro representativo que, cuando entró en la cancha, fue recibido con una frialdad de desengaño; en cambio el “Expreso Verde”, con estruendosa algarabía, como si se tratara del campeón del mundo. En ese ambiente comenzó el partido.

El ataque primero, fue cerreño. Tras cinco combinaciones  perfectas y brillantes entre Bazán, Rafaelo y Fena Livia, Agatón estrelló la pelota en el horizontal del arco de Arias. Un “¡Ahhhhhh!” de admiración estalló en las tribunas que se convenció de que nos estaba ante un equipo “Chambría”, como había pregonado el policía de marras. Es más, tras vistosas y aguerridas jugadas, “Macho” Gómez, contiene reciamente a Agatón a unos metros del centro del campo y el juez cobra la falta. La distancia era muy notable -40 o 45 metros-, tanto que el arquero y capitán del “Expreso Verde”, “Shamuco Arias”, retira la barrera que habían formado, “Cachito” Caldas, “Macho” Gómez y “Pirula” Guerra. ¡El que cobrara la falta tenía que ser un mago para hacerle el gol desde esa distancia!.  “Tortola” Villanes, lo fue. Cuando oyó el silbato, corrió y con un disparo, no sólo bien colocado sino potente como un cañonazo, hizo que “Shamuco” Arias sólo quedara mirando cómo se hinchaban las redes con el gol magistral que hasta los huancaínos aplaudieron a rabiar. Los sorprendidos aplausos de algunos cerreños que recién se identificaban seguían el ejemplo del energúmeno que hacia sólo media hora los había insultado. El exsargento agitando su bandera y con todos sus pulmones, gritó: “¡Buena Olmedo, carajo!” (Por su corte de pelo, Villanes se parecía a nuestro inconmensurable campeón de tennis, Alejandro Olmedo). Aquel partido quedó en la retina y el corazón de los aficionados huancas que confirmaron que se encontraban frente a un gran equipo donde resaltaba un gran jugador: Agatón.

Nos amaneceríamos narrando todos aquellos pasajes en los que mostró las hablidades. Les contaré uno más. Lo que aconteció en un partido contra el Alianza Lima que visitaba nuestra ciudad para fiestas patrias. Promediaba el medio tiempo y como los negros ya no tenían aire, recurrieron a vedados recursos de ablandamiento. Javier Castillo, un recio back de cerca de dos metros de talla, con el fin de intimidarlo, se le acercó para que le oyera bien claro y le dijo: “Oye, indio de mierda, como vuelvas a correr por mi lado, te voy a romper las patas. ¡Ya lo sabes!”, y para poner énfasis a su amenaza, lo miró desde su altura con cara terrorífica, esperando asustarlo. Agatón levantó la cara y mirándolo a los ojos, le respondió. “Mira esclavo, concha.. (le mentó a su madre), si tratas de matarme como dices, te voy a sacar los huevos y vas a quedar convertido en basura. Tú eres un negro asqueroso, delincuente; yo estoy en mi tierra y ningún hijo de (…) va a venir a insultarme. Negro (mentó a su madre). Juega tranquilo. Aquí hemos matado a hombres y tú no eres nada. !Cuidado! (mentó a su madre)”. Lo que matroca le había dicho, era cierto. “Cuando al negro lo cuadras y le respondes; de un solo “lagianazo” queda temblando. Son pura labia y mucha alharaca. Te menta la madre, te dice que te va a matar, pero no entra. Un solo puñete lo deja tranquilo. Nunca te chupes ante un negro. Sólo son “pantallozos” y “boquillas”. Era cierto, Castillo quedó alelado. No supo qué contestar. Su viveza criolla murió cuando vio a millares de personas, allí muy cerquita, circundando el campo. Aquella vez no teníamos alambradas ni nada que se le parezca. Iniciada cualquier gresca, miles de manos estrangularían el atrevimiento de faltar a un jugador cerreño. Es más. A partir de ese momento, Agatón se le acercaba y le recordaba a su progenitora con un condimento de burlas e insultos. El grandazo quedó impresionado de aquel cholito vivaz que no era un cojudo, sino un valiente delantero que no se chupó ante su estampa de faite matón.

