A G A T Ó N (Primera parte)

Estudiantil Carrión 1968 - Agaton Valladares
Estudiantil Carrión, Campeón invicto en el certamen de 1968. En la foto: (De pie) Hugo Chaparro, Francisco “Chino” Callupe (arquero), José Uchuya, Hugo Rosales y “Trueno” Rivera. (En cuclillas), el kinesiólogo; “Pacho” Rivera, Carlos Santiváñez, Agatón Valladares, Félix Camargo y Enedino Callupe. Los acompaña el maestro Baldomero Meza Limas (Entrenador). Fue una de las mejores selecciones que tuvo nuestra tierra.

La sonoridad de su nombre hacía evocar heroismo, coraje, valor. Su vida deportiva transcurrió en ese empeño. Fue el delantero más valeroso que he conocido en el ámbito del área. Su coraje rebazaba las lindes de la temeridad. Sus compañeros de equipo lo sabían. Extendían el servicio de media altura hacia arriba y él entraba -allí donde las papas queman- preciso, aguerrido, puntual, sin importarle la artera contención de los contrarios que buscaban “bajarlo”. Nunca lo lograron. Jamás arrugó cuando había que conseguir el gol. Podía estar sangrando cubierto de heridas y moretones pero no bajaba la guardia. Tenía hambre de gol. Nunca le corrió a las patadas arteras. Pero, así como le daban, él les devolvía.

Daba la impresión -a primera vista- que la naturaleza lo había armado de cuatro o cinco cincelazos esculpidas al apuro, a la buena de Dios. Cara dura, vernácula, de pómulos salientes, mentón firme, labios prominentes; cabello hirsuto, renegrido, rebelde; Complexión atlética de sólidos e incansables músculos, tórax amplio de pulmones y corazón generosos: claro biotipo de cholo nativo que cuadraba con su nombre. Para el día de su nacimiento el Almanaque Bristol señalaba el nombre del Papa Agatón. Sus padres obedientes al mandato de la Iglesia, lo pusieron bajo la advocación del santo patriarca.

Se había iniciado en el club ATLÉTICO AZUL del barrio Champamarca, en terrenos que fueran escenario de los pininos del fútbol provinciano de nuestra patria. Allí, finalizando el siglo pasado, jóvenes ingleses llegados para armar y hacer funcionar el primer ferrocarril de la sierra (1891), llenaban los ojos de tantos bisoños cerreños con la práctica de este novedoso deporte. Carreras, regates, fintas, shots, planchones, cabezazos, quites elegantes, desplazamientos con pelota por un rectángulo de líneas imaginarias que como única referencia tenían a los montículos de piedra: los arcos. Desde entonces, la afición encontró su caldo de cultivo en los aprovechados alumnos cerreños que no pararon hasta igualar y luego superar a sus maestros. El Fútbol había prendido en el alma cerreña. Su práctica se hizo general. Su calidad alcanzó tal dimensión que a partir de 1909 –está registrado en los periódicos de la capital- en memorables partidos derrotó a la Selección Peruana de Fútbol, año tras año, durante dos lustros. En 1914, el inicio de la Primera Guerra Mundial, truncó el progreso del “viril deporte” por unos años.

Agatón tuvo un periplo dilatado que lo llevó a casi todos los clubes de primera. Railway, Tarma, Ideal, Estudiantil Carrión, Diamantex, etc; sin contar los talleres de la Copper cuyas divisas defendió en disputados certámenes obreros. Pero fue en la selección de la tierra minera donde destacó grandemente. La cumbre de su gloria la alcanzó en 1958 cuando el extraordinario dirigente Guzmán Varillas Basurto armó un seleccionado que, guardando distancias y alturas, era para nuestra tierra lo que los huachafos denominan un “Dream Team”, es decir un equipo de ensueño. No era para menos, tenía la enorme responsabilidad de  reemplazar con creces a aquellos  colosos que habían tejido sólida leyenda de grandeza en el centro del Perú: el “Unión Minas” de Colquijirca y el “Alianza Huarón”  de Huayllay. Estaban el “Chino” Callupe, en el arco; Julio Córdova, “Trueno” Rivera, “Cholo” Alania y “Moco” Cristóbal, en la defensa; Pedro “Tortola” Villanes y Aparicio “Huaca” Muñoz, en la línea medular; “Fena” Livia, Rafaelo, Benjamín Bazán, Agatón y “el viejo” Alcoser. Nada menos. En la banca para alternar con gran éxito: “Bío” Soto, Filomeno Gallo, Jesús Azcurra, … Agatón se había constituído en la más brillante luminaria de aquella oncena y su oportunismo y guapeza eran ya leyenda.

