MI CERRO DE PASCO (Segunda parte)

mausoleo a mineros caidos
Mausoleo colectivo de los mineros caídos en la tragedia de EL DORADO, en Goyllarisquizga, diciembre de 1964

Cuando nos levantamos, nadie nos aguanta. Recordemos que Sánchez Cerro siendo Presidente de la República nos agravió, persiguió y encarceló con saña, y lo que es peor, ofendió gravemente a nuestras mujeres que le formularon un reclamo. Cansados de tanta maldad, el cerreño, Abelardo Mendoza Leiva dio cuenta de este deplorable mequetrefe.

Andando lo años nos deshicimos de un “niñito bien” que había creído que estaba en su chacra y procedió a faltar a su gente e instituciones. No se lo permitimos. En una histórica asonada popular dimos cuenta del miserable sátrapa. La represión fue sangrienta. Las cárceles se llenaron de héroes populares y, una vez más como siempre, se estigmatizó a nuestro pueblo. ¡Cuánta injusticia! Si quiere usted conocer la historia de la infamia en el Perú tendrá que comenzar por el Cerro de Pasco, el pueblo mártir del Perú.

En la actualidad, cuando requiere algo, no obstante merecerlo, tiene que hacer una Marcha de Sacrificio para que lo atiendan, si no, ni se dan por enterados. Ahí está la Universidad, gracias a sus alumnos. Gracias a la gesta de los 58 de la última marcha por nuestros niños, la atención ya se está realizando. Esto tiene que cambiar para bien. Nosotros, los cerreños, no somos los comparsas de tanta indiferencia. Es bueno que nuestros niños lo sepan y se preparen para seguir en la lucha.

minerosTambién hay que remarcar algo que siendo tan obvio, no lo dijimos. No sólo damos riquezas minerales al Perú. También le brindamos el generoso aporte humano de nuestras gentes. Recordemos. Cuando cansados de los atropellos realistas decidimos alzarnos en combate formamos las gloriosas montoneras en contra de los abusivos. Triunfamos. Comenzando por nuestra preclara heroína María Valdizán que no sólo con sus peculios aprovisionó a sus compatriotas sino también con su vida. Mantenía informado de los movimientos de los realistas a los luchadores del pueblo: Camilo Mier, comandante en jefe de las guerrillas cerreñas; Mariano Fano, en Cahupihuaranga; Pablo Álvarez, en Huachón; Ramón García Puga, en Yanahuanca; Antonio Velásquez, en Pallanchacra; Cipriano Delgado, en Tapuc Michivilca; Custodio Álvarez, en Huayllay. Antes, mucho antes, contumaces luchadores de nuestro pueblo fueron juzgados en febrero de 1812: Fray Mariano Aspiazu; Mariano Cárdenas Valdivieso y Manuel Rivera Ortega. Cuando por orden de San Martín, Álvarez de Arenales llega a nuestro territorio, se sorprende de la manera cómo habían luchado nuestros hombres para allanar el camino de nuestra libertad. Sus nombres, aunque usted no lo crea, han sido eclipsados por los indolentes y los canallas.

Jurada nuestra independencia, los frutos fueron cosechados por los poderosos. Nuestro pueblo fue vilmente postergado, como siempre. Desde entonces nada ha cambiado. Los primeros años del siglo XX aparecen los norteamericanos que ya conocían de los inmensos caudales que reposaban en nuestra tierra. De inmediato compran las minas con bolsas de relucientes libras peruanas de oro sacadas del Banco de Perú y Londres. El negocio se realizaba en forma pública ante el asombro de los cerreños. Simultáneamente denunciaban nuevas minas en todo nuestro territorio.  Los ocho diarios de nuestra ciudad son expresivos testimonios. En un santiamén los norteamericanos se convirtieron en dueños de la ciudad. Claro, la Ley de Minería promulgada en esos días y con el fin de contentar a los explotadores establecía que por cada denuncio se debía pagar sólo –léanlo bien- quince soles. ¡No importaba la extensión! Así nuestra tierra fue entregada a los gringos. Éstos a diferencia de los europeos, se fueron a vivir en Bellavista y como hicieron con los “pieles rojas”, sólo entraban las personas que servían sus mezquinos intereses. Nunca alternaron con el pueblo cerreño. Fueron muy herméticos y egoístas. Los únicos que eran bien vistos por estos desgarbados y orondos extranjeros eran las autoridades que se aprestaban a servirlos incondicionalmente y los “Chupamedias”, sirvientes incondicionales de los gringos comenzaron a tener gran vigencia en este siglo. Cuando nuestras autoridades quisieron realizar obras para el mejoramiento de la ciudad, los gringos se opusieron. Dijeron que nada podían hacer sin su consentimiento porque la ciudad les pertenecía. ¡Imagínense! Entonces nuestra municipalidad buscó un deslinde judicial que nos diera la razón a nosotros. Fue una lucha titánica de más de cuarenta años. Por fin, cuando nuestros viejos consiguieron que se haga el deslinde en 1942, después de tanto tire y afloje, nos arrojaron trescientos mil soles sobre la mesa -una limosna-  arguyendo que ése era el pago compensatorio por tanto abuso en contra de la ciudad del Cerro de Pasco. ¡Tres cientos mil soles!, cuando en ese mismo tiempo, ellos habían sacado miles de millones de dólares de las entrañas de nuestra tierra. Esta ha sido otra de las más grandes ignominias que se cometió contra nuestro pueblo.