El repertorio de “hazañas” de Agatón era interminable, por ejemplo, cuando iba a “cargar” en un córner, subrepticiamente llevaba consigo un puñado de tierra fina –nosostros no jugábamos en cancha de gras- y cuando la bola estaba por los aires se acercaba al arquero y sin que nadie notara le arrojaba a los ojos. Éste cegado por la tierra, perdía el control de la jugada y casi siempre se convertía en gol. También llevaba un alfiler en el cuello de la camiseta y en determinado momento, ya en los aires disputando un córner, se la pinchaba en las nalgas al back que ya casi tenía la bola en la cabeza y él salía ganando. Naturalmente, la maniobra estaba tan hábilmente ejecutada que nunca se le probó la fechoría. Sus majaderías pertenecientes al terreno de lo vedado, era un secreto a voces.

Antes de iniciarse los partidos interprovinciales, iba a provocar a los arqueros. Lucho Calle, Lutzgardo Yupari, Fernando Maldonado, “Shamuco” Arias, y muchos otros que fueron víctimas de sus pullas verbales. “!Oye, les decía, hoy te voy a meter dos goles que nunca te vas a olvidar!”. Naturalmente lo arqueros no quedaban mudos y le respondían. Así comenzaba la “guerra”. Infinidad de veces éstos me han contado su retahila de mozonadas deportivas. Al final del encuentro terminaban con un abrazo fraternal. Así era Agatón.

CONTINÚA…..

LAS CALLES DEL CERRO DE PASCO (Séptima parte)

PLAZUELA DEL ESTANCO.-

Plazuela del Estanco
Bajada del Estanco. En primer lugar el establecimiento de los hermanos Morón, luego la chingana de don Encarnación Marcelo, “Don Incacho”; el callejón que conducía al consulado italiano, la casa de la familia Martel, el comercio de don Cipriano Proaño, la municipalidad, la casa de préstamo de Alessio Sibille. A la derecha, la casa de préstamo de Rey. En la parte superior alta, la biblioteca municipal y el Hospital Carrión.

Viene a ser una encrucijada de calles. Allí se encuentran Arequipa, Grau, Huánuco y Hospital. Su nombre de se debe a que el Gobierno para dosificar el comercio de la sal, estableció los estancos correspondientes en todo el territorio peruano. El del Cerro de Pasco es éste.

EL JIRÓN GRAU.- Principal arteria de la ciudad que comenzando en la Plaza Chaupimarca, pasaba por las plazuelas del León, La Culebras, Municipal, del Estanco y el promontorio de Gayachacuna, lugar donde se reunían los adalides políticos para cotejar ideas y asonadas al calor de las reñidas contiendas de entonces; finaliza en Yanacancha. (Se le puso el nombre de nuestro egregio marino en noviembre de 1879, año en el que también los integrantes de la Columna Pasco luchaban en las fronteras del sur). Después de la iglesia matriz –hacia el norte- seguía dos edificios “mellizos” que pertenecían, uno, al minero francés Teodoro Lagravere y, el otro, al catalán Antonio Xammar.

Plaza Chaupimarca
La plaza Chaupimarca el día que se inauguraba los uniformes de la Compañía de Bomberos –abril de 1902- En frente, inicio de la Calle Grau, al lado de la iglesia los negocios de Teodoro Lagravere y Antonio Xammar, separados por un zaguán. Al comprarlos, Vicente Vegas, los unió para convertirlo en un edificio único.

La plaza Chaupimarca el día que se inauguraba los uniformes de la Compañía de Bomberos –abril de 1902- En frente, inicio de la Calle Grau, al lado de la iglesia los negocios de Teodoro Lagravere y Antonio Xammar, separados por un zaguán. Al comprarlos, Vicente Vegas, los unió para convertirlo en un edificio único.

Ambos vendieron sus partes al español, Vicente Vegas, notable comerciante que los convirtió en uno solo. Inmediatamente después venía el HOTEL IBEROAMERICANO, de los españoles, hermanos Campillo que, años después, se convirtió en el HOTEL EUROPA, cuando fue comprado por el ciudadano griego Markos Cosacos.  Le sigue el local del cine LEGUÍA, de propiedad de Víctor Priano, más tarde llamado CINE GRAU. En los altos de este establecimiento funcionó la destacada emisora. RADIO AZUL. Más allá, la panadería de Julio Gutiérrez que después fue adquirida por el alemán Rubén Bauer e Hijos, convirtiéndose en centro de reunión de los más notables amigos de entonces. Luego venía la gran casa comercial PUCCIO, del italiano Emmanuele Puccio, fundada en 1810. Su extensión era tal que allí funcionó un Banco Comercial de habilitadores, la Testamentería Alcántara y el comercio de los dueños posteriores GALLO HERMANOS. Terminó siendo centro de distribución de los prestigiosos camiones Mack, Ford, Internacional Harvester y otros. Más allá, la librería e Imprenta que primero fue de Teodoro Lizárraga y después, LA ANTORCHA.