El entrenador de aquel equipo fue  Lucho “Matroca”  Acevedo, un vigilante de la Plant Protecction, dotado de una intuición y carisma únicos que le permitían armar equipos. Jamás siguió estudios de especialización ni nada que se le pareciera, pero era un estratega nato y un motivador excepcional. Se compenetró tanto con su gente que llegó a conformar un todo indivisible y único con ella. Les enseñó secretos, ardides y mañoserías que con hartazgo dominaban los criollos, especialmente los limeños. Estimuló la autoestima de los jugadores enseñándoles a no mirar con humillante reverencia a los rivales, sino de igual a igual, por más encumbrados que estuvieran. Especialmente a los morenos. Es más, conocedor de los engaños, fraudes, embelecos y artificios mal intencionados de los que se valían los criollos, les enseñó a responder con decisión y virilidad; les endilgó una serie de recomendaciones, a veces lindantes con lo prohibido, con ejemplos prácticos y todo. Él, a mi entender, fue el que modeló la personalidad de Agatón.

Todavía recuerdo como si fuera ayer aquel partido en el que la selección cerreña enfrentó a su similar de Huancayo, en ese momento y por siempre, la mejor selección de toda su historia: “El Expreso Verde”. Se preparaban los cerreños para entrar en el campo cuando, agitando una badera roja, borracho como una cuba, aparece un exsargento de la policía que había trabajado en el Cerro de Pasco, gritando a voz en cuello. “¡Huarón!”… “¡Huarón!” … “¡Huarón!”, yendo de un jugador a otro sin reconocer a ninguno. Cuando terminó de verlos a todos, siguió gritando como un poseído del demonio: “¡Estos cojudos, no son de Pasco, carajo!”. “¡Enanos de mierda!” – y señalaba a “Fena” Livia, “Viejo” Alcocer, Filomeno Gallo y Bío Soto- “¡No son de Pasco, son unos enanos cojudos “bamba”, carajo!”. El escándalo iba en aumento- “¡¿Dónde están los “Chivos” Segura, carajo?!”- “¿Dónde están los Cerrutti, “Flaco” Maldonado, “Perro” Vilchez, “Chocolate”, Lock, Field…?. “No, carajo, estos son unos farsantes”!. El escándalo fue alcanzando dimensiones inconmensurables hasta que apareció la policía y retiró al energúmeno. El escándalo había trascendido hasta las tribunas del “Edilberto Chávez” convirtiendo en comidilla la presentación de nuestro representativo que, cuando entró en la cancha, fue recibido con una frialdad de desengaño; en cambio el “Expreso Verde”, con estruendosa algarabía, como si se tratara del campeón del mundo. En ese ambiente comenzó el partido.

El ataque primero, fue cerreño. Tras cinco combinaciones  perfectas y brillantes entre Bazán, Rafaelo y Fena Livia, Agatón estrelló la pelota en el horizontal del arco de Arias. Un “¡Ahhhhhh!” de admiración estalló en las tribunas que se convenció de que nos estaba ante un equipo “Chambría”, como había pregonado el policía de marras. Es más, tras vistosas y aguerridas jugadas, “Macho” Gómez, contiene reciamente a Agatón a unos metros del centro del campo y el juez cobra la falta. La distancia era muy notable -40 o 45 metros-, tanto que el arquero y capitán del “Expreso Verde”, “Shamuco Arias”, retira la barrera que habían formado, “Cachito” Caldas, “Macho” Gómez y “Pirula” Guerra. ¡El que cobrara la falta tenía que ser un mago para hacerle el gol desde esa distancia!.  “Tortola” Villanes, lo fue. Cuando oyó el silbato, corrió y con un disparo, no sólo bien colocado sino potente como un cañonazo, hizo que “Shamuco” Arias sólo quedara mirando cómo se hinchaban las redes con el gol magistral que hasta los huancaínos aplaudieron a rabiar. Los sorprendidos aplausos de algunos cerreños que recién se identificaban seguían el ejemplo del energúmeno que hacia sólo media hora los había insultado. El exsargento agitando su bandera y con todos sus pulmones, gritó: “¡Buena Olmedo, carajo!” (Por su corte de pelo, Villanes se parecía a nuestro inconmensurable campeón de tennis, Alejandro Olmedo). Aquel partido quedó en la retina y el corazón de los aficionados huancas que confirmaron que se encontraban frente a un gran equipo donde resaltaba un gran jugador: Agatón.