Los diferentes regímenes que gobernaron el Perú nos marginaron tendenciosamente. Comenzaron con la educación. Sólo los poderosos tenían oportunidad de educarse debidamente. Ellos hicieron escuelas religiosas y, en todo caso, trajeron maestros e institutrices particulares para que enseñaran a sus hijos. Para los niños del pueblo estaban abiertas las dos únicas escuelitas municipales en donde muy pocos niños se refugiaban. La mayoría comenzó a trabajar desde pequeños. Diez y once años, para comenzar en la escogencia de minerales. Con el tiempo, los más humildes irían a engrosar las hordas de mineros que bajaban a los antros de horror y, los perspicaces, serían portapliegos y ayudantes de talleres donde fijarían su destino. La educación secundaria no existía. No teníamos colegios. Otros pueblos del entorno contaban con estos centros desde pocos años después de jurada la independencia: Huánuco, Tarma, Huancayo, Huancavelica, Jauja, Ayacucho. Claro, los explotadores contaban con la implícita complicidad de los padres indolentes. Ellos veían que nuestros niños al comenzar a trabajar desde temprano les estaban liberando de la enorme responsabilidad de mantenerlos. ¡Qué maldita irresponsabilidad! Estos indolentes se dedicaron a las celebraciones frívolas de los carnavales donde se mostraban pródigos en el derroche. Hubo numerosos clubes carnavalescos en los que anualmente se había un gran gasto en presentaciones espectaculares a un elevado costo económico. Las fiestas patronales eran espectaculares. Creíamos estar viviendo en la Gran Mundo de Opulencia que nunca acabaría. Qué error. Fue en 1931 cuando el malandrín de turno, el “Mocho” Sánchez Cerro nos arrebató la capital del departamento de Junín. En ese momento nos dimos cuenta que habíamos perdido muchísimos años sin preparar a nuestra juventud. Todavía en ese momento se trató de enmendar nuestra terrible postergación. Recién a partir de la cuarta década del siglo pasado se instauraron colegios secundarios en nuestra ciudad. Por fin llegaba a su término aquella época de oscurantismo, estupidez e indolencia que no había obnubilado. Por eso cuando trataron de volver a sumirnos en la ignorancia cerrando la Universidad Comunal, marchamos en rebeldía y conseguimos la creación de nuestra Universidad autónoma. Eso lo hicimos los estudiantes con la ayuda de nuestro pueblo. Nadie nos regaló nada. Ahora está en nuestras manos superarnos. No nos quedemos inactivos. Nuestros hijos merecen lo mejor. Tienen derecho. La educación es el principal soporte del progreso de los pueblos. Cuánta razón tenía Gary Becker, premio nobel de economía cuando decía: “La riqueza de los pueblos no está en sus pozos petroleros, ni en sus minas, ni en sus campos agrícolas. La riqueza de los pueblos está en la inteligencia de sus niños”. ¡¡¡Qué gran verdad!!! . Sin embargo, en estos momentos, a nuestros niños que son nuestra verdadera riqueza, la minería los está envenenando cruelmente. Casi todos tienen plomo y otros metales pesados en la sangre, como hace muchos años, nuestros antepasados tenían mercurio y sílice en los pulmones. Felizmente emergieron pletóricos de valor los inolvidables “58” de la Marcha de Sacrificio para conseguir que se atienda a nuestros niños, flor de amor y grandeza de nuestra tierra. Loor a estos hombres y mujeres que conjuntamente marcharon por las agresivas soledades de los Andes para conseguir que el gobierno vuelva los ojos a nuestros niños.

Continúa….

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