Cine teatro Variedades
Local del local que tuvo varios nombres: Cine –Teatro,Variedades, Leguía y finalmente Grau. En las paredes se ven los carteles de propaganda de las películas a estrenarse. Tuvo una vida exitosa.

En sucesión venían los comercios del italiano Gregorio Merello que le vendió a su paisano, Alessio Sibille. Los de Daniel Sascó, de “Pancho” Ostoja, del croata Nicolás Klokoch y el inolvidable “Café Moka”. Venía luego el Hotel Concordia que más tarde fue el local del Club de la Unión. En ese jirón, además del Hotel Universo, el “Salón Blanco”, y el salón “Mi Casa”, residían las familias, Loayza, Vento, Serpich, Acervi, Viani, Sibille, Brown, Testamentería Proaño, la Casa Cilliani y la de Lercari. Más allá, ya en la plazuela del estando, la Biblioteca Municipal Antonio Martínez y Ángel Ramos Picón, construida por el Inspector de Obras del Concejo Municipal, don Gerardo Patiño López en 1942. Enfrente de este edificio está el Hospital Carrión que en el comienzo se llamó “La Providencia”; en su segundo piso alberga a la Sociedad de Beneficencia Pública. Este edificio fue erigido por el Gremio de Mineros, en 1864. Después del Hospital se hallaba el domicilio de León Becerra en donde se armaba el nacimiento más hermoso de la ciudad en cada navidad. El niño había sido traído de España y era muy hermoso; el Belén, no quedaba atrás. En artístico rincón se armaba el nacimiento con una prolijidad artística donde sobresalían los adornos de filigrana de plata  y otros objetos de valor. Más allá, los domicilios de don Cipriano Proaño y Jesús Vial y Cisneros. Al final –ya comenzando la calle llamada de Huánuco, porque por ella se  llegaba y se salía de la ciudad de “Los caballeros de León de Huánuco”, plagada de “Tambos” precarios alojamientos para los que venían a mercar a la ciudad cerreña. En un misterioso callejón que partía de esta calle, se asentaba la “Calle del Cura”. Allí vivió un milagroso cura español del que se cuenta muchas historias. Esta calle tuvo también un historial galante. Allí funcionaba uno de los tantos burdeles de la ciudad. Al final estaba la “Casa del Verdugo”. Residencia de un hombre de mal talante que, como cuenta don Gerardo Patiño López, había ejecutado a muchos facinerosos, especialmente en la época de la Colonia.

Calle Grau 2
Otra vista de la misma calle, con los negocios del los italianos Concatto Tranquilini, Alessio Sibille, Gallo Hermanos, Panadería Bauer, Hotel Europa del griego Markos Cosacos, negocios de Daniel Sascó, de “Pancho” Ostoja, del croata Nicolás Klokoch y el inolvidable “Café Moka”; el Hotel Concordia, más tarde, Club de la Unión. Además del “Salón Blanco”, y el salón “Mi Casa”, residían las familias, Loayza, Vento, Serpich, Acervi, Viani, Sibille, Brown, Testamentería Proaño, la Casa Cilliani y la de Lercari.

Por éstas y otras numerosas calles hoy desaparecidas -tortuosas y dolidas- ha transcurrido la vida de nuestros padres y abuelos; en ellas han quedado impregnados recuerdos de pasada vivencias, triunfos y frustraciones; de alegrías y tristezas. Estas calles seculares, escenario de nuestras vidas, están desapareciendo al conjuro del insaciable trabajo minero, voraz y avasallante al que no le importa en lo mínimo el destino de sus gentes. Inclusive, muchos de los que se encuentran ausentes las están olvidando poco a poco. ¡Ingratos! Estamos viviendo la depredación más cruel e inhumana de toda nuestra historia ante la indiferen­cia de un país indolente. Estamos plenamente seguros de que en ningún pueblo le ha dado tanto a la patria, como le está dando el Cerro de Pasco al Perú.