Nos amaneceríamos narrando todos aquellos pasajes en los que mostró las hablidades. Les contaré uno más. Lo que aconteció en un partido contra el Alianza Lima que visitaba nuestra ciudad para fiestas patrias. Promediaba el medio tiempo y como los negros ya no tenían aire, recurrieron a vedados recursos de ablandamiento. Javier Castillo, un recio back de cerca de dos metros de talla, con el fin de intimidarlo, se le acercó para que le oyera bien claro y le dijo: “Oye, indio de mierda, como vuelvas a correr por mi lado, te voy a romper las patas. ¡Ya lo sabes!”, y para poner énfasis a su amenaza, lo miró desde su altura con cara terrorífica, esperando asustarlo. Agatón levantó la cara y mirándolo a los ojos, le respondió. “Mira esclavo, concha.. (le mentó a su madre), si tratas de matarme como dices, te voy a sacar los huevos y vas a quedar convertido en basura. Tú eres un negro asqueroso, delincuente; yo estoy en mi tierra y ningún hijo de (…) va a venir a insultarme. Negro (mentó a su madre). Juega tranquilo. Aquí hemos matado a hombres y tú no eres nada. !Cuidado! (mentó a su madre)”. Lo que matroca le había dicho, era cierto. “Cuando al negro lo cuadras y le respondes; de un solo “lagianazo” queda temblando. Son pura labia y mucha alharaca. Te menta la madre, te dice que te va a matar, pero no entra. Un solo puñete lo deja tranquilo. Nunca te chupes ante un negro. Sólo son “pantallozos” y “boquillas”. Era cierto, Castillo quedó alelado. No supo qué contestar. Su viveza criolla murió cuando vio a millares de personas, allí muy cerquita, circundando el campo. Aquella vez no teníamos alambradas ni nada que se le parezca. Iniciada cualquier gresca, miles de manos estrangularían el atrevimiento de faltar a un jugador cerreño. Es más. A partir de ese momento, Agatón se le acercaba y le recordaba a su progenitora con un condimento de burlas e insultos. El grandazo quedó impresionado de aquel cholito vivaz que no era un cojudo, sino un valiente delantero que no se chupó ante su estampa de faite matón.

El repertorio de “hazañas” de Agatón era interminable, por ejemplo, cuando iba a “cargar” en un córner, subrepticiamente llevaba consigo un puñado de tierra fina –nosostros no jugábamos en cancha de gras- y cuando la bola estaba por los aires se acercaba al arquero y sin que nadie notara le arrojaba a los ojos. Éste cegado por la tierra, perdía el control de la jugada y casi siempre se convertía en gol. También llevaba un alfiler en el cuello de la camiseta y en determinado momento, ya en los aires disputando un córner, se la pinchaba en las nalgas al back que ya casi tenía la bola en la cabeza y él salía ganando. Naturalmente, la maniobra estaba tan hábilmente ejecutada que nunca se le probó la fechoría. Sus majaderías pertenecientes al terreno de lo vedado, era un secreto a voces.

Antes de iniciarse los partidos interprovinciales, iba a provocar a los arqueros. Lucho Calle, Lutzgardo Yupari, Fernando Maldonado, “Shamuco” Arias, y muchos otros que fueron víctimas de sus pullas verbales. “!Oye, les decía, hoy te voy a meter dos goles que nunca te vas a olvidar!”. Naturalmente lo arqueros no quedaban mudos y le respondían. Así comenzaba la “guerra”. Infinidad de veces éstos me han contado su retahila de mozonadas deportivas. Al final del encuentro terminaban con un abrazo fraternal. Así era Agatón.

CONTINÚA…..

